Loba dolitaria – Capítulos 6-8

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Capítulo 6

Clara

Siento que todo a mi alrededor da vueltas; es un vértigo desagradable, acompañado de una extraña emoción que me confunde, pues no sé si es miedo o felicidad.

Una parte de mí —la más salvaje— anhela encararlo y preguntarle si ha sentido nuestro lazo, pero la otra, la que está herida y teme sufrir más, solo quiere escapar.

¿Por qué, de repente, este hombre aparece en todos lados?

«Es el destino», contesta mi loba. «Nuestras esencias se buscan», añade.

Esto es una pesadilla. ¿Qué haré ahora?

Suelto un largo suspiro y me mantengo oculta unos segundos más, con la esperanza de que él desista y se vaya; sin embargo, la voz del perfumero molesto quiebra esa esperanza.

—Lobita, ¿no atenderás a tu cliente…? —pregunta, pero hace una pausa, como si hubiera visto un fantasma, y empieza a tartamudear incoherencias—. S-señor… —logra decir—. Gamma Garthor… ¡Venga a mi puesto, yo le puedo ofrecer perfumes mucho más elegantes y de mejor calidad! Esta novata ni siquiera sabe atender a los clientes.

Estúpido.

Por lo menos sirve para entretener al gamma.

Hay un momento de silencio hasta que el perfumero insiste para llevarse al cliente a su tenderete, usando palabras de adulación y degradando mi trabajo.

Percibo los pasos y noto que el gamma se aleja de mi puesto. Entonces suspiro aliviada, aunque no es suficiente para salir. Él todavía podría verme.

Me levanto con cuidado de no ser vista y noto que el perfumero le muestra sus mejores productos; puedo ver en la cara del pobre hombre que solo quiere irse. Y lo entiendo, ese señor es insoportable.

Debo aprovechar la intervención para esconderme.

Me escabullo por la parte de atrás y me escondo en medio de un grupo de personas; luego corro lejos del tenderete como si mi vida dependiera de ello.

Con la respiración acelerada y el cuerpo tembloroso, me detengo a una distancia prudente y me oculto detrás de un quiosco. Inhalo y exhalo para recuperar la compostura, y me tardo unos minutos con la mano en el pecho, temblorosa y con la adrenalina a tope.

Cuando me calmo un poco, tengo la tentación de ver si el gamma sigue allí o ya se ha ido, de contemplarlo a la distancia y ver sus gustos con los perfumes.

Mi objetivo debería ser cerciorarme de que ya se fue y puedo regresar a mi puesto, pero la verdad es que ese hombre me causa mucha curiosidad.

Necesito verlo, aunque sea a la distancia, escondida como la cobarde que soy. Saco la cabeza para observar desde aquí y el corazón me salta agitado cuando el gamma hace una negación con la cabeza y regresa a mi tenderete.

Ay, de verdad mis productos le llamaron la atención.

—Perderé ese dinero por ser su mate… —susurro, frustrada, y me muerdo el labio inferior—. Ese hombre se ve que es adinerado, por lo que me esperaba una buena venta. ¡Lástima! De todas formas, ¿me compraría si me ve? De seguro no. Quizás aprovecharía para rechazarme.

Me pongo la mano en el pecho por instinto. Le temo mucho al dolor del rechazo, al vacío que le sigue y a las secuelas de haber sido repudiada por quien debería amarme y protegerme.

—Ya deja de lamentarte, no puedes llorar aquí —me increpo a mí misma mientras lucho contra las ganas de derramar las lágrimas que me arden en los ojos.

Noto que el gamma busca con la mirada alrededor del puesto; también olfatea, como si reconociera algún olor.

Esa acción me altera y hace que mi loba pida el control para ir a buscarlo, pero la detengo.

Quizás solo quiere comprar y busca al vendedor. No mi olor. Quizás ni siquiera sabe que somos mate

¿Y si lo imaginé?

Me relamo los labios, nerviosa, y continúo contemplando a ese hombre tan apuesto.

