Garthor
Intento disimular la tensión que hace que mis mĆŗsculos estĆ©n rĆgidos, tambiĆ©n la incomodidad y el hastĆo que me dan ganas de hacer un bufido largo, pero que contengo.
DeberĆa hacer mi mejor actuación y sonreĆrle a quien pronto serĆ” mi prometida de manera oficial, ser amable y tratarla con dulzura, pese a que debemos mantener una distancia prudente antes de que el decreto sea pĆŗblico; sin embargo, no puedo.
Simplemente no me sale.
Yo no la elegĆ.
āGarthor, querido, Āæno vas a saludar a Isabella? āme pregunta mi madre, con una sonrisa pĆcara que me revuelve el estómago.
Trago pesado, finjo una sonrisa que no sƩ si me sale y doy un asentimiento.
āBienvenida a mi casa, princesa Isabella āle digo de forma reverente, con la distancia frĆa que nos separa.
Ella lo nota. Sin embargo, actúa con naturalidad, sintiéndose victoriosa y feliz.
āGracias, mi apreciado Garthor. Te extraƱƩ tanto. Yo estaba muy preocupada por ti. ĀæTe imaginas la angustia que vivĆ todo este tiempo? ādice Isabella.
Me limito a asentir.
Me adelanto al comedor, pues en realidad estoy hambriento. Aunque las ganas de comer se hayan ido, mi estómago me pide ingerir comida, asà que me dirijo directo hacia allÔ como si escapara.
AllĆ estĆ”n mi cuƱado y otros invitados, a los cuales saludo con cortesĆa, sin decir mucho. Luego me siento.
Percibo el calor de Isabella a mi lado. Estoy entre ella y una seƱora cercana a la familia, un poco chismosa, por cierto. No puedo creer que hasta esto haya arreglado mamƔ: que quedemos juntos en la mesa.
Isabella conversa con todos con una naturalidad y familiaridad que me sorprenden, pues ella siempre ha sido una princesa un poco solitaria, inmersa en su propia vida, en sus asuntos.
Nunca tan amigable y conversadora con las visitas, ni con esa forma tan confianzuda que muestra ahora.
ĀæAcaso ella se siente de la familia? ĀæEs eso? ĀæO es lo que quiere probar?
Sacudo la cabeza, pues no me importa, y al instante todas las miradas se fijan en mĆ. ĀæQuĆ© estoy haciendo?
āĀæTodo bien, querido? āpregunta mamĆ”, un poco preocupada.
āSolo estoy cansado. Lamento mucho ser un aguafiestas, pero de verdad necesito ir a dormir un poco. Si me disculpan, me voy a descansarā¦
Me levanto, pero antes de que me vaya, Isabella me agarra de la muƱeca. Mi lobo gruƱe dentro de mĆ, instĆ”ndome a alejarme de su toque.
āMi apreciado Garthor, Āæya estĆ”s satisfecho? No comiste casi nada. Me preocupa que no te estĆ©s alimentando bien, en especial despuĆ©s de todo lo que pasaste āindaga Isabella con un tono preocupado, demasiado posesivo para mi gusto, como si yo le debiera alguna explicación, como si tuviera derecho a reclamarme estas cosas.
Aunque su voz es dulce, la intención es afilada. Lo veo en su mirada, en su ansia de que me quede a su lado.
Los demƔs esperan mi respuesta.
Suelto un suspiro y me vuelvo a sentar. No voy a desairar a la princesa, a la sobrina del rey.
Todos comentan sobre los Ćŗltimos acontecimientos, hasta que caen en el tema que he tratado de evitar, el que no quiero que toquen. Pero es inevitable.
Estoy partiendo mi carne cuando mi cuƱado pregunta:
āAh, por cierto, ĀæquĆ© fue lo que pasó exactamente? No nos dieron muchos detalles. ĀæCómo lograste sobrevivir a la emboscada?
Y ahĆ va el maldito interrogatorio que querĆa evitar.
ĀæQuĆ© les podrĆa decir? ĀæQue, en vez de mandar una seƱal, de pedir ayuda en las fuentes que se esperaban, corrĆ a los brazos de ella, a mi verdadera mate?
ĀæQue Clara me cuidó todos estos dĆas, me sacó el veneno, me alimentó, me cedió su cama? ĀæQue pude conocerla un poco mĆ”s, anhelarla como el demonio, y que ahora me siento atrapado, con las manos atadas, sin saber quĆ© hacer con mi vida, solo porque mi lobo no se quiere rendir con mi compaƱera destinada?
