24. Junto al mar – ¡Me encantas!

This entry is parte 25 de 28 in the series ¡Me encantas!

Laura estaba concentrada en su trabajo cuando percibió la presencia de alguien.

—Buenos días, preciosa. —Julián se le acercó—. ¿Podrías llevarle este sobre a Kevin? Lo está esperando y yo estoy muy ocupado aquí.

—Por supuesto —contestó ella con una sonrisa amable.

Tomó el sobre y se dirigió a la oficina de Kevin.

Mientras tanto, Kevin estaba con el rostro sucio debido a un pequeño accidente.

—Lo siento, Kevin —se disculpó Johanny, limpiándole el rostro.

—Está bien, nada que la servilleta no pueda arreglar. —Él le restó importancia y ambos rieron.

—Disculpen la interrupción —profirió Laura, quien estaba frente a la puerta con cara de espanto.

—Termina de entrar. —Kevin la miró con recelo, pues había notado algo extraño en su actitud—. No interrumpes nada —dijo, al sospechar lo que pasaba por su mente.

Laura se paró frente a él y le pasó el sobre con frialdad.

—Julián lo envía —le comunicó, y se marchó como si hubiera dejado su alma en algún lugar.

Kevin se quedó observándola hasta que desapareció de su vista.

—¿Todavía te gusta? —Johanny lo abordó con una risita pícara.

Él asintió sin cambiar la postura.

—¿Y qué esperas para decírselo? ¿Hasta cuándo seguirán torturándose el uno al otro?

—No quiero presionarla. —Esta vez la miró—. La última vez lo arruiné todo por mi impulsividad… No quiero que se aleje de nuevo.

Johanny rodó los ojos.

—Solo le dirás lo que sientes. No le pedirás matrimonio ni nada por el estilo. No le veo la complicación —lo regañó, y le puso una mano sobre el hombro—. Como mujer, te puedo decir que ella está loca porque des ese paso, pero lo único que haces es provocarla. —Sonrió.

—No estoy haciendo eso.

—¿Entonces por qué no le aclaras de una vez qué hago yo en tu vida? Es obvio que tiene celos de mí y, por tu culpa, no me soporta.

Kevin rio.

—¡Como si yo fuera a tener tan mal gusto!

—¡Ya quisieras tú!

—¡Ja! —se burló ella—. A menos que tu piel fuera morena como la de Will Smith y fueras tan hombre como Wesley Snipes; solo así, tal vez, te consideraría.

—Aún sigues con tu adicción a los morenos fuertes.

—Morenos fuertes y sin dramas. Y tú, Kevin, eres el rey de los dramas. ¡Valga la redundancia!

Los dos estallaron en carcajadas.

***

Laura fue al baño a lavarse el rostro. Si antes tenía dudas de que Kevin y su amiga estuvieran juntos, ahora estaba convencida de que entre ellos había algo.

—¿Estás bien, Laura?

Se sorprendió al ver a la mamá de Kevin allí. Asintió sin decir palabra.

—Me gustaría preguntarte algo, Laura, y quiero que seas sincera conmigo.

—Sí —asintió, dudosa.

—¿Estás enamorada de Kevin? —le preguntó sin reparos.

Laura estuvo un rato en silencio.

—No quiero ser descortés, señora… —dijo, mirándola con firmeza—, pero lo que sucedió entre Kevin y yo, porque me imagino que ya Kevin se lo habrá comentado, se terminó. No tiene sentido que yo responda a eso.

—Entonces lo tomaré como un sí —expresó, desafiante.

Por alguna razón, Laura no se sentía cómoda con aquella conversación; había algo en su mirada que la intimidaba.

—Kevin me comentó que fue una relación sin importancia, un romance de verano. No sé qué tan lejos llegaron y no me importa; cada cual es dueño de sus decisiones. Y si tú le diste lo que, como hombre, él quería, es asunto tuyo. Debes saber que Kevin no tiene ninguna responsabilidad contigo.

Laura estaba atónita e indignada ante lo que escuchaba.

—Señora, como le dije antes, la relación entre Kevin y yo terminó. Yo no espero nada de él. No se preocupe, él ya tiene a alguien.

—¿Ah, sí? —preguntó ella, sorprendida—. Me imagino que te refieres a Johanny.

Laura asintió.

—Sí, ellos están empezando una relación y no quiero que te interpongas.

