Clara
Observo el cielo, que está brillante y tiene pocas nubes; su tono azul e imponente augura un día soleado. Sonrío porque podré ir al campo a recoger cuantas flores y plantas desee, incluso restos de madera que me ayudarán a crear nuevas esencias.
Suelto un largo suspiro y dejo que la brisa me acaricie el rostro y juguetee un poco con mi cabello. Se siente bien el frescor, porque hace calor hoy.
Esperanzada de que podré crear buenas esencias para vender el próximo mes, tomo mis dos canastas y me adentro hacia la hilera de árboles que me conduce a un pequeño bosque.
Allí recojo algunas plantitas, corteza de árboles, pedazos de madera, tallos secos y hasta raíces.
Mientras tarareo la canción que mi madre siempre nos cantaba, voy caminando en busca de los ingredientes que, por suerte, no tengo que comprar.
Bueno, sí, compro una parte: los que no se encuentran en este lugar y también los químicos que necesito para crear el perfume.
—Oh, tengo que comprar esencia de vainilla y aceites de coco —pienso en voz alta mientras recojo algunas hojas de menta—. Hm, también sería bueno comprar eucalipto, ya que aquí no hay —añado.
Me levanto y decido regresar para ir al campo a recoger unas flores que había sembrado tiempo atrás y que ya deben haber crecido; de seguro tengo suficiente para utilizar en mi nueva esencia.
Pero cuando salgo del bosque y estoy a poca distancia del patio de mi cabaña, escucho unos ruidos que me ponen en alerta. Son trotes de caballos, no solo uno, sino varios, y de alguna forma eso hace que mi corazón palpite muy rápido.
¿Serán los mensajeros del rey?
Yo ya pagué mi año completo y tengo todos mis documentos en orden. ¿Para qué vendrían?, ¿quién estaría irrumpiendo en mi territorio?
Trato de mantener la compostura.
Con varios escalofríos recorriéndome el cuerpo, me giro para ver de qué se trata todo este escándalo, pero lo que veo me deja con la boca abierta e incrédula.
—No lo puedo creer —suelto, como si fuera un susurro, mientras contemplo el panorama—. ¿De verdad está ocurriendo esto? ¿Acaso mi vista me está engañando?
Si no estuviera agarrando las canastas, de seguro usaría mis manos para frotarme los ojos, pero sí parpadeo varias veces con la esperanza de que esa imagen frente a mí desaparezca. Sin embargo, no lo hace; por el contrario, los ruidos se hacen más fuertes y los caballos se acercan aún más.
Hay carretas con la mayoría de ellos, y están cubiertas por mantas blancas y finas, como si protegieran lo que traen allí.
Pero lo que más me tiene impresionada no es el hecho de que están trayendo alguna cosa a mi territorio, sino quién está dirigiendo todo eso. Entonces mi corazón salta de emoción y mi loba empieza a arañar dentro de mí.
«¡Mate!», grita mi loba.
Las manos que sostienen las canastas tiemblan, así que aprieto las asas con miedo de dejarlas caer o simplemente las utilizo como una manera de sentirme segura, porque mi percepción está un poco distorsionada y siento que pierdo el equilibrio.
Me aclaro la garganta para hablar; sin embargo, la voz no me sale.
El caballo de Garthor empieza a aumentar la velocidad, dejando al resto atrás. Entonces se detiene cuando está frente a mí. Puedo escuchar la respiración del animal, fuerte, potente.
Me atrevo a alzar la mirada en busca de su dueño y nuestros ojos se conectan. Mi pecho se llena de una alegría que no puedo contener, pero me las arreglo para no mostrar lo mucho que me está afectando verlo después de varias semanas sin saber de él, de extrañarlo, de llorarlo en las noches.
—Hola, Clara. Es bueno verte —me saluda él, sonriente y muy amigable, con una naturalidad que me deja perpleja.
¿De verdad esto está sucediendo o acaso me estoy soñando?
Quisiera pellizcarme a mí misma, pero lo cierto es que no soy capaz ni siquiera de moverme.
Estoy congelada aquí, observándolo, tratando de asimilar lo que está sucediendo o simplemente de entender si esto de verdad está ocurriendo o es una de mis tontas fantasías.
Pero se siente tan real.
—Disculpa que irrumpa en tu territorio, pero me quedé pensando en ti todo este tiempo —añade.
Y esa confesión hace que mi corazón se torne violento dentro de mi pecho, tanto que tengo que abrir la boca para poder soportar la presión que estoy sintiendo.
Me relamo los labios y me aclaro la garganta, al tiempo que trato de buscar las palabras correctas para responderle, pero todavía no soy capaz.
Hay un silencio extraño entre nosotros.
Entonces él se muerde el labio inferior, me evita la mirada y aprieta la boca como si intentara evitar sonreír, pero esta lo traiciona, y esa pequeña curva que se forma lo delata.
Y me mira.
—No me malinterpretes —dice, un poco avergonzado, o eso es lo que yo percibo de él—. Estuve pensando en lo que hiciste por mí y en que no había tenido la oportunidad de darte las gracias ni de compensarte por ello.
—No, no —niego mientras sacudo la cabeza de forma repetida—. No tienes que agradecerme ni tampoco recompensarme. No lo hice con esa intención.
Baja la mirada.
—Lo sé, eres muy buena y generosa. Sin embargo, yo sí quería agradecerte. Disculpa que me haya tardado tanto. He estado muy ocupado.
—No, no tienes que hacerlo. Gracias de todas formas por pensar en mí y venir. Pero ¿de qué se trata todo esto?
Miro a los hombres que ya lo han alcanzado y se han detenido, como esperando una instrucción de parte de él.
Garthor se relame los labios, baja la mirada y juega con la rienda del caballo por unos segundos. Luego me observa, y ese escrutinio intenso y profundo me eriza todos los vellos.
—No quiero sonar osado ni atrevido, pero vi que tu sofá ya estaba un poco viejo e incómodo. Así que pensé: ¿por qué no comprarle un juego bonito para esa sala hermosa que ya tiene y en la que puedas descansar tras haber creado tus perfumes o haber cocinado esa comida tan rica? —me explica con un cuidado que da a entender que teme a mi reacción.
Eso me parece lindo.
—También traje otras cosas que sé que te serán muy útiles, tanto para tu taller como para la casa —añade—. De verdad, no quiero que te ofendas ni nada por el estilo. Lo hice con buena intención, como una forma de agradecerte. Solo por eso —me asegura, nervioso.
Y yo siento que mi corazón va a estallar.
No voy a negar que me da un poco de vergüenza, y de seguro mi cara roja debe delatarme, pero al mismo tiempo hay una ternura que me recorre, una emoción desconocida.
Nunca me había sentido tan especial para alguien, tan observada ni tan tomada en serio por personas que no fueran mi familia. Que Garthor haga eso por mí me hace sentir valorada y me llena de una ilusión que no debería tener.
¿Cómo no enamorarme de él si hace esas cosas? ¿Qué es lo que pretende?
No quiero que juegue conmigo ni que me parta el corazón.
Desearía que su gesto no provoque una idea errónea de su intención, pero no puedo evitarlo.
No soy capaz de frenar este sentimiento que crece dentro de mí, porque cada cosa que hace me empuja más a esta pasión prohibida y fortalece el lazo que hace mucho debió romperse.
No, no debo enamorarme de él.



