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Capítulo 5

This entry is parte 7 de 40 in the series Mi esposo no me ama

Jimena se levantó llena de energía, alegre y renovada. Se estremecía cada vez que recordaba aquella noche del sábado. Después de tanto tiempo sin acción, sintió como todo su estrés abandonó su cuerpo. Claro, no todo era felicidad, ya que tuvo que lidiar con los nervios de Pablo y asegurarle que la pastilla del día después evitaría un embarazo. Por supuesto, eso no era cien por ciento seguro, pero no podían tener tanta mala suerte o ¿sí?
Había un asunto que la tenía ansiosa y era el hecho de la planificación, puesto que Pablo no le mencionó el tema y por alguna razón ella temía preguntar. No sabía si lo que hicieron aquella noche se volvería a repetir, como debe pasar en un matrimonio normal; o si solo fue eso, un desahogo que no volvería a pasar entre ellos.
La inseguridad y la tristeza la abrazaron otra vez. ¿Desde cuándo ella era una mujer insegura y miedosa? ¿Cómo era posible que ella viera el sexo con su esposo como algo inalcanzable? ¿Sería mala idea hablar con él sobre eso? ¿Debería?
Esos pensamientos la torturaron toda la mañana.
 
***
 
Pablo estaba concentrado frente al monitor mientras tecleaba y revisaba documentos. Estaba tan sumido en su labor que no escuchó la puerta de su oficina al abrirse.
—Señor, Mars —lo llamó la morena de ojos grises, quien hizo su entrada sensual, descontrolando los nervios de Pablo—. Aquí están los documentos que me pidió. —Puso los papeles sobre el escritorio, encorvándose más de la cuenta para mostrarle su escote. Pablo tragó pesado ante la vista que ella le brindaba—. Señor Mars, necesito que vea algo. —Ella se acercó y se agachó para estar a su nivel—. Este color de uñas no creo que combine con mi vestuario —la sensual mujer pasó sus manos por su escote—, el color de mi blusa no le queda, ¿verdad? —dijo, fingiendo en tono inocente.
Por su parte, Pablo empezó a sentir una sensación de calor que le recorría todo el cuerpo. Ella se acercó a su rostro, mas él quedó petrificado. La puerta se abrió de repente y ellos dieron un respingo por el sobresalto. Pablo sintió que el corazón se le salía del pecho al ver a Jimena frente a la puerta con una expresión de sorpresa y desconcierto.
 —Ah… —La rubia balbuceó llena de asombro—. Perdón, debí tocar. —Un amargor le recorrió el pecho y luchaba para no dejar salir esas lágrimas que se habían acumulado en las cuencas de sus orbes azules.
 —Jimena… —Pablo estaba pálido y las palabras se le dificultaban—. ¿Qué haces aquí?
 —¿Qué crees que hago? —respondió con enojo—. También tengo acciones en esta empresa. —Miró a la asistente de soslayo.
 —Señor Mars —la chica se dirigió a Pablo con malicia—, si ya no me necesita más, me retiro. —Caminó moviendo la cadera de un lado a otro. Se detuvo unos segundos para dedicarle una mirada de desafío a Jimena, acto seguido, salió de la oficina airosa.
 —Muy linda tu secretaria. —Jimena sonrió con ironía.
 —Sí, lo es —dijo indiferente—. ¿A qué viniste, Jimena? ¿Dónde dejaste al niño? —Su tono era rudo, como si la presencia de ella le molestara.
 —Vine a… —Ocultó el folleto de planificación que le dieron en el médico y que con tanta emoción ella fue a mostrarle, con la intención de que juntos escogieran un método—. Adrián está con Marta. —Cambió la frase.
 —¿Y viniste a? —Los nervios lo hacían sonar enojado.
 —¿Qué fue lo que te molestó? —Sus ojos se llenaron de lágrimas—. ¿Que viniera a fastidiarte con mi presencia o que haya interrumpido tu momento intimo con la secretaria?
 —¿Qué pendejadas dices, Jimena? —Se sentó en su silla y se puso a ojear unos papeles—. Si viniste a hacerme una escena, ahórratela para cuándo llegue a la casa porque tengo mucho trabajo. —Continuaba con su mirada puesta en los documentos. Jimena negó maravillada de su descaro y salió estrellando la puerta. Pablo exhaló un suspiro y se dio un golpecito en la frente con su mano a modo de reprensión.
—¡Estoy jodido! —espetó, dejando salir un resoplido.
 
***
 
 Tras la discusión con Pablo, Jimena fue a casa a esperar a su prima Laura, quien le había avisado que iría a visitarla. Ella se emocionó al escucharla, dado que su prima había estado fuera del país por todo un mes. Estaba ansiosa por preguntarle cómo le fue en su luna de miel.
—Gracias por los regalos —le agradeció con un atisbo de timidez, dado que todavía se sentía culpable y avergonzada por todo el daño que ella y su hermana le hicieron en el pasado. Era tan inmadura. A veces deseaba devolver el tiempo atrás para no dejarse influenciar por su hermana y tía. 
 —No tienes que agradecerme. Me encanta mimar a mi pequeño angelito, ¿verdad, mi amor? —Acercó su rostro al bebé, quien estaba sobre sus piernas, mientras lo llenaba de besos.
 —¿Cómo va todo con Kevin? —inquirió Jimena con picardía. Laura formó una sonrisa y sus mejillas se sonrojaron.
 —Pues…, muy bien. Aunque a veces me enoja mucho. Ese Kevin es un desordenado —contestó, frunciendo el ceño—. Pero amo estar con él… Es tan romántico y lindo que me dan ganas de comérmelo a besos.
 —Ah… —Jimena suspiró con tristeza—. Ojalá Pablo y yo tuviéramos algo así. —Las lágrimas inundaron sus ojos, amenazando con salir. Laura la miró confundida.
 —¿Ustedes están bien? —preguntó preocupada.
 —No. —Jimena negó y las lágrimas salieron con libertad.
 —Oh… —Laura balbuceó con pesar—. Pero ¿se pelearon?
 —Laura, no se trata de si peleamos o no… —Secó sus lágrimas y fingió una sonrisa—. Nuestro matrimonio es un fracaso. Pablo ya no me quiere y creo que tiene enredos con su secretaria. Los encontré a punto de besarse y él, en vez de darme una explicación, me trató como si fuera una intrusa. Soy una idiota al pensar que podría reconquistarlo. No sé qué hacer, yo lo amo tanto que temo perderlo. —Laura la abrazó, al instante, Jimena estalló en llantos.
 —Deberías hablar con él —sugirió con ternura mientras limpiaba sus lágrimas—. Tal vez es un mal entendido. Debes darte tu lugar e intentar por arreglar las cosas. Eres su esposa; por lo tanto, tienes derecho a una explicación.
 —Lo sé. —Bajó la mirada—. Pero me siento tan insegura ante él, como si no tuviera derecho a su amor debido a que, por mi culpa, tiene que cargar con un matrimonio que nunca quiso. 
 —Él no estaba obligado a casarse. Si lo hizo fue porque quiso. No debes culparte por eso —le dijo con dulzura y le besó la frente—. Pablo sería un tonto si pierde a una esposa como tú.
 —Lo dices porque no has visto a su secretaria, Laura. —Bajó la mirada con indignación—. Esa mujer parece una modelo. Y yo…
 —¡Basta de compararte! —Laura la interrumpió, frunciendo el entrecejo—. Tú eres hermosa, inteligente, buena madre y esposa. Eres divertida y muy fuerte. Nunca te menosprecies ni te compares. Por algo Pablo se fijó en ti y mira —apuntó a Adrián—, hicieron al bebé más lindo del mundo. —Ambas sonrieron.
Laura regresó a la galería mientras que Jimena fue al gimnasio a combatir la tristeza, haciendo lo que más le gustaba: ejercitarse.
 
***
 
Jimena miró el reloj sobre la pared, llena de ansiedad. Era tarde y Pablo no había llegado. ¿Estaría con su secretaria? La puerta de la habitación se abrió y ella se hizo la dormida. ¿Era tan difícil enfrentarlo? Pablo se dirigió al baño y después de unos minutos regresó con su pijama puesta. Se quedó mirando a Jimena un rato.
 —Sé que estás despierta —dijo y se cruzó de brazos—. ¿Podemos hablar?
El corazón de Jimena empezó a latir con brusquedad; si bien ese era el momento que tanto había esperado, no podía evitar el querer salir corriendo lejos de él. ¿Por qué lo estaba evadiendo? ¡Tenía tanto miedo! ¿Qué tal que él le confirmara que le interesa esa mujer? ¿Soportaría tal dolor? Jimena se sentó evitándole la mirada, mas Pablo se colocó en su lado de la cama y la miró fijamente.
 —¿Por qué fuiste a la empresa hoy? —preguntó expectante.
 —Yo… lo siento. No fue mi intención interrumpir… tu trabajo —dijo con ironía.
 —¿Qué rayos estás insinuando? —Empezó a enojarse.
 —Sé lo que vi, Pablo. —Contuvo las ganas de llorar—. No te preocupes, no te voy a reclamar nada. —Lo miró con una sonrisa fingida.
 —¿Ves? A eso me refiero cuando digo que no eres la misma chica de la que me enamoré —dijo molesto—. Se supone que hubo un mal entendido y que deberías demandarme una explicación. Pero estás tan pasiva y conformista. Justo como esas esposas sumisas que le soportan de todo a sus maridos. ¿Qué pasó con tu picardía? Ya ni siquiera me coqueteas como solías hacerlo ¡Te has vuelto tan aburrida e inexpresiva que me hastías! —espetó sin inmutarse.
Jimena se quedó congelada en un incómodo silencio. Pablo, en cambio, suspiró rendido. Se iba a acostar cuando Jimena rompió el silencio.
  —Tienes razón —dijo sin poder evitar que las lágrimas salieran—. He cambiado. No, este matrimonio sin sentido me ha cambiado. Tu falta de amor e interés, tu rechazo, tus quejas y lamentos. Desde que supiste que estaba embarazada cambiaste conmigo y me hiciste sentir culpable de algo que tú mismo provocaste. Y no me arrepiento de haber quedado embarazada porque amo a mi hijo demasiado. Pero tú me presionaste para que tuviéramos relaciones, a pesar de que te dije que mi tía nos crio con ciertas reservas en cuanta las relaciones antes del matrimonio.
» Tú insististe, Pablo, y ni siquiera fuiste lo suficientemente hombre para comprar un condón que sirva. No me culpes solo a mí porque los dos fuimos responsables. Y me disculpas si no sé cómo lidiar con un poco hombre como tú —dicho esto salió de la habitación y fue a dormir en el sofá que estaba en el dormitorio del bebé, una vez allí, el llanto salió con libertad.

Mi esposo no me ama

Capítulo 4 Capítulo 6
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2 comentarios en “Capítulo 5”

  1. Muy bien dicho ambos son responsables del embarazo no deseado y más él por insistir en que ella tuviera relaciones antes del matrimonio. Pero el tiene razón en algo ella se comporta sumida y no le reclama ni le pide una explicación de la esena que encontró en la oficina.

  2. Y esa secretaria es una perra descarada por como se le insinúa sabiendo que es casado, y él un tremendo imbecil qué no le pone un alto a su descaro.

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