—¡Lo encontré! —exclamó Lía, con los ojos brillantes de la emoción mientras miraba su portátil rosa—. ¡Laura, estás de suerte! Él es todo lo que te dijo y más. ¡Ya quisiera yo una oportunidad así!
—Me pones ansiosa, déjame ver —dijo Laura, acercándose a la laptop, nerviosa pero curiosa.
Al mirar la pantalla, vio varios artículos sobre el hombre de la tarjeta. Lo reconoció enseguida. Su piel mestiza, su cabello negro y rizado… y esa apariencia bohemia, a pesar de que ya estaba en sus cuarentas. No era alto, tenía un cuerpo promedio, pero su sonrisa era increíblemente encantadora.
—Mira, dice que nunca se ha casado y que cambia de novia como de ropa —rio Lía, entusiasmada.
—Seguro quiere que Laura sea su próxima novia. —Jael intervino, y miró a Laura con una sonrisa burlona.
—Deja de decir tonterías —Lía le reprendió.
—No son tonterías, primita. ¿Qué hombre le ofrece trabajo a una chica que acaba de conocer así? Debe tener algún interés… ya sabes, más allá del trabajo.
—No todos son como tú, Jael —respondió Lía, visiblemente molesta.
—Deja de hablar de mí como si fuera lo peor. —Jael cruzó los brazos—. Laura podría creerte —añadió, mirando a Laura con una sonrisa traviesa.
—¡Ja! Tú sabes que eres eso y más. Ni se te ocurra enredar a Laura —le advirtió, alzando la mano como si fuera a darle un golpe.
—¡Basta, chicos! —interrumpió Laura, sintiendo el ambiente algo tenso. Respiró hondo e intentó calmarse—. Volviendo al tema principal… Creo… que voy a ir mañana.
Lía celebró con entusiasmo.
—¿Estás segura? —preguntó Jael, escéptico.
—¡Claro que sí! —respondió Lía sin dudarlo.
—No te pregunté a ti, loquita. —Jael levantó una ceja, pero Lía le dio un golpe en el hombro.
—¡Oye! —protestó, haciéndole una mueca. Lía le sacó la lengua, y la conversación continuó entre risas y bromas.
—¡Qué infantiles! —Laura rio.
—Chicas, como el hombre del grupo, soy responsable de su seguridad, así que yo voy con ustedes —se ofreció Jael.
—¡Claro que no! —replicó Lía—. Lo único que harás es llevarnos en tu auto y luego regresarás.
—Ummm… —Pensó un rato—. Está bien, yo las llevo y las recojo. No irán a otro lugar con un desconocido.
—Está bien. —Lía rodó los ojos.
***
El sol comenzó a asomar tímidamente por el horizonte, tiñendo de naranja y dorado el cielo. Los primeros rayos de luz se filtraron a través de las cortinas, despertando la habitación. Lía, con una sonrisa llena de emoción, se inclinó hacia Laura, agitándola con suavidad por los hombros.
—¡Despierta, dormilona! —exclamó con entusiasmo, su voz llena de energía—. ¡Hoy es el gran día!
Laura, aún somnolienta, entreabrió los ojos y vio la cara radiante de su amiga, ajena al cansancio que todavía pesaba sobre sus hombros. A pesar de su agotamiento, no pudo evitar sonreír ante la emoción de Lía.
—Oye… —soltó adormecida aún. Bostezó—. ¿Por qué tanto escándalo?
—¡¿Es en serio?! ¡Hoy es el día del encuentro! Hoy se marca un antes y un después en la vida de Laura Gutiérrez —indicó, e hizo un ademán como si expusiera una obra de teatro.
Laura no contuvo la risa ante sus ocurrencias. Lía era una chica muy particular que irradiaba alegría y optimismo.
—¡Cierto! —Se terminó de despertar al recordar la cita—. ¡Debo cambiarme ya! —Corrió al baño.
Después de desayunar, Laura y Lía salieron emocionadas. Laura se sentía aliviada por su compañía, ya que temía que los nervios la traicionaran.
—¡Apúrate, Jael! —Lía solicitó emocionada. Él dejó salir un sonido de fastidio.
—Actúas como si fueras tú la de la cita —manifestó, rodando los ojos.
—Será mejor que cierres el pico y conduzcas, primito.
