Clara
Después del casi encuentro con mi… el gamma, el día transcurre con normalidad, aunque en mi interior hay un vacío y una tristeza que me desaniman. Aun así, lucho contra mi estado de ánimo y las quejas de mi loba para poder vender sin dificultad.
Sin embargo, no es que haya vendido mucho, y eso ha empeorado mi estado de humor.
—Creí que me iría mejor al agregar la esencia de lavanda… —susurro para mí, decepcionada, mientras observo los perfumes sobre mi puesto. Ya ha entrado la tarde y casi todos están ahí.
Y pensar en todo lo que pasé para poder conseguir esas flores…
Suelto un largo suspiro y mi mirada se va a los puestos vecinos, que ya están vacíos porque los dos perfumeros experimentados han vendido casi todo.
Las personas se detienen en sus tenderetes e ignoran el mío, así que ni siquiera tengo la oportunidad de mostrarles mis productos. He intentado llamar a los clientes y darles muestras de mis aromas, pero muchos pasan de mí y otros los encuentran demasiado finos para sus gustos.
Supongo que escojo a los comparadores equivocados, a esos que no gastan su dinero en perfumes.
Pero es que los que sí lo hacen ya conocen a mis colegas perfumeros y van directo a sus puestos.
—Soy un desastre —musito. Apoyo las manos sobre la mesa de madera y bajo el rostro, pues las lágrimas amenazan con dejarme en ridículo.
Hoy ha sido un día pésimo. Había empezado bien, pues al principio vendí algunos perfumes, pero después de que ese gamma viniera a mi puesto, todo cambió.
—Tonto, me trajiste la mala suerte —mascullo, molesta.
Estoy tan enojada con él. ¿Cómo se atrevió a venir aquí? Ahora tengo este vacío en el pecho, esta necesidad de verlo y decirle que he sentido el lazo.
Añoro saber si él también y por qué no lo reconoce.
—¿Qué estoy pensando? —me increpo, y me limpio las lágrimas discretas que empiezan a descender por mis mejillas—. Yo no quiero que ese gamma me reclame…
El simple hecho de imaginarlo me llena de pavor. Ese hombre es tan grande, tan varonil y fiero. Y yo…
Tiemblo y me relamo los labios.
Yo soy pequeña, delgada y frágil.
—Todo era más fácil con Dylan… —murmuro.
Me siento, más calmada, mientras observo a las personas pasar. Ya no me interesa llamar a nadie.
Recuerdo a Dylan, sus besos y cómo él nunca pasó los límites conmigo. Sin embargo, le fue fácil reclamar a Legna. Con ella hizo de todo…
—Quizás soy muy aburrida… —Me muerdo el labio inferior—. ¿Será por eso por lo que mi propio mateno me desea?
A Dylan lo entiendo, pues no teníamos ese lazo y él me respetaba mucho. Nuestra relación fue demasiado platónica e infantil, pero este gamma es diferente.
Dylan, aunque también es fuerte, luce menos fiero e intimidante. Además, crecimos juntos, así que le tenía mucha confianza. Mas con este hombre no sé qué esperar y me provoca cosas que nunca sentí con Dylan.
¿Será por el lazo?
Vuelvo a suspirar.
—No puedo rendirme, no después de todo lo que he pasado para crear esta nueva esencia. Aparte de que no tengo otra opción más que vender, pues mi estadía en esta región depende de ello —me animo a mí misma.
Otra vez observo los puestos de la competencia y me alegro de que estén casi vacíos, pues eso significa que se irán pronto y solo quedaré yo aquí. Los compradores no tendrán más opción que comprarme a mí.
—Qué patética… —me muerdo el labio inferior.
Transcurren varios minutos y me pierdo en los recuerdos con el gamma de la noche en la que él me salvó.
Cada vez que su rostro se refleja en mi mente, siento un punzón en el estómago y el corazón se me acelera.
Ay, ya, debo dejar de pensar en ese gamma.
—Hola —saluda una mujer, sacándome de mis luchas mentales.
Me incorporo en un santiamén y enfoco la mirada al frente. Me tomo unos segundos en detallarla porque luce como una dama adinerada.
Ella viene acompañada por dos mujeres y un hombre que parece su guardián, o algo por el estilo. A juzgar por su apariencia, tiene gustos refinados, pues usa joyas finas y ropa elegante que resalta su figura.
—Bienvenidos… —les digo con cortesía—. ¿Les gustaría una muestra de mi nueva esencia? —les paso un pequeño algodón rosa humedecido con el perfume—. Es una mezcla de lavanda, rosa, coco y vainilla.
—Muchas gracias —me responde la mujer, con una gran sonrisa que destila amabilidad.
Las dos acompañantes, que me da la sensación de que son sus empleadas, olfatean curiosas, mientras que el guardián mira el algodón como si tratara de descifrarlo.
Eso me parece un poco gracioso, pero finjo que no.
—¡Guau! ¡Qué delicia! —exclama la mujer, con una fascinación que me hace sonrojar—. Nunca había disfrutado de un perfume tan exquisito —halaga—. No es escandaloso, pero tiene presencia; es dulce, mas no empalaga, y tiene esa elegancia y limpieza de la lavanda que se mezcla a la perfección con la cremosidad del coco, la frescura de la rosa y la dulzura de la vainilla. ¡Es perfecto!
Sus dos acompañantes secundan emocionadas, y eso provoca la curiosidad del hombre, que olfatea el algodón, pero no dice nada.
No lo puedo creer, ¡le ha gustado!
—Muchas gracias, me halagan mucho sus palabras —le respondo, un poco tímida.
Ella toma uno de los frascos, lo examina y frunce el ceño.
—¿Por qué no tiene nombre? —me pregunta.
Cierto…
Casi siempre nombro mis creaciones, pero esta vez no lo hice.
—No he encontrado el nombre adecuado —le digo—. Pero quizás lo llame…
Recuerdo el campo de lavanda, mi travesía y el ataque. Mi corazón palpita cuando el rostro del gamma irrumpe en mi mente y revivo el momento en que él me salvó y supe que era mi mate.
Luego, ese silencio entre nosotros y lo incapaces que fuimos para reconocer el vínculo que se formó entre nosotros.
—Se llama «El silencio de la lavanda» —le respondo, ida.
—¡Me encanta! —expresa ella con una emoción que me hace sentir ufana. Es muy lindo que mi trabajo sea valorado—. Pero la lavanda en esta región es escasa y muy costosa; sin embargo, tú tienes un precio muy bajo.
—Conseguí una buena oferta —miento—. Aunque, no creo que vuelva a correr la misma suerte.
—Eso será un problema para nuevas producciones, pero creo que podría resolverse con buenos contactos. —Se queda pensativa, como si analizara un asunto importante.
¡Qué raro!
¿Por qué le preocupan mis futuras producciones?
—Me llevaré todos los que tienes —dice de la nada, y me deja atónita.
—¿Se los llevará todos? —pregunto, incrédula.
—Sí, es que tengo amigas de gustos exquisitos a quienes sé que les va a encantar; también a mi tía. Les llevaré uno a cada una.
No lo puedo creer… ¡Me los comprará todos!
