¡La vida es un cliché! – Capítulo 23

Esta es la parte 25 de 26 de la historia La vida es un cliché

Daniel
«Esto no está pasando».
Camino con desesperación de un lado a otro. Estoy temblando, todo esto debe ser una pinche pesadilla.
—¿Creen que se la hayan llevado los alienígenas?
Todos ignoramos al señor Logan, puesto que la desaparición de Madison lo ha puesto más loco de lo que ya estaba.
—¿Por qué la policía no hace nada? —La señora Logan se lamenta. Como todavía no han pasado veinticuatro horas de su desaparición, ellos no van a mover un dedo.
—No se preocupen, la encontraremos.
Todos volteamos al escuchar aquella voz. Es la señora que se drogó y viene en compañía del papá de Madison.
—Ya somos como de la familia, la desaparición de la niña es nuestro asunto también.
Observo que la señora tiene el brazo entrelazado con el del señor Logan…
No…
—¡Yo sabía que se estaba prostituyendo!
El abuelo de Mad acusa a su hijo, escandalizando a todos. Eso explica los gastos ostentosos del señor Logan, él se está tirando a la vieja rica.
¡Vaya! ¿Quién lo diría?
—No me estoy prostituyendo, papá. Deja de decir necedades. Mejor, tómate tus pastillas y vete a descansar, Braulia se está encargando de todo, ella contrató a un detective privado.
—¡Con que su nombre es Braulia! ¿Qué se siente cogerse a un hombre que puede ser su hijo, señora?
—¡Qué viejo tan atrevido! ¿Cómo se atreve a faltarme el respeto?
—Usted misma se falta el respeto, puerca.
—¿Cómo me llamó, vejestorio?
—Si yo soy vejestorio, usted es la abuela de los dinosaurios, con esos dientes postizos que parecen pinzas. Este hijo mío tiene un estómago fuerte, mira que comerse a ese esperpento.
—¡Ah! ¿Cómo se atreve, viejo desgraciado?
Y es así como la señora empieza a golpearlo con su cartera cara.
La señora Logan defiende a su esposo, mientras que el papá de Madison y Minerva tratan de poner orden. Nunca pensé que vería a tres viejitos pelearse.
Camino en círculos a la vez que suspiro, la angustia me tiene ansioso.
¿Dónde estás, Madison? ¿Por qué nunca llegaste a casa?
 
 
***
 
Madison
—Bien, cuando ella regrese, usted se le lanza encima y la desarma.
—¿Y por qué yo?
—¿Qué clase de hombre es? ¿Se va a dejar intimidar por una loca que es más débil que usted? Solo es una chica.
—Está armada, le temo a las armas.
El idiota este se acurruca en forma de feto. Tendré que atacarla yo, entonces. Será difícil con la herida de mi brazo, pero no soportaré más tiempo en este asqueroso lugar.
Bien, se preguntarán qué sucedió. Pues, la loca esa me disparó en el brazo, por lo que yo me desmayé de la impresión. Ella aprovechó para subirme al taxi, puesto que el taxista entró en pánico cuando la vio armada y ahora nos tiene a los dos «secuestrados» en un almacén abandonado.
Yo sabía que esa nerd no era de fiar.
—Señor, por lo menos mantenga la compostura cuando ella entre.
—Está bien. Pero debes tener cuidado, las pistolas son peligrosas.
¿Por qué siempre debo lidiar con idiotas?
 
 
***
 
Daniel
—Entonces, usted no es la novia, es la suegra.
Minerva reflexiona, luego estalla en carcajadas. Al parecer, la vieja drogadicta no es con quien el señor Logan está saliendo, es con su hija. Según él, tienen planeado casarse y es por eso por lo que no se ha mudado. ¡Vaya! Es como esas novelas donde el jefe se enamora de su empleada, solo que, en este caso, fue al revés.
—¿Están seguros de que ese mequetrefe va a encontrar a Madison?
Observo al «detective» con recelo; no entiendo por qué hace piruetas dentro de la casa buscando no sé qué, en vez de salir a investigar el paradero de Madison. Esto es absurdo, no seguiré de brazos cruzados mientras Madison está quién sabe dónde y con quién.
Oh…
Salgo de la sala de los Logan sin dar explicaciones, aunque ellos están tan sumidos en su asunto que no notan que me he ido. No me quedaré a ver a un idiota creerse James Bond mientras Madison puede estar en peligro.
Manejo a toda prisa al mismo tiempo que googleo el apellido del badboy para encontrar su casa. Llego a un vecindario que parece Hollywood; estoy sorprendido, nunca me imaginé que esta ciudad tuviera lugares como estos.
Abro la boca del asombro al ver aquella mansión.
¿Y ahora cómo hablo con el badboy?
Es obvio que no me dejarán entrar.
Suspira, Scott, y no pierdas la fe.
Toco el «timbre», que más bien parece una computadora de la NASA. Entonces, el rostro de Jaime se muestra en una pantalla que ignoraba que estuviera ahí.
Al otro día…
No puedo creer lo que el badboy me dijo. Sí, me dejaron entrar, pero todavía no salgo de mi asombro.
¿Julie?
¿Mi ex?
Digo, el idiota ese se lo merecía, pero ¿mi Madison? Ella no.
Bien, el badboy se está recuperando de un balazo que Julie le propinó, pues parece ser que él apostó con sus amigos para conquistarla y quitarle su virginidad. Sí, como en los libros de novelas juveniles.
Según el tipo ese, ella le recriminó que estuviera saliendo con Madison después de haberla usado, pero como ese chico es un desgraciado, se burló en su cara. Él no la volvió a ver hasta que, hace una semana, le disparó y huyó.
Todo este asunto esa familia lo ha manejado en secreto, dado que no les conviene el escándalo.
Vaya…
 
***
 
Madison
—Bien, pronto acabaré con tu existencia, perra.
—¿Tú y quién más, rara? —espeto, hastiada de esta situación. Si ella me hubiese querido matar, hace mucho lo habría hecho. No entiendo la manía de los villanos de darle tregua a los protagonistas para que puedan escapar. Digo, ella tiene un arma, solo es disparar y ya.
—¡Déjeme ir, por favor! —El cobarde este se arrodilla frente a ella sollozando—. Soy un padre de familia, no le he hecho daño a nadie. Ni siquiera las conozco, bien pueden resolver su asunto y dejarme ir.
—¡Qué fastidioso y llorón! —Ambas espetamos al unísono, nos miramos y nos reímos.
—¡Ustedes están locas! ¡Déjenme ir! ¡Auxilio! ¡Ayuda!
El taxista sufre una crisis de nervios y empieza a gritar como loco. Aprovecho la situación para golpear a la loca, ella cae al suelo y yo tomo su arma.
¡Jaque mate!
—¡En tu cara, perra! —celebro como diva loca, por lo que ella se abalanza contra mí. Es cuando empiezo a disparar como desquiciada, pero como nunca he usado un arma de fuego…
—¡Auch! —El taxista grita de dolor. Creo que le disparé en la pierna sin querer.
—¡Lo siento!
—¡Nooo! ¡Voy a morir! ¡Tengo frío! Ya no veo nada, veo la luz, veo la luz.
—¿Acaso está drogado? —La nerd loca lo mira como si él fuera una cosa rara—. Solo es un rasguño en la pierna, la bala lo rozó, nada más.
—Ah, bueno.
El taxista se pone de pie y le da un puñetazo en el rostro, por lo que Julie cae al suelo.
Entonces, el sonido de las sirenas se escucha…

La vida es un cliché

¡La vida es un cliché! – Capítulo 22 Final de esta loca historia… ¿Cliché?
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