Isabella
Observo a las mujeres frente a mí mientras mis sirvientes me sirven té, con la delicadeza y la gracia que me caracterizan. Levanto la taza, olfateo la menta y las especias, y luego doy un pequeño sorbo.
Lo disfruto con los ojos cerrados, porque amo este té y es demasiado delicioso.
Abro los ojos y las miro. Acto seguido, dejo la taza sobre el platillo de porcelana bañada en oro.
—¿Me dicen que Garthor fue emboscado por enemigos?
—Sí —responde mi futura suegra.
Mi cuñada me observa con cautela inquisitiva, como si no pudiera soportarme. Bueno, realmente no puede. Nunca lo hace. Yo tampoco la soporto.
Presto atención a ambas.
Están nerviosas, con los ojos llenos de lágrimas y enrojecidos. Me preocupa bastante esta situación.
¿Cómo es posible que Garthor, el gamma de gammas, el guerrero más poderoso de toda la región Kal, un estratega peligroso, temido y muy respetado, haya sido emboscado de esta manera y no se sepa de su paradero?
Eso me pone nerviosa.
El corazón me late con fuerza y el terror se adueña de mí. No puedo evitar comparar este evento con el pasado, cuando lo perdí todo. No, no puedo perderlo a él también.
Me levanto de la mesa, un poco alterada, y llamo a los guardias del lugar:
—Investiguen el asunto del gamma de gammas.
Ellos asienten con una reverencia. Me vuelvo a sentar y tomo las manos de Alba, la madre de Garthor.
—Querida, tranquila. Todo esto se va a solucionar. Pronto tendremos noticias de él. ¿Qué ha pasado con los que andaban con él? ¿Les han dicho algo?
Ella asiente.
—Sí. Den apareció malherido, pero ya está en recuperación. Y los demás guerreros murieron todos —me responde Valentina, mi desagradable futura cuñada.
Trago con dificultad, pues esto resulta demasiado extraño y sospechoso. ¿Acaso el rey le puso una trampa a su guerrero más querido? No, eso es imposible. Mi tío nunca haría algo así. Entonces, ¿quién fue el traidor?
—¿Está el rey enterado de esta emboscada? —les pregunto.
Ellas se encogen de hombros.
—No lo sabemos, pero ya mandamos la información. Debe estar recibiéndola también —me contesta Alba.
Me da lástima verla en ese estado, consumida por la tristeza y la mortificación.
Asiento con firmeza.
—Yo hablaré personalmente con él —les prometo.
—Muchas gracias. Eres la mujer perfecta para mi hijo —me dice Alba, y eso me llena de orgullo. Es justo lo que necesito: que ella me apruebe, que me apoye.
Charlamos un poco más. Toda la conversación gira en torno a la emboscada y a lo sucedido, así como a los rumores que se han esparcido sobre ese evento.
Tras despedirlas —porque esta vez ellas me visitaron en busca de ayuda antes de que yo siquiera les avisara que mi plan era ir a ver a Alba—, me encierro en mi estudio. Mando a Ezrael para que investigue, pues confío en él.
Además, Garthor es su primo; por lo tanto, está implicado de forma más directa en este asunto.
También envío un mensaje a mi tío, al palacio.
Este asunto me tiene inquieta y no logro pensar en otra cosa que no sea ese ataque y la desaparición de Garthor.
Solo espero que él esté bien. Sí, él lo estará. Garthor es fuerte y poderoso. Es capaz de regresar como si nada hubiera pasado. Todo como un caballero digno de mi admiración, de mi amor.
Después de enviar el mensaje al rey y ordenar que se investigara el asunto, preparo una visita a Alba en su mansión dentro de poco, para mantenerme a su lado y apoyarla en ese momento tan duro.
Bueno, ambas nos serviremos de apoyo, pero también lo haré para afianzar mi relación con la familia de Garthor y la nueva alianza que el decreto del rey establecerá.
Quiero que me vean allí, que las personas empiecen a percibir que existe una relación fuerte entre nosotras. Además, cuando Garthor aparezca, quiero ser la primera en verlo.
Con ese pensamiento preparo todo, decidida a ser la mejor prometida que exista, mucho antes de que el decreto sea público.
***
Clara
Me despierto y lo primero que noto es que Garthor está dormido en el suelo, y me da mucho pesar. Me encojo de hombros y me tiro de la cama antes de que él abra los ojos. Luego busco la ropa que me pondré y me dirijo al baño.
Después de bañarme, preparo el desayuno.
Hoy me toca ir a vender de nuevo. Unos diez minutos más tarde, Garthor aparece en la cocina con su armadura puesta. Entonces, una sensación de realidad me cubre el pecho y la tristeza se afianza en mi corazón. Sé lo que significa eso.
—Gracias por limpiarla —dice él, mientras toca la parte del torso que todavía está rota.
Pero supongo que eso la arreglará él allá cuando regrese.
—No tienes que agradecerme —le respondo—. Ven a desayunar —lo invito, tratando de disimular mi miedo.
Me urge preguntarle, saber si de verdad se irá ya o si simplemente estaba probando la armadura, aunque… ¿por qué la probaría si ya la ha usado antes? ¡Qué tonta soy!
Tomo un sorbo de mi leche, luego unto mantequilla al pan y como con parsimonia, sin ánimo, porque el estómago se me ha cerrado y las fuerzas se me han debilitado.
El simple hecho de saber que se irá y que probablemente no lo volveré a ver me parte el corazón y hace que mi loba llore en mi interior.
Pero debo ser fuerte y simular que esto no me afecta. No soy quien para reclamar nada; tampoco puedo retenerlo si él no quiere.
Me relamo los labios y vuelvo a beber del contenido de mi taza.
—¿Te sientes bien? —me pregunta él, y puedo notar preocupación en su tono de voz.
Lo miro, y mi corazón late desbocado, con tristeza y con anhelos.
—Sí, solo estoy un poco cansada. Y bueno, estoy haciendo cálculos mentales de lo que haré hoy, tras vender los perfumes que me quedaron ayer.
Miento en parte, porque de verdad tengo que hacer todo eso. Sin embargo, en mi mente no están mis tareas, solo el hecho de que se marchará. Lo presiento; así será.
—Una pregunta —me atrevo a indagar—. ¿Ya te sientes listo para irte? ¿Por eso te has puesto la armadura?
No puedo evitar que mi voz salga temblorosa. Aprieto los puños, porque también las manos se me sacuden de puro nervio.
Él baja la mirada y asiente con gestos lentos.
—Sí, hoy mismo regresaré. Tengo mucho pendiente. Además, debo dar un reporte de lo sucedido.
No me falta preguntar nada más, pues lo que ha dicho confirma mi sospecha y temor.
Entonces mi loba aúlla por dentro y mi corazón termina de quebrarse. Todo fue tan hermoso, como un sueño. Pero ya es hora de despertarse. Y la realidad duele, y mucho.




