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Capítulo 9
Clara
No puede ser…
Es él…
La brisa fría me roza la piel y me eriza los vellos; también me provoca un leve temblor. Intento reaccionar, decir algo o, por lo menos, taparme, pero el cuerpo no me responde.
Estoy idiotizada, atrapada en un trance donde solo puedo escuchar los latidos potentes de mi corazón, mi respiración alterada y la suya.
Luego, el cantar de los grillos y las aves nocturnas se difumina en el aire hasta que dejo de percibirlo y solo queda el «tun-tun» en mi pecho y la agitación de él y la mía.
Su mirada sobre mí es fiera, como la de un animal salvaje a punto de atacar, mezclada con fascinación, curiosidad y deseo…
Y eso me hace temblar.
—Yo… —murmuro, y ni siquiera sé por qué.
Entonces lo recuerdo… ¡Estoy desnuda!
De forma instintiva me tapo los pechos con una mano y mi zona íntima con la otra mientras busco mi ropa con la mirada.
—Ah, no traje ropa —pienso en voz alta.
El gamma ignora mi balbuceo nervioso y avanza hacia mí con pasos lentos. Sus ojos avellanados observan mi cuerpo con una fascinación que me hace tiritar y que me acelera el pulso.
¿Qué pretende? ¿Por qué se está acercando?
Reculo por instinto.
Él avanza, como atolondrado, mientras yo retrocedo aterrorizada.
Es la primera vez que estoy desnuda ante un hombre y que mi cuerpo tiene esta extraña reacción.
Ni siquiera sé poner mis emociones en palabras, pero son profundas, intensas, invasivas…
Lo peor es el deseo que nace en mi interior, el cosquilleo en mi piel, las sacudidas y la salivación exagerada. Como si anhelara el contacto con este extraño, pero al mismo tiempo me da pavor.
De repente, doy un paso en falso y me tambaleo, lo que hace que el gamma salte en mi dirección y me sostenga por la cintura.
El contacto de su mano sobre mi piel quema de una forma agradable, aunque los latidos de mi corazón empeoran y los temblores aumentan.
Es toda una contradicción de sensaciones.
El gamma me atrae a su cuerpo.
Voy a morirme, esto no me está pasando a mí.
¿Por qué se siente tan bien?
Su calor me envuelve y se lleva el frío. Me siento protegida en la firmeza de sus músculos, que están cubiertos por el gélido metal de su armadura; aun así, me da calor.
Y su olor…
Tan fresco y varonil. Tan excitante y diferente.
Un cosquilleo me recorre la piel y se instala en la pelvis y el estómago; luego me jalan, como si fueran contracciones, y me torturan.
Me relamo los labios y busco su mirada.
Es tan linda.
Sus ojos son una mezcla de miel y verde, claros y brillantes, misteriosos. Me gusta su delineado natural y la forma medio rasgada que les da un toque de elegancia y resalta los írides cristalinos.
Por supuesto, la luz de la luna altera un poco ese contraste con un tono plateado que los oscurece un poco.
Y sus labios…
Mi corazón salta con más ímpetu al imaginarme su sabor.
¿Qué es lo que me pasa? ¿De dónde sale este deseo irracional y tan intenso? ¿Cómo puedo estar en los brazos de un hombre, a quien apenas conozco, en completa desnudez y no sentirme incómoda?
«Es nuestro mate», me recuerda mi loba.
Sus palabras encienden una alegría cálida en mi interior y me dan esperanzas.
Quizás él haya venido por mí, a reconocer nuestro lazo.
Tiemblo…
¿Estoy lista para ello?
No estoy segura…
—Yo… —dice al fin, y mi corazón salta de emoción. Me encanta su voz varonil, pero suave a la vez—. ¿Cuál es tu nombre? —me pregunta, y su aliento choca con el mío.
Trago pesado mientras intento encontrar mi voz, pues no me sale.
Tras soltar un largo suspiro, logro decir…
—Clara… —Me muerdo el labio inferior y bajo la mirada.
—Te hace justicia —responde—. Clara… ilustre, brillante, pura, transparente, de espíritu noble, creativa, honesta y hermosa…
¿Qué? ¿Me está alabando?
Sus halagos me contentan y traen un alivio que me calma. ¿Eso significa que no me va a rechazar?
Busco su mirada, atenta, a la espera de que reconozca nuestro lazo.
—Eres la mujer más bella e inocente que he conocido en toda mi existencia —prosigue; sus ojos brillan de fascinación, pero también hay tristeza en ellos—. Eres el sueño de cualquier hombre. No se trata de ti, se trata de mí…
Me quedo rígida en mi lugar y una sensación gélida me recorre de la cabeza hasta los pies. Ahora mi corazón late por terror, a la expectativa de algo malo.
Ya presiento el giro de sus palabras, su intención final.
Y él, tras aclararse la garganta, pronuncia lo que tanto temo:
—Yo, Garthor, gamma de gammas de la región Kal, hijo menor del beta Thomas de la manada Zafiro…
No…
No puede ser… Mi mate va a rechazarme…
Capítulo 10
Clara
Los recuerdos del pasado se presentan ante mí con imágenes veloces y, en cuestión de segundos, veo las memorias de mi relación con Dylan y la promesa que hicimos de rechazar a nuestros compañeros destinados si no se daba el lazo entre nosotros.
Sin embargo, él eligió a su mate.
Mis padres siempre me hablaban sobre la fuerza de ese lazo, de cómo te domina y de lo fuerte que es el amor que surge entre dos licántropos que la naturaleza ha unido para siempre, al punto de asesinar y dar tu vida por el bienestar de esa persona.
Por eso, aunque me costó y al principio fui terca, acepté mi derrota con Dylan.
No obstante, yo seré rechazada por mi mate de una forma fría y sin vacilar. A él no le interesa ni siquiera conocerme; mucho menos le importan las secuelas que su rechazo dejará en mí.
—Tan poco valgo... —pienso en voz alta, y las lágrimas empiezan a descender por mis mejillas.
Aprieto los ojos, resignada, a la espera del dolor que me desgarrará por dentro mientras mi loba aúlla en mi interior.
El simple hecho de que él esté dispuesto a romper nuestro lazo ya es muy doloroso, y a mi loba le afecta más que a mi parte humana.
—Yo... Garthor... —repite, como si le costara terminar la frase que dejó en el aire.
La ira, la frustración, la decepción y la ofensa me hacen apretar los puños; entonces tomo valor para responderle.
—Dilo de una buena vez —exijo, rencorosa—. Recházame ya, es lo que quieres, ¿no? ¿Para qué alargar esta tortura?
Me siento estúpida por no ser capaz de retener el llanto, por mostrarme débil ante él, pero no puedo evitarlo.
Duele mucho...
—Yo... —balbucea él. Entonces abro los ojos para encararlo.
Nuestras miradas se encuentran y algo dentro de mí se rompe.
Quizás es mi dignidad o la poca fuerza que me queda, pero es molesto y me hace sentir insignificante.
—Yo... lo siento... —dice el gamma mientras recula. De repente, él sale corriendo, como si huyera de mí...
¿Qué?
Me pongo la mano en el pecho y trato de recuperar el ritmo regular de mi respiración, pero he quedado tan agitada que apenas puedo respirar.
El pecho me sube y baja, y suelto varios quejidos de ahogo, pues estoy sofocada.
No puedo creer que se haya ido. ¿Cómo se atreve a jugar conmigo de esta forma?
—No me rechazó... —digo para mí, y de verdad no sé si siento alivio o más humillación que antes—. No sé qué esperar de este lazo... —Me muerdo el labio inferior y miro al cielo. Nuevas lágrimas empiezan a descender.
***
Camino en medio de las personas de la manada Fuerza de bronce, mi hogar de origen, en un mercado donde solía comprar junto a mamá.
Ella y yo no solo somos parecidas físicamente, también en personalidad y gustos. Ambas delicadas, frágiles y hogareñas.
Choco por accidente con una mujer que va cargada con sus compras; entonces ella me empuja con violencia y empieza a despotricar contra mí.
—¡Fíjate por dónde caminas, omega! —espeta con desprecio.
Busco a mi mamá por instinto, pero no la veo; entonces me siento sola y desamparada.
—¡Mamá! ¿Dónde estás? —pregunto sin dejar de buscarla con la mirada, mas no encuentro respuesta. Simplemente se desvaneció.
Me siento dejada atrás y asustada, pero trato de ser valiente y ponerme de pie.
—Tú abandonaste a tu familia, ¿lo olvidaste? —dice alguien que no reconozco.
—Por eso estás sola y siempre lo estarás —me acorrala la mujer.
Reculo por inercia, asustada, pero ella no se detiene.
—¡Déjenme en paz! —grito, y trato de huir de ellos, pero de repente me veo rodeada por muchas personas, incluyendo a quienes me atacaron.
—Estás pagando por haberte metido con el mate de alguien más —dice uno de ellos; sus ojos agrandados lucen acusativos y tenebrosos—. Tú querías que él la rechazara por ti. ¿Qué se siente que te hagan lo mismo?
—¡No! —grito, sintiéndome culpable—. ¡Yo acepté mi derrota! ¡Déjenme en paz, por favor! ¡Ya! ¡No me molesten más! —lloro, desesperada.
Todos ellos se lanzan hacia mí, y siento que me asfixio.
—¡No! —exclamo, aterrada, mientras busco a mi alrededor, pero solo estoy yo aquí, la oscuridad y el sonido de los grillos.
—Solo fue un sueño —musito, al tiempo que trato de recuperar el aliento.
Mi mano derecha reposa sobre mi pecho mientras inhalo y exhalo para calmarme. Puedo percibir los latidos potentes de mi corazón y, en mi cabeza, las imágenes de esa pesadilla se repiten para torturarme.
—¿De verdad me merezco que mi mate no me quiera? ¿Estoy pagando por haber deseado a Dylan? Pero... él fue quien me lo prometió, yo solo me enamoré de la persona equivocada.
Lloro. Soy muy desdichada.
Ojalá ese gamma regrese y me rechace de una buena vez. Tal vez así pueda vivir en paz. Sola, pero sin un dedo que me acuse por haber amado de forma incorrecta.
Capítulo 11
Garthor
Llego al campamento exaltado, con la respiración agitada, y los latidos de mi corazón son más intensos de lo normal.
Mi lobo está enojado. Me gruñe, me pelea y quiere tomar el control para ir hacia ella y reclamarla, pero lo reprimo, aunque es difícil hacerlo.
Me duele el cuerpo, la cabeza, y estoy temblando. Toda mi piel está cubierta de sudor, pero es gélido. Siento que me voy a morir, que estoy envenenado.
Con pasos torpes llego a la cama y me tiro allí. Trato de regular mi respiración, pero se me hace imposible. El pecho me sube y baja, agitado, sofocado.
Quisiera salir corriendo, buscarla. Quiero decirle que dejo todo por ella, que acepto el lazo, pero no puedo. Tampoco soy capaz de rechazarla. Soy un imbécil.
—Debo terminar con esto antes de que empeore —razono.
Mi posición es difícil y debo tomar una decisión ya. Pero no pude. Fui incapaz de hacerle daño; sé que le dolería tanto. No solo físicamente, también la destruiría en lo emocional y psicológico.
—No quiero causarle ese mal, herirla; no a ella, que luce tan pura, tan inocente, tan buena y honesta. Ella es la mujer que cualquier lobo se sentiría afortunado de tener. Una compañera muy hermosa —musito.
Tengo miedo.
Necesito tomar una decisión pronto, pero estoy conflictuado.
Pensar en romper el lazo es desgarrador, y eso me consume.
Suelto un largo suspiro y lucho por calmarme.
Intento conciliar el sueño, mas se me hace imposible.
Tras varias horas de lucha interna, logro dormitar un poco, aunque eso solo me trae pesadillas.
Me levanto temprano, antes de que salga el sol. Tomo mi caballo y dejo el campamento.
Necesito regresar a casa, alejarme de estas tierras y de la tentación de ir a buscarla.
Tengo que pensar con la cabeza fría, dejar que pase el efecto que su presencia provocó en mí, para poder tomar una decisión o reunir el valor, al fin, e ir a rechazarla.
Me tomo más de un día llegar a casa. La brisa fresca del atardecer me recibe con una caricia gélida y olores a cedros, rosas y panadería, pues de esas hay muchas en las plazas de Zafiro.
Ese aroma a pan caliente hace que me ruja el estómago.
Desde ayer, antes de que saliera el sol, hasta hoy en la tarde, no me he detenido, ni siquiera para dormir o comer. Mi pobre caballo debe estar exhausto; lo he maltratado.
Lo primero que hago es llevarlo a comer y a beber. Luego entro a la mansión con sigilo, donde los guerreros que hacen guardia y los sirvientes me saludan con reverencia.
Mis pasos se escuchan pesados sobre el piso pulido. Me muevo por la casa, en la parte baja, pues necesito ir a la cocina a picar algo y a que me preparan de comer.
En mi camino por el pasillo, escucho voces y doy por hecho que tenemos invitados, así que trato de escabullirme y de que mi andar no se note, pues no tengo ganas de saludar ni hablar con nadie. Sin embargo, un aroma en específico me paraliza. Por alguna razón, se siente familiar.
Es una mezcla de lavanda, coco, vainilla y rosas. Exquisito. Un olor dulce, fresco, cremoso. Lindo. Siento que ya lo había percibido alguna vez, como si volviera desde un recuerdo lejano. Sin embargo, la lavanda me trae recuerdos que intento suprimir.
El cuerpo me tiembla, mi lobo se inquieta y el corazón me empieza a latir con intensidad. Mi mente se va a esa noche. Cuando la conocí. Cuando descubrí nuestro lazo.
Ella estaba asustada, acorralada por maleantes, y yo defendiéndola.
Ella llevaba dos canastas llenas con flores de lavanda. No sé dónde las consiguió, pues esa planta es muy extraña en este territorio. Por eso es costosa y muy exclusiva. Aun así, ella tenía esa cantidad exuberante.
Sacudo la cabeza para dejar de pensar en esa noche. Lo menos que necesito ahora es traerla a colación. Suelto un largo suspiro y retomo mi andar. Sin embargo, una voz característica capta mi atención y me detengo. Es ella, Alondra.
¿Qué hace aquí?
—La hipocresía de la élite —susurro, divertido.
Mamá se la pasa hablando mal de Alondra y de lo escandaloso que es su comportamiento, solo porque no se ajusta a la etiqueta de la nobleza.
Alondra es una nueva rica. Una mujer negociante que subió de estatus gracias a sus productos de belleza y la expansión de su negocio por toda la región Kal.
Por supuesto, eso no es suficiente para ser aceptada por los grandes señores de la élite, mucho menos de la nobleza, pero que su mate sea un noble ayuda mucho.
Hace poco se encontraron y están en proceso de unión.
Me parece interesante que mamá esté compartiendo con ella con tanta animosidad, así que la observo desde aquí, muy entretenido.
—Este perfume es exquisito —dice una de ellas, fascinada.
—¡Se los dije! —exclama Alondra, demasiado emocionada para ser una señora de la alta alcurnia.
Noto cómo las demás fruncen el ceño.
—Sí, son muy hipócritas —me burlo.
—¿Dónde lo conseguiste? —pregunta mamá—. Hace mucho no encuentro nada de calidad en toda la región. Incluso estuve en el mercado de la manada Wood por accidente, pues fui a visitar a Garthor, que estaba estrenando guerreros allí. Me habían dicho que allá había perfumeros de alta calidad; sin embargo, nada captó mi atención.
Alondra sonríe y agarra el frasco decorado con un lazo rosa que me parece conocido.
—¿De verdad? ¡Qué raro que no la viste! Si fue allí donde los conseguí. Pero como la perfumera no suele vender en esa manada, supongo que solo aprovechó la actividad de ventas y no volvió.
Mamá responde sorprendida y todas ellas le hacen preguntas a Alondra, quien promete encontrarla para futuras ventas.
Retomo mi camino, pues no hablan nada interesante, aunque me parece que hay algo especial en esos perfumes. Quizás estoy loco, pero no puedo evitar relacionar ese aroma con ella.
¿Tan jodido estoy que la veo hasta en lo más simple?
Debo hacer algo pronto, antes de que este asunto se complique. No solo yo saldría perjudicado, ella también.
