La vida es un cliché – Capítulo 2

Esta es la parte 4 de 26 de la historia La vida es un cliché

Recorro el pueblo junto a Scott quien no deja de fastidiarme, pero yo lo ignoro como tengo por costumbre.
  —Déjame ver si recuerdo… —Scott se pone el dedo índice sobre sus labios como tratando de hacer memoria mientras yo lo miro hastiada—. Te gusta el helado de coco —afirma con autosuficiencia. Entorno los ojos en respuesta a su hallazgo.
  —¿Qué? ¿Quieres el premio Nobel porque adivinaste mi sabor de helado favorito?
  —No lo adiviné, lo sé.
  —¡Gran cosa! —espeto, fastidiada; no entiendo por qué la presencia de Scott me es tan molesta. Nos sentamos en un banco del parque a degustar nuestros helados. El mío es de coco y el de Scott de ron. ¡Alcohólico!
  —Para que veas que estoy atento a ti. —Me sonríe como si fuera un niño especial. ¿De verdad cree que eso es ser seductor? ¡Imbécil!
  —¡Daniel! —¿Ah? ¿Quién es la rubia oxigenada que lo llama? Miro a Scott por inercia, quien se ha quedado sin palabras debido a la imitación de barbie. ¡Ni que fuera miss universo! ¡Tarado de mierda! Lo remuevo para que reaccione, cierre la boca de idiota y deje de mojar el piso con su asquerosa baba.
  —C-Camile… —balbucea el tonto este y la top model sonríe triunfante.
  —¿Quién es ella, Daniel? —La tipeja hace un puchero y me mira de forma despectiva. ¿Quién se cree que es la muñeca falsa esta?
  —Ella es mi vecina, nadie especial… Solo le hago compañía porque es nueva en el pueblo y está sola.
Ok… No es que me importen las palabras del idiota aquí presente; no obstante, es irritable lo asqueroso y mentiroso que es. Solo piensa con su diminuto palito. ¡¡Idiota!! Yo no necesito de su estúpida compañía.
  —Entiendo… —La cuchi delicada de cabellos de muñeca barata me mira de arriba abajo—. Chicas como esta ruegan por compañía, qué mal que estés con ella, yo quería aceptar tu invitación a salir.
¡¿Qué?! Zorra desgraciada, su única intención es joderme porque cree que estamos en una cita; estoy segura de que no le interesa salir con él.

 —No te preocupes, ella sabe el camino de vuelta a casa, ¿cierto, Logan? —Scott me mira con ruego, por mi parte, siento mis ojos arder. ¿Acaso están irritados? Asiento con desgana y él me da un giño como agradecimiento. Lo veo desaparecer con la imitación de Barbie y miro mi helado, entonces me levanto de mi asiento y me dirijo al bote de basura, donde tiro mi postre y me marcho cabizbaja.
 
