2. ZHL: Celos bajo el agua: el beso que lo cambió todo

This entry is parte 3 de 15 in the series El hijo del alfa y la hĆ­brida

DespuƩs de que Legna y Dylan discuten de nuevo por otra tonterƭa, todos ellos se van a nadar al rƭo. Los mellizos hacen piruetas en el agua para impresionar a Legna, quien estƔ pendiente de su hermano.

El niƱo sale del rƭo y se pone a jugar con los insectos de la grama que rodea la orilla, entonces Legna se relaja y decide divertirse un rato en el agua.

Ella vislumbra a Dylan haciendo acrobacias frente a Clara con la intención de impresionarla, entonces entorna los ojos y hace una mueca de disgusto.

«”Hombres! Son todos unos ridículos», piensa molesta.

Legna sonrĆ­e de manera peligrosa y de repente sus ojos se tornan verdes, cuyo tono es el mismo de las plantas enredadoras que se encuentran en el fondo del rĆ­o.

De un momento a otro, Dylan cae de golpe y se hunde en el agua. Por mƔs que lucha, no puede salir del fondo porque las plantas acuƔticas se han enredado en sus tobillos y lo jalan con fuerza hacia la profundidad.

Los gritos de Clara resuenan en el lugar, mientras que los demƔs buscan la manera de ayudarlo, menos Legna, quien rƭe a carcajadas por su malvada hazaƱa.

—Deja de hacer eso o se lo dirĆ© al abuelo —la amenaza su hermano menor, al tiempo en que la juzga con la mirada, puesto que bien sabe que Legna es la causante de aquella travesura.

Ella resopla con fastidio y mueve sus dedos de forma disimulada, como resultado, las plantas sueltan a Dylan.

Ɖl sale del agua con un ataque de tos y los demĆ”s lo rodean para percatarse de que estĆ© bien.

—”Fuiste tĆŗ, maldita bruja! —Dylan le apunta a Legna con del dedo, muy enojado y con mirada de acusación.

—”Por supuesto que no! ĀæPor quĆ© me culpas a mĆ­ de todas tus desgracias? No tengo la culpa de que no sepas nadar. Ā”QuĆ© vergüenza! El hijo del gran alfa Tron no es capaz siquiera de baƱarse en el rĆ­o. Ā”QuĆ© pena con tu padre! —se burla, con esa sonrisita que saca de quicio a Dylan.

—No te hagas la tonta, sĆ© que fuiste tĆŗ. Ā”EstĆ”s loca! —Él se le coloca en frente con expresión amenazante y la encara muy molesto.

—EstĆ”s delirando, cara de culo.

—”Maldición! —El rostro de Dylan queda tan cerca de Legna, que sus respiraciones se hacen una—. ĀæAcaso quieres que te dĆ© una lección?

—”Ay, no, papi! —exclama ella con tono sensual y muy provocativo. Le divierte tanto molestarlo.

—¿Te estĆ”s burlando de mĆ­? —Él cruje los dientes y la mira con odio.

De momento, sus miradas se conectan y el mutismo se adueƱa del lugar.

Para Clara, verlos tan pegados y observÔndose de esa manera tan intensa y, que deja mucho a la especulación, se le hace de mal gusto; asimismo, esos segundos le parecen eternos, razón por la que se aclara la garganta al desesperarse.

—Dylan, cariƱo, no vale la pena que discutas con ella. Sabes lo problemĆ”tica que Legna es. Mejor ignórala, ya que ella sólo busca llamar la atención —interviene.

—Tienes razón, esta tonta no vale la pena —profiere Ć©l en acuerdo y le agarra la mano a Clara. Los dos salen del rĆ­o y se alejan del resto.

Una hora mÔs tarde, Legna los busca con la mirada porque tiene la sensación de que ellos no estÔn por los alrededores.

Sin entender el motivo de sus actos, ella camina en dirección a un conglomerado de Ôrboles, donde encuentra a Dylan besando a Clara en los labios. Tras unos segundos de estupefacción, ella despabila y arruga el rostro.

—”QuĆ© asco! —vocifera con dramatismo y empieza a fingir arcadas—. ĀæCómo borro esta imagen de mi cabeza ahora?

Dylan entorna los ojos y resopla.

—No te atrevas a decir una palabra de esto—exige en forma de amenaza.

—Como si para alguien fuera un secreto que ustedes hacen cochinadas. Son unos desvergonzados.

—Nosotros no hacemos lo que aludes —replica Clara con voz trĆ©mula y muy asustada—. De hecho, es la primera vez que nos besamos.

—No le des explicaciones a la insoportable —la increpa Dylan—. ĀæQuĆ© le importa a ella lo que nosotros hagamos

—Tienes razón —secunda Legna—. Me da lo mismo lo que hagan ustedes. Clara, si lo que te preocupa es que le diga a tu padre; relĆ”jate, que yo no me meto en lo que no me incumbe.

Legna regresa al río con expresión seria y se sienta en una roca sin decir palabras. Así permanece toda la tarde.

En la ciudad de la manada Fuerza de bronce, Dylan se despide de Clara con un apretón de manos, que pone a Legna de mal humor.

—AndrĆ©, ven aquĆ­ —comanda ella. Cuando Ć©l se acerca, le pega tremendo beso en la boca que sorprende al grupo—. ConsidĆ©ralo como la despedida, bombón. —Le guiƱa un ojo.

