Llévale un pastel y una jarra de miel a la abuelita…
Estoy en un trance, donde no sé si lo que está sucediendo es real o una alucinación. Es que me parece tan irreal…
Un lobo enorme, de pelaje plateado y mirada gris, que ahora mismo me enseña sus grandes dientes y colmillos, camina a paso lentos en mi dirección, listo para atacarme. De repente reacciono, entonces me volteo y corro por mi vida, pese a que me falta el aliento. No sé si los sudores en mi piel se deben al ejercicio o a los nervios, tal vez es una mezcla de ambos.
Corro con desesperación y con el miedo apretándome el pecho, mientras que las lágrimas se vuelven una con el sudor; no obstante, la temperatura está muy fría. ¿Me volví más rápida o el lobo es lento? Digo, sólo le cuesta dar un salto para atraparme; sin embargo, él mantiene el mismo ritmo, como si no quisiera atacarme.
Aliana, deja de pensar tonterías y corre.
No sé hacia dónde dirigirme, así que me limito a huir de aquella enorme bestia sin un rumbo fijo. Siento su presencia muy cerca, su olor dulzón inunda mis sentidos una vez más.
¿Estoy loca?
Una parte se mí teme y quiere escapar de su presencia, mientras que la otra se quiere quedar. Es una sensación extraña y contradictoria, pero es que su olor me atrae demasiado. ¿No deberían oler los lobos a perro o algo así?
Emito un chillido al vislumbrar el camino de piedras.
Un poco más…
Pero, claro, soy idiota. Pronto recuerdo que debo ver a mi madrina, por ende, tomo el camino izquierdo. Escucho un fuerte aullido que me estremece, animándome a correr con más fuerza. Otro aullido me advierte que el lobo no está feliz y es cuando decido darle una última mirada, a distancia lo veo dar vueltas en círculo en la entrada del camino, como si algo le impidiera acceder. La frustración en sus ojos me hela la sangre. ¿Acaso estaba jugando conmigo antes de comerme?
Una vez ya no visualizo al lobo, me dejo caer, desplomándome sobre el suelo. ¡Es ahora que siento los estragos de tremenda corrida! Mi respiración es un desastre, mi corazón late muy fuerte, el sudor se torna molestoso y las lágrimas son más gruesas y abundantes.
Entonces lloro sin inhibición.
Cada sollozo es una liberación, aun así, me siento devastada.
Es cuando recapacito: Estuve a punto de ser devorada por un lobo.
Mis sollozos se hacen más intensos, asimismo, mi cuerpo se sacude por los temblores que de este emanan.
—¿Aliana?
Esa voz.
Sollozo con más fuerza. Una mezcla de dolor y emoción se apodera de mi pecho, liberando un estruendoso llanto.
Es ella, es mi madrina. ¿Cómo olvidar su voz? Era la única que quería escuchar mientras crecía sola, sintiéndome abandonada. Después de todos estos años, ella está frente a mí, y yo no quiero mirarla porque temo que no sea real, que mi mente me esté jugando una mala y dolorosa broma.
«Necesito que seas real», llora mi alma.
—Cariño, ¿estás bien?
Ignoro todas esas extrañas alarmas que surgen en mi interior porque necesito que ella sea real.
Anhelo tener un origen, un lazo familiar; necesito ser importante para alguien. Más que otra una niña de los tantos que sobraban en el orfanato, quiero ser especial para una persona, ya no quiero estar sola.
Madrina…
—Cariño, no estarás sola jamás… Por fin estaremos juntas y nadie va separarnos.
La miro…
Su mirada cambia y se torna dulce. Sus mejillas sonrosadas y sus ojos miel me hacen sentir confiada. Ahí está mi madrina, ella es real…
***
Arel
Una vez más decoro el pastel con el recuerdo que me tormenta día y noche. En él, una niña rubia y un niño de cabellera gris sostienen sus manos. Las lágrimas pesadas mojan mis mejillas ante este azaroso dolor que me apuñala el pecho con crueldad.
Duele demasiado…
Debido al espantoso sufrimiento, aprieto la camiseta con fuerza, puesto que la desesperación me quema por dentro, asimismo, la frustración e impotencia son insoportables.
Miedo…
Algo que creí que nunca sentiría, ahora es mi diario vivir.
—Cuando por fin te encuentro… —jadeo con dificultad.
El dolor me hace tanto estrago que caigo de rodillas al suelo. Juraría que escucho el estallido de mi corazón al hacerse trizas. Mi cuerpo reacciona con temblores, el sudor gélido es secretado por mi piel caliente y creo que también empiezo a sangrar por la nariz.