—No entiendo las prisas. Él le dijo que fuera a la dichosa exhibición, pero no indicó la hora. Es una exposición de día completo, bien podría ir en la tarde o al mediodía.
—Mientras más temprano, mejor —contestó Lía, obvia—. Si él le va a mostrar los trabajos y la va a poner a practicar, es mejor que aproveche el día. ¿No crees?
Jael bostezó del fastidio.
Tras un viaje animado, por fin llegaron a su destino. El corazón de Laura empezó a latir con vehemencia porque todo se hacía cada vez más real. Sus emociones eran contradictorias mientras su cuerpo era sacudido por temblores leves que la paralizaron.
—Laura, sal —comandó Lía, estando ya afuera.
—Sí… —balbuceó nerviosa, mas no movió ni un músculo. Era como si una fuerza invisible la tuviera apresada en el asiento.
—Vamos, todo saldrá bien —la animó su amiga. Luego le extendió una mano y Laura se aferró al agarre—. Será muy divertido, ya verás. No te lo dije, pero estuve investigando sobre la exposición… no solo es de fotografía. Es una presentación de artes plásticas que incluye pintura, dibujo, escultura, diseño gráfico… ¡De todo! —explicó emocionada—. Será muy divertido conocer nuevos artistas y comer gratis. —Rio.
—¡Chicas, ya saben! —exclamó Jael desde el carro—. No se vayan a otro lugar, no acepten ningún tipo de bebidas y llámenme cuando vayan a regresar —advirtió.
—¡Por Dios, Jael! Es una galería de arte, no un bar —increpó su prima. Él bufó y se marchó.
Ellas entraron al local, emocionadas, y sus ojos asombrados detallaban cada centímetro del lujoso lugar.
Una sonrisa se le escapó a Laura al ver tanto arte en un solo sitio. Su miedo inicial y nerviosismo fue reemplazado por una cálida fascinación que la instaba a ver más, a estudiar cada pieza que allí se mostraba.
Le pareció divertido ver la boca abierta de su amiga, quien no disimulaba su asombro.
—¡Guau, Laura! ¡Esto es increíble! —vociferó Lía, cargada de entusiasmo.
Laura estuvo de acuerdo. Todo le parecía hermoso e inspirador; sin embargo, su alegría y fascinación estaba mezclada con tristeza, pues ver aquellos cuadros le trajo recuerdos, recuerdos contra los que luchaba todos los días.
—¿Estás bien? —Lía notó el cambio en su expresión.
—Sí —asintió.
—Deja ya tus nervios. Verás lo bien que te irá —la animó, tomando su mano.
Pasaron unos veinte minutos recorriendo la inmensa galería y observando todo tipo de expresiones artísticas. Lía fue al baño y Laura se quedó observando una pintura que le llamó la atención. Era un paisaje con un hermoso lago, con luciérnagas y luces a su alrededor. En él se mostraba una luna brillante y grande. Por alguna razón, reconocía el lugar y no podía quitar la mirada de aquella pintura. ¡Era hermosa y expresaba tanto sentimiento!
—Se llama Amor de verano —una voz conocida la sacó de su ensoñación. Ella se volteó y quedó frente a él. Empezó a sudar frío, su corazón se aceleró y las lágrimas amenazaron con salir. ¿Estaría teniendo una visión?
—¿Laura? —preguntó sorprendido. Él empezó a temblar y su respiración se le agitó, entonces se le hizo imposible articular palabras. Ella estaba frente a él.
—Kevin… —balbuceó—. ¿Qué haces aquí? —dijo temblorosa. Por un momento creyó que se le derramaba la saliva de la boca. Era la primera vez que lo veía vestir tan formal. Su traje negro con camisa blanca lo hacía verse más esbelto y resaltaba su bien trabajado cuerpo. La corbata verde clara hacía brillar más sus ojos. Su cabello estaba peinado hacia atrás. Era como si estuviera viendo otra versión de él.
—Bueno… —Respiró—. Esta es mi exposición, sería raro que no estuviera aquí…
—Fue una pregunta tonta —Laura sonrió. Él negó con otra sonrisa.
—Yo… —dijeron al unísono. Ambos callaron al notar que se habían interrumpido. Estuvieron un momento sin decir nada, dejando al otro terminar la frase, pero ninguno habló. Kevin iba a hablar cuando fue interrumpido por Johanny y su madre.
—Aquí estás, cariño —lo abordó su madre. Miró a Laura de reojo—. ¿Y tú eres…?
