Pasó más de un mes y Kevin decidió que era hora de reconocer a Laura como fotógrafa del estudio. Su trabajo era impecable y ella se estaba haciendo famosa en el área.
Incluso, ella no solo contaba con las tareas del estudio de Kevin, sino que también tenía contrataciones fuera de este. Julián gritaba a los cuatro vientos que ella era el resultado de sus enseñanzas. Su vida había dado un giro total y ya las pesadillas habían casi desaparecido.
—Necesito un descanso —dijo Laura mientras estiraba los brazos y dejó salir un bostezo. Kevin no dejaba de mirarla con esa sonrisa de enamorado que no podía controlar.
—¿Dices que te estamos explotando? —bromeó él, llamando su atención.
—Creo que sí, jefe —dijo ella con una sonrisa coqueta.
—¿Hasta cuándo extenderán la etapa de flirteo? —Julián se les acercó y les guiñó un ojo.
Ambos se miraron con una sonrisa pícara.
Después de su plática en la playa, no volvieron a hablar del asunto. Tiempo después, Laura le había contado a Kevin el problema que tuvieron su tía y su madre al enamorarse del mismo hombre.
Kevin fue de mucha ayuda para superar esa verdad que tanto la traumó.
Laura no volvió a ver a su familia ni a Frank, a excepción de Jimena, que pronto se casaría con Pablo.
Entretanto, Claudia se fue a probar suerte a otro país, donde también recibía terapia; ya que después de unos arranques obsesivos con un maestro de dibujo que conoció en un curso que estaba haciendo para especializarse en su área, recibió una orden judicial que la obligaban a ir a terapia y alejarse de él.
Cecilia, por su parte, se estaba especializando en psiquiatría y vivía con Mico en otra ciudad, donde este también recibía terapias para controlar su adicción a los juegos de azar. Solo quedaba Clara en la inmensa y vacía casa de los Gutiérrez, quien se concentró en expandir los negocios con los Mars.
—Laura, mi padre quiere que asistamos a una cena familiar esta noche —le informó Kevin mientras salían de la galería.
—¿Esta noche? —dijo ella con pesadez—. Y yo que quería descansar… He tenido una semana ajetreada.
—Lo sé. Yo se lo puedo explicar si no puedes ir.
—No te preocupes. —Sonrió—. Iré. Hace mucho que no veo a tu padre y no quiero hacerle el desaire. —Kevin asintió—. Nos vemos allá —se despidió. Laura se había comprado una moto para transportarse, pues le era más cómodo de esa manera.
Laura tardó horas buscando la ropa adecuada, se convencía a sí misma de que solo era una cena con los Mars, que no significaba nada.
Pero por alguna razón su corazón latía más de lo normal.
Si bien Kevin le dijo que esperaría su respuesta, ella no tenía las suficientes agallas para confesarle su deseo de regresar con él. Trató de darle pistas, pero al parecer ella no era buena en esas cosas o tal vez él era muy lento para entender sus indirectas.
Eso los colocaba en el punto cero de una relación que probablemente terminase en una fuerte amistad. De todas formas, ya hacía mucho tiempo desde que ellos tuvieron algún contacto más allá que el de meros amigos.
Laura llegó a la mansión de los Mars con el corazón acelerado.
Kevin la estaba esperando afuera y eso le dio un mal presentimiento. Pero al verlo en su traje formal gris oscuro, con su camisa azul marino con varios botones sueltos y sin corbata, se olvidó de cualquier preocupación que la invadía en esos momentos.
—Por fin te peinas —bromeó ella cuando él se le acercó sin quitarle la mirada de encima. Era extraño verlo con el cabello peinado hacía atrás, ya que siempre lo llevaba desordenado.
—Estás hermosa, Laura Gutiérrez. —Sus ojos verdes brillaban al verla dentro de aquel vestido negro ajustado que resaltaba sus curvas.
El vestido era de top con un pequeño escote que no mostraba mucho, pero que moldeaba bien sus pronunciados y firmes pechos. Su cabello largo estaba ondulado y lucía un maquillaje sencillo en tono rosa perla.
—Estás muy sensual, preciosa. Hasta me dan ganas de invitarte a salir —agregó él en un tono coqueto.
Laura se sonrojó al captar su indirecta. Aquí era donde debería decirle «salgamos pues», pero en vez de eso solo dejó salir un «gracias», sintiéndose la mujer más cobarde del mundo.
—Tú también te ves muy guapo, Kevin.
Él sonrió.
