Trascurrieron varios días desde que Kevin y Laura se hicieron novios, pero ellos no tuvieron ocasión de pasar tiempo juntos. Kevin ya estaba perdiendo la paciencia. Clara, de buenas a primera, le prohibió a Laura que tomara las lecciones con Kevin después de que Claudia la convenciera, ya que esta sospechaba que algo pasaba entre ellos dos.
—Y cuando por fin me declaro, pasa esto —se quejó Kevin, cayendo sobre la cama. Posó su mirada en el techo—. Ya sabía yo que ese favorcito de Laura no traería cosa buena.
—¡Sí que estás salado, primo! —exclamó Pablo, palpando su hombro—. Quién diría que Kevin Mars sería protagonista de una telenovela dramática. —Dejó salir una risita.
—Quién diría… —susurró.
—¿Por qué no lo hacen público? Así podrían hacer lo que les venga en ganas sin necesidad de ocultarse.
—Es exactamente lo que deseo. Pero no quiero presionar a Laura. Ella me dijo que su tía hizo un acuerdo con los padres de Frank para que ellos se casaran. Creo… que es una de las razones por la que están haciendo tratos con mi padre, ya que ellos tienen negocios con los Gutiérrez y decidieron unirse a los que ya mi padre tiene con la familia de Laura. —Suspiró—. Además, también me parece que esa señora me quiere enganchar con la loca de tu cuñada —Kevin rio—. Tienes suerte de que tu padre, a pesar de ser quien dirige el negocio de los Mars, nunca se haya mezclado con esa familia, sino estarías preparando la boda con Jimena. —Pablo sacudió su cabeza por el simple hecho de imaginarlo.
—Créeme, si eso fuera así, Jimena y yo, o lo tuviéramos en secreto o no tendríamos nada. Además, mi padre no es un tostado que arregla el matrimonio de su hijo. —Se quedó pensativo un rato—. Espera… Lo que dices es que Laura y Frank están comprometidos…
—¡Claro que no! —Kevin negó meneando la cabeza—. Laura nunca lo ha aceptado, así que ellos la presionan para que lo haga. Es por eso que no le veo el sentido de ocultarlo. Sé que Laura le teme a su familia, pero… yo no puedo estar tolerando ese tipo de cosas en mi vida. Ya sabes lo independiente que soy. Me gusta la vida tranquila y sin complicaciones. Detesto que estén metiéndose en lo que hago ni que me estén pidiendo explicaciones de mis decisiones. Esa es la razón por la que he vivido por mi cuenta desde los dieciocho, no he querido que mi apellido y familia me aten a esa vida que tanto aborrezco.
» No soporto la vida falsa de la sociedad ni los arreglos matrimoniales. Para mí el matrimonio es algo muy importante y muy personal. —Respiró profundo—. Eso me diferencia de Laura, quien siempre ha vivido bajo la voluntad de otros, sin tomar sus propias decisiones y dependiendo de su familia. Yo no puedo vivir así. Prefiero pensar que ella tomará la valentía de defender su vida y sus intereses, pero a veces temo que nunca podamos compaginar. —Sus ojos emanaban cierta tristeza e impotencia.
***
Días después…
Laura había salido de su habitación y se detuvo en el pasillo, observando el cielo teñido de tonos cálidos al atardecer. Esa era una de las cosas que más extrañaría de aquel lugar, con su belleza tranquila y serena. Dos meses y medio habían pasado desde que comenzaron esas extrañas vacaciones de verano, un tiempo que cambió su vida de formas que nunca habría imaginado. Y, mucho menos, había pensado que conocería a ese chico que, en su primer día allí, le robó un beso inesperado.
Su corazón latió más rápido al recordarlo. Ese, sin duda, no había sido su único beso. Apenas una semana atrás, habían comenzado una relación, a pesar de que no habían tenido ni un momento a solas después de aquella confesión.
Cerca del jardín, una sensación extraña la hizo tensarse. De repente, unos fuertes brazos la tiraron hacia atrás, desde entre los árboles del jardín. Casi se muere del susto, pero el alivio la recorrió al encontrarse cara a cara con esa mirada verde que la volvía loca. Por un momento, pensó que aquello era una visión, hasta que Kevin la sacó de su ensimismamiento con una sonrisa.
—Te extrañé tanto…, mi dulce novia. —Su voz era dulce y su mirada penetrante. Acarició su mejilla con suavidad. Ella estaba pegada a la pared, quedando entre esta y él. Esa cercanía la estaba desquiciando.
—Yo… también… te extrañé… —dijo con dificultad, su voz temblorosa. Kevin no pudo evitar sonreír ante la vulnerabilidad en sus palabras. Sin mediar más, la besó con una intensidad que la dejó sin aliento. ¡Lo necesitaba tanto…! Su beso fue lleno de pasión, pero Laura estaba tan nerviosa que no pudo seguirle el ritmo. Necesitó separarse para recuperar la respiración, pues su corazón estaba latiendo con mucha fuerza.
—¿Estás bien? —preguntó Kevin, preocupado. No solo por su agitación, sino porque vio cómo su rostro se inundaba de lágrimas. Instintivamente, la abrazó con fuerza, envolviéndola en sus brazos—. ¿Sucedió algo? Disculpa si fui demasiado intenso… no era mi intención incomodarte.
Ella meneó la cabeza, pero las lágrimas seguían cayendo. Se separó ligeramente de él, su mirada baja, y sus palabras salieron con un peso emocional que Kevin no había anticipado.
—No es eso. —Bajó la mirada, sintiendo una profunda incomodidad. El rostro de Kevin se tensó en una mezcla de preocupación y confusión. Pero antes de que pudiera decir algo, ella continuó, su voz temblorosa—: Siento mucho lo que ha sucedido. Es mi culpa que estemos así, y entiendo si te disgustas o te arrepientes de estar conmigo.
Kevin, al escucharla, acarició su cabello de manera suave, con la intención de darle consuelo. Sabía que algo más profundo la estaba agobiando, pero no quería presionarla más. Solo deseaba que se sintiera segura.
—Ojos melosos, nunca me voy a arrepentir de nuestra relación. —Tomó su rostro para que lo mirara a los ojos—. ¡Me encantas! Y eso nunca cambiará. Eres demasiado importante para mí como para dejarte ir. Has cambiado mi mundo y, sí, a veces me desespero y no estoy acostumbrado a este tipo de situaciones, sé que lo sabes, pero por ti estoy dispuesto a aguantar esto y más. —Hasta él estaba sorprendido por lo que salió de su boca. ¿Cómo era posible que ella provocara todo eso en él? ¿Acaso…?—. Creo… que me enamoré de ti, Laura Gutiérrez. —Sus palabras eran temblorosas.
¿Enamorado? Estaba sorprendido de su descubrimiento. Laura estaba petrificada ante esas palabras. ¿De verdad era real todo aquello? Si era un sueño, no quería despertar nunca. Kevin besó sus labios con ternura, esta vez ella reaccionó al instante dándole total acceso.
Ella intensificó el beso y Kevin acarició su cuello con ternura, provocando una fuerte corriente por todo su cuerpo. Él la miró con una sonrisita pícara al notar su reacción y volvió a besarla.
***
Habían decidido que solo permanecerían una semana más en el club, ya que las responsabilidades de las compañías les solicitaban de forma presencial. El padre de Pablo llamó a Cristian con tono serio, reclamando su falta de compromiso hacia el conglomerado.
Si bien era cierto que Cristian medio se había retirado, su presencia aún era requerida en ciertas reuniones pese a que él, normalmente, hacía conferencia vía Skype. Los Castillos también tenían que volver a sus respectivas responsabilidades. Kevin tenía una exhibición de arte en unos meses y, aunque tenía a personas trabajando para él, como artista principal, debía encargarse personalmente de ciertos asuntos.
—Hola, lindura. —Frank se acercó a Laura con una sonrisa de flirteo. Todos estaban en la piscina compartiendo. Laura se había levantado de su mesa para buscar una nueva bebida cuando este la abordó. En ese momento, Kevin venía del baño y apretó los puños cuando vio a Laura acorralada por él.
—Mi nombre es Laura —dijo, tratando de tomar distancia—. ¿Podrías alejarte? —le pidió, al ver que este no le proporcionaba el espacio que ella luchaba por conseguir.
—Me gusta la cercanía —expresó con una sonrisita que ella no soportaba—. Deberías acostumbrarte, ya que tú y yo seremos esposos, amorcito. Ya es hora de que me veas como algo más… ¿No crees?
—¿Quién te dijo que quiero ser tu esposa? —Ella cruzó los brazos—. Así que sácate cualquier idea extraña que tengas conmigo, tú y yo nunca seremos algo más que conocidos, porque ni siquiera te considero mi amigo.
—¿Ah, sí…? —Él tomó su brazo con fuerza—. Pero Kevin sí, ¿verdad? ¿Te gusta él? —La apretó con más intensidad.
—¿Qué te pasa? —reclamó, tratando de zafarse. Kevin se acercó con rapidez y lo empujó.
—¡Si la vuelves a tocar, te rompo la cara de idiota, salvaje! —profirió, posando su brazo alrededor de los hombros de Laura. Todos se acercaron al notar que discutían.
—¿Y tú qué, Kevin Mars? —rechistó, levantándose—. ¿Quién rayos te crees para reclamarme algo? Lo que suceda entre Laura y yo es asunto nuestro, así que aléjate y aparta tus sucias manos de ella. —Trató de acercarse para separar a Kevin de Laura, pero este le golpeó en la cara, como resultado, Frank le devolvió el golpe y bueno… se armó el desastre. Cristian y el señor Castillo los separaron y los llevaron al estudio.
—Y bien… —Cristian estaba delante de ellos con los brazos cruzados al igual que los Castillos y Paulo—. Sigo esperando una respuesta. —Él insistió, pero ambos estaban en silencio y llenos de rabia.
—¿Qué quieres que te digan, Cris?, ¿no ves que se pelearon por Laura? Estás haciendo preguntas obvias —contestó Paulo con cara de hastío.
— ¿Y a ti quién te preguntó? Ni siquiera sé qué haces aquí —protestó Cristian.
—¿Y crees que me perderé este chisme? —dijo con una sonrisa maliciosa—. Nunca había visto a un Mars pelearse por una chica. Y menos a Kevin, quien siempre ha sido un chico raro.
Cristian lo fulminó con la mirada, pero no respondió a su comentario. Su mirada se centró en Kevin, cuyos ojos reflejaban una mezcla de decepción y confusión.
—Kevin, no sé qué sucede contigo, pero yo no te crie así. Tu comportamiento desde que llegaste aquí me está decepcionando y preocupando.
—Lo siento, papá. —Kevin suspiró, frotándose la sien mientras trataba de ordenar sus pensamientos—. Sé que mi comportamiento no ha sido el mejor. Pero esta vez fue diferente. —Fijó su mirada en Frank, el cual estaba de pie cerca de él—. Este tipo… Frank, estaba lastimando a Laura y, lo siento, pero no me iba a quedar de brazos cruzados.
Volvió su mirada a su padre, quien parecía procesar sus palabras en silencio. Cristian, después de unos segundos, dirigió su mirada a Frank, pero antes de decir algo, el señor Castillo dio un paso al frente y se acercó a él.
—¿A ti qué te pasa? —le interrogó, apuntándolo con el dedo—. Debes controlarte, te lo he advertido muchas veces, ese carácter impulsivo te traerá muchos problemas. ¿Es esa la forma de tratar a una mujer? ¿Es así cómo quieres conquistarla, imbécil? —Frank bufó fastidiado. Kevin miró al señor Castillo al escuchar esa frase que tanto lo molestó.
«¿Conquistarla? Ni en sus sueños», pensó
—No la estaba maltratando —se explicó, irritado—. Tienen que exagerarlo todo. Lo que me molesta de todo esto es el hecho de que este idiota —posó sus ojos sobre Kevin— se tome atribuciones que no le corresponden. ¿Acaso te gusta Laura?
—¡Ja! —exclamó Paulo—. ¡Y siguen con las preguntas obvias! —Cristian lo miró de mala gana—. ¿Qué? ¡Todos saben que Kevin babea por esa chica! ¿No es así, Kevin? —Movió las cejas con picardía. Kevin sonrió. Luego miró a Frank con desafío.
—Dices que me tomo atribuciones que no debería, pero… ¿Quién sabe? Tal vez tengo más derecho del que crees. —Su mirada era victoriosa y provocativa.
—¿Qué dices, imbécil? —profirió, alterado—. ¡Habla! ¿A qué rayos te refieres? —Kevin solo sonreía con malicia—. ¡Quita esa cara de idiota! —exigió, preocupado—. ¡Te estoy haciendo una pregunta, Kevin Mars! ¡Contesta! —Se balanceó sobre él, pero antes de atraparlo su padre lo sostuvo por el cuello.
—¡Ya, cálmate, Frank! —le interpeló el señor Castillo.
—¿Ven? ¡Es un salvaje! —Kevin exclamó.
—¡Kevin! ¡Ya basta! —le regañó Cristian—. Sal de aquí, si no él no se va a calmar —le ordenó, al borde de perder la paciencia—. Más tarde tú y yo tendremos una conversación seria, jovencito —le amenazó.
Kevin asintió y salió de allí. Regresó a la piscina para buscar a Laura, pero ella ya no estaba. Se acercó a Pablo y se lo llevó aparte.
—¿Sabes a dónde fue?
—Después de que su tía la regañase, esta la ordenó que se fuera a su habitación —le respondió Pablo. Kevin meneó la cabeza en forma de lamento y fastidio—. Oye… ¿¡Adónde vas!? —gritó, al ver que se iba corriendo—. Sabes que eso podría acarrearles más problemas —le advirtió, mas Kevin se encogió de hombros y prosiguió.
Sentía que su corazón se le saldría del pecho al estar frente a su dormitorio. Necesitaba verla. Levantó sus brazos y dio golpes lentos sobre la fría madera.
Laura estaba recostada sobre su cama. Las lágrimas se deslizaban sobre su mejilla y sus ojos estaban rojos de tanto llorar. No podía seguir viviendo ese infierno. Kevin estaba en lo cierto, no debía dejar que la utilizaran de esa forma solo porque ellos la criaron. ¡Eran su familia! No podía creer que su tía la culpó de todo lo sucedido.
Se moría de la vergüenza al recordar el bochorno que había pasado delante de todos. Y otro pensamiento la preocupaba: Kevin… Escuchó golpes en la puerta. Sintió escalofríos al imaginarse que podría ser su tía. Se levantó, secando sus lágrimas y tratando de componerse. Abrió la puerta con recelo y casi dio un brinco de la sorpresa.
—¿Kevin? ¿Qué haces aquí? —interpeló mientras miraba a su alrededor—. Si alguien te ve… —Hizo silencio al sentir que él la abrazó fuerte. Era un abrazo de preocupación y necesidad. Las lágrimas salieron nuevamente. Él se despegó con lentitud, como si no quisiera hacerlo, y secó sus lágrimas. Levantó su mentón con delicadeza y le dedicó una mirada tierna y repleta de sentimientos.
—Amor mío, no llores más. —Le dio un beso tierno y corto sobre los labios, luego acarició sus mejillas con sus pulgares—. No quiero que sigas soportando todo esto. ¿Ves lo que sucede cuando no hacemos las cosas con claridad? Se que es difícil para ti, pero…
—Lo sé —lo interrumpió—. Esta noche, en la cena… —dijo, decidida—. Esta noche se lo contaremos a todos y aclararé de una buena vez que no me voy a casar con Frank; les pediré que respeten mi decisión. No importa las consecuencias… —Una lágrima se escurría sobre sus mejillas—. Voy a hacerlo. —Kevin asintió con una pequeña sonrisa y luego besó su frente.
—Esta noche, pues —repitió él con un suspiro—. ¿Estarás bien hasta entonces? ¿O necesitas que me quede contigo? —Ella negó.
—No es necesario. —Sonrió sonrojada—. Estoy bien —dijo, dejando un beso sobre sus labios.
***
El sol se estaba poniendo y los nervios de Laura estaban incrementando por el simple hecho de imaginar a su tía y a Claudia escuchando aquella noticia. Hasta su tío Mico, que hasta entonces no había opinado nada sobre el asunto, podría oponerse. Pues la familia Castillo estaba siendo muy generosa con él y Clara, puesto que Frank se había obsesionado con la idea de casarse con ella y sus padres lo complacían en todo.
«¡Esta noche será un caos!», dijo para sí.
Por lo menos lucharía por su relación con Kevin, pues no estaba dispuesta a perderlo por culpa de ellos. Estaba a punto de entrar al salón del comedor, cuando vio a Kevin en el camino que llevaba al lago. Él le hizo una seña de que lo siguiera y ella fue tras él. Frank vio de lejos esa acción y recordó la palabra de Kevin. Quiso seguirlos, pero tuvo una mejor idea.
Kevin y Laura llegaron al lago y se sentaron en la orilla. Él le sostuvo la mano derecha.
—¡Estás temblando, Ojos melosos! No te preocupes, no será tan caótico, ya verás. —Ella lo abrazó con fuerza.
—Esta es la primera vez que siento algo tan fuerte como para proporcionarme el coraje suficiente de enfrentarme a mi familia. —Lo miró a los ojos, estando aún aferrada a su torso. Él besó su frente.
—¿Dices que soy tu primer novio? —preguntó con una sonrisita.
—No dije eso. —Ella sonrió. Estar con él era muy relajante.
—Ahora estoy celoso. ¿Cuántos novios ha tenido la señorita Ojos melosos?
—No sé si se les puede llamar así… —dijo pensativa—. Pero… tuve una relación romántica con alguien en la universidad. —Kevin frunció el ceño.
—Al parecer fue muy especial…
—¿Estás celoso?
— Claro que sí, Laura Gutiérrez.
—Entonces, yo debería estar celosa de tus viejos romances.
—Eso es diferente… para mí no fue nada especial. —Ella empezó a reírse—. ¿Qué es tan gracioso? —dijo, achicando los ojos.
—Tú. —Rio de nuevo. Él sonrió.
—Por lo menos estás más relajada. —Ella asintió en cuerdo.
—Gracias a ti. —Sonrió y besó esos labios carnosos que tanto le encantaban.
Mientras tanto en otro lugar…
Frank se acercó a Clara para pedirle explicaciones.
—Usted me dijo que Laura y yo seríamos pareja, pero al parecer usted cambió de opinión y le buscó otro pretendiente.
—¿A qué te refieres, Frank? —contestó, confundida—. El trato sigue en pie.
—No juegue conmigo, señora. —Se hizo el ofendido—. A usted y al adicto de su hermano les conviene este trato más que a mí. Puede que la familia Mars sea más poderosa que la mía… por ahora —aclaró—. Pero ellos nunca les ofrecerían lo que yo por muy amigos que sean. Además, Kevin no hará uso de su poder en la fortuna de los Mars.
» Y, aunque así fuera, él nunca les ofrecería nada a ustedes. Y tampoco saben por cuánto tiempo seguirán recibiendo el apoyo de los Mars, ya que el único que no ha roto los lazos con ustedes es el padre de Kevin. Usted muy bien sabe que, desde que sus padres murieron y usted y su hermano se hicieron cargo del negocio, ustedes cayeron en la banca rota; así que debería pensar en su futuro y escoger mejor.
—Frank, querido. No sé de dónde sacas que tenemos a otro pretendiente para Laurita. Y, si te refieres a Kevincito, él no tiene nada con ella. Yo misma me he encargado de alejarlo. Mi niña Claudia está interesada en él y, si lo tengo en la mira, es para emparejarlo con ella. Te lo aseguro; no importa cuánto Laura se oponga ahora, ella cederá y se casará contigo.
—¿Está segura de eso? —preguntó, pretendiendo incredulidad—. Pues yo creo que esta vez no se saldrá con la suya.
—¡Eso nunca! A esa niña yo la controlo como a la palma de mi mano.
—Pues no lo creo —refutó—. Dijo que se había encargado de separarlos, pero ellos se burlan en sus propios ojos, pues no estoy loco ni tengo problemas de visión. Acabo de verlos muy juntitos yendo al lago. Y yo me pregunto… ¿qué hacen una mujer y un hombre al anochecer en un lugar tan solitario? —Clara abrió los ojos de la sorpresa—. ¿Le gustaría verlo con sus propios ojos? —susurró con una mirada malvada.
Mientras tanto, Kevin y Laura estaban ajenos al plan malvado de Frank, sumidos en la paz y sensación de bienestar que estar juntos les provocaba.
—¿No crees que debemos regresar? —preguntó Kevin mientras miraba al cielo—. Ya se está oscureciendo y la cena debe estar a punto de comenzar.
—Solo un poco más —rogó ella, aferrada a su pecho.
—Deja tus nervios. No soltaré tu mano ni un momento, ya verás —le aseguró con una cálida sonrisa.
—Sí, por favor —dijo con su rostro oculto en el pecho de él. Kevin tomó su cara y besó sus labios con ternura. Ella se acercó más a él para intensificar el beso. Era increíble que, mientras más lo besaba, más deseaba esos labios deliciosos. ¿Cómo era que no se cansaba?—. Me encantan tus besos, Kevin Mars —susurró y siguió besándolo con fervor. Sentía como el calor la invadía, seguidos por unos extraños escalofríos. ¿Qué le sucedía? ¿Por qué quería más de él?
—Laura… —musitó—. Creo que debemos regresar. —Tragó en seco. Ella lo miró y se espantó al ver sus ojos. Su color verde claro se había tornado a oscuro, su voz sonaba más ronca y pudo notar lo agitada que estaba su respiración.
—¿Estás bien? —preguntó, temblorosa. Él asintió y le sonrió con picardía.
—Si seguimos aquí, perderé los estribos. —Laura se sonrojó y bajó la mirada de la pena. Él besó sus labios con ternura, pues le encantaba cuando ella se ruborizaba.
—¡Laura! —Un grito de horror interrumpió su goce. Laura quedó petrificada al ver a su tía junto a Frank con la mano sobre la frente como si hubiera ocurrido una desgracia.
—Tía… —dijo para sí. De repente, sintió como esta le tiraba del cabello mientras la abofeteaba.
