El príncipe recibió una notificación y sacó su dispositivo para revisar. Frunció el ceño cuando leyó el mensaje.
—¿Pasa algo? —lo abordó Bruno.
Jing observó al chico que, además de ser su mano derecha, era su mejor amigo. Su papel se debía a su extraordinario talento en el manejo de todo tipo de armas; casi todos los instrumentos de defensa y ataque que utilizaban eran obra de su ingenio.
Los ojos verdes del chico de tez morena se fijaron en Jing, a espera de una respuesta que tardaba en llegar. Él reparó en el rostro casi inexpresivo del príncipe y, si no lo conociera tan bien, no habría notado que algo le preocupaba.
—Búho me mandó toda la información que colectó —respondió el príncipe al fin.
—¡Vaya! —expresó sorprendido—. Eso fue rápido. Pero ¿no es una buena noticia? ¿Por qué la preocupación? —indagó confundido.
—Es su primera misión, digamos que una misión de prueba. Sabes cómo es ella; el entusiasmo y las ganas de sentirse victoriosa, además de ver mi rostro al mostrarme el éxito de su misión, la harían traerme esa información en persona, aunque… —Dudaba decirlo, pues no quería sonar débil—. Aunque yo le hubiera ordenado lo contrario.
—¿Crees que pasó algo? —inquirió Bruno, a lo que el príncipe asintió.
—Según las coordenadas, lo que se habló allí y el número de guerreros que ella calculó, puede que no esté en desventaja. Especulo que pudo ser descubierta, y en caso de que ella no tuviera éxito con el escape… —Su mirada se fijó a la nada—… me envió la información y destruyó el dispositivo para protegerla.
—¡Esa chica es genial! —Bruno celebró maravillado—. ¿Por qué te preocupas? Estás hablando de búho; ella arrasa con cientos de hombres en la batalla.
—No todos los hombres que van a batalla son expertos y tienen nuestro entrenamiento, o los entrenamientos de espías especiales. Normalmente, tiran a la batalla a los menos preparados para llenar números. No es lo mismo. Es posible, según mis cálculos, que la situación no sea tan difícil para ella. Pero si Leela optó por proteger la información, es porque vio algo desconocido que la hizo dudar y decidió no arriesgarse. —Se quedó sumergido en sus pensamientos, como si estuviera analizando la situación.
—Bueno, eso es algo por lo que todos los espías pasamos —Bruno dio palmadas sobre el hombro de Jing—. Hemos perdido buenos guerreros en la batalla y hemos tenido muchas victorias por medio de ellos. Es un riesgo que todos corremos, morir o ser atrapados y torturados. ¿Te preocupa que le saquen algún tipo de información valiosa a Búho?
—No —negó—. Ella no tiene nada que revelar. Aunque ya es una espía oficial, esta es su primera prueba de graduación. Lo que sabe, no puede perjudicarnos.
—¿Entonces? —preguntó Bruno confundido—. ¿Qué te preocupa? —Meditó un rato—. Espera… tú no…
—¡Ni se te ocurra decir una estupidez! —El príncipe lo miró de mala manera.
—Está bien. —Bruno levantó las dos manos en símbolo de rendición mientras Jing le lanzaba una mirada asesina—. Si destruyó el dispositivo, no recibirás nada de ella, ¿cuál es el caso de no despegar la mirada del comunicador? —cuestionó, contemplando a su amigo, ya que no dejaba de observar el aparato.
—La estoy rastreando —admitió.
—¿En serio? —Bruno meneó la cabeza con desaprobación—. Sabes que no está bien. Cualquier cosa que hayas puesto sobre ella la puede delatar, por eso los espías deben permanecer ocultos.
—Es su primera misión oficial —se excusó—. La estoy vigilando.
—Sé que ella es la primera espía que discipulas, pero… ¿no estás exagerando?
—Yo hago esto a mi manera, Bruno —escupió molesto al sentirse acorralado.
—Está bien, como digas. ¿La ves en movimiento?
—Sí, se mueve rápido.
—Por lo menos, sabemos que está viva.
—Sí.
—Su majestad. —Un sirviente hizo reverencia—. Los reyes están aquí —informó.
«¡Lo que me faltaba!», pensó.
Fue a recibirlos a la enorme sala e hizo reverencia al verlos.
—Supimos que Búho fue a su primera misión como espía oficial —afirmó su padre. El príncipe asintió en respuesta.
—Escuché que los guerreros del Norte enviaron espías a Met. Están planeando algo —dijo la reina, empuñando una mano con coraje e indignación.