—Laura… —El rostro de Kevin se tensó y ese presentimiento anterior volvió a ella—. Tu tía está aquí…
Ella soltó un largo suspiro.
—No te preocupes. Estaré bien —restó importancia con una sonrisa, para borrar la preocupación en el rostro de él.
De repente, la preocupación de Kevin cambió a nerviosismo. Tras unos segundos de cavilaciones, él se le acercó, se aclaró la garganta y le dijo:
—Laura… —Tomó sus manos—. Yo sé que dije que esperaría una respuesta… Pero… No sé si ya tomaste una decisión. Puedes decirme lo que hayas decidido, quiero saber a qué atenerme. —Ella bajó el rostro.
Laura sintió que le faltó el aire en ese momento.
—¡Kevin! —Paulo lo llamó de repente. Él soltó las manos de Laura al ver que este se acercó a ellos—. ¡Laura, qué hermosa estás! —exclamó, recorriéndola con la mirada.
—Gracias. Usted también está muy guapo.
—Tú sí que sabes apreciar la belleza —comentó con orgullo—. Kevin, tu padre te está esperando.
—Gracias, tío. ¿Vamos? —dijo Kvin, y le extendió su mano derecha a Laura. Ella la estrechó y se dirigieron al interior de la mansión.
Al entrar, ella se encontró con el señor Mars y Jillian. Él la saludó con un cálido abrazo, el cual Laura correspondió.
Jillian, sin embargo, la saludó con hipocresía. Laura no le prestó atención a su sonrisa falsa, más bien sus ojos se enfocaron en su tía Calra, quien estaba junto a Jimena y Pablo. No la había visto desde el incidente con Frank.
El corazón empezó a latirle con rapidez mientras sus temblaban. Le fue imposible no revivir aquel día en el que su tía la maltrató porque Frank intentó abusar de ella, como si fuese culpable de ser atacada.
Laura respiró profundo y luchó con las lágrimas que le ardían en los ojos.
—¡Cuánto tiempo, Laura! —la se abordó Clara con ademanes de dar un abrazo corto. Laura estaba paralizada, no sabía cómo reaccionar.
Pablo y Jimena la saludaron y luego el timbre sonó. Los saludos cordiales siguieron con la llegada de los padres y la hermana de Pablo.
—¡Cuánto has crecido! —Kevin se acercó a la adolescente—. ¡Estás tan hermosa, prima!
—No vengas con tu falso saludo —le recriminó la chica, cruzando los brazos.
—¿Es esa la forma de tratar a tu primo? —increpó él mientras hacía pucheros.
—Te trato de la misma manera que lo haces tú —replicó ella—. Hace una semana llegué del extranjero y ni me has visitado.
Kevin la abrazó, lo que provocó que su prima se sonrojara.
—Siento no haber ido, es que he estado muy ocupado en la galería, pero le dije a Pablo que te trajese de visita —se disculpó.
—El tonto ese dice que no tiene tiempo. ¡Claro! Solo se la pasa intercambiando saliva con su novia.
Kevin dejó salir una risita.
—Te prometo que yo mismo iré a por ti y saldremos todo el día, solo tú y yo.
—¿Lo prometes?
—¡Prometido! —Levantó su mano y le sonrió.
—¡Jessica! —Su madre la llamó. Ella rodó los ojos y se dirigió hacia ella.
Kevin miró a Laura, quien estaba sentada aparte. A pesar de que trataba de disimular, su incomodidad era muy obvia. Se acercó a ella y se sentó a su lado.
En ese instante, el timbre sonó otra vez.
Cuando los nuevos invitados entraron, Laura empezó a temblar y sintió que se le nublaba la vista.
Aquello no podía estar ocurriendo.
Su mirada perturbada estaba fija en ellos, los Castillos, eso incluía a Frank.
Ellos entraron saludando a todos.
Laura se puso de pie por instinto, buscando cómo escapar de allí. Verlo otra vez la transportaba a esa tarde donde él trató de abusar de ella de la forma más vil y despreciable.
—¿Estás bien? —Kevin la abordó al percibir su cambio.
—Necesito tomar aire, Kevin. —Las lágrimas amenazaron con salir.
—Vamos. —La tomó de la mano y la condujo por un pasillo que los llevó a un balcón. Laura pudo respirar al sentir la brisa fresca de la noche. Entretuvo la mirada con aquella hermosa vista. Sin embargo, Kevin interrumpió su goce.
—¿Qué sucedió, Laura? —inquirió él.
Kevin estaba frente a ella con el rostro serio y lleno de preocupación.
Laura lo miró aterrada y sin ser capaz de responderle.