—Muchacho, ¿estás bien? —Mi jefe corre hacia mí, alarmado. Por mi parte, me limito a mirarlo con el brillo de la desesperanza en mis irises plateados y sin ser capaz de emitir palabras por varios segundos, donde el silencio aumenta la tensión y el sentimiento de desconcierto en él.
—Duele… —balbuceo al fin, antes de caer completamente al piso, inconsciente.
***
—Te he extrañado tanto —digo con una gran sonrisa que muestra la felicidad que siento.
—Yo también, mi niña. —Se sienta a mi lado, después de haber servido té en mi taza. Observo el lugar. Es una cabaña angosta y acogedora; tan cálida…
—¿Por qué vives apartada del pueblo? ¿No te da miedo encontrarte con el lobo?
—Esa bestia no puede acceder a mis terrenos. Me conozco el lugar como la palma de mi mano, por tal razón, me es fácil burlar al lobito.
Río ante el diminutivo, definitivamente, ese adjetivo no lo describe.
—Madrina, ¿por qué nunca me trajiste contigo a Hadima? —cambio el tema mientras observo mis manos y juego con ellas. De inmediato, el ambiente entre nosotras se torna tenso.
Ella aparta la mirada y la enfoca en ningún lugar en específico.
—Este sitio es peligroso. Las personas no son de fiar y cualquiera te puede apuñalar por la espalda. También está el hecho de que hay una bestia asesina con raciocinio humano. Él disfruta la carne de mujeres hermosas, así como tú, mi niña.
Se me acerca y me regala una mirada preocupada, al mismo tiempo en que pone una hebra de mi cabello detrás de mi oreja.
—Cuando tu madre murió me sentí devastada porque ella era como una hija para mí. Para mí fue muy doloroso verla morir de una forma tan cruel y no poder hacer más nada que cumplir con su última voluntad…
—¿Cómo murió mi madre? —la interrumpo, curiosa.
—Ella… —Baja la mirada otra vez—. Ella falleció despedaza por la bestia gris. Lo hizo para protegerte. —Veo lágrimas recorrer su rostro. Yo, en cambio, me he quedado pasmada. ¿El lobo mató a mi madre? ¿Por culpa de él me quedé sola?
—¿Protegerme? —Mi voz sale chillona por causa del llanto.
—El lobo te quería a ti. —Su mirada me causa escalofríos—. Aún te quiere. ¿Te has sentido observada?
Tiemblo.
Claro que me he sentido observada, desde el primer día que llegué a este lugar.
—¿Para qué me quiere? —Trato de que mi voz no salga entrecortada.
—Se obsesionó contigo y no descansará hasta hacerte suya, torturarte hasta la muerte y comer tu corazón para hacerse más poderoso.
Trago pesado. ¿Mi madrina también se volvió loca como los demás pueblerinos?
«Viste al lobo frente a ti», me recuerda mi parte lógica.
—Madrina, ¿estás segura de que no me estás contando una historia de terror?
—¡Insolente! —Me espanto ante su reacción repentina—. Tu madre está muerta por no hacerme caso y no permitiré que te pase lo mismo. Ven a vivir conmigo.
Dejo salir un alarido de la sorpresa. Es decir, sería lindo y todo, pero prefiero mi casa en la civilización —si es que a este pueblo se le puede llamar así—, a vivir en medio de la nada, con un lobo asesino merodeando. No, gracias.
—Madrina, ya soy una mujer. ¿No crees que es un poco tarde para eso? No te imaginas cuánto deseé esa propuesta cuando todavía era una niña indefensa, atrapada en un orfanato.
—Aliana, antes no sabía cómo protegerte, ahora sí. Por favor, ven a vivir conmigo.
—Lo siento, pero lo que me pides no tiene ningún sentido para mí. Si tanto quieres protegerme de la dichosa bestia, ¿para qué me dijiste que viniera a vivir a este pueblo? Te amo y soy feliz de poder volver a verte, pero ya no quiero depender de nadie; ya es tiempo de tener el control de mi vida.
—Por lo menos hazme caso en esto: no confíes en nadie, por más amable que te parezca. La bestia se disfraza de ternura y belleza, te hipnotiza con su encanto para poder cazarte. ¿Recuerdas el cuento que solía contarte cuando eras una niña? No se trata de una leyenda, es tu realidad. Él se vestirá de amistad y te querrá seducir, para luego engañarte y tenerte a su merced, entonces te hará lo mismo que a Victoria: se saciará de tu carne y beberá tu sangre. Siempre recuerda lo siguiente: El lobo feroz es tu enemigo.