Laura sintió que se le rompía el corazón en mil pedazos.

—No se preocupe por eso —dijo, al borde del llanto.

Salió de allí a toda prisa mientras intentaba contener las lágrimas que amenazaban con salir. Iba con la mirada perdida y no se percató de que Pablo venía en su dirección, por lo que chocó de frente contra él.

—¿Estás bien? —preguntó él, preocupado.

Ella asintió y salió de la galería en un santiamén, como si huyera de algo. Luego él vio salir a Jillian del baño.

—Tía, ¿qué sucedió con Laura? —inquirió, preocupado.

—¿Laura? —repitió ella, pretendiendo confusión—. No la he visto —mintió—. Por cierto, ¿no deberías estar en la empresa? —cambió de tema.

—Vine a traerle unos documentos a Kevin —respondió, mirándola con sospecha.

—Nos vemos, entonces, Pablo —se despidió y se marchó.

***

—Pablo, ¿qué sucede? —se interesó Kevin mientras observaba su rostro atolondrado—. Estás raro desde que llegaste.

—¿Has visto a Laura? —preguntó con una mueca rara.

—La vi hace un rato. ¿Por qué?

—Es que choqué con ella en la entrada. Salió alterada del baño… No se la veía nada bien. —Kevin abrió los ojos, preocupado—. Lo extraño de todo es que, a los segundos de esto, tu madre salió del mismo baño y se espantó al verme. Le pregunté qué le pasaba a Laura y me dijo que no la había visto.

Kevin apretó los puños al imaginarse lo sucedido.

—¡No puede ser! —soltó con impotencia—. Ni me quiero imaginar todo lo que le habrá dicho. ¡Rayos!

Salió corriendo de la oficina con la esperanza de alcanzarla, pero no la encontró en ningún lugar.

Horas más tarde, Kevin fue al estudio al saber que Laura había regresado, ya que se había comunicado con ella después del incidente con su madre, pero Laura le aseguró que estaba bien.

No obstante, él no se quedó complacido con su respuesta. Por eso, desde que supo que regresó a la agencia, se fue directo al estudio y le hizo señas para que lo siguiera.

Ella lo siguió, dudosa.

Ambos salieron de la galería y se dirigieron al parqueo, donde Kevin tenía su vehículo. Kevin le abrió la puerta del copiloto y le dijo:

—Sube.

Laura sintió que aquello sonaba más como una orden.

—¿Adónde vamos? —preguntó ella, confundida.

—Ya lo sabrás —le respondió él, haciendo señas para que subiese.

Ella entró, dudosa.

Estuvieron en silencio todo el camino y Laura temblaba al ver su actitud fría y extraña.

—Llegamos —anunció Kevin, apagando el carro.

Cuando Laura se bajó del vehículo, quedó fascinada al ver el mar, pues le encantaba.

El olor a sal se mezclaba con el suave perfume que emanaba de Kevin, mientras la brisa levantaba partículas de arena y jugueteaba con sus ropas y cabellos.

La experiencia le pareció exquisita.

Ellos caminaron por la playa sin decir palabras hasta que Kevin se sentó en la arena.

Laura lo imitó.

Él la miró entretenido por la distancia que ella dejaba entre ellos. Entonces se acercó y le rodeó el cuello con su brazo. Laura trató de salirse de su agarre, pero él se aferró con fuerza a su hombro.

—Esto no está bien, Kevin —lo regañó ella, bajando el rostro.

—¿Por qué no? —La miró con picardía—. ¿Acaso le debes una explicación a alguien?

Ella negó.

—Yo no, pero tú sí —indicó mientras arrugaba el rostro con desagrado.

Él le tomó el mentón y la miró a los ojos.

—¿Yo sí? —arqueó una ceja—. Laura… ¿qué te dijo mi madre?

—Nada nuevo.

Él le soltó el mentón.

—¿Qué te dijo? —insistió.

—Que no me interpusiese entre tú y Johanny, ya que ustedes están empezando una relación. Eso ya yo lo sabía, así que no me dijo nada nuevo.

—¿Lo sabías? —Ella asintió—. ¿En qué momento yo dije algo así o hice alusión a eso?

—No era necesario que lo hicieras. —Laura suspiró con tristeza—. Es muy obvio que entre ustedes hay algo más que una amistad.

Kevin rio.

—¿Qué es tan gracioso? —preguntó ella, molesta.