—Soy Laura.
—¿Laura? —preguntó, mirando a Kevin. Él asintió.
—Ella es sobrina del señor Mico y Clara —respondió sin dejar de mirarla, todavía no había salido de su asombro.
—Hola, querida —saludó con cortesía y gracia—. Soy Jillian Vernant, la madre de Kevin. —Laura le devolvió el saludo, maravillada ante aquella hermosa mujer. Si bien los Mars eran conocidos por su atractivo, aquella mujer marcaba la diferencia. ¡Con razón Kevin sobresalía! Se veía muy joven y elegante. Era obvio que se esmeraba en cuidar su apariencia. Su cabello era castaño claro y sus ojos verdes, como los de Kevin. Era como la versión femenina de Kevin, pero con el color de cabello diferente.
—Kevin, desapareciste. —Johanny se le enredó en el brazo y recostó su cabeza sobre el hombro de él. Laura la miró de reojo. «¿Quién es esa chica?», «¿Por qué es tan cercana a él?», pensó—. Kevin, llevo media hora buscándote y tú aquí de lo más tranquilo —reclamó.
—Lo siento, Johanny, necesitaba un respiro —se disculpó, dedicándole una sonrisa. Un amargor recorrió a Laura; por alguna razón, no soportaba la confianza que tenía esa chica con Kevin. ¿Acaso tenían algo?
—Entonces, viniste a ver la exposición. —Jillian la sacó de sus pensamientos.
—Ah… —balbuceó, mirando a Kevin y a Johanny—. En realidad, estoy buscando a alguien, él me citó aquí.
—¿Quién te citó aquí? —preguntó Kevin, intrigado.
—Su nombre es Julián Benhur —dijo, leyendo la tarjeta.
—¿Y por qué Julián te citó aquí? —preguntó, medio molesto, ganándose la mirada de sospecha de su madre.
—Él vio mis fotografías y me quiere contratar como aprendiz…
—Ya veo… —dijo, algo dudoso—. Espero que sea eso. Si a él le gustaron tus fotos, entonces eres afortunada, pues él es muy quisquilloso.
—¿Entonces lo conoces? —preguntó sorprendida.
—Por supuesto —sonrió—. Yo lo contraté. —Laura sintió un cosquilleo en el estómago. Al parecer, Kevin era más interesante de lo que aparentaba. Cuando supo que él tenía su propio negocio, aunque se había sorprendido, nunca lo había imaginado tan serio y profesional en su área. Verlo así le despertaba deseos diferentes a los que ya sentía por él—. Yo te puedo llevar adonde él —ofreció. Laura aceptó—. Chicas, espérenme en la oficina, ahora las alcanzo.
Ellas asintieron y se marcharon; Laura y él se quedaron a solas, entonces emprendieron su andar.
—Felicidades, este lugar es espectacular —lo elogió.
—Gracias, Ojos… Laura —corrigió—. Veo que tú también persigues tus sueños.
—Sí… He realizado varios cursos en línea y estoy asistiendo a clases intensivas de fotografía, ya llevo dos meses y he aprendido mucho.
—Me alegra escucharlo. —Sonrió—. Si trabajas con Julián, puedes llegar a ser una gran fotógrafa en poco tiempo. ¡Aquí es! —dijo, entrando a un gran estudio fotográfico.
El lugar estaba lleno de aparatos modernos, cámaras, computadoras, fotografías encuadradas, escenografías, etc. Laura estaba maravillada, mirando alrededor. Kevin le hizo señas a Julián y este se les acercó.
—Pero miren a quién tenemos aquí —expresó, recorriéndola con la mirada—. Eres la chica guapa de las bonitas fotos. —Daba la sensación de que la engulliría con la mirada. Kevin lo miró de forma amenazante.
—¿Ustedes se conocen? —se dirigió a Kevin.
—Sí —él asintió, luego se le acercó al oído—. Espero, por tu bien, que tus intenciones sean profesionales. Con ella solo trata la fotografía y nada más; si no mantienes tu distancia, te estarás metiendo conmigo directamente. Y tú no quieres eso, ¿cierto? —Julián asintió, tragando en seco, luego se llevó a Laura, mirándolo de reojo. Kevin se quedó un rato observándola, aún no podía creer lo que sus ojos veían.
***
—Ahora me vas a contar la versión completa y sin omisiones sobre la relación de esa chica y tú —dijo Jillian, sirviéndose una copa de vino. Solo estaban ellos dos en la oficina.
—¿Dónde está Johanny? —preguntó Kevin, evadiendo a su madre—. Me estaba buscando con mucha insistencia y ahora desaparece.
—Kevin. —Lo miró con seriedad—. No me cambies el tema. Yo le dije que quería hablar a solas contigo. Así que contéstame. ¿Qué tipo de relación tienes con Laura Gutiérrez? —Kevin respiró hondo.
—¿Desde cuándo te interesan mis relaciones?
—Desde que me di cuenta de que te enamoraste y que sufres por amor.
—¿Qué dices? —Estaba sorprendido. Él nunca le había contado lo que sucedió en verano.
—¡Ay, Kevin! ¡Yo soy tu mamá! —Esbozó una sonrisa. Kevin bajó el rostro, resignado.
—Tienes razón… entre Laura y yo… hubo algo. Pero solo fue un amor de verano, nada más —expresó con tristeza.
—Me gustaría creerte, Kevin, pero… algo me dice, o más bien, tu comportamiento me dice que fue algo más que un amor de verano.
—Lo que haya sido no importa —dijo con frustración—. Ya se terminó. —Su madre esbozó una sonrisa.
—Eso espero, Kevin. —soltó con recelo—. No es que tenga nada en contra de los Gutiérrez… pero no quiero que te involucres con ellos y sus líos de familia. Además, esa muchachita no está a tu nivel, necesitas a alguien como Johanny, que es tu mano derecha y conoce todo sobre ti. —Kevin suspiró.
—Mamá, todos sabemos que no soportas a los Gutiérrez, así que no me vengas con que no tienes nada en contra de ellos. En cuanto a Laura… —Hizo una pausa—. No te permitiré que hables así de ella, no la conoces. Y, en cuanto a Johanny o cualquier relación en mi vida, no te entrometas, yo soy un hombre adulto que sabe tomar sus propias decisiones —manifestó con frialdad.
—Ya veo… —dijo molesta—. Sé que siempre has tomado tus propias decisiones, pero esta vez no permitiré que cometas una atrocidad, Kevin. ¿No viste lo simplona que es esa chica? No me la imagino en una rueda de prensa o en una actividad de sociedad… —Meneó la cabeza como si hablara de una gran desgracia—. No, Kevin, ella no te complementa. —Los ojos de Kevin se encendieron de rabia. Si había algo que no soportaba de su madre, era su superficialidad e insensibilidad.
—Mamá, si quieres que tengamos la fiesta en paz durante el tiempo que estés aquí, por favor, mide tus palabras y no te metas en mi vida. No permitiré que tú ni nadie humille a Laura. Laura… Laura es una persona especial en mi vida y yo decido si me complementa o no.
—¡Ja! El complemento no se decide, Kevin. El amor es muy bonito hasta que las diferencias se interponen. El amor no es lo único que se requiere en una relación.
—Hablas por ti, madre —dijo con dolor en sus ojos—. El amor de tu familia nunca fue suficiente.
—Kevin… ¿Vas a sacarme eso en cara otra vez? A veces me haces sentir como una mala madre que abandonó a su familia.
—En realidad, no sé cómo hubiera sido peor —replicó.
—¿Se puede? —Pablo los interrumpió. Kevin suspiró, tratando de componerse.
—Pasa. —Hizo un gesto con la mano. Jillian salió molesta.
—¿Qué le pasa a tía?
—Vio a Laura —dijo, frotándose las sienes—. Se dio cuenta de que algo pasó entre nosotros y, bueno, empezó a darme todo un sermón sobre sociedad y estatus. Ya la conoces.
—¿Laura? —preguntó sorprendido—. ¿Laura apareció? —Kevin asintió—. ¿Cómo la encontraste?
—Pura casualidad o acto del destino. —Sonrió—. Al parecer, Julián se interesó en su trabajo y la citó aquí; la encontré en la galería.
—¡Vaya! ¡Hasta que por fin se te dio! ¿Y ella sabe que la estuviste buscando? —Kevin negó.
—No hablamos mucho. Además… después de tanto tiempo, no sé si es adecuado decirle esas cosas… no quiero presionarla. —¿Entonces, dejarás las cosas así? ¿No le dirás que todavía la amas? ¡No seas pendejo, Kevin!