—No solo son espías. —Bruno irrumpió en la sala e hizo una reverencia. Jing sintió ganas de matarlo por revelar aquella información que prefería mantener oculta por un tiempo.
—¿A qué se refiere Bruno, Jing? —Su madre le clavó la mirada.
—Según la información que envió Búho, hay guerreros reales del Norte en la ciudad Met, junto a unos funcionarios —reveló Jing, molesto por la imprudencia de Bruno.
—¡Lo sabía! —exclamó su padre—. Buscan convencer al rey Miha. —El príncipe no lo corrigió, pues no quería dar a conocer la nueva información que acababa de recibir de parte de Leela sin antes tener un plan.
—Y ella, ¿cuándo regresa? —preguntó su madre curiosa. Jing se aclaró la garganta.
—Es probable que la hayan descubierto y ahora mismo esté luchando o.… escapando… —Un amargor le recorrió la garganta ante esa posibilidad.
—Por lo menos, tenemos la información —comentó su madre sin dar importancia al asunto de Leela—. Esperemos que regrese exitosa, así podremos darle misiones más complejas. Jing, invítanos un té mientras conversamos acerca de tu compromiso —cambió el tema de forma brusca—. Según las características que describía tu abuelo en la carta que dejó con la joya del complemento, sospechamos que tu futura esposa es una de las princesas de la tribu de Cristal. Quiero enviar a mis consejeros de confianza allí para que confirmen mis sospechas. —Una sensación gélida inundó el pecho del príncipe. Si bien sabía que este terrible día llegaría, por lo menos esperaba que fuera más lejano.
—E-Entiendo —tartamudeó—. Pero podemos hablar sobre ese asunto en otra ocasión, puesto que ahora mismo estoy… —No terminó de hablar porque miró el dispositivo en busca del punto verde que le indicaba que Leela se movía.
—¿Te atreves a ser descortés con los reyes? —le recriminó su madre. É l negó rendido ante su manipulación.
—Está bien, madre. Pasemos al salón del té.
En el salón lujoso donde él compartía una taza de té con sus padres, le parecía que los minutos transcurrían demasiado lento, por lo que estar allí le era tortuoso. En especial porque tenía que escuchar a sus padres hablar entusiasmados del dichoso compromiso.
Cada cierto tiempo, Jing miraba el aparato de forma disimulada con la esperanza de que Leela saliera de aquel lugar. De repente, vio que la luz verde se tornó roja, para luego desaparecer de su vista. De manera instintiva y, debido a la impresión, él dejó caer la taza de té, sorprendiendo a todos.
***
Leela calculó varias formas de escape al saberse descubierta. El grupo de hombres que estaban conversando y que se habían esparcidos, no parecían ser simples guerreros. No podía arriesgar la misión, así que decidió enviar la información al príncipe y destruir su comunicador. Luego de esto, emprendió la huida sobre los árboles, moviéndose sigilosamente por encima de ellos y tratando de no tocar las ramas.
De repente, un ninja emergió de las ramas de un gran árbol, haciendo que Leela resbalara. Logró saltar y aterrizar sobre sus pies, pero el crujido de las hojas bajo su peso alertó a los demás ninjas y guerreros, quienes comenzaron a acercarse. Rodeada y sin más opción que luchar, se preparó para enfrentar el desafío y encontrar una forma de escape.
Todos se lanzaron sobre ella, pero Leela saltó al aire, girando y asestando patadas que dejaron inconsciente a varios de los hombres. Sin embargo, más guerreros se unieron a la persecución mientras ella se movía ágilmente de un tronco a otro. Al ver que un nuevo grupo aparecía ante ella, Leela echó un vistazo a su alrededor y comprendió que estaba rodeada.
***
—¡Jing! —gritó su madre, llena de reproche—. ¿Qué crees que haces? —cuestionó, mirando la taza rota sobre el piso.
—Lo siento, es que estoy muy distraído. —Bajó su rostro en reverencia.
—¡Déjalo en paz, mujer! —refutó su padre—. Le hablas de boda y esperas que reaccione de lo más normal. —El rey formó una sonrisa pícara.
—Es su deber como príncipe, así que no tiene que reaccionar de esa forma —contestó molesta.
—Lo siento. —Jing se arrodilló.
—¡Deja de hacer eso! —Su padre movía las manos con desesperación para que se levantara—. Rompes con el ambiente familiar con tantas reverencias, joder. —La reina lo miró con desaprobación— ¿Qué, mujer? Somos una familia, por lo que tantas formalidades me enferma. —Ella meneó la cabeza sonriendo, mientras que Jing observaba su aparato con nerviosismo.