—Tú —respondió Kevin y le levantó el mentón otra vez. Acto seguido, le invadió los labios con ternura.

—¿Qué crees que haces? —Ella lo alejó antes de que el beso se concretara. Estaba temblando y el corazón le latía con vehemencia—. ¿Ahora juegas conmigo, Kevin Mars? —profirió molesta.

Él rodó los ojos.

—No juego contigo. Bueno, tal vez un poco. Pero te lo mereces por celosa.

Ella se puso de pie para irse, pero él la jaló, sentándola a su lado.

—Laura…

—¡Déjame en paz, Kevin! —gritó ella, alterada—. Yo soy alguien sin importancia en tu vida, un romance de verano que terminó en las vacaciones.

Las lágrimas empezaron a descender por su rostro. Y, aunque se sentía avergonzada por haber perdido el control de sus emociones, no podía evitar llorar.

Sin embargo, de forma inesperada, Kevin la interrumpió con un beso. Ella se resistió, pero él continuó besándola hasta que ella cedió y se entregó a aquel beso demandante y apasionado que la dominaba.

Había extrañado tanto el sabor de su boca que, a veces, le parecía irreal que de verdad hubiera sido íntima con él, que aquel verano tan intenso solo hubiera sido un sueño.

Pero poder degustar sus labios otra vez le confirmaba que todo fue real, así como lo era su amor por él.

Ellos se besaban con un hambre desesperada, ajenos a su alrededor. Los sonidos de sus bocas se mezclaban con el de las olas y el de las gaviotas, mientras que sus corazones latían al ritmo de un amor que ya no podía contenerse.

Tras varios minutos sumidos en el éxtasis de un beso demandante y cargado de nostalgia, tuvieron que separarse por falta de aire. Entonces Kevin le acarició las mejillas con ternura.  

—No sé qué te dijo mi madre, pero debes saber que eso que acabas de decir no es cierto —le explicó, todavía alterado, con voz trémula—. Tú sabes lo importante que eres para mí. Yo no pienso presionarte a tener algo conmigo ni a que sientas lo mismo que yo. Pero debes saber que entre Johanny y yo no hay otra cosa que no sea una fuerte y vieja amistad. No es cierto lo que dice mi madre, ni lo que tú te creaste en tu cabeza.

Él tomó un respiro y conectó sus miradas con una intensidad que la estremeció.

—No tengo ojos para otra persona que no seas tú —continuó—. Yo esperaré a que estés lista; sé que has pasado por muchas situaciones difíciles que tal vez algún día me contarás. Esperaré por ti, Laura. Y si decides que no quieres tener una relación conmigo, también lo respetaré.

Varias lágrimas le bañaron el rostro, como si en el fondo presintiera el sufrimiento que ella ocultaba. Se arrepentía de haber roto su relación con tanta facilidad y de no haber luchado por ella, pues en aquel entonces le chocaba que Laura fuera tan pasiva.

Pero ahora la entendía. Laura no tuvo una vida fácil como él. Tampoco sabía cómo ser libre, por lo menos no en ese entonces. Sin embargo, verla salir adelante a pesar de todo lo que sufrió y recuperar esa libertad lo hacía sentir muy orgulloso.

La admiraba como nunca lo había hecho con nadie más.

Laura, por su parte, estaba sorprendida porque nunca lo había visto tan frágil como en ese momento.

—Nunca entendí a mi padre… —añadió Kevin, y soltó un largo suspiro—. Él dejó ir a mi madre, aunque la amaba. Ahora entiendo que no se puede quitar la libertad en nombre del amor. Claro, yo hubiera preferido que cada uno hiciera su vida y así mi padre no hubiera sufrido tanto. —Kevin sonrió con amargura.

Laura le acarició el cabello, comprensiva.

—Y me hubiera gustado que mi madre fuera sabia en sus decisiones, pero no puedo vivir con el temor al abandono. Tampoco te voy a exigir que vivas como yo quiero. No me respondas ahora; cuando estés lista para responderme, dime si deseas estar conmigo o deseas que me aleje de ti —concluyó, temblando, y sus labios se rozaron con ternura sobre la frente de Laura. Quien, pese a que lo amaba y deseaba volver con él, todavía no se sentía lista para dar ese paso. No en ese momento de su vida, no con tantos miedos y dudas.

¡Me encantas!

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