En ninguna circunstancia Kevin debía saber lo que sucedió. No quería provocarle ningún tipo de problemas, porque estaba segura de que eso era lo que sucedería si él se llegaba a enterar.
—Solo es cansancio —mintió y miró al vacío—. Estar rodeada de personas y con tantas emociones encontradas me hizo sentir sofocada. Es solo eso, no te preocupes —lo tranquilizó, acariciándole el negro cabello.
No se percató de lo que estaba haciendo, pero acariciarle las hebras a Kevin la dejó a pocos centímetros de distancia de su rostro y se encontró con esa mirada verde que la enloquecía.
Él no dejaba de mirarla con recelo.
Por alguna razón, no estaba convencido con su respuesta.
Ella le acarició la mejilla con su pulgar y acortó la distancia con intención de besarlo. Tenía que hacer algo que le hiciera entender a Kevin que ella anhelaba estar con él, así como él con ella.
Kevin, al notar su intención, le rodeó la cintura y se quedó observando esos ojos miel fijamente, a la expectativa de aquel movimiento por parte de ella.
Entonces Laura estampó sus labios contra los de él, saboreándolos con intensidad. Él siguió sus movimientos con ternura y necesidad. Extrañaba tanto aquello…
—¡Kevin! —Su madre los interrumpió aterrada. Él la miró molesto de su inoportuna llamada—. La cena está servida —anunció ella sin dejar de mirarlos con decepción. Kevin asintió.
Por su parte, Laura bajó el rostro al sentir el escrutinio cargado de disgusto y enojo de Jillian sobre ella.
—¿Vamos? —Kevin le extendió la mano con una sonrisa cálida. Ella la estrechó.
Entraron agarrados de la mano, ganándose la mirada de todos. Kevin no podía evitar la sonrisa que emanaba de su rostro, pues ese beso le daba la respuesta que él tanto había esperado.
Todos se sentaron en la enorme y fina mesa.
Kevin se colocó al lado de Laura y, como una mala jugada del destino, Frank se sentaba frente a ella, alterando su razón.
Su mirada era provocativa y malvada, como si lo hiciera a propósito. Era obvio que no había ni un mínimo grado de arrepentimiento en él.
Laura trataba de ignorarlo, pero era imposible actuar de forma natural frente a su depredador, quien le dedicaba miradas mal intencionadas. Kevin notó lo nerviosa que ella estaba, pues las manos le temblaban y no había probado bocado.
—¿Todo bien? —le preguntó con el presentimiento de que algo iba mal. Sentía un nudo en el pecho que no podía explicar y algo le decía que Frank tenía que ver con el comportamiento extraño de Laura.
Ella trató de disimular un poco más, ya que al parecer Kevin estaba sospechando algo.
—No tengo apetito —susurró—. Lo cual no está bien… dadas las circunstancias. —Trató de sonreír para disimular sus nervios. Kevin la miró suspicaz.
En ese momento, Cristian hizo sonar una copa con pequeños toques, llamando la atención de todos.
—La mayoría sabe por qué estamos reunidos aquí. Hemos logrado expandir nuestras influencias en el mercado un cincuenta por ciento en menos de un año —explicó victorioso, contagiando esa misma sensación a casi todos los presentes—. Es una pena que no tengamos a todos los Gutiérrez aquí, pero como ya saben, Clara está representando a su familia en la empresa.
Hizo una leve pausa y con una sonrisa cargada de orgullo, continuó:
—Ella ha trabajado muy duro y se arduo trabajo se ha reflejado en los grandes resultados que hemos obtenido. Los Castillos también han sido parte esencial de este éxito, como también lo ha sido la entrega de mi hermano, mi cuñada y mi sobrino Pablo, quien pronto se casará con Jimena, fortaleciendo más nuestra alianza. —Sonrió con satisfacción.
Todos aplaudieron en celebración al éxito que estaban teniendo. Después de cenar, se sentaron en la sala a conversar.
Frank no le quitaba la mirada de encima a Laura, quien ya no se estaba sintiendo bien. Kevin, por su parte, no dejaba de observarlos con recelo. ¡Era obvio que algo sucedía y que Laura se lo estaba ocultando!
Laura no soportaba la opresión en el pecho y el mareo.
—Voy al baño —se dirigió a Kevin.
Él asintió en silencio, su rostro se veía tenso y molesto. Frank vio cuando Laura se levantó y decidió seguirla. Kevin lo notó y fue tras él, puesto que tenía que investigar qué estaba sucediendo entre ellos.
