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Capítulo 35

This entry is parte 37 de 40 in the series Mi esposo no me ama

Pablo se enteró de que Laura estaba embarazada, así que, en cuanto llegó a la institución, se dirigió al área de arte y entró al aula de su primo.
Tras felicitarlo, y luego de que Kevin compartiera su emoción y preocupación por el gran cambio que un hijo traería a sus vidas, comenzaron a hablar sobre la familia. De alguna manera, terminaron mencionando a Jimena.
—Hablando en serio, Pablo… ¿no piensas conquistar a tu ex? —preguntó Kevin, tomándolo por sorpresa con la manera tan directa de abordar el tema.
Pablo soltó un suspiro de frustración.
—¿Quién trata de conquistar a su ex, Kevin? Por algo es mi ex, ¿no crees? —bufó, molesto.
—¿Por qué estás enojado? ¿Pelearon?
—Esa Jimena es una malvada destroza corazones. Me canceló una cita para irse con ese bailarín pica flor —se desahogó.
—¿El chico italiano? —preguntó su primo, asombrado.
—Ese mismo —gruñó, muy molesto.
Trataba de que ese asunto no le incomodara, pues, al fin y al cabo, Jimena era libre de salir con quien quisiera; sin embargo, no era lo suficientemente fuerte para aceptarlo. Se moría de celos, y también le dolía que ella lo hubiera olvidado.
—Yo no la culpo —bromeó Kevin, con una sonrisa maliciosa—. El chico es muy atractivo y carismático. Hasta yo preferiría salir con él antes que contigo. Quizá por un chico así cambiaría mis gustos sexuales.
—Eres un traidor de mierda —le reprochó Pablo, entrecerrando los ojos y mirándolo con acusación—. Yo cambiaría mis gustos sexuales por ti, ¿y tú por él? Traidor… mal primo, desgraciado, infiel.
Kevin estalló en carcajadas.
—¿Por qué siento que esas palabras van dirigidas a Jimena? —dijo, sin ocultar lo divertida que le parecía la situación irónica entre ese par.
—Jimena me va a volver loco —se quejó Pablo, soltando un resoplido cargado de cansancio y frustración—. Se niega a estar conmigo, se besuquea con ese tipejo, pero me busca como si nada, pretende que sea su mejor amigo… y encima me cela. ¡Mujeres! ¿Quién las entiende?
—¿Te cela? —Kevin preguntó, entretenido.
—Sí, la muy descarada me cela. Sabes que algunas alumnas son un poco amistosas y hasta me invitan a salir, cosa que no va a pasar porque es contra la regla de la institución. Pero Jimena va más allá de la regla: me persigue, vigila mis clases, está pendiente de con quién hablo a la salida y mira mal a todas las que se me acercan.
» No conforme con eso, se pone muy cariñosa y posesiva delante de ellas, a tal punto que piensan que es mi novia. Y no es tonta. Mantiene muy en secreto su aventura con el mojigato ese… y él, encantado, porque así puede ligar con más libertad. Ese sí que no respeta la regla de no salir con las mujeres de la institución.
Su primo volvió a reír a carcajadas.
—¿Sabes qué pienso? —dijo Kevin, divertido—. Creo que Jimena quiere ponerte celoso. Tal vez se está vengando por lo que le hiciste con Ariadna.
Pablo soltó un largo suspiro y se peinó el cabello con las manos, inquieto.
—Pero ya aprendí mi lección, sufrí las consecuencias de mis actos y le pedí perdón —se excusó, agraviado, como si fuera Jimena quien le estuviera reclamando su pasado—. ¿Qué más espera de mí? Ya me cansé, Kevin. Que Jimena haga lo que quiera. Creo que me quedaré soltero para siempre… las mujeres son muy complicadas y rencorosas.
—Yo que tú, la busco y le planto un tremendo beso. Luego le hago el amor con pasión… creo que eso es lo que le hace falta a Jimena —dijo Kevin, en broma.
—¡Vaya que me amas! Yo me atrevo a tocar a Jimena y ella me mata. Esa mujer está más complicada y bipolar de la cuenta. Mejor me aparto.
Pablo hizo un movimiento de cabeza exagerado, acompañado de un sonido que simulaba terror, como si hacerle caso a la broma de Kevin fuera una sentencia de muerte.
—Como digas, idiota. Hazme caso, por lo menos inténtalo —insistió Kevin, solo para molestarlo.
Sin embargo, su primo lo tomó como una posibilidad. Pablo se sumió en sus pensamientos, sopesando la idea loca de Kevin.
«¿Será que esa sería la solución?», se preguntó.
 
***

Jimena estaba sentada en su oficina cuando Pablo entró sin permiso, se acercó a ella, la levantó de la silla y la besó con pasión.
Ella se quedó inmóvil, sin entender nada.
—Te haré el amor aquí mismo, Jimena —dijo él mientras le tocaba los pechos con desesperación.
Al despertar del trance de sorpresa, Jimena le pegó una sonora cachetada y lo miró con ganas de matarlo.
—¡¿Qué droga te metiste, Pablo?! —espetó exaltada—. ¿Qué rayos crees que haces?
—¿No es lo que quieres? —la enfrentó él, desafiante, decidido a definir de una vez lo que pasaría entre ellos. Ya estaba cansado de caminar sobre terreno inestable.
Los dos respiraban con dificultad, arrastrados por los latidos frenéticos de sus corazones, una mezcla de emociones y la incertidumbre. Se amaban, pero no sabían cómo enfrentar sus sentimientos.
—¿Ah…? —balbuceó Jimena al fin, entre perdida y conmocionada. Su mirada, cargada de frustración, se cristalizó—. ¿Cómo se te ocurre tocarme así y proponerme sexo? ¿Quién te crees que eres, imbécil?
—Si lo pones de esa manera… suena mal —respondió, avergonzado, al darse cuenta de lo desastrosa que había sido su idea—. Lo siento… fui un imbécil. Perdón.
—¿Acaso te estás burlando de mí, Pablo? —lo enfrentó ella, ofendida y dolida. Las lágrimas se acumulaban en el borde de sus ojos y sus labios temblaban ligeramente, delatando sus ganas de llorar.
No podía creer que él jugara así con ella, como si no le importaran sus sentimientos.
—¡Demonios! ¡Ahora sí la embarré! —exclamó Pablo, sintiéndose el peor idiota del mundo. Se apretó el cabello con rabia, como castigándose por su impulso absurdo.
Jimena lo observó, confundida.
—¿Bebiste alcohol, Pablo? —preguntó con sospecha.
De repente sintió miedo de que él hubiera recaído. No quería volver a ver esa versión autodestructiva de Pablo; quería que estuviera bien, que fuera un hombre estable… un padre ejemplar para su hijo.
—No, Jimena —negó él—. Solo caí como un idiota en la broma de Kevin… pero voy a matarlo.
Dicho esto, salió furioso de la oficina.
Jimena quedó mirando la puerta, desconcertada. Aunque el comportamiento de Pablo había sido extraño, sentía su cuerpo arder y, contra todo juicio, anhelaba volver a sentir sus manos sobre ella.

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