¿Eso les diré?
”Con un demonio!
Tras una larga pausa, decido hablar, porque ya me estƔn viendo raro.
āNo hay mucho que decir āmascullo entre dientesā. Fuimos emboscados, nos separamos para poder salvar nuestras vidas y terminĆ© envenenado con acónito. CaĆ por un risco. Una persona me salvó, me sacó el veneno y pude llegar al campamento. Simple.
Espero que estƩn satisfechos con eso.
Todos murmuran entre ellos y me miran asombrados.
āĀ”Oh, bendita sea la persona que te salvó! āexclama mamĆ”ā. ĀæQuiĆ©n es? Ā”Danos su nombre, tenemos que recompensarla!
En ese instante me tenso.
āClaro, el rey le darĆa una buena recompensa, porque salvó a su guerrero mĆ”s querido āaƱade Isabellaā. Dinos quiĆ©n te salvó y le pagaremos por su gran hazaƱa.
Mi mano empieza a temblar, asà que aprieto los puños para disimularlo, mientras el corazón me late agitado.
Noā¦
No puedo decir quiƩn fue. No voy a exponer a mi mate de esa manera.
El terror se adueña de mà y la boca se me reseca. Tomo agua para poder humedecerla y miro a mi alrededor.
āNo sé⦠no sĆ© quiĆ©n es āmientoā. Cuando despertĆ©, la persona ya no estaba. Me habĆa dejado en una posada y habĆa pagado mi hospedaje. No dijo quiĆ©n fue. Nadie supo decirme quiĆ©n era; no habĆa nombre. Solo dicen que fue un hombre.
Me aseguro de que nada pueda dar con Clara, de que, si buscan a quien me salvó, lo hagan con la persona equivocada. Porque podrĆa suceder eso, y necesito protegerla.
Todos sueltan un suspiro y retoman sus cubiertos, que habĆan dejado sobre el plato debido a la expectativa.
āBueno, esperemos que esa persona sea recompensada por salvarte la vida. Fue un gran acto de humanidad de su parte āaƱade mi hermana.
Le sonrĆo de forma genuina.
āSĆ, es una gran persona la que me ayudó. OjalĆ” pudiera agradecerle como se debe ādigo.
Y mi anhelo es otro. OjalĆ” pudiera corresponderle como se debe. OjalĆ” no fuera tan cobarde. OjalĆ” no temiera perderlo todo, o perderla a ella de una forma horrenda.
OjalÔ⦠solo eso tengo: ojalÔ.
Mientras tanto, estoy atrapado en una prisión que todos ven como una gran dicha, que muchos envidiarĆan.
Y ella⦠ella cree que no me interesa. Ella estÔ sola, desamparada, con carencias. Con un mate que no le puede ofrecer nada. Con un desgraciado como yo, que no se atreve a luchar por nuestro lazo, pero tampoco la rechaza para que sea libre.
Yo soy un maldito infeliz que no se la merece.
Soporto este almuerzo un poco mĆ”s. Sin embargo, despuĆ©s de una larga charla por parte de los demĆ”s āporque yo solo escucho y asiento, o respondo con monosĆlabosā, pido disculpas y me retiro a mi habitación.
Intento conciliar el sueƱo. Sin embargo, la cama se siente incómoda, vacĆa, frĆa.
Ya nada serĆ” igual para mĆ.
No despuĆ©s de haber pasado esos dĆas con ella, de haber escuchado su risa, de ver sus ojos brillar, de probar su comida. No despuĆ©s de que me acostumbrĆ© a su olor, a su huerto, a su casita sencilla.
Irónico, Āæno? Estoy rodeado de lujos, de poder, de sirvientes que me atienden, de comidas diversas. AllĆ tenĆamos una ensalada de pocas frutas porque no habĆa nada mĆ”s en la despensa.
En esa cabaƱa sencilla, el mueble era incómodo y roto, y habĆa una sola cama. Tuve que dormir en el suelo un dĆa.
Sin embargo, nunca en mi vida me habĆa sentido tan feliz, tan pleno, tan bendecido.
Irónico. Muy irónico.
De repente, siento una presión en el pecho, algo que me asfixia, y una decisión extraña se forma en mi cabeza⦠o tal vez es una excusa, no lo sé. QuizÔs lo sea, pero aun asà lo decido.
Aprieto los puños y, con determinación, me pongo a preparar mi próximo paso.
Estoy loco, lo sƩ, pero no puedo evitar este impulso que me arrastra directo a la locura.