***
 
  —¿Qué vas a estudiar, Madison? —Mi abuela me pregunta mientras sorbe su café. Me encojo de hombros y la miro directo a los ojos.
  —Educación sexual —respondo con naturalidad. Mi señor padre escupe su café y mancha el mantel blanco de la abuela. Vaya, quedaré huérfana hoy.
  —¡Manuel Alexander Logan Pancritufo! —Mi abue ha mencionado todos los apellidos, así que mejor salgo de aquí antes de salir perjudicada yo también. Por cierto, sí, el apellido de ella es raro.
Corro hacia la salida y mis ojos se encuentran con los de Scott. Sigo mi camino ignorando al puto este, pero él me ¿hala por el brazo? ¿Acaso quiere morir?
  —Quita tus sucias manos de encima mío —escupo como gata rabiosa; de verdad no entiendo mi enojo, pero que me importa, este chico es irritante—. Sabrá Dios donde las tenías puestas.
  —Te puedo decir dónde si quieres. —¡Asco! Esa sonrisa de puto me está colmando la paciencia.
  —No, gracias. Aunque es obvio donde las tienes todo el tiempo, me imagino que esa es tu única experiencia sexual.
Scott estalla en carcajadas. Este chico es raro.
  —Estoy seguro de que tengo más experiencia que tú… Por ejemplo, anoche…  ¡Camile sabe cómo moverse!
¡Ahhhh! ¡Voy a vomitar y a golpear a alguien!
  —¡Eres un puto! ¡Cerdo! ¡Te odio, Scott!
  —¡Espera, Logan! —Scott me sigue, pero yo apresuro el paso. No lo soporto y no quiero siquiera verlo, mas este animal me jala por la muñeca y me atrae hacia él.
  —¡Suéltame, tarado! —grito mientras lo golpeo en el pecho. Vaya, esto me recuerda a las novelas mexicanas.
  —¿Estás enojada conmigo? —pregunta «preocupado», razón por la que me río en su cara.
  —Tu presencia me molesta, es solo eso.
  —Ummm… No recuerdo haber hecho algo que te incomodara.
¡Cínico! ¡Descarado! ¡Lo odio!
  —Scott, el simple hecho de que existas me incomoda. —El muy idiota sigue haciendo memoria e ignora mis palabras.
  —¡Ya sé! Estás enojada porque me fui con Camile —espeta como si hubiera hecho el gran descubrimiento del año, mientras que yo lo miro con ganas de matarlo y tirarlo en pedacitos al mar.
  —¡No eres tan importante, Daniel Scott! —¡Rayos! ¿Por qué lo llamé por su nombre completo?
  —¡Admítelo! —Me apunta con su sucio dedo—. ¡Estás celosa!
Ok… Me va a dar el soponcio… Sin embargo, opto por reírme como loca. ¡Este chico es muy gracioso!
  —Ni en tus más imposibles sueños fantásticos; yo, Madison Logan estaría celosa de un asqueroso escarabajo como tú. No te creas tanto, Scott. —Bien, creo que me pasé un poquito…, pero su cara de cachorro herido vale la pena… o… eso creo.
  —Lo sé —Scott dice en un tono que casi me carcome la consciencia, el tonto piensa que me va a manipular—. Siempre he sido una cosa repugnante para ti, a pesar de que yo te di tu primer beso, recuerdo que escupiste del asco.
  —¡Teníamos diez! Ni siquiera se puede llamar beso a eso, idiota.
  —Para mí lo fue —dice con esa carita de gato con botas en modo manipulación. ¡Joder!—. Siempre me pareciste bonita, aunque te la pasabas desgreñada y parecías una tabla. En tres años te has vuelto muy atractiva, pero te crees mejor que yo porque vienes de la ciudad y estás más buena; en cambio, yo sigo siendo el chico de quien todos se burlaban y las chicas rechazaban. Que no te guste no significa que debas tratarme como una peste asquerosa, tengo sentimientos.
¡Rayos! ¿Por qué me siento mal? Scott ha golpeado mi conciencia. Respiro profundo y lo miro arrepentida; claro, todo cambia cuando sus ojos se achican y muerde sus labios, entonces entiendo que está conteniendo la risa. ¡Voy a matarlo! Scott como que adivina mis intenciones y corre por su vida mientras se carcajea. No me importa que las personas nos estén viendo, lo sigo como asesina en serie. Entra a su casa pidiendo auxilio al mismo tiempo que se retuerce de la risa.
  —¡Hola, señora Scott! —saludo a su madre agitada, quien me sonríe divertida—. Disculpe que irrumpa en su casa de esta manera, pero voy a matar a su hijo.
Ella niega con una risita y mueve sus manos como dándome el permiso de seguirlo.
  —Típico de ustedes. Solo te pido que me dejes un pedazo, pues el niño debe lavar los trastes.
Asiento y continúo con mi persecución. Scott sale al patio y yo voy tras él, pero entonces él se para de golpe y me confronta. Me toma por la cintura y, vaya, ya no es el niñito tonto de quién yo me aprovechaba, no; él es un hombre con agarre fuerte, por lo que yo me siento una debilucha lombriz tratando de liberarse de él. Espera…
No, no, no…
  —Scott… No te atrevas, idiota. ¡Scott, voy para una entrevista de traba…! —Bien, no llego a terminar mi frase porque ya estamos cayendo dentro de la piscina. Estoy totalmente mojada y el idiota error de la naturaleza solo ríe y me moja más. Levanto mi carpeta totalmente enchumbada de agua. Mi currículo y mis documentos están arruinados.
  —Quita esa cara, Logan… ¿Logan…? —Scott me mira con nerviosismo, debe haber captado mi mirada de transformación en loca epiléptica, asesina sayayín nivel cien.
  —Scott…

La vida es un cliché

La vida es un cliché – Capítulo 1 La vida es un cliché – Capítulo 3
Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *