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Capítulo 21

This entry is parte 23 de 40 in the series Mi esposo no me ama

En el apartamento de soltero de Jack, ese que solía usar para llevar sus conquistas y pasar tiempo a solas, Jimena y él se besaban apasionados sobre el sofá.
Sus manos empezaron a acariciarle las piernas, y poco a poco subía el vestido, dejándole los muslos desnudos. Cuando su mano buscó tocar el centro de Jimena, ella lo detuvo, exaltada y muy nerviosa.
—Jack… —balbuceó ella sobre sus labios—. ¿No vamos muy rápido? —Lo miró con preocupación y miedo.
Se veía tan hermosa y sensual con la piel roja, los labios hinchados y entreabiertos, como si los usara para respirar porque la agitación había alterado su ritmo regular. Parecía una ninfa tropical, con su cabello rubio y rebelde un poco desarreglado, y sus ojos llenos de pasión, pero también duda. Y esto último lo tensó.
Estaba cansado de los rechazos de Jimena, de tener que conformarse con migajas. Ya ellos tenían tres meses saliendo y no habían avanzado mucho en aquella extraña relación.
—No, Jimena —respondió un poco enojado—. A decir verdad, vamos lentos, y yo no estoy acostumbrado a este tipo de relación —se quejó.
Jimena lo miró con vergüenza y pesar. No entendía por qué se le hacía tan difícil avanzar en una relación con Jack.
—Lo siento… Aún no supero mi separación. —Bajó la mirada, con un poco de bochorno.
—¿No superas la separación o no puedes olvidar a tu ex? —La confrontó con la mirada, visiblemente incómodo.
—Ya no tengo ese tipo de sentimientos por Pablo.
—¿Entonces? Déjame acercarme y traspasar esas barreras que has puesto entre los dos. Déjame ser ese hombre que robe tus suspiros. —Jack la abrazó y la empezó a besar con pasión.
Ella no se sentía lista para dar ese paso, pues había una barrera invisible que le evitaba abrirse a él de forma tan íntima.
Y eso la frustraba. ¿Era culpa de Pablo? ¿O simplemente era del tipo de mujer que no conectaba sexualmente con ciertas personas?
Eso la asustó mucho, pues de verdad quería una relación con Jack.
Trató de relajarse y dejarse llevar.
Dejó que él la estimulara con sus dedos, mientras sus besos fieros sobre la piel de su cuello le sacaban varios gemidos. Entonces el placer despertó su deseo, y poco a poco esas barreras fueron cayendo.
No supo en qué momento llegaron a la cama de Jack, pero ambos danzaban desnudos, unidos por el éxtasis y un deseo arrasador.
Extrañaba eso: sentirse deseada y mimada. No sabía cuánto necesitaba tener sexo hasta ese momento.
Era diferente a cuando se acostaba con Pablo, pues Jack no la hacía sacudirse como lo hacía su ex. Tampoco había ese apego o conexión del alma entre ellos, ese toque que hacía que sus encuentros con Pablo fueran más que sexo y que la electricidad le cosquilleara en la piel.
No había nada fuera de un estímulo frenético, un éxtasis carnal que pronto la dejó relajada.
Se sintió culpable por compararlos, pero sus emociones fueron caóticas cuando ambos terminaron, y el sudor y olor de Jack le revolvió el estómago y le parecieron molestos.
Entonces la culpa tomó otro motivo: sintió que le fallaba a Pablo.
Luchó contra las lágrimas y la sensación de asco, y se convenció a sí misma de que no había hecho nada malo. Solo siguió con su vida, así como lo hizo Pablo.
 
***
 
Después del encuentro sexual que Jimena tuvo con Jack, su ánimo decayó por unos días, en los que no salió de su casa, ni siquiera para ir al gimnasio.
Estaba muy confundida y contrariada. Por una parte, deseaba llegar más lejos con él y tener una relación fuerte, donde ambos se sintieran amados y valorados, pero por otra, anhelaba salir corriendo y no tener que verlo más. Aquel encuentro fue tan decepcionante para ella, que temía verlo, razón por la que lo había evitado desde entonces.
Tenía miedo de enfrentar la realidad. Las lágrimas descendieron por sus mejillas por la impotencia. ¿Cómo era que Pablo podía seguir adelante tan fácilmente, mientras ella se hundía en su frustración? ¿Por qué le era tan difícil enamorarse de Jack, si él era un buen hombre?
Suspiró para calmarse y trató de no pensar más en ello. Quizás solo necesitaba tiempo para enamorarse de él. Debía ser paciente consigo misma.
El timbre sonó, y ella saltó del sofá espantada, pues se había sumido en sus meditaciones. Se limpió las lágrimas y fue a abrir. Se quedó helada cuando vio a un sonriente Jack en el umbral de la puerta.
Tembló. No sabía cómo enfrentarlo… no estaba lista para verlo…
—Pasa —dijo con rapidez, cuando notó que se había quedado quieta por demasiado tiempo.
El primer impulso de Jack fue abrazarla y besarla. Al principio, ella le correspondió, pero luego empezó a sentirse invadida y asfixiada, así que buscó terminar el beso de forma sutil, pues no quería herirlo.
Él le dio la rosa roja que le había llevado, como manera de animarla, pues tenía el presentimiento de que ella no estaba bien, ya que su repentina distancia le resultaba sospechosa.
Jimena la tomó, la olfateó y suspiró. Se sentía tan culpable.
«Solo es una confusión momentánea. Jack es un buen hombre, así que estaré bien con él», se convencía.
Ella le brindó una bebida. Aquella tarde estaba sola con Adrián, pues era el día libre de Marta. Conversaron por un largo rato. La charla fue tan amena que Jimena se sintió mejor y aliviada.
«Sí me gusta Jack, solo estoy asustada», se dijo a sí misma, y su buen ánimo regresó.
Paulatinamente, sus conversaciones fueron cesando y siendo reemplazadas por besos torpes y caricias tímidas, que pronto excitaron a Jack, al punto de buscar intimidad.
—Jack… Adrián está aquí… —Trató de ser amable.
Jack suspiró con frustración y miró al niño, quien jugaba en el piso.
—Él es pequeño, Jim, no sabe lo que estamos haciendo. Además, está muy entretenido con sus juguetes.
—No, Jack. No me besaré contigo frente a mi hijo, es raro —se negó. Estaba sorprendida de su arrebato y un poco escandalizada.
Jack respiró profundo, conteniendo la frustración.
—Bien, entonces te invito a cenar a mi apartamento esta noche. Nos vemos a las ocho —dijo con tono molesto y se marchó, dejando a Jimena pasmada.
 
***
 
Jimena estaba nerviosa. Temía ir a esa cita con Jack porque sabía que él iba a presionarla para que se acostara con él, cosa que ella no quería.
La velada fue muy romántica y especial, puesto que Jack sabía cómo impresionar a una mujer con detalles. Había preparado una mesa muy elegante, con velas, rosas, champaña y una deliciosa cena, acompañada de música lenta de fondo. Después de cenar, se sentaron en un sofá que había en el balcón, disfrutando de una vista espectacular mientras degustaban una copa de la exquisita bebida.
Jack acarició la mejilla de Jimena con dulzura y la besó. El beso comenzó lento, pero al cabo de unos segundos se intensificó. Jimena temblaba de los nervios. No se sentía lista para volver a estar con él, pero hizo el esfuerzo de corresponderle.
El rubio empezó a subir su vestido, sin dejar de besar su cuello con pasión y deseo. Se puso encima de ella, devorando su clavícula; sus besos fueron bajando, pero cuando iba a atacar sus pechos, Jimena lo detuvo.
—¿Qué sucede? —preguntó confundido.
—Lo siento, Jack, pero no me siento de ánimo para esto. —Lo miró llorosa y con remordimiento.
—¡Rayos! —Él apretó los labios con ira—. Es él, ¿cierto? —Sacó lo que había guardado todos esos días.
—No… es que no… me siento lista para esto, Jack —admitió.
—¿Es tan difícil? No entiendo qué tiene ese imbécil que las vuelve locas a todas. Te hizo sufrir, Jim. Él no merece tu amor. Es más, no merece ni que lo trates. Ni siquiera deberías dejar que vaya a tu casa. Si quiere ver a su hijo, que lo mande a buscar. No quiero que lo vuelvas a ver, Jim. Él te hace daño y no es un buen ejemplo para el niño. Es un alcohólico que está echando a perder su trabajo en la empresa.
—Él nunca ha ido a visitar al niño borracho, Jack. —Jimena se cruzó de brazos, molesta de que él se metiera en un tema que no le correspondía—. Además, esa es mi casa. Recibo a quien quiera allá. Deja de tomarte atribuciones que no te corresponden; Pablo es el padre de Adrián, no voy a negarle la visita.
—Claro, el padre de Adrián. —Negó con ironía—. Es solo una excusa para verlo. Todavía tienes sentimientos por él, Jim. Deja de mentirme y de mentirte a ti misma.
—Jack, si lo que te doy no es suficiente, y si te vas a entrometer en los asuntos de mi hijo y su padre, entonces esta relación no tiene ningún sentido. No voy a volver a caer en lo mismo. No te estoy comparando ni diciendo que serás como Pablo, pero yo no dejaré que tú, ni nadie, me presione a hacer cosas en contra de mi voluntad o percepción, solo para mantener una relación.
» Si quieres estar conmigo, tienes que estar dispuesto a ser paciente y a entender que no estaré lista con las piernas abiertas solo porque lo pidas. Necesito tiempo para sanar.
Dicho esto, salió del apartamento. Jack se quedó en el mismo lugar, sin decir palabra, con un dilema emocional: ¿Estaría dispuesto a aceptar las condiciones de Jimena? 
 
