Matrimonio por negocio: Capítulo 25

Esta es la parte 27 de 43 de la historia Matrimonio por negocio

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Existen personas que son inoportunas en la vida y esas personitas son mis amigas. ¿No se supone que se habían ido? ¿Qué rayos hacen aquí de nuevo?
—Bratt, sigue soplándome el ojo, todavía me molesta la pajita que me cayó —miento, como un intento desesperado de hacerles creer que no estábamos haciendo lo que es obvio que estábamos haciendo.
—¿Qué pajita? —cuestiona él confundido, por lo que lo jalo hacia a mí por el cuello de la camisa y le exijo que me sople los ojos. Cuando lo tengo cerca de mi cara, le hago muecas y le dedico guiños para que me siga la corriente. Él, en cambio, me mira aturdido porque supongo que ya descubrió mi intención, lo que me imagino que no tiene sentido para él, puesto que para loas demás personas somos una pareja de verdad y, como tal, es normal que tengamos este tipo de intimidad.
—Vamos, tonto, siento que me quema el ojo. —Deberían darme un premio a mejor actriz porque mi actuación es perfecta. Para hacerlo más creíble, me remuevo en la cama y empiezo a patalear, entonces Bratt se tensa y trata de quitarse de encima de mí, pero los nervios me han puesto más loca que de costumbre, así que, aunque intento detenerme y mi amigo me implora que lo haga, no puedo. ¿Por qué no logro parar de patalear?
—¡Maldición! —grita Bratt colérico mientras se agarra la nariz.
¡Carajo!, lo he golpeado con el pie.
De la mano de él se escurre un hilo ancho de sangre, lo que me da a entender que le he roto la nariz.
Ay, no, Serena, eres el desastre en persona.
Espantada, me tiro de la cama y le caigo atrás, puesto que este se ha levantado e ido para el baño, supongo que para echarse agua en la nariz.
Lo encuentro verificando el golpe en el espejo de lo más tranquilo, mientras que yo estoy que me muero del susto.
—Ve a la cocina y tráeme hielo —comanda neutral. Asiento con vergüenza y salgo del baño, entonces corro fuera de la habitación para traerle lo que me ha pedido.
—Aquí tienes. —Le paso una bolsa con hielo y él me agradece—. ¿Estás bien? ¿Necesitas que te lleve al médico?
—Estoy bien, Serena, el golpe no fue grave.
—Pero estás sangrando. —Apunto a la sangre que le salió antes y que se limpió con las gasas de mi botiquín.
—Al parecer solo se me rompió un vaso sanguíneo. Nada de qué preocuparse —replica. Me muerdo el labio inferior y lo miro con remordimiento.
—Lo siento mucho, Bratt, no fue mi intención lastimarte —me disculpo con sinceridad.
—No te preocupes, la nariz no es lo único que me has roto —dice con amargura y se pierde en sus pensamientos por unos segundos.
—¿Qué más te he roto yo? —Hago un puchero.
—Me rompiste el corazón. —Sonríe con amargura.
¿De qué demonios está hablando Bratt?
—¿Te pegué en la cabeza también? —Lo miro como si fuera una cosa rara.
—No tienes ni idea, ¿cierto? Está bien, he aprendido a vivir con eso, me sale bien fingir.
¿Ah?
Ay, no, de verdad ese golpe le hizo daño. Quizás deba llevarlo al hospital.
—¿Todo bien, chicos? —Lilia asoma la cabeza.
—Sí, gracias —responde él—. Creo que deben meter a su amiga a un loquero, podría matar a alguien con sus locuras.
Lilia ríe como si de verdad Bratt hubiera hecho un chiste. Esta niña es una alcahueta de lo peor.
—Fue un accidente, Bratt, tampoco hagas un drama de una tontería. —Salgo del baño y me siento en la cama. Percibo que la mirada de Taís me juzga, mas yo trato de ignorarla, así que me miro las uñas, resoplo, me rasco la nariz, me peino el cabello con los dedos y, cuando ya me siento acorralada por su escrutinio, me pongo a hacer muecas.
—Chicas, ¿me prestan a Serena por un momento? Necesito hablar con ella —pide Bratt.
Él, que conoce lo chismosas que son ellas, me agarra por el brazo y me saca a rastras de mi recamara. Después de cruzar la cocina, nos metemos en una sala, allí subimos unas escaleras que nos conduce al techo. Bratt extiende el brazo para indicarme que me siente en el borde y yo obedezco a su mandato silencioso; al cabo de un segundo él se encuentra colocado al lado mío, entonces me encara con seriedad.
—Bien, Serena, creo que debemos poner las cartas sobre la mesa. Este asunto es serio porque de este depende nuestra estabilidad económica.
—Tienes razón, Bratt; pero, dado los eventos extraños que nos han sucedido después de que me propusiste ese trato, ya no me siento segura de continuar con nuestro negocio, debido a que temo mucho arruinar nuestra amistad por culpa de estupideces —confieso con el dolor de mi alma.
—Te entiendo y te doy toda la razón —reconoce serio—. También te debo una disculpa por haberme propasado contigo. Hagamos lo siguiente, vamos a cumplir esa promesa que hicimos cuando aquel verano terminó y no arruinemos nuestra amistad por una simple calentura.
¿Una simple calentura?
Esta es la segunda vez que escucho esa frase de parte de Bratt y, pese a que ha transcurrido más de una década desde entonces, me vuelve a doler como la primera vez.
—¿Te refieres a fingir que nada sucede entre nosotros y hacernos de la vista gorda con nuestros sentimientos? Bratt, ya que estamos tocando el tema, aclárame una duda. —Él asiente, pero me esquiva la mirada—. ¿De verdad los besos que nos dimos en nuestra adolescencia no significaron nada para ti?
Bratt se queda pensativo por unos segundos, luego se peina el cabello con la mano; mira al cielo y termina con su atención fija en mí. Al instante me siento pequeña ante él, expuesta y desnuda. Como de costumbre, no puedo evitar perderme en su mirada celeste y ser invadida por los nervios al sentirme intimidada por su escrutinio intenso y serio.
—Éramos unos adolescentes, Serena; cambiamos, maduramos, crecimos; así que ya no somos esos chiquillos ilusos de antes. ¿Qué importancia tiene lo que haya sentido en aquel tiempo?
»Mis sentimientos de muchacho se quedaron en el pasado y nada tienen que ver con lo que siento y pienso ahora; sin embargo, si quieres una respuesta te la daré: me gustó besarte una y otra vez porque, cada vez que lo hacía, sentía mariposas en el estómago.
»No obstante, mis sentimientos por ti eran incorrectos y sabía que no serían correspondidos, por tal razón me metí con Tiana y luego con la que le siguió, hasta que ligar con las mujeres que se me insinuaban se convirtió en un círculo vicioso del cual no supe cómo salir. Pero eso fue una ilusión juvenil y nada más, te puedo asegurar que en este tiempo te veo solo como lo que eres, mi mejor amiga.
Bratt mira al cielo y suspira de alivio, como si se hubiera quitado un peso de encima; yo, en cambio, lucho para retener las lágrimas que se empeñan en salir debido a sus últimas palabras. Es que no puedo ser más idiota. Bratt sintió lo mismo que yo en el pasado, sin embargo, ya lo superó. Entonces, ¿por qué me aferro tanto a él? Debería pasar página y dejar de sentirlo en mi corazón. Soy una masoquista, otra vez se ha roto mi corazón y ha sido por la misma persona.

Matrimonio por negocio

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