¿Me merezco yo un compañero como él? Es muy atractivo y fuerte, con ese aire intimidante que demuestra lo poderoso que es.

Ay…

De verdad hubiese sido afortunada si él aceptara nuestro vínculo. Lástima que no sea así.

De repente, una mujer muy parecida a él se le acerca y ambos entablan una conversación. Entrecierro los ojos al ver su complicidad y la manera en la que él ríe de lo que sea que ella le ha dicho.

La detallo, en busca de alguna imperfección que me haga sentir menos incómoda, pero sus rasgos son refinados y su vestimenta elegante. Ella es hermosa y denota clase y dinero.

¿Quién es ella? Son tan parecidos que me atrevería a decir que son hermanos… o quizás ella es su madre, pues sus rasgos son de autoridad.

A diferencia de los humanos, nosotros no envejecemos, pero a medida que pasan las décadas, nuestros rasgos toman una madurez encantadora que denota superioridad y autoridad sobre los más jóvenes, pese a que nuestro físico conserva la frescura y la piel tersa.

En realidad, no sé cómo se ve una persona envejecida, pues en la escuela nos enseñan que los humanos lo hacen, pero no nos dan muchos detalles ni nos muestran imágenes.

Sería interesante verlo.

Suelto un suspiro largo. Me pregunto qué busca la nobleza en este mercado; eso es muy raro.

El gamma le da una última mirada al puesto, luego se marcha junto a la mujer, seguido por un grupo de guerreros.

Mientras él se aleja, mi pecho es embargado por un vacío doloroso y mi loba se lamenta en mi interior.

El amargor de la frustración me llena el paladar y dentro de mí surge una añoranza primitiva que me incita a llamarlo, pero lo reprimo.

No puedo exponerme de esa manera.

Debería estar aliviada de que ya se marchó; no obstante, solo me siento muy triste e impotente.

En mi interior está esa lucha dolorosa de si debo correr hacia él o simplemente observarlo marcharse sin hacer nada, entendiendo que esta podría ser la última vez que lo vea.

Y mi decisión final me desgarra el corazón.

Duele mucho, pero es lo mejor. Ese hombre es inalcanzable y me ha demostrado que no se uniría a mí. Una persona como él es prohibida para alguien tan insignificante como yo.

Las lágrimas empiezan a mojarme las mejillas mientras observo cómo él desaparece de mi campo de visión, quizás para siempre.

Capítulo 7

Clara

Después del casi encuentro con mi… el gamma, el día transcurre con normalidad, aunque en mi interior hay un vacío y una tristeza que me desaniman. Aun así, lucho contra mi estado de ánimo y las quejas de mi loba para poder vender sin dificultad.

Sin embargo, no es que haya vendido mucho, y eso ha empeorado mi estado de humor.

—Creí que me iría mejor al agregar la esencia de lavanda… —susurro para mí, decepcionada, mientras observo los perfumes sobre mi puesto. Ya ha entrado la tarde y casi todos están ahí.

Y pensar en todo lo que pasé para poder conseguir esas flores…

Suelto un largo suspiro y mi mirada se va a los puestos vecinos, que ya están vacíos porque los dos perfumeros experimentados han vendido casi todo.

Las personas se detienen en sus tenderetes e ignoran el mío, así que ni siquiera tengo la oportunidad de mostrarles mis productos. He intentado llamar a los clientes y darles muestras de mis aromas, pero muchos pasan de mí y otros los encuentran demasiado finos para sus gustos.

Supongo que escojo a los comparadores equivocados, a esos que no gastan su dinero en perfumes.

Pero es que los que sí lo hacen ya conocen a mis colegas perfumeros y van directo a sus puestos.

—Soy un desastre —musito. Apoyo las manos sobre la mesa de madera y bajo el rostro, pues las lágrimas amenazan con dejarme en ridículo.

Hoy ha sido un día pésimo. Había empezado bien, pues al principio vendí algunos perfumes, pero después de que ese gamma viniera a mi puesto, todo cambió.

—Tonto, me trajiste la mala suerte —mascullo, molesta.

Estoy tan enojada con él. ¿Cómo se atrevió a venir aquí? Ahora tengo este vacío en el pecho, esta necesidad de verlo y decirle que he sentido el lazo.

Añoro saber si él también y por qué no lo reconoce.

—¿Qué estoy pensando? —me increpo, y me limpio las lágrimas discretas que empiezan a descender por mis mejillas—. Yo no quiero que ese gamma me reclame…

El simple hecho de imaginarlo me llena de pavor. Ese hombre es tan grande, tan varonil y fiero. Y yo…

Tiemblo y me relamo los labios.

Yo soy pequeña, delgada y frágil.

—Todo era más fácil con Dylan… —murmuro.

Me siento, más calmada, mientras observo a las personas pasar. Ya no me interesa llamar a nadie.

Recuerdo a Dylan, sus besos y cómo él nunca pasó los límites conmigo. Sin embargo, le fue fácil reclamar a Legna. Con ella hizo de todo…

—Quizás soy muy aburrida… —Me muerdo el labio inferior—. ¿Será por eso por lo que mi propio mateno me desea?

A Dylan lo entiendo, pues no teníamos ese lazo y él me respetaba mucho. Nuestra relación fue demasiado platónica e infantil, pero este gamma es diferente.

Dylan, aunque también es fuerte, luce menos fiero e intimidante. Además, crecimos juntos, así que le tenía mucha confianza. Mas con este hombre no sé qué esperar y me provoca cosas que nunca sentí con Dylan.

¿Será por el lazo?

Vuelvo a suspirar.

—No puedo rendirme, no después de todo lo que he pasado para crear esta nueva esencia. Aparte de que no tengo otra opción más que vender, pues mi estadía en esta región depende de ello —me animo a mí misma.

Otra vez observo los puestos de la competencia y me alegro de que estén casi vacíos, pues eso significa que se irán pronto y solo quedaré yo aquí. Los compradores no tendrán más opción que comprarme a mí.

—Qué patética… —me muerdo el labio inferior.

Transcurren varios minutos y me pierdo en los recuerdos con el gamma de la noche en la que él me salvó.

Cada vez que su rostro se refleja en mi mente, siento un punzón en el estómago y el corazón se me acelera.

Ay, ya, debo dejar de pensar en ese gamma.

—Hola —saluda una mujer, sacándome de mis luchas mentales.

Me incorporo en un santiamén y enfoco la mirada al frente. Me tomo unos segundos en detallarla porque luce como una dama adinerada.

Ella viene acompañada por dos mujeres y un hombre que parece su guardián, o algo por el estilo. A juzgar por su apariencia, tiene gustos refinados, pues usa joyas finas y ropa elegante que resalta su figura.

—Bienvenidos… —les digo con cortesía—. ¿Les gustaría una muestra de mi nueva esencia? —les paso un pequeño algodón rosa humedecido con el perfume—. Es una mezcla de lavanda, rosa, coco y vainilla.

—Muchas gracias —me responde la mujer, con una gran sonrisa que destila amabilidad.

Las dos acompañantes, que me da la sensación de que son sus empleadas, olfatean curiosas, mientras que el guardián mira el algodón como si tratara de descifrarlo.

Eso me parece un poco gracioso, pero finjo que no.

—¡Guau! ¡Qué delicia! —exclama la mujer, con una fascinación que me hace sonrojar—. Nunca había disfrutado de un perfume tan exquisito —halaga—. No es escandaloso, pero tiene presencia; es dulce, mas no empalaga, y tiene esa elegancia y limpieza de la lavanda que se mezcla a la perfección con la cremosidad del coco, la frescura de la rosa y la dulzura de la vainilla. ¡Es perfecto!

Sus dos acompañantes secundan emocionadas, y eso provoca la curiosidad del hombre, que olfatea el algodón, pero no dice nada.

No lo puedo creer, ¡le ha gustado!

