16. Enfrentamiento – ¡Me encantas!

This entry is parte 17 de 28 in the series ¡Me encantas!

Clara caminaba, incrédula, hacia el lago. Si aquello era una broma de Frank, era de muy mal gusto. Cruzaron un pequeño sendero rodeado de árboles, donde la noche comenzaba a caer. La luna, llena y resplandeciente, proporcionaba una suave luz que acariciaba el paisaje. El agua del lago brillaba bajo su reflejo, y las pequeñas lámparas dispersas alrededor lanzaban destellos que se mezclaban con el brillo plateado de la luna. El camino las condujo directo a la orilla.

Clara miró a su alrededor, y su corazón comenzó a latir con fuerza, desbocado. ¡No podía creer lo que veía! El pasado parecía haberse materializado en ese mismo lugar, como si el tiempo no hubiera pasado. El dolor de esa imagen, de ese recuerdo tan vívido, la golpeó con fuerza, dejándola sin aliento.

—¡Laura! —gritó con desesperación al ver como Kevin la besaba. ¡Ese beso! La rabia la abordó, estaba temblorosa. Laura soltó un susurro que ella ignoró. Apretó el largo cabello con sus manos y empezó a abofetearla. Kevin reaccionó al instante apartándola de ella.

—¡¿Se ha vuelto loca, señora?! —dijo, colocándose frente a Laura para protegerla.

—¡Quítate de en medio, Kevincito! —gritaba, airada—. Este es un asunto familiar.

—¿¡Asunto familiar!? —profirió, molesto—. Sus asuntos familiares son muy peculiares. No permitiré que ni usted ni nadie le haga daño a Laura. El tiempo de sus asuntos familiares con Laura se ha terminado, señora. ¡Ella tiene quien la defienda! —Dicho esto, la tomó del brazo y se marcharon. Clara los seguía mientras insultaba a Laura.

Kevin apresuró el paso y Laura era arrastrada en silencio. Todavía estaba pasmada. Solo sentía el cosquilleo de las lágrimas que bajaban por sus mejillas. Kevin se detuvo a la entrada del comedor, pero de repente, Clara se abalanzó hacia Laura, tratando de pasar por encima de él, mas este la detuvo. La apartó hacia Frank, quien observaba el espectáculo con satisfacción.

—¡Eres una cualquiera, al igual que tu madre! —gritaba con impotencia al no poder saciar su deseo de pegarle. El corazón de Laura era apuñalado con cada frase de odio que su tía dejaba salir. El llanto la embargó. Todos salieron abrumados ante aquel escándalo. Sus rostros expresaban confusión y preocupación. Cristian se acercó a ellos al ver que Kevin era parte de la discusión. Los demás miraban atónitos el espectáculo.

—Pero ¡¿qué sucede aquí?! —preguntó, preocupado. Nunca había visto a Clara tan alterada. No recibió respuesta. Clara siguió increpando a Laura.

—¿Cómo pudiste hacerlo? Eres una ramera. ¡Tenías que seguir los pasos de tu madre! ¡Cualquiera oportunista! —Todos se miraron asombrados.

—¡Ya basta, señora! —gritó Kevin, fastidiado de sus insultos. Cristian posó su mirada sobre él.

—Kevin… ¿qué sucedió entre Laura y tú?

—¡Yo los encontré, Cristian! —Clara gritó histérica. Cristian abrió los ojos de la sorpresa y sus mejillas blancas se tornaron rojas.

—¡Ese es mi sobrino! —vociferó Paulo en celebración. La confusión se hizo presente y Claudia se lanzó hacia Laura.

—¡¿Cómo pudiste hacerme esto?! —exclamó, encendida, al ser detenida por Kevin—. ¡Eres una cualquiera! ¡Cómo te atreviste a revolcarte con mi hombre!

—¿Perdón? —Kevin la interrumpió—. ¿Tu hombre? ¡Ja! —exclamó, maravillado—. ¡Atrévete a tocarla y se me olvidará que eres mujer! —dijo amenazante, Claudia retrocedió.

—Cristian. —Mico se acercó—. Tu hijo deberá responder por sus actos —demandó mientras fingía ofensa—. Para nuestra familia la dignidad de nuestras señoritas es muy importante. Llámanos anticuados, pero no vamos a tolerar ese tipo de comportamiento —expresó con su segunda intención. 

—Deje de ser un oportunista, señor. ¿Acaso olvidó nuestro trato? —intervino Frank.

—Hijo, creo que debes olvidar a Laura. —Su padre se dirigió a este—. Ella ya se entregó a Kevin.

—¡¿Pero qué rayos?! —Kevin los interrumpió, hastiado de sus especulciones—. ¿Acaso están todos locos? Laura no es un objeto y lo que suceda entre nosotros es asunto nuestro.

—Kevin. —Su padre lo miró sorprendido—. Entonces… tú y Laura…

—¡No! No tuvimos relaciones, si es lo que están pensando. 

—¿No? —preguntó Paulo—. ¿Por qué el escándalo, entonces? —Kevin tomó la mano de Laura.

—Solo la estaba besando. —Todos miraron sorprendidos.

—¡Tanto escándalo por un beso! —profirió Paulo, moviendo el rostro en desaprobación—. ¡Tenía que ser la exagerada y loca de Clara!

—Solo nos estábamos besando. —Kevin respiró—. Es normal que los novios se besen, ¿no? —Se hizo un silencio sepulcral.

—¿Novios? —Cristian dejó escapar una sonrisa, pues ya había notado la innegable atracción entre su hijo y Laura. Ella le parecía una buena chica, por lo que estaba feliz de que Kevin la haya elegido.

—¡Bastardo! —gritó Frank, casi fuera de sus cabales—. Deja de decir tonterías y aléjate de mi chica. —Trató de ir a tomar a Laura, pero Kevin lo empujó con su mano libre. Paulo y el señor Castillo agarraron a Frank para evitar una pelea entre ellos.

—¡Ya basta, Frank! —exigió su padre.

—¿Que no escuchaste lo que está diciendo este imbécil? —Una tristeza se reflejó en su rostro. Miró a Clara y a Mico—. ¡Teníamos un trato! Yo estoy pagando por ella. ¡Laura me pertenece!

—¿Tía, a qué se refiere Frank? —preguntó Cecilia, aterrada.

—Nada… mi amor… —Su voz era temblorosa—. Frank solo está hablando por medio del dolor que Laura le está causando.

—¿Ah, sí…? —respondió Frank molesto—. ¿Por qué no lo cuenta, señora? ¡Dígales! ¡Dígales que están arruinados! Que sobreviven gracias a mi apoyo económico. Porque todas las míseras ganancias de sus negocios con los Mars el vicioso de Mico las ha despilfarrado en los casinos. Díganles… que el negocio familiar que sus padres construyeron durante años se hizo añicos por los vicios de este hombre y la negligencia de esta señora.

—Cálmate, muchacho. —Cristian le dio unas palmadas sobre el hombro, como si esas palabras no lo sorprendieran.

—¡Estamos en la ruina! —se lamentó Claudia con lágrimas en los ojos.

Laura, quien escuchaba todo en silencio, quedó impactada. Sin embargo, su estupor no se debía a la noticia abrupta de la bancarrota de los Gutiérrez, sino a que ellos, prácticamente, la habían vendido a Frank. ¿Eso era ella para su familia? ¿Un objeto intercambiable? Laura soltó la mano de Kevin y salió corriendo de allí, pues no soportaba escuchar ni una palabra más de parte de lo que, para ella, era una vergüenza y humillación.

Kevin, preocupado, se apresuró a seguirla.

—¡Espera, Laura! —gritó cuando los dos se habían alejado. Ella se detuvo, volteó hasta quedar de frente, las lágrimas inundaban su rostro y su mirada reflejaba rabia e impotencia—. Entiendo lo mal que lo debes estar pasando… Lo siento mucho… Perdóname, si yo no… —Unas lágrimas brotaron de sus ojos. Laura se acercó y las limpió.

—No es tu culpa —expresó, mirándolo a los ojos con dulzura—. De alguna forma tenía que enterarme de que mi familia me había vendido. —Las lágrimas la inundaron de nuevo—. Estás a tiempo, Kevin. No tienes por qué arrastrarte conmigo. Tu eres un chico de clase, apuesto, especial y de buena familia. No tienes que estar envuelto en esto. —Bajó el rostro, avergonzada.

—Deja de decir estupideces. —Secó sus lágrimas—. Yo nunca me voy a alejar de ti. No eres culpable de las acciones de tu familia. Yo siempre estaré a tu lado y voy a velar por tu seguridad. Laura… eres la mujer de mi vida, esa mujer con la que siempre soñé y que dudé que existiera. Ahora que te encontré, no te dejaré ir. No te preocupes por el dinero… yo puedo ayudarte.

Ella se alejó, ofendida.

—No, Kevin. —Las lágrimas volvieron a surgir—. No digas eso, por favor. —Él se acercó.

—¿Por qué te ofendes? Solo dije que, si llegaras a necesitar algo, yo te ayudaría. Es obvio que no tendrás el apoyo de tu familia… 

—¡Kevin, basta! —exigió, molesta.

—Está bien, perdóname. Pero entiende algo, Ojos melosos. Para mí eres más que un romance de verano. Eres el amor de mi vida y no voy a permitir que nada malo te pase, ni que te falte nada. Yo… te amo. —Sus ojos se llenaron de lágrimas al decir esas palabras. ¿Cómo era posible? Solo habían compartido unos pocos meses, pero su corazón estaba tan seguro de lo que sentía. ¿Cómo podía estar tan convencido?

Laura, sin poder resistir la emoción que la invadía, lo abrazó con fuerza, rodeándolo con sus brazos.

—Kevin… —susurró con el rostro en su pecho— espero que tus palabras no tengan nada que ver con la compasión o sean solo una impresión del momento. —Kevin la apartó, ofendido.

—¿Eso es lo que piensas de mí? —Su mirada se tornó oscura—. Tú no me conoces, Laura. Yo no hablo a la ligera, pero entiendo que no me creas, pues es muy pronto para mencionar estas palabras, pero es la verdad. ¡Yo te amo! —Ella bajó la mirada, no era el momento para pensar en eso—. Vamos a mi habitación. Dormirás allá. —Laura se apartó confundida—. No me malinterpretes. —Él sonrió—. Dormiré con Pablo. Es que no estaré tranquilo dejándote a merced de tu familia. Mientras estemos aquí, pernoctarás en el lado de los Mars, mañana buscaremos tus cosas. Después pensaremos qué hacer, porque no dejaré que vuelvas a casa con ellos. —Laura asintió en acuerdo y se dirigieron al dormitorio de Kevin.

Kevin abrió la puerta y Laura, con una mezcla de nerviosismo y curiosidad, entró lentamente. Sus ojos recorrieron la habitación con discreción, observando cada rincón con una cautela casi palpable. El lugar estaba limpio, pero no del todo ordenado, como si él hubiera intentado arreglar lo más obvio sin preocuparse por los detalles.

Kevin, sin hacer mucho ruido, comenzó a recoger algunas cosas, entre ellas unos carboncillos dispersos sobre la mesa y una libreta de dibujo que parecía haber quedado olvidada. La libreta estaba abierta sobre la cama, como si él hubiera estado trabajando en algo importante cuando la dejara. Con gesto casi ausente, la recogió; sus dedos recorrían la página como si aún pudiera sentir la inspiración que lo había motivado a plasmar su arte allí.

—Espera, Kevin. —Laura lo detuvo.

—¿Sí?

—Es que creí ver algo conocido en esa libreta. ¿Puedo ver? —preguntó con timidez.

—Claro… —respondió, sonrojado. Cuando el contenido en el papel fue expuesto ante Laura, ella abrió los ojos, maravillada.

—¡Es increíble! —profirió, muy emocionada—. ¡Eres tan lindo! —No dejaba de admirar el dibujo.

—Normalmente ilustro las cosas o.… personas que ocupan gran parte de mis pensamientos. —Se le dibujó una sonrisa.

—¿Quieres decir que piensas mucho en mí? —Soltó una mueca pícara.

—Tú sabes que sí —indicó, rodeando su cintura con sus brazos. Laura le dio un beso en la mejilla.

—Espero que descanses, Ojos melosos —dijo, soltándola. Buscó una camisa suya y se la ofreció—. Puedes darte un baño y ponerte esto. Bueno… siéntete cómoda, como si esta fuera tu habitación. —Sonrió.

—Espera… —Lo detuvo y empezó a besarlo. Él le correspondió, pero detuvo el beso después de unos segundos.

—Laura… no es un lugar adecuado para eso. Deja de tentarme, preciosa. —Acarició su nariz con ternura, el rostro de ella se iluminó.

—No intento tentarte, Kevin Mars. Solo es un beso… ¡pervertido! —Él rio.

—Buenas noches, preciosa.

—Buenas noches, precioso. —Ambos rieron.

¡Me encantas!

15. Problemas – ¡Me encantas! 17. Desconcierto – ¡Me ecantas!
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