El regreso fue silencioso, pero agradable.
Todavía las palabras de Kevin retumbaban en su mente y el corazón le latía por cada una de ellas. Laura tenía ganas de decirle que lo amaba y que lo que más deseaba era estar a su lado, pero no estaba lista para dar ese paso aún.
Por lo menos, contaba con su amistad y apoyo; por ahora era todo lo que necesitaba.
Kevin aparcó el auto frente al complejo de apartamentos, el sol ya se había puesto cuando llegaron.
—Descansa —le deseó con ternura cuando detuvo el vehículo.
—Buenas noches —dijo ella, desabrochando el cinturón.
—¿Tienes hambre? —él preguntó de repente.
—No.
—¿Estás segura? Conozco un lugar donde la comida es exquisita.
—Gracias, pero no tengo hambre. —Sonrió.
Él exhaló un suspiro, pues no estaba listo para terminar el día, ya que, una vez ella saliera del carro, su trato sería el de dos amigos que, tal vez, algún día, llegaría a algo más o simplemente se quedarían así, con una fuerte amistad. Pero… ¿podría él tratarla solo como amiga?
***
Kevin estaba cansado, los ojos le pesaban y el dolor de cuello era insoportable. Había pintado durante tres días seguidos. Solo iba del taller al baño, porque hasta comía allí.
Salir de la casa fue reconfortante a pesar de la molestia que el sol de la tarde le provocó en los ojos.
Aunque la galería tenía varios talleres, no se sintió cómodo pintando allí. Necesitaba algo más personal. Además, estar en la galería significaba encontrarse con Laura y, aunque le dijo que la esperaría, aquella espera estaba acabando con su juicio.
—Kevin, por fin saliste de tu cueva —lo abordó Pablo con un tono sarcástico.
«Salgo de mi escondite de tres días y justamente me encuentro a este tonto. Como si viviese aquí», peleó Kevin en sus pensamientos.
—Estás pálido —le dijo mientras observaba la cara de fantasma. Era la primera vez que veía a Pablo así.
—Kevin, estoy en un aprieto. —Entró a la sala y miró por todos lados para evitar que alguien escuchase. Kevin cerró la puerta y se sentó junto a él en el sofá.
—¿Qué hiciste ahora?
Tras unos minutos, Kevin no recibió una respuesta a su pregunta.
Pablo ocultó el rostro dentro de sus dos manos, acción que a Kevin le pareció una señal de que pasaba algo muy serio. Por lo tanto, le dio tiempo para que se relajara.
Minutos después, Pablo le lanzó la noticia como un jarro de agua fría.
—Jimena está embarazada —anunció con cara de espanto. Kevin no articuló palabra, pues estaba pasmado—. Está de tres semanas —añadió. Kevin le propinó un manotazo en la cabeza.
—¿Cómo pudiste ser tan descuidado? —Fue su respuesta, cargada de reproche.
—Ni me lo digas —se lamentó Pablo.
—¿Qué vas a hacer? ¿Se van a casar? —indagó.
El rostro de Pablo palideció todavía más al escuchar la pregunta, pues le daba terror ese tipo de compromisos. Incluso, con Jimena era la primera vez que él duraba más de dos meses en una relación.
***
Laur entró a la galería y pasó por la oficina de Kevin para ver si él estaba allí. Para su decepción solo vio a Johanny, quien se encargaba de todo mientras Kevin terminaba unos cuadros que tenía que vender. Aquel era el cuarto día que se ausentaba.
¡Sí, estaba contando los días!
Laura salió del estudio con el estómago gruñendo por la falta de alimento. Aquellos días habían sido muy ajetreados y no le daba tiempo ni de comer.
Iba camino a la cafetería a saciar su hambre cuando escuchó que Julián mencionaba el nombre de Kevin.
«¿Está aquí?», pensó, inquieta.
El corazón le empezó a latir como si se le fuera a salir del pecho y sus manos se llenaron de sudor; asimismo, un retortijón en el estómago le removía el deseo de comer y solo quería buscarlo con la mirada, pero no vio a nadie.
¿Lo habría imaginado?
—Hola, Ojos melosos —una voz la sacó de sus meditaciones, haciéndola estremecer al reconocerla.
No solo eso la estaba afectando, también el hecho de que Kevin se había parado por detrás de ella, acariciándole la oreja con su aliento al saludarla.
No tenía dudas, ese hombre sacaba a la luz sus deseos más ocultos y vergonzosos. Laura se volteó para ver su rostro y, desgraciadamente, la distancia entre los dos era muy corta y su mirada pareció penetrarle el alma.
—Ho… la… —fue lo único que logró articular.
Kevin se acercó tanto que Laura sintió que se llevaría su aliento con él.
Él la besó en la frente y le sacudió el cabello.
«¡Qué infantil!», pensó ella, decepcionada, pues esperaba otro tipo de beso.
Ella se cruzó de brazos por instinto.
—¿Todo bien? —le preguntó él, con una sonrisa seductora que la hizo temblar.
Laura afirmó con la cabeza y se giró para retomar su camino hacia la cafetería. Aunque el apetito ya se había esfumado.
Ahora solo estaba frustrada y arrepentida de haberle dicho a Kevin que solo serían amigos.