—Muchas gracias, me halagan mucho sus palabras —le respondo, un poco tímida.

Ella toma uno de los frascos, lo examina y frunce el ceño.

—¿Por qué no tiene nombre? —me pregunta.

Cierto…

Casi siempre nombro mis creaciones, pero esta vez no lo hice.

—No he encontrado el nombre adecuado —le digo—. Pero quizás lo llame…

Recuerdo el campo de lavanda, mi travesía y el ataque. Mi corazón palpita cuando el rostro del gamma irrumpe en mi mente y revivo el momento en que él me salvó y supe que era mi mate.

Luego, ese silencio entre nosotros y lo incapaces que fuimos para reconocer el vínculo que se formó entre nosotros.

—Se llama «El silencio de la lavanda» —le respondo, ida.

—¡Me encanta! —expresa ella con una emoción que me hace sentir ufana. Es muy lindo que mi trabajo sea valorado—. Pero la lavanda en esta región es escasa y muy costosa; sin embargo, tú tienes un precio muy bajo.

—Conseguí una buena oferta —miento—. Aunque, no creo que vuelva a correr la misma suerte.

—Eso será un problema para nuevas producciones, pero creo que podría resolverse con buenos contactos. —Se queda pensativa, como si analizara un asunto importante.

¡Qué raro!

¿Por qué le preocupan mis futuras producciones?

—Me llevaré todos los que tienes —dice de la nada, y me deja atónita.

—¿Se los llevará todos? —pregunto, incrédula.

—Sí, es que tengo amigas de gustos exquisitos a quienes sé que les va a encantar; también a mi tía. Les llevaré uno a cada una.

No lo puedo creer… ¡Me los comprará todos!

Clara

Estoy anonadada.

Con manos temblorosas y sin todavía dar crédito a lo que sucede, busco entre mis canastas personales, pues no estaba preparada para vender tanto a una misma persona, y escojo la más bonita, la que tiene los lazos morados, pues quedará perfecta con la decoración de esos perfumes, y los coloco todos de forma estética.

Tomo algunas de mis flores para adornarlos y se los entrego.

—Eres dedicada, creativa y apasionada —me alaba ella mientras admira la canasta—. Llegarás muy lejos. Las personas como tú merecen ser exitosas.

—Muchas gracias —le respondo, sonrojada—. Espero que a sus amigas les guste.

—Oh, estoy segura de que así será —me responde, confiada—. Por cierto, ¿podemos intercambiar códigos y así comunicarnos para futuros pedidos? —me pregunta.

Me muerdo el labio inferior debido a la vergüenza.

—No tengo un comunicador —le respondo—. No lo he necesitado…

—No te preocupes. ¿Siempre vendes aquí?

—No, solo aprovecho la venta de temporada, pero sí suelo ir al mercado de la manada Cielo Templado a vender mis perfumes y otros productos.

—Interesante… ¿Cuál es tu nombre?

—Soy Clara.

—Mi nombre es Alondra, un gusto conocerte. Espero que nos volvamos a ver —añade, y se va.

Me quedo observándola hasta que desaparece de mi campo de visión, pues me deja una sensación rara, como si de verdad fuera a volver a verla.

Sacudo la cabeza y suelto un largo suspiro.

—Con este dinero tendré otro año cubierto de mi permiso —susurro, mientras hago cálculos mentales de mi pequeño ahorro y la nueva ganancia.

Observo los pocos frascos que me quedan, pues son mis otros perfumes, y sonrío, satisfecha.

—A ustedes los venderé cuando ya no tenga competencia —susurro a la nada y miro a mis colegas, quienes están entretenidos vendiendo sus perfumes y no han notado la gran venta que he hecho yo.

Me pregunto cómo reaccionará el engreído ese cuando sepa que vendí más que él de un solo golpe.

Suelto una risita y espero atenta a que termine para alardear un poco de mi buena fortuna.

Tras varios minutos de espera, en los que estoy ansiosa por mostrarles, Demetrio es el primero en terminar. Él me sonríe al ver que lo estoy observando y me pregunta cómo me fue.

—Pues vendí todos mis perfumes nuevos —le respondo.

Sus ojos se abren por la sorpresa, pero también percibo un brillo de felicidad, de alivio. Él ha sido muy bueno conmigo durante todo el tiempo que llevo vendiendo, tanto en la manada Cielo Templado como cuando hay encuentros en esta manada, y sé que se preocupa mucho por mí, porque me ve como alguien frágil, sola, que necesita salir adelante.

—¿Qué es lo que tanto hablan? —pregunta Ramiro, el arrogante ese que siempre ha sido descortés, todo lo contrario a Demetrio.

—Ah, pues que Clara vendió todos sus perfumes nuevos, el nuevo ingrediente que se inventó.

—¿Ah, de verdad? ¿En qué momento? No lo vi —dice, escéptico—. ¿Quién compraría una esencia nueva hecha por ti, que de seguro usaste ingredientes de mala calidad? —añade, malicioso.

—No seas envidioso, Ramiro. ¿Por qué te cuesta tanto reconocer que la cachorra es buena en lo que hace? Siéntete orgulloso de ella. Es una jovencita que está emprendiendo en un negocio que pocas personas hacemos.

»Deberías estar orgulloso de que cachorritas como ella se interesen por la perfumería y se den tan buenas. Ya ves, ella vendió, tú vendiste, yo vendí. Todos estamos vendiendo bien, así que no hay necesidad de tener competencia ni tratarse con rivalidad —lo increpa Demetrio.

Yo me trago la risa que quiere salir.

Ver la cara de envidia y molestia en Ramiro me llena de satisfacción, porque he tenido que soportar sus reproches, sus insultos, sus ofensas y sus humillaciones desde hace tanto tiempo.

Siempre callada. Siempre creyendo que quizás no soy tan buena. Porque cada producto que me llevo a casa sin vender es una nueva burla y una comparación con todo lo que él vende.

Después de un día productivo, llego a casa al anochecer.

Me quito la ropa, pero en vez de bañarme en el baño, libero a mi loba, que necesita un poco de aire fresco, y salgo de la casa hacia el río más cercano, que está a pocos metros de mi cabaña.

Corro, feliz y libre, mientras la brisa fresca de la noche acaricia mi pelaje amarillo.

El olor a sereno nocturno, la humedad que este causa en la tierra y el frescor de los árboles son una exquisitez para mi olfato, así que aspiro profundo para disfrutar mejor del aroma a naturaleza.

Doy varios saltos de alegría al escuchar el ruido del agua del río.

Este arroyo tiene algunos chorros que se sienten como un masaje cuando recuesto mi espalda, ya de humana, porque he cambiado de forma, y recibo el delicioso impacto del agua al caer.

De repente, mi cuerpo entra en tensión al percibir la presencia de alguien aquí. ¿Quién se atrevió a entrar a mi territorio?

Dado que tengo el permiso del rey Kal por escrito, poseo el derecho de toda esta tierra, que cuando llega al límite de mi permiso tiene un letrero de pertenencia, así que nadie debería irrumpir aquí sin mi consentimiento.

—¿Ni siquiera en casa estoy segura ahora? —me lamento, con voz temblorosa.

Sin embargo, el aroma que percibo me deja paralizada.

Me pregunto si lo estoy imaginando o si es una de mis fantasías.

Mi loba se agita y me pide tomar el control otra vez, pues el olor a coco con vetiver y cardamomo la tiene ansiosa, y esa inquietud me provoca temblores en todo el cuerpo.

«¡Mate!», grita en mi interior.

Salgo del agua a toda prisa, con la esperanza de escapar y esconderme de él, pero antes de poder poner un pie en la orilla, los pasos firmes y cercanos me congelan.

Lo miro y mi corazón late con ímpetu cuando nuestros ojos se conectan.

Entonces lo recuerdo…

Estoy desnuda, ante él…

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