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Capítulo 31

This entry is parte 33 de 40 in the series Mi esposo no me ama

En esos días, Jimena ya le había dado forma a su nuevo proyecto: una institución donde se promocionarían y enseñarían diferentes ramas artísticas, se trabajaría con personas abusadas, depresivas o con problemas de abuso de sustancias tóxicas. También se enseñarían oficios para generar empleos.
Ella se había reunido con sus hermanas y su prima Laura para mostrarles el proyecto.
—Chicas, ¿cuento con su apoyo? —Jimena miró a sus hermanas y a su prima, expectante.
—Me encanta tu idea, Jimena —contestó Laura, motivada.
—Cuenta conmigo, y hasta con Lisa. Sé que ella estará encantada de colaborar —se unió Claudia—. Todas tenemos una historia que contar y podemos ser apoyo para esas mujeres que han pasado por situaciones similares a la nuestra.
Lisa era una alumna de Claudia que tenía sobrepeso y fue víctima de acoso en la universidad. Claudia la estaba ayudando a creer más en sí misma, y su relación se había profundizado, convirtiéndose en aliadas. Ver esa faceta en su hermana llenaba a Jimena de orgullo, pues de ser una mujer frívola, arrogante y cruel con los demás, estaba siendo una persona empática y devota a la educación y al ayudar a otros, en este caso, a Lisa.
—Cuenta con mi apoyo —respondió Cecilia, llena de emoción.
—¡Gracias, chicas! No se imaginan lo que sus colaboraciones significan para mí —agradeció Jimena, muy feliz de poder contar con ellas—. En el gimnasio he conocido a varias mujeres que necesitan apoyo emocional y psicológico. Eso me inspiró a crear esta institución.
—Matt es abogado. Él nos puede ayudar con los asuntos legales, en especial cuando tengamos casos de abuso —ofreció Claudia.
—¡Sí! —Laura chilló emocionada—. Kevin podría apoyar en la parte artística. Crearíamos talleres gratuitos para mujeres y jovencitas de escasos recursos.
—Y Lisa y yo podríamos diseñar ropa para todo tipo de cuerpo, resaltando la belleza de cada mujer. He visto que muchas chicas tienen que vestir feo porque no encuentran la ropa apropiada o simplemente no se atreven a usar una prenda bonita, puesto que están llenas de complejos. Yo podría asesorarlas para que se arreglen conforme a la forma de su cuerpo, su tono de piel y la simetría de su rostro —añadió Claudia.
 —Yo podría darles apoyo psicológico, y como conozco personas en el área, podríamos conseguir el soporte de diferentes tipos de terapeutas —propuso Cecilia.
—Yo seré la fotógrafa y publicista. También puedo ayudar con la contabilidad y buscar donadores. He hecho muchas relaciones con personas muy influyentes que nos pueden colaborar —dijo Laura, emocionada.
—¡Perfecto! —exclamó Jimena con alegría—. Pablo y yo nos encargaremos de la parte deportiva. Pablo les enseñará artes marciales para que aprendan a defenderse, y yo me encargaré de enseñarles a ejercitarse y disfrutar hacer deporte. Tengo algunos amigos en el gimnasio que me van a dar la mano.
—¿Y cómo se va a llamar la institución? —preguntó Cecilia, curiosa.
—Estuve pensando… —Jimena miró al techo y luego regresó la mirada a todas—. ¿Qué tal Mi propio espacio?
Todas la observaron intrigadas.
—Normalmente, las mujeres estamos muy ocupadas en todo —en especial las que somos madres—, menos en nosotras mismas —empezó a explicar—. Nos olvidamos de nuestras necesidades y sueños, no sacamos ese espacio personal donde solo importamos nosotras. Los hombres siempre disponen de un tiempo para ellos, pero las mujeres nos envolvemos tanto en lo externo que nos descuidamos de nosotras mismas.
» Esa es la razón del nombre. Trataremos con mujeres que decidan darse un espacio para crecer y levantarse por encima de sus obstáculos. Mujeres que quieran compartir sus experiencias y sanar sus heridas. Ser una comunidad de féminas que se ayudan y apoyan entre sí. Aunque también incluiremos un itinerario para hombres con los mismos problemas, pues ellos también necesitan una red de apoyo.
Todas chillaron de la emoción.
 
***

Varios meses después…
Jimena, Pablo y Matt se encargaron de registrar la institución y ya habían encontrado el establecimiento. Las chicas ya tenían el apoyo de diferentes empresas y personas influyentes.
Jimena habló con Kenia para que las ayudara a reunir miembros en la fundación de rehabilitación, para dar apoyo a las mujeres que estaban en terapia, pero también a hombres que lo necesitaran. Y aunque la institución estaba dirigida a las féminas, no se limitaba a estas, pues descubrieron que muchos hombres tenían ese tipo de necesidad.
En medio de todo el proceso de creación y establecimiento, Pablo y Jimena se volvieron muy cercanos, pero solo se trataban como buenos amigos. Era increíble lo mucho que les faltaba conocerse y la manera tan única en que sus personalidades se complementaban. Casi todas las personas cercanas a ellos esperaban con ansias que volvieran a ser pareja, pues era muy obvio lo enamorados que estaban; sin embargo, ambos evadían sus sentimientos.
—Hola, Bruno —saludó Jimena al candente hombre, quien la besó en la mejilla.
Bruno era un profesor de baile que Jimena conoció en el gimnasio, y ellas le pagaban para que enseñara a las mujeres de la institución que estaban interesadas en ese tipo de actividad.
Muchas de ellas se inscribían en la clase para poder admirar al atractivo profesor, ya que era muy sensual y apuesto. Con su cabello largo y oscuro hasta los hombros, ojos azules y piel bronceada, se robaba las miradas de sus alumnas, quienes no solo estaban encantadas con su físico y habilidad para la danza, también con su acento.
Los padres de Bruno provenían de Italia, así que él dominaba bien el italiano. Pero había algo más en él que era miel para ellas: su forma natural de ser coqueto y meloso.
—Me gustaría darte clases particulares, Jim —ofreció con flirteo.
—Bueno, no me opondría a eso. No sé si puedas después de que termine mis actividades —respondió ella con el mismo tono provocativo, pues el profesor no le era indiferente.
—Por mí está bien, preciosa. No te vas a arrepentir. Soy muy bueno… —Hizo énfasis en esas tres palabras mientras la miraba fijamente—. Digo, en el baile. —Sonrió con picardía y Jimena estalló en carcajadas.
 —Estoy consciente de lo bueno que eres —contestó ella, alusiva—, digo, en el baile —Jimena repitió su frase. Al instante, ambos se carcajearon.
Mientras tanto, Pablo enseñaba artes marciales en sus tiempos libres. Él era otra sensación en la institución. Tenía muchas alumnas, y no todas estaban interesadas en las artes marciales; incluso, algunas se habían atrevido a invitarlo a salir, pero él las rechazaba de forma cortés y sutil.
Él, muy en el fondo, aguardaba la esperanza de reconquistar a Jimena, pero le estaba dando tiempo a que se recuperara de todo el caos que vivieron. No obstante, él no se imaginaba que ella ya estaba empezando algo con Bruno, el profesor de baile.

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