La vida es un cliché – Capítulo 3

Esta es la parte 5 de 26 de la historia La vida es un cliché

Otra vez el idiota de Scott está tirando piedrecitas a mi ventana. Estoy a punto de bloquearlo de mis contactos porque no lo soporto y no lo quiero ver. Por su culpa perdí la entrevista de trabajo. ¡Es tan infantil!
 
Daniel
Ya hace una semana desde que me lancé con Logan a la piscina y aún no me habla, ignora mis mensajes y llamadas, no me recibe cuando la visito y no me abre su ventana cuando le tiro piedrecitas. ¡Es una rencorosa! Era un empleo nada más, ¡ni que fuera el fin del mundo!
 —¡Eres un tonto! —Mi hermano pequeño me saca la lengua, pero disfruto ignorarlo. No entiendo por qué mi madre no bebió pastillas anticonceptivas o, en su defecto, no usaron un condón. Dado que el accidente ya ocurrió, por lo menos debieron abortarlo para enmendar el error de haberlo concebido. Mocoso, bicho raro.
Sigo tirando mis piedrecitas, bajo la atenta observación de mi hermanito.
 —¿Qué haces? —inquiere el bicho, como si no me estuviera viendo. ¿Para qué pregunta si sabe lo que hago?
 —Estoy jugando a las escondidas. ¿Por qué no te escondes y desapareces de mi vista, enano? —respondo con hastío. Él, en cambio, me mira con desaprobación.
 —¡Mentiroso! No estás jugando a las escondidas, estás tirando piedrecitas a la vecina loca que te gusta.
 —¡No! —digo con marcado sarcasmo—. Eres un niño muy inteligente, enano. Por cierto, no me gusta Logan.
 —Sí te gusta, pero ella nunca se fijaría en un tonto mequetrefe como tú. —¡Vaya! Y después se hace el inocente.
 —Shu, shu… —Muevo las manos para que desaparezca de una buena vez. Les agradecería a los alienígenas si lo llevasen, pero claro, ellos no expondrían a su pobre planeta de esa forma.
 —Eres un tarado. —Mi hermano me mira como si yo fuera un retrasado mental—. Esas piedrecitas no van a hacer ningún efecto, son muy chiquitas.
 —Desaparece, ena… —Este es un momento en el que todo a mi alrededor casi se paraliza y las acciones se muestran ante mí en cámara lenta. Abro la boca más de lo regular y exclamo un largo ‘no’ que mi hermano ignora. Niego con la cabeza, pero eso no surte efecto; entonces miro con gran impresión cómo la gran piedra golpea la ventana de Logan, rompiéndola al instante. Mi hermano celebra con fervor su estúpida hazaña, lo que hace que responda de forma instintiva y lo golpee en la cabeza con mi mano.
 —¡¡Scott…!!  —grita Logan desde su habitación y mis piernas cobran vida propia. Si ya me odia por arruinar su entrevista de trabajo, ahora estoy muerto. Mi hermano es el primero en entrar y esconderse debajo de la mesa, mientras que yo me encierro en mi habitación con el corazón acelerado, me siento en la cama y tomó un lápiz y papel.
 —Bien… Es hora de hacer mi testamento.
 
 
***
 
 —Lo siento mucho. Cubriremos los gastos y estos mocosos serán castigados —se disculpa mi mami, avergonzada con los señores Logan. Lleno de impotencia, gruño por lo injusta que es. Ya le dije que fue el bicho este quien tiró la piedra.
 —Solo ayudaba al retrasado de mi hermano. —Este mocoso va a provocar que yo vaya a prisión por asesinato—. Es que a él le gusta la rara de Madison y le estaba tirando piedras a su ventana, pero como eran pequeñas ella no se daba cuenta, así que yo lo ayudé. Quién sabe, raro con raro se entienden, tal vez ellos se casen y mi hermano se largue de la casa. ¿Se imaginan? Nosotros podríamos vivir felices al fin sin esta plaga.
Vaya, vaya; el mocoso tiene agallas.
Todos lo miran sorprendidos, menos yo, que bien sé que es el mismo satán disfrazado de niño insoportable.
 —¡Kevin Scott, cuida tus modales y respeta a tu hermano! —lo regaña mamá más avergonzada que antes; pero ella se lo merece, ya que nadie la mandó a parir a esa cosa rara a la que llama hijo. Por cierto, mi hermano como que tiene una mente muy insana para su edad. Yo a los ocho años ni podía atarme los cordones y me comía los mocos porque no sabía sacudirme la nariz—. ¡Ambos a su habitación, ahora! —nos ordena mi mami con un tono que nos hace correr despavoridos, aunque cuando nos encontramos a una distancia donde nos sentimos a salvo, ambos vociferamos quejas y berrinches.
 
