28. Loba solitaria: La decisión

Garthor
Intento disimular la tensión que hace que mis músculos estén rígidos, también la incomodidad y el hastío que me dan ganas de hacer un bufido largo, pero que contengo.
Debería hacer mi mejor actuación y sonreírle a quien pronto serÔ mi prometida de manera oficial, ser amable y tratarla con dulzura, pese a que debemos mantener una distancia prudente antes de que el decreto sea público; sin embargo, no puedo.
Simplemente no me sale.
Yo no la elegĆ­.
—Garthor, querido, Āæno vas a saludar a Isabella? —me pregunta mi madre, con una sonrisa pĆ­cara que me revuelve el estómago.
Trago pesado, finjo una sonrisa que no sƩ si me sale y doy un asentimiento.
—Bienvenida a mi casa, princesa Isabella —le digo de forma reverente, con la distancia frĆ­a que nos separa.
Ella lo nota. Sin embargo, actúa con naturalidad, sintiéndose victoriosa y feliz.
—Gracias, mi apreciado Garthor. Te extraƱƩ tanto. Yo estaba muy preocupada por ti. ĀæTe imaginas la angustia que vivĆ­ todo este tiempo? —dice Isabella.
Me limito a asentir.
Me adelanto al comedor, pues en realidad estoy hambriento. Aunque las ganas de comer se hayan ido, mi estómago me pide ingerir comida, así que me dirijo directo hacia allÔ como si escapara.
Allƭ estƔn mi cuƱado y otros invitados, a los cuales saludo con cortesƭa, sin decir mucho. Luego me siento.
Percibo el calor de Isabella a mi lado. Estoy entre ella y una seƱora cercana a la familia, un poco chismosa, por cierto. No puedo creer que hasta esto haya arreglado mamƔ: que quedemos juntos en la mesa.
Isabella conversa con todos con una naturalidad y familiaridad que me sorprenden, pues ella siempre ha sido una princesa un poco solitaria, inmersa en su propia vida, en sus asuntos.
Nunca tan amigable y conversadora con las visitas, ni con esa forma tan confianzuda que muestra ahora.
ĀæAcaso ella se siente de la familia? ĀæEs eso? ĀæO es lo que quiere probar?
Sacudo la cabeza, pues no me importa, y al instante todas las miradas se fijan en mí. ¿Qué estoy haciendo?
—¿Todo bien, querido? —pregunta mamĆ”, un poco preocupada.
—Solo estoy cansado. Lamento mucho ser un aguafiestas, pero de verdad necesito ir a dormir un poco. Si me disculpan, me voy a descansar…
Me levanto, pero antes de que me vaya, Isabella me agarra de la muƱeca. Mi lobo gruƱe dentro de mƭ, instƔndome a alejarme de su toque.
—Mi apreciado Garthor, Āæya estĆ”s satisfecho? No comiste casi nada. Me preocupa que no te estĆ©s alimentando bien, en especial despuĆ©s de todo lo que pasaste —indaga Isabella con un tono preocupado, demasiado posesivo para mi gusto, como si yo le debiera alguna explicación, como si tuviera derecho a reclamarme estas cosas.
Aunque su voz es dulce, la intención es afilada. Lo veo en su mirada, en su ansia de que me quede a su lado.
Los demƔs esperan mi respuesta.
Suelto un suspiro y me vuelvo a sentar. No voy a desairar a la princesa, a la sobrina del rey.
Todos comentan sobre los Ćŗltimos acontecimientos, hasta que caen en el tema que he tratado de evitar, el que no quiero que toquen. Pero es inevitable.
Estoy partiendo mi carne cuando mi cuƱado pregunta:
—Ah, por cierto, ĀæquĆ© fue lo que pasó exactamente? No nos dieron muchos detalles. ĀæCómo lograste sobrevivir a la emboscada?
Y ahĆ­ va el maldito interrogatorio que querĆ­a evitar.
¿Qué les podría decir? ¿Que, en vez de mandar una señal, de pedir ayuda en las fuentes que se esperaban, corrí a los brazos de ella, a mi verdadera mate?


