10. Loba solitaria: Omega desamparada

🔒 Desbloqueando capítulo…

Haz clic en el botón para desbloquear

Clara

Los recuerdos del pasado se presentan ante mí con imágenes veloces y, en cuestión de segundos, veo las memorias de mi relación con Dylan y la promesa que hicimos de rechazar a nuestros compañeros destinados si no se daba el lazo entre nosotros.

Sin embargo, él eligió a su mate.

Mis padres siempre me hablaban sobre la fuerza de ese lazo, de cómo te domina y de lo fuerte que es el amor que surge entre dos licántropos que la naturaleza ha unido para siempre, al punto de asesinar y dar tu vida por el bienestar de esa persona.

Por eso, aunque me costó y al principio fui terca, acepté mi derrota con Dylan.

No obstante, yo seré rechazada por mi mate de una forma fría y sin vacilar. A él no le interesa ni siquiera conocerme; mucho menos le importan las secuelas que su rechazo dejará en mí.

—Tan poco valgo... —pienso en voz alta, y las lágrimas empiezan a descender por mis mejillas.

Aprieto los ojos, resignada, a la espera del dolor que me desgarrará por dentro mientras mi loba aúlla en mi interior.

El simple hecho de que él esté dispuesto a romper nuestro lazo ya es muy doloroso, y a mi loba le afecta más que a mi parte humana.

—Yo... Garthor... —repite, como si le costara terminar la frase que dejó en el aire.

La ira, la frustración, la decepción y la ofensa me hacen apretar los puños; entonces tomo valor para responderle.

—Dilo de una buena vez —exijo, rencorosa—. Recházame ya, es lo que quieres, ¿no? ¿Para qué alargar esta tortura?

Me siento estúpida por no ser capaz de retener el llanto, por mostrarme débil ante él, pero no puedo evitarlo.

Duele mucho...

—Yo... —balbucea él. Entonces abro los ojos para encararlo.

Nuestras miradas se encuentran y algo dentro de mí se rompe.

Quizás es mi dignidad o la poca fuerza que me queda, pero es molesto y me hace sentir insignificante.

—Yo... lo siento... —dice el gamma mientras recula. De repente, él sale corriendo, como si huyera de mí...

¿Qué?

Me pongo la mano en el pecho y trato de recuperar el ritmo regular de mi respiración, pero he quedado tan agitada que apenas puedo respirar.

El pecho me sube y baja, y suelto varios quejidos de ahogo, pues estoy sofocada.

No puedo creer que se haya ido. ¿Cómo se atreve a jugar conmigo de esta forma?

—No me rechazó... —digo para mí, y de verdad no sé si siento alivio o más humillación que antes—. No sé qué esperar de este lazo... —Me muerdo el labio inferior y miro al cielo. Nuevas lágrimas empiezan a descender.

***

Camino en medio de las personas de la manada Fuerza de bronce, mi hogar de origen, en un mercado donde solía comprar junto a mamá.

Ella y yo no solo somos parecidas físicamente, también en personalidad y gustos. Ambas delicadas, frágiles y hogareñas.

Choco por accidente con una mujer que va cargada con sus compras; entonces ella me empuja con violencia y empieza a despotricar contra mí.

—¡Fíjate por dónde caminas, omega! —espeta con desprecio.

Busco a mi mamá por instinto, pero no la veo; entonces me siento sola y desamparada.

—¡Mamá! ¿Dónde estás? —pregunto sin dejar de buscarla con la mirada, mas no encuentro respuesta. Simplemente se desvaneció.

Me siento dejada atrás y asustada, pero trato de ser valiente y ponerme de pie.

—Tú abandonaste a tu familia, ¿lo olvidaste? —dice alguien que no reconozco.

—Por eso estás sola y siempre lo estarás —me acorrala la mujer.

Reculo por inercia, asustada, pero ella no se detiene.

—¡Déjenme en paz! —grito, y trato de huir de ellos, pero de repente me veo rodeada por muchas personas, incluyendo a quienes me atacaron.

—Estás pagando por haberte metido con el mate de alguien más —dice uno de ellos; sus ojos agrandados lucen acusativos y tenebrosos—. Tú querías que él la rechazara por ti. ¿Qué se siente que te hagan lo mismo?

—¡No! —grito, sintiéndome culpable—. ¡Yo acepté mi derrota! ¡Déjenme en paz, por favor! ¡Ya! ¡No me molesten más! —lloro, desesperada.

Todos ellos se lanzan hacia mí, y siento que me asfixio.

—¡No! —exclamo, aterrada, mientras busco a mi alrededor, pero solo estoy yo aquí, la oscuridad y el sonido de los grillos.

—Solo fue un sueño —musito, al tiempo que trato de recuperar el aliento.

Mi mano derecha reposa sobre mi pecho mientras inhalo y exhalo para calmarme. Puedo percibir los latidos potentes de mi corazón y, en mi cabeza, las imágenes de esa pesadilla se repiten para torturarme.

—¿De verdad me merezco que mi mate no me quiera? ¿Estoy pagando por haber deseado a Dylan? Pero... él fue quien me lo prometió, yo solo me enamoré de la persona equivocada.

Lloro. Soy muy desdichada.

Ojalá ese gamma regrese y me rechace de una buena vez. Tal vez así pueda vivir en paz. Sola, pero sin un dedo que me acuse por haber amado de forma incorrecta.

Compartir

2 comentarios en “10. Loba solitaria: Omega desamparada”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

📖 Loba solitaria

💬 ¿Necesitas ayuda? Contáctanos