3. Lobo guía: Un lazo prohibido – Heridas latentes y presagio

This entry is parte 4 de 21 in the series Lobo Guía: Un lazo prohibido

Zebastiel

Camino con pasos apresurados sobre la grama húmeda por el rocío de la mañana, con el corazón acelerado por la emoción y las manos cargadas de bolsas.

Doy varios toques y suelto un suspiro; entonces la puerta cede y la veo.

Sus ojos grandes brillan y su boca se abre por la sorpresa.

—¡Zebastiel! —chilla con entusiasmo y se me lanza encima.

Me aprieta en un abrazo eufórico que casi me hace perder el equilibrio, pero me apresuro a cargarla con todo y bolsas, y no puedo evitar reír ante su recibimiento escandaloso.

—Oye, ya, ya, me vas a asfixiar —le digo entre risas.

Pero ella, en vez de soltarme, riega besos por toda mi cara.

Qué fastidiosa.

Cuando se cansa de darme mimos, se me apea de encima y observa las bolsas, curiosa.

—Son regalos para mi sobrino —le explico—. ¿Qué crees, eh?

Entro sin pedir permiso y Kaia me sigue.

—Oh, muchas gracias —me dice.

—¿Dónde está el rey de la casa? —le pregunto mientras observo a mi alrededor.

—Ah, Nevan le está dando de comer —me responde.

Camino directo al comedor y allí están ellos: Nevan luchando para que el bebé coma. Este se encuentra en una silla especial para cachorros; entretanto, Nevan está frente a él, extendiendo la cuchara, pero el cachorrito se niega.

—¡Ah! ¿Qué basura le estás dando a mi sobrino? —bromeo, y mi voz capta la atención de mi cuñado.

Entonces Nevan se levanta y agranda los ojos, asombrado.

—¡Oh, el cabrón de Zebastiel vino a visitarnos! La última vez que te vimos fue en el cumpleaños de Suriel.

—¡Unos seis meses atrás! —confirmo, pues fue cuando le hicieron una gran fiesta en Luna Roja para celebrar su primer año de vida—. ¡Ah, soy un hombre ocupado! Ya sabes, como me has dejado solo en las misiones —suelto, venenoso, a lo que Nevan se rasca el cabello, apenado.

—¡Ah, imagínate, la familia! —me responde.

Sonríe y hago lo mismo. Me siento tan feliz de que ellos estén bien, aunque mi mejor amigo se ha apartado un poco de sus misiones como guía.

Lo extraño, pero no lo admitiré en voz alta.

—¿Qué te trae por aquí? ¿Qué, se murió alguien? —pregunta Kaia, divertida.

—Ja, ja, ¡qué bromista! —le respondo con sarcasmo.

—Es que es raro que vengas a visitarnos. En verdad, creo que nunca lo has hecho —me reclama.

Entorno los ojos.

—Siempre hay una primera vez, ¿no crees, hermanita?

Ella hace una mueca; luego me sonríe. Me provoca mucha calidez la alegría que denota.

—¿Quieres comer algo? —me pregunta, toda servicial.

—Ah, bueno… Un segundo, ¿preparado por ti o por Nevan? —la molesto.

—¡Oye! —Ella me da un palmazo y no puedo evitar reírme.

Nevan también se ríe.

—¿Qué crees? Ya ha mejorado mucho en la cocina —me dice mi cuñado.

—De verdad me gustaría probar eso, aunque tengo temor por mi vida.

—¡Oye! Deja de decir eso o de verdad te preparo algo que te haga ir al baño por tres días —me amenaza, y forma un mohín.

Tan tierna…

—Créeme, no lo dudo —le respondo, juguetón.

Después de cargar a mi sobrino Suriel, darle sus regalos y también lo que le traje a Kaia y al fastidioso cabrón de Nevan, nos sentamos a almorzar.

Es increíble lo mucho que ha mejorado Kaia en la cocina, aunque no se compara con las comidas que hace Nevan, las cuales extraño en las misiones, pues era él quien se encargaba de esas cosas, ya que yo no soy muy bueno, que digamos.

