🔒 Desbloqueando capítulo…
Haz clic en el botón para desbloquear

Lyra miró a su alrededor, exaltada, pero se mantuvo compuesta porque podría explicarlo. Todavía le parecía irreal aquello y mantuvo la calma debido a que solo era un malentendido.
Ella se acercó al grupo, que ya la estaba juzgando con la mirada, y mostró el pañuelo, lo que provocó un jadeo en todos ellos al ver confirmado lo que Dalila y Zoner estaban gritando.
De inmediato, los murmullos estallaron.
—No puedo creer que de verdad le haya robado al alfa —murmuró una sirvienta con asombro.
—Hay que ser muy valiente o estúpida para algo así —le respondió otra.
Lyra empezó a negar con efusividad al notar que el malentendido se estaba agravando.
—¡Ya sabía yo que mantener a esta omega andrajosa en la mansión del alfa nos iba a traer problemas! —profirió Zoner con malicia, fingiendo preocupación.
Lyra la observó boquiabierta. ¿De verdad la odiaban tanto y la tenían tan en menos que ni siquiera la dejaban explicarse?
—¡No robé nada, lo juro! ¡Puedo explicarlo! —vociferó nerviosa y casi llorando; sin embargo, fue ignorada.
De repente, se vio rodeada, con gritos y reclamos tortuosos. Era como si estuviera en una pesadilla, pero con esa sensación de ahogo demasiado real.
Lyra se puso la mano en el pecho y empezó a inhalar y a exhalar por la impotencia. Solo necesitaba que la escucharan y aclarar el asunto.
—Por favor... —susurró ella con la voz débil y los ojos rojizos.
—¿Qué sucede? —La voz de Elena se elevó sobre el revuelo y provocó un silencio que hizo suspirar a Lyra de alivio.
Ella corrió hacia Elena y le mostró el pañuelo.
—Ellos me están acusando de robo, pero no es así —se apresuró a defenderse.
—¡Qué descarada eres! —espetó Dalila—. Lo tienes en las manos y te atreves a negar tu crimen.
—¡Yo no lo robé! ¡El alfa me lo regaló! —soltó Lyra, exasperada.
El silencio volvió a tomar protagonismo.
Todos ellos se miraron por inercia y luego estallaron las risas, burlas y murmullos. Solo Elena se quedó quieta mientras intentaba entender lo que sucedía.
—Estás tan desesperada por salir de esta situación que mientes con tanto descaro —la confrontó Zoner—. ¿Crees que el alfa te perdonará que le robes y que luego digas mentiras sobre él?
—¡Qué ilusa eres si esperas que te creamos esa estupidez! —se burló Dalila—. ¿Por qué el alfa te daría algo a ti, omega zarrapastrosa?
De inmediato, los demás le corroboraron con burlas e insultos.
—¡Basta! —interrumpió Elena—. Yo me encargaré de este asunto. Lyra, ven conmigo.
Lyra obedeció entre lágrimas y temblores mientras a su espalda escuchaba los cuchicheos y risitas maliciosas.
No podía creer su suerte. Estaba a punto de perder su empleo por un malentendido y sus sueños se veían amenazados.
Desde que entraron a la oficina, Elena le dio una cachetada y le arrebató el pañuelo.
—¿Cuál es tu juego, omega sucia? ¿Acaso quieres hacernos creer que el alfa tiene algún interés en ti? Mírate, no eres nadie. Por menos he mandado a depravadas como tú al calabozo.
«¿El calabozo?», pensó Lyra, aterrada.
—No, por favor... —negó eufórica y entre lágrimas—. Le juro que no robé nada ni he aludido ningún comportamiento fuera de lugar de parte del alfa. Jamás haría algo así... Puede preguntarle al mismo alfa, él me dio su pañuelo para que me secara el rostro y luego me dijo que podía quedármelo.
Otra cachetada la hizo tambalearse.
El corazón de Lyra empezó a latir con ímpetu y las lágrimas se desbordaban en su rostro sin control, pero ella se mantuvo quieta, con la mano sobre el área que todavía le ardía y dolía, observando a aquella mujer que la había golpeado por segunda vez sin necesidad.
—¡Insolente! ¿Te crees la gran cosa? ¡Basura! He notado cómo miras al alfa Kael, irrespetuosa. ¿Piensas que por tener un rostro bonito te le meterás por los ojos? El alfa tiene gustos refinados y tú solo eres como la basurita que se le pega en los zapatos.
Lyra se quedó pasmada ante las palabras de Elena. ¿Por qué la trataba así? ¿De dónde salía esa rabia que la hacía perder la compostura?
Siempre la vio fría, estoica y de poco hablar. No le parecía alguien que se dejara dominar por la ira. Sin embargo, allí estaba ella, enfurecida y arremetiendo contra una sirvienta por algo que solo se estaba imaginando.
Ni siquiera le había reclamado por el malentendido del robo. La estaba castigando porque, según ella, estaba intentando llamar la atención del alfa.
¿Por qué le molestaba tanto que las demás mujeres lo miraran, al punto de crear una regla ridícula que el alfa desconocía?
La resolución le cayó como agua fría y sus ojos se abrieron de más.
Le pareció descabellado y un poco hipócrita si fuera cierto.
«¿Será posible que Elena estuviera enamorada del alfa Kael?», se preguntó, desconcertada.
Si fuese así, Elena era más siniestra de lo que pensaba, ya que Emilia le había dicho que ella cuidó de Kael cuando todavía era un cachorro. Y, pese a que para los lobos la diferencia de edad era un poco irrelevante porque no envejecían, sí tenían ciertos protocolos de comportamiento moral.
Una persona que había sido la nana de un pequeño lobo y lo había visto crecer era considerada alguien filial. Por eso, un deseo de ese tipo sería repugnante.
Lyra la observó con cautela y notó que los ojos de Elena estaban ardiendo de ira.
Y se preguntó si era por celos o por el agravio del supuesto robo.

