Capítulo 3

This entry is parte 5 de 40 in the series Mi esposo no me ama

Todos conversaban en grupos, mientras que Pablo decantó en alejarse. Se sentó a una distancia prudente de los demás y su semblante denotaba desdén y cansancio.
 —¿Todo bien? —inquirió Kevin, y se le colocó al lado.
 —Sí. —Enfocó la mirada al suelo—. ¿Por qué la pregunta?
 —Pues, estás aquí solo y callado. Eso no es típico de ti.
 —Es debido al estrés y el cansancio. Por cierto, ¿cómo va tu vida de recién casado? —cambió el tema. Kevin sonrió con un brillo especial en la mirada, al recordar su nueva realidad—. Aunque es obvio que bien, al parecer, Laura te está tratando de maravilla —sugirió con picardía.
 —Estar con ella me hace sentir completo. Amo a esa chica como nunca creí podría amar a alguien. 
 —Eres un suertudo… —dijo casi en un lamento, por lo que Kevin lo miró extrañado.
 —Tú también —le palmó el hombro—, tienes una hermosa familia.
 —Sí… —respondió dudoso—. Tengo un hermoso hijo…
 —Y una hermosa esposa —Kevin terminó por él con una sonrisa. 
 —Sí, solo que las cosas con ella no están bien. ¿Cómo es que tú y Laura lo hacen? Llevan prácticamente él mismo tiempo que nosotros de relación y cada día se ven más enamorados. ¿Será que es porque no se habían casado?
 —¡Deja de decir estupideces! Me siento más unido a Laura después de que nos casamos. Tal vez, no es lo mismo porque solo llevamos un mes conviviendo, aparte de que no tenemos un hijo. Pero no es el matrimonio que acaba con la relación, somos las personas.
»Pablo; tú y Jimena nunca tuvieron tiempo de saber si en realidad querían dar ese paso de unir sus vidas para siempre. Se dejaron llevar por la emoción del momento y luego se casaron por la presión que nuestra familia les impuso, debido al embarazo.
»Sin embargo, por encima de ese detalle y de sus posibles problemas, yo creo que ustedes tienen un lazo especial que los une, y no me refiero a Adrián, aunque eso también los une. Yo creo que a ustedes les faltó tiempo, para desarrollar su relación antes de enfrentarse al reto de formar una familia juntos. Está en ti recuperar ese tiempo. Yo sé que ustedes se aman y que pueden superarlo.
 —Hay un problema, Kevin. —Bajó el rostro—. Me siento atraído por otra mujer —confesó con tristeza. Kevin lo miró sorprendido.
 —¿Hablas en serio? —inquirió con desconcierto.
 —No es que estoy enamorado ni nada por el estilo —aclaró aterrado—, es algo físico. La condenada está buenísima y es muy sensual… Yo hace mucho no sé lo que es estar con una mujer… Esto me está volviendo loco.
 —¿Cómo que hace mucho no estás con una mujer? —cuestionó Kevin asombrado—. ¿Y Jimena?
 —No me atrevo a tocarla —confesó—. No tenemos nada desde que nos casamos. Su barriga ya estaba crecidita en ese entonces y yo temía hacerle daño.
 —¡Qué tonto! Las embarazadas pueden tener relaciones sexuales. Al contrario, eso les hace bien.
 —Pues, no lo sabía. Trataba de no estar mucho al tanto de todo lo concerniente a ese asunto. Sé que he sido un patán y un egoísta, pero estaba aterrado. Un hijo y un matrimonio no estaban dentro mis planes aún.
 —Pero… ¿Y después del embarazo? 
 —Ella no podía. Cuando se recuperó, el bebé ocupaba todo su tiempo y ni siquiera se arreglaba. Además, sus pechos estaban llenos de leche y hasta le chorreaba la ropa a veces. No sé, simplemente nunca lo intentamos. Creo que ambos sabíamos que nuestro matrimonio era un fiasco, por lo tanto, ella se concentró en el niño y yo en el trabajo.
 —¡Vaya!, pero a Jimena se les nota a leguas que te ama mucho.
 —Y yo a ella. Pero la pasión se esfumó —se lamentó.
 —Si se aman, entonces la pasión está allí, puesto que es un fruto del amor. Van de la mano si así lo quieres. Solo tienes que dejarte llevar sin complicar las cosas ni ponerles etiquetas. Como me dices a mí: ¡Deja de ser pendejo, Pablo! —Ambos rieron.

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