—¿Eres loca o quĆ©? —le reclama Dylan—. ĀæPor quĆ© besas a este imbĆ©cil de la nada? ĀæAcaso no tienes vergüenza?

Ella lo mira sorprendida de su descaro.

—¿QuĆ© te importa a ti lo que yo haga o deje de hacer? SĆ­, soy una desvergonzada, Āæy quĆ©? Por lo menos no soy hipócrita ni me oculto detrĆ”s de los Ć”rboles.

—¿Lo estĆ”s haciendo a propósito?

—No sĆ© de quĆ© hablas.

—”EstĆ”s loca! —gruƱe Dylan—. No sĆ© por quĆ© pierdo mi tiempo contigo.

—Y yo no entiendo por quĆ© te metes en lo que no te importa.

Otra discusión estalla y los demÔs resoplan cansados.

—Dylan, a veces me pregunto por quĆ© te la pasas peleando con Legna —interviene Clara con recelo.

Ɖl nota su alusión y niega varias veces con la cabeza.

—Es que ella me provoca.

—Esta vez fuiste tĆŗ quien empezó todo —refuta la rubia con una mueca de disgusto.

Es obvio que estÔ celosa y él no entiende la razón.

—¿Acaso no viste lo que hizo esa loca?

—Dylan tiene razón —aƱade Leandro—. Ella debió besarme a mĆ­ no a Ć©l.

Miha lo mira con tristeza y exhala un suspiro rendido. No tiene caso nadar contra la corriente, a veces es mejor ignorar.

—Ya dejen de discutir por tonterĆ­as, chicos —los reprende Miha con voz suave—. MaƱana Legna se irĆ” por cuatro largos aƱos y, en vez de aprovechar el poquito tiempo que nos queda con ella, ustedes se estĆ”n peleando…

—Es cierto, deberĆ­amos celebrar que no tendremos que aguantar a esta loca insoportable —la interrumpe Dylan con sorna, y otra vez se arma tremenda discusión.

***

Cuando el sol se pone los chicos se despiden, pero Dylan y Miha se van con Legna y Ryan a la casa del alfa RiĆŗ, dado que Tron se encuentra allĆ­ porque fue a visitar a su amigo.

El alfa Tron y sus hijos son convidados a cenar, así que todos ellos se sientan a la mesa y degustan el festín que Riú les mandó a preparar a sus invitados.

En toda la cena, Dylan se mantiene en silencio y su atención se enfoca en aquella pelirroja inquieta, habladora y enérgica, que no deja de hablar en todo el tiempo que ellos se encuentran allí.

De repente, ella lo mira a los ojos. Ɖl traga pesado al tener la corazonada de que ella le expresa alguna cosa importante por medio de su escrutinio, por lo que se pone nervioso y las mejillas se le acaloran.

Ese presentimiento se esfuma cuando ella le saca la lengua.

«Qué infantil», piensa él mientras niega con la cabeza y sonríe divertido. Esa chica saca lo peor de él y le provoca una tensión que lo abruma. No la soporta y nunca le agradarÔ.

DespuƩs de cenar, Tron y sus dos hijos se despiden.

—Legna, te voy a extraƱar mucho. —Miha la abraza con lĆ”grimas en los ojos.

—Yo tambiĆ©n. Espero que, cuando regrese, ya hayas encontrado a un mate que estĆ© bueno y que sea poderoso como nuestros padres.

Tron se aclara la garganta ante las palabras de la chica.

—TodavĆ­a son unas cachorras para estar pensando en esas cosas —gruƱe Ć©l incómodo.

—Pero en cuatro aƱos ya no seremos cachorras —refuta Legna.

—Claro que sĆ­… —masculla RiĆŗ con mirada asesina.

—Bueno, ya debemos irnos, no vaya a ser que Otsana se preocupe —dice Tron—. Legna, te deseo mucha suerte en tu entrenamiento. En cuatro aƱos, espero poder ver los resultados.

—Gracias, Alfa. Ya verĆ” que me volverĆ© muy fuerte.

Tanto Miha como Tron se despiden, mas Dylan se queda inerte en su lugar, al no saber quƩ decir o hacer.

—Adiós, Dylan. QuizĆ”s nos veamos en cuatro aƱos, quizĆ”s no… —Es Legna quien rompe el silencio que se ha instalado entre ellos dos.

—Hasta entonces, chiquilla insoportable. —Él le sonrĆ­e.

—Recuerda que te darĆ© una paliza, desabrido. —Ella le devuelve el gesto.

—Ni en tus sueƱos, creĆ­da. —Dylan le guiƱa un ojo y le da la espalda.

Legna lo ve alejarse por última vez mientras piensa que va a extrañar pelear con ese gruñón.

—Adiós, cara de culo —musita para sí—. Espero que Clara te haga muy feliz, tonto.

Ella entra a la casa y se dirige a su habitación. Esa noche, tiene un sueño raro y que no se atrevería a contarle a nadie nunca.

El hijo del alfa y la hĆ­brida

1. ZHL: Rivales desde niƱos: El origen del vƭnculo prohibido 3. ZHL: El regreso de la hƭbrida: el mate que no debƭa aparecer
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