¿Que Clara me cuidó todos estos días, me sacó el veneno, me alimentó, me cedió su cama? ¿Que pude conocerla un poco mÔs, anhelarla como el demonio, y que ahora me siento atrapado, con las manos atadas, sin saber qué hacer con mi vida, solo porque mi lobo no se quiere rendir con mi compañera destinada?
¿Eso les diré?
”Con un demonio!
Tras una larga pausa, decido hablar, porque ya me estƔn viendo raro.
—No hay mucho que decir —mascullo entre dientes—. Fuimos emboscados, nos separamos para poder salvar nuestras vidas y terminĆ© envenenado con acónito. CaĆ­ por un risco. Una persona me salvó, me sacó el veneno y pude llegar al campamento. Simple.
Espero que estƩn satisfechos con eso.
Todos murmuran entre ellos y me miran asombrados.
—”Oh, bendita sea la persona que te salvó! —exclama mamÔ—. ĀæQuiĆ©n es? Ā”Danos su nombre, tenemos que recompensarla!
En ese instante me tenso.
—Claro, el rey le darĆ­a una buena recompensa, porque salvó a su guerrero mĆ”s querido —aƱade Isabella—. Dinos quiĆ©n te salvó y le pagaremos por su gran hazaƱa.
Mi mano empieza a temblar, así que aprieto los puños para disimularlo, mientras el corazón me late agitado.
No…
No puedo decir quiƩn fue. No voy a exponer a mi mate de esa manera.
El terror se adueƱa de mƭ y la boca se me reseca. Tomo agua para poder humedecerla y miro a mi alrededor.
—No sé… no sĆ© quiĆ©n es —miento—. Cuando despertĆ©, la persona ya no estaba. Me habĆ­a dejado en una posada y habĆ­a pagado mi hospedaje. No dijo quiĆ©n fue. Nadie supo decirme quiĆ©n era; no habĆ­a nombre. Solo dicen que fue un hombre.
Me aseguro de que nada pueda dar con Clara, de que, si buscan a quien me salvó, lo hagan con la persona equivocada. Porque podría suceder eso, y necesito protegerla.
Todos sueltan un suspiro y retoman sus cubiertos, que habĆ­an dejado sobre el plato debido a la expectativa.
—Bueno, esperemos que esa persona sea recompensada por salvarte la vida. Fue un gran acto de humanidad de su parte —aƱade mi hermana.
Le sonrĆ­o de forma genuina.
—SĆ­, es una gran persona la que me ayudó. OjalĆ” pudiera agradecerle como se debe —digo.
Y mi anhelo es otro. OjalĆ” pudiera corresponderle como se debe. OjalĆ” no fuera tan cobarde. OjalĆ” no temiera perderlo todo, o perderla a ella de una forma horrenda.
OjalÔ… solo eso tengo: ojalĆ”.
Mientras tanto, estoy atrapado en una prisión que todos ven como una gran dicha, que muchos envidiarían.
Y ella… ella cree que no me interesa. Ella estĆ” sola, desamparada, con carencias. Con un mate que no le puede ofrecer nada. Con un desgraciado como yo, que no se atreve a luchar por nuestro lazo, pero tampoco la rechaza para que sea libre.
Yo soy un maldito infeliz que no se la merece.
Soporto este almuerzo un poco mĆ”s. Sin embargo, despuĆ©s de una larga charla por parte de los demĆ”s —porque yo solo escucho y asiento, o respondo con monosĆ­labos—, pido disculpas y me retiro a mi habitación.
Intento conciliar el sueño. Sin embargo, la cama se siente incómoda, vacía, fría.
Ya nada serĆ” igual para mĆ­.
No despuƩs de haber pasado esos dƭas con ella, de haber escuchado su risa, de ver sus ojos brillar, de probar su comida. No despuƩs de que me acostumbrƩ a su olor, a su huerto, a su casita sencilla.
Irónico, ¿no? Estoy rodeado de lujos, de poder, de sirvientes que me atienden, de comidas diversas. Allí teníamos una ensalada de pocas frutas porque no había nada mÔs en la despensa.
En esa cabaña sencilla, el mueble era incómodo y roto, y había una sola cama. Tuve que dormir en el suelo un día.
Sin embargo, nunca en mi vida me habĆ­a sentido tan feliz, tan pleno, tan bendecido.
Irónico. Muy irónico.
De repente, siento una presión en el pecho, algo que me asfixia, y una decisión extraƱa se forma en mi cabeza… o tal vez es una excusa, no lo sĆ©. QuizĆ”s lo sea, pero aun asĆ­ lo decido.
Aprieto los puños y, con determinación, me pongo a preparar mi próximo paso.
Estoy loco, lo sƩ, pero no puedo evitar este impulso que me arrastra directo a la locura.

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Loba soitaria

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