—Bueno, hermanita, debo irme —me despido.

—Oye, ¿cuándo volverás a visitarnos?

—Ah, no sé cuándo pueda venir ni a Ecos, ni a Luna Roja ni a ningún otro lugar, pues tengo muchas misiones.

Nevan me observa, nostálgico, y sé que él también desea volver a su vida de guía, pero ahora mismo su prioridad es su familia, y eso está bien.

De verdad me siento satisfecho de ver a Kaia tan feliz y con la vida resuelta, pues ella sufrió bastante.

Y, pese a que ha logrado tener éxito tanto en su carrera como en su vida sentimental, todavía tengo pesadillas con lo que sucedió y, aunque no quiero admitirlo, no he superado la culpa que siempre me ha atormentado todos estos años.

Por alguna razón extraña, despedirme de ella se siente muy doloroso, como si esta vez algo fuera diferente.

Ya en casa, me preparo para mi viaje de mañana.

Mamá ha estado más apegada a mí que nunca, diciéndome que me cuide, como si presintiera algo. Eso me asusta un poco porque dentro de sus habilidades está el augurar, ver o presentir cosas, y su manera de tratarme me da a entender que tiene algún miedo.

Sin embargo, ese es el riesgo que conlleva mi trabajo. De todas formas, no es que tenga mucho que perder…

—¿Qué estoy pensando? Tengo una familia: están mis hermanas, mis sobrinos, mis padres, mis amigos, la tía Laurel y el tío Liadrek, mis primos… —susurro sin despegar la vista del techo de mi habitación—. No, yo sí tengo mucho, aunque no haya encontrado a mi compañera destinada.

Y esa realidad duele en mi pecho.

—¿Por qué a mí no me tocó una? —balbuceo, amargado.

No entiendo por qué todos tienen sus parejas menos yo.

Es como si me faltara algo, y ese vacío ha hecho que mi lobo se la pase de mal humor.

Es una agonía difícil de soportar.

Mis tiempos de celo se tornan caóticos porque mi cuerpo se niega a volver a aparearse con otra loba que no sea mi compañera destinada, pero ya ha pasado tanto tiempo y nunca la he encontrado. Es como si ella no existiera.

Con ese pensamiento en la mente, me duermo, y pronto llega el momento de despedirme de mis padres.

Mamá llora y no lo entiendo. ¿Cuántas veces me he marchado antes y nunca había actuado así? También noto tensión en el rostro de papá.

¿Qué hay de diferente en esta ocasión? Solo haré uno de los tantos viajes que he hecho desde que empecé con mi función de guía, décadas atrás.

—Por favor, cuídate, Zebastiel —me pide mi mamá, con sollozos.

—¡Ey! Me voy de misión. No me voy a morir ni nada por el estilo. Bueno… quién sabe.

—¡Zebastiel! —me reclama papá, molesto.

—Oye, solo fue una broma, relájense. ¿Qué les pasa? ¿Por qué actúan tan extraño?

—No lo sé, Zebastiel, he tenido sueños raros —me responde mamá, angustiada—. ¿Por qué no te saltas esta misión? Vamos, podría ir otro lobo guía.

—Mamá, ya sabes que no puedo faltar a mis misiones. Estaré bien, lo prometo.

Ellos no quedan muy convencidos, pero no insisten más. Yo, al igual que ellos, tengo este extraño presentimiento que me provoca un nudo en el estómago; sin embargo, no lucharé contra el destino. Si por cumplir las misiones de mi vocación pierdo la vida, me doy por servido.

De todas formas, mis hermanas están bien, la manada está bajo el mando de mi padre y todo seguiría su curso natural. No tengo a nadie que dependa de mí, ni una mate a quien cuidar, mucho menos cachorros.

Que yo falte o no, no hará gran diferencia.

Lobo Guía: Un lazo prohibido

2. Lobo guía: Un lazo prohibido – Entre engaños y luces extrañas 4. Lobo guía: Un lazo prohibido – Señales del destino
Compartir

3 comentarios en “3. Lobo guía: Un lazo prohibido – Heridas latentes y presagio”

Responder a Sayo ramirez Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *