Mundo paralelo: Capítulo 18

El príncipe Jing tenía un dojo en su casa, situado cerca del bosque, a una distancia estratégica para darle la privacidad que necesitaba para sus entrenamientos privados.

Después de que la reina regresó al palacio, él y sus amigos fueron a entrenar allí. Tras una lucha satisfactoria entre ellos, se sentaron en círculo, sobre sus rodillas, en el centro del dojo, donde conversaban acerca de sus labores de guerreros.

—Escuchamos a los consejeros hablar sobre tu matricidio —bromeó Nico con una sonrisa sarcástica.

—Vaya, los chismes corren como pólvora en el palacio —contestó el príncipe, irónico—. Pero no es un hecho, son suposiciones. No es que me vaya a casar con esa princesa.

—Bueno, ruega porque sea ella y no una princesa fea y desabrida —comentó Esteban—. Eres un suertudo. He visto a la princesa Elena y esa chica es un bombón —añadió, mordiéndose el labio inferior de forma alusiva.

Jing entornó los ojos con fastidio.

—No solo es hermosísima —secundó Nico—, es una chica tranquila y fácil de manejar.

Bruno soltó una risa burlesca y negó con efusividad; luego comentó:

—Yo creo que al príncipe le interesan otro tipo de mujeres… u… otro tipo de mujer. —Hizo énfasis en la última palabra, ganándose la mirada fulminante de Jing.

—¿A qué tipo de mujer te refieres, Bruno? —le preguntó Esteban, malicioso.

—De las que son dominantes y pícaras. —Sonrió—. Ya saben, tipo Búho.

Todos soltaron una carcajada.

Los puños de Jing se apretaron, al igual que su quijada y su ceño. Su mirada mordaz los recorrió a todos con reprobación.

—¿Podrían dejar de decir estupideces? —les reclamó, enojado—. ¡Son tan infantiles y estúpidos!

—¡Uoa! —exclamó Nico—. Eso como que te afectó demasiado. ¡Escúpelo! ¿Pasó algo entre tú y la chica fuego?

—En primer lugar, su nombre es Leela. —Jing respiró para no estallar—. Y, en segundo, no me mezclo con guerreras.

—Pues con un bombón así, yo no solo me mezclo, yo me agito y me cocino —le contestó Esteban, con movimientos atrevidos de cadera, lo que provocó una carcajada colectiva.

El príncipe se puso rojo del coraje y lo agarró por el cuello de su kimono con ira, dejando a todos asombrados.

—¡Respeta a Leela, imbécil! —Sus ojos ardían de coraje—. O me olvido de que somos amigos.

—¡Vaya! —exclamó Bruno—. Esa chica te tiene mal; nunca habías reaccionado de esa manera ante una broma de Esteban.

Jing se sintió acorralado, pues los ojos de sus amigos estaban sobre él con asombro y reproche, como si hubiera profanado algo santo.

Confrontado, soltó a Esteban lentamente al percatarse de su reacción impulsiva.

—Es solo que no me gusta que se exprese así de otra persona, en especial si es una guerrera —se excusó. Sin embargo, ninguno le creyó, mas no respondieron.

Entonces, hubo un silencio tenso entre el grupo.

—Como digas, Jing —dijo Nico, rompiendo la incomodidad.

—De todas formas, ese no es el tópico de esta reunión —musitó el príncipe, con voz seria, pero más relajado—. Les diré lo que he descubierto hasta ahora para que nos preparemos. Según los últimos informes, los del reino del Norte están haciendo alianza con personas influyentes del reino del Este, ya que no pueden convencer al rey Miha. Este rey ignora que sus líderes de confianza están traicionando la alianza y actuando con rebeldía.

Jing soltó un largo suspiro y prosiguió:

» Necesito que se distribuyan por las aldeas y tribus principales pertenecientes a nuestra región, en especial las más vulnerables. Búho los acompañará mientras yo hago una visita a la ciudad Met. Mañana, en el entrenamiento, escogeremos tanto guerreros reales como no reales para la misión. Debemos tomarles ventaja. Ya he enviado a varios espías para seguir con las investigaciones.

Todos asintieron en acuerdo.

De repente, se escuchó un ruido y luego un golpe en el piso de madera, como si algo muy pesado hubiera caído sobre este, lo que interrumpió la charla. El grupo completo se puso de pie y se quedó inmóvil por un momento, contemplando al hombre que yacía casi muerto en la cubierta fría y pulida.

Fue entonces cuando Leela entró al dojo con aire victorioso.

—Lamento interrumpir su conmovedora y tierna reunión, chicos —dijo ella, mientras arrastraba al hombre inconsciente. Lo dejó en medio y se cruzó de brazos.

—¿De cacería? —le preguntó Bruno, con diversión en sus facciones. Había un brillo peculiar en sus ojos grises, como una mezcla entre admiración y deseo.

—Digamos que encontré a este conejito mal puesto —le respondió Leela mientras observaba el cuerpo inmóvil con malicia.

—¿No crees que se te fue un poco la mano? —increpó Jing, casi en un gruñido. Su mirada pretendía indiferencia, como si mostrarse frívolo fuera a borrar todo lo sucedido entre ellos. Sin embargo, la tensión era obvia y palpable.

—Digamos que se puso un poco necio —contestó ella, evitando su mirada.

—¿Sabes su identidad? —inquirió Nico, y su intervención se sintió como un puñal afilado que hizo grietas en la intensa incomodidad que el príncipe y Leela destilaban.

Ella suspiró. Y, por alguna razón, ese gesto le resultó liberador, como si el peso de estar en el mismo espacio que el hombre que amaba y no podía tener se hiciera más liviano.

—Lo único que sé es que es un espía del reino del Norte y que estaba merodeando a las afueras de Zafiro —contestó ella—. Creo que está buscando algo, pero no estoy segura de qué pueda ser.

—Pero sí sospechas —afirmó el príncipe, adivinando sus pensamientos.

Ella asintió con timidez. Odiaba que él fuera capaz de ponerla nerviosa, incluso en ese momento en el que discutían algo ajeno a su situación sentimental.

Esa reacción fue captada por Bruno, quien turnó la mirada entre ella y Jing, sospechoso.

—Será mejor que un médico lo vea antes de que se muera sin que le saquemos información —propuso Bruno, sin quitar su mirada escéptica de ellos dos.

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Mundo paralelo 1

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