***
 
Pablo estaba tirado frente a su apartamento. Había bebido tanto que se quedó dormido antes de entrar. Ariadna abrió la puerta para ir a trabajar y puso cara de hastío al verlo allí, tirado.
—Pablo. —Empezó a removerlo con sus pies—. Oye… ¡Qué bochorno! Levántate de ahí antes de que te vea algún vecino. Pablo… —Se atrevió a patearlo. Él abrió los ojos con dificultad y se levantó tambaleándose. Después de algunas caídas, pudo entrar al apartamento, mientras Ariadna lo miraba con disgusto, sin molestarse en ayudarlo. Ella se fue echando pestes, y Pablo se tiró sobre el sofá. Ese sería otro día sin ir a trabajar.
Cuando ya era muy tarde en la noche, Pablo se levantó del sofá. Sentía que le estallaba la cabeza y las náuseas le revolvían el estómago. No podía creer que había dormido todo el día. Se dio un baño y buscó alcohol, pero al parecer ya no quedaba nada. Empezó a temblar ante la necesidad de beber, por lo que salió del apartamento a buscar el líquido que lo había esclavizado.
—Gracias por la deliciosa noche, Babe. —Pablo escuchó, al parecer alguien estaba frente a su puerta—. Eres muy ardiente, Ari, pero demasiado arriesgada. ¿Cómo se te ocurre traerme aquí?
—¿Vas a entrar o no? —Reconoció la voz de ella. Esos sonidos se escuchaban lejanos, pero sabía que eran reales—. Él se la pasa borracho, no se dará cuenta. Vamos a repetir lo de hace rato, ya me dieron ganas otra vez.
—¿Estás segura? No quiero morir ahora, todavía me falta mucho por vivir y disfrutar. Muchas mujeres hermosas por probar…
—Será muy emocionante hacerlo en la cama con Pablo ahí, ven, te va a gustar, guapo.
Ambos entraron de puntitas y miraron a Pablo por unos segundos, quien estaba tirado en el sofá cerca de una botella de alcohol vacía que yacía en el suelo. Ella, con cara de pervertida, y él, con pesar. No le gustaría estar en sus zapatos.
Se dirigieron a la habitación y comenzaron con la acción, mientras Pablo yacía sobre el sofá, sumido en los efectos del alcohol.
 
***
 
Pablo amaneció en el sofá. Abrió los ojos y el dolor de cabeza fue su saludo de buenos días. Las náuseas lo hicieron vomitar allí mismo, ya que no tenía fuerzas para levantarse.
—¡Asco! —Ariadna lo miró con disgusto y desprecio—. ¿Cómo te atreves a vomitar ahí? Eres un asqueroso irresponsable. Ni creas que voy a limpiar tu desastre.
—Ariadna… —balbuceó con dificultad—. Me siento muy mal… ayúdame… tengo mucho frío.
—¡Guácala! —Lo miró con asco—. Ni loca me acerco a tus inmundicias. Tú busca la manera de pararte de ahí y bañarte, pareces un mendigo.
—Ariadna… por favor… —rogó con voz débil. Ariadna salió del apartamento sin importarle el estado de Pablo.
Una hora después, la mujer de servicio llegó y casi salta del espanto al ver a Pablo ahogándose en su propio vómito, convulsionando, con la piel pálida y helada.

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