Madison
Ha pasado un mes desde el último incidente con Scott, aun así, él y yo somos prácticamente enemigos. Ya voy a entrar a la universidad en unos días y estoy desesperada por conseguir un empleo, pues, aunque mis abuelos cubrirán mis estudios, quiero manejar mi propio dinero. He buscado trabajo como loca y ahora mismo estoy ojeando el periódico, pero es difícil encontrar uno de medio tiempo que te permita estudiar.
Esbozo un suspiro de desánimo y termino de beber mi té con café, cuando de repente veo una escena que casi me hace escupir el contenido de la boca.
 —¡Ah! ¡Abuelo! —me quejo escandalizada.
¡Qué asco! Mi abuelo perdió la razón. Ahora se le ha cogido con salir a correr en calzoncillos alrededor de la casa todas las mañanas. Mi abuela solo se topa la frente, puesto que ya se cansó de reprenderlo y correr detrás de él con una toalla.
 —¡Fulgencio, vete a vestir! —ordena mi abue hastiada—. Nadie quiere ver tus guindalezas.
 —¡Mucho que te gustan mis guindalezas! —¡Oh por Dios! Mi abuelo se agarra el paquete, apretando sus partes íntimas con orgullo.
 —¡Madre mía, Fulgencio! —Mi abue se abanica con las manos y expresión acalorada—. No me referí a esa guindaleza.
 —¡Adiós! —Me levanto de la mesa con la intención de escapar rápido de aquí. ¡Joder! Ya perdí el apetito.
Fuera de la casa, camino con prisa y llena de positivismo.
Ojalá me den el trabajo. Sería conveniente porque me queda cerca de la universidad, la paga no es mala y es medio tiempo. Miro mi reloj y casi corro al descubrir que estoy retrasada. ¡Rayos! ¿Por qué tuve que tomar el autobús? Estoy empezando a creer que mi suerte no es muy buena, pues choco con un cuerpo fuerte y mi carpeta cae en un charco de agua sucia y para colmo mi ropa se salpica.
 —¡No, no, no! —Camino en círculos mientras dejo salir toda mi frustración con quejas y maldiciones, pero soy interrumpida por el chico con quien he chocado cuando él balbucea un ‘lo siento’.
¡¿Es en serio?! Como si una disculpa va a remediar mi desgracia. Mi cerebro se prepara para proferir todo tipo de insultos, mas me detengo de golpe al encontrarme con la mirada azul cielo de aquel Adonis. ¿De verdad es real o el choque con sus bien formados músculos me aflojó un tornillo y ahora estoy alucinando?
 —¿Estás bien? —inquiere él, inspeccionándome, mientras que yo parezco una retrasada babosa ahora mismo. Es que hasta su voz es sensual.
Limpio la saliva que se me salió de la boca de forma involuntaria y asiento con timidez. Debo parecer un tomate ahora mismo, pues este chico me tiene toda roja con tan solo hacer esa simple pregunta. Creo que nunca había visto a un hombre tan atractivo; debe ser de mi edad, aunque es mucho más alto que yo. Su cuerpo es fornido, sus labios carnosos, su nariz pequeña y su cabello rubio y ondulado. También viste de forma nítida y, a juzgar por su apariencia, debe ser un niño rico.
  —Si omitimos la parte de que mi hoja de vida y documentos se arruinaron, también de que estoy toda salpicada, pues estoy bien. —Me encojo de hombros.
  —Lo siento mucho, no te vi venir… —Vaya… Sus labios se mueven, pero no le presto atención a sus palabras. Es inevitable no perderse en esos hermosos ojos—. Entonces… ¿Qué dices?
  —¿Ah? —suelto con expresión atolondrada y él se ríe divertido. ¡Qué vergüenza! Soy un caso perdido, no puede ser que sea tan obvia.
  —Te decía… —me mira con flirteo y esa sonrisa que me hace temblar las piernas—… que te puedo llevar a tu casa a cambiarte. Sé que eso no compensa mi imprudencia, pero por lo menos no tendrás que andar así… —Apunta su dedo hacia mis fachas y yo asiento insegura. ¿De verdad subiré al vehículo de un extraño? Aunque, si es un secuestrador, pues que me secuestre y hasta me viole. ¡Parece un modelo el condenado!
Él me dirige hacia donde está su carro y… ¡guau! ¡Es un Mercedes Benz! El modelo me abre la puerta del copiloto y extiende su mano con gracia para que yo entre. ¡Qué caballero! Dios, creo que estoy soñando, esto no puede ser real. Cuando entro, el perfume del vehículo inunda mis fosas nasales y yo me acomodo en ese asiento tan suavecito. Este carro es genial y muy lujoso. El rubio sexi pone música y forma una sonrisa que me eriza todos los vellos. Si esto es un sueño, no quiero despertar.
 
Daniel
Me dirijo a la casa de Logan, mas esta vez, lo hago por la puerta principal; después de lo que sucedió debo comportarme hasta que las cosas entre nosotros se calmen. Un Mercedes se parquea frente a la residencia y yo me quedo mirándolo como tonto. No es común ver un auto tan caro en este vecindario. Esperen, ¿por qué un Mercedes está parqueado frente a los Logan? Oh… ¿Quién es ese chico estilo High School Musical? Vaya, es un muñeco muy caballeroso, le está abriendo la puerta a… Espera… ¿Logan? ¿Qué hace Logan sosteniendo las manos de Ken, el novio de Barbie?

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