Un mes después…
Estoy tan débil…
Ya nada de lo que hacen los médicos evita los malestares. Estoy muriendo. Ha transcurrido un mes desde mi última conversación con Arel y no he sabido más acerca de él. Temo tanto que no lo logre.
«Aliana…»
¿Arel?
Su voz suena como un susurro; busco con la mirada, pero no veo nada. ¿Acaso lo imaginé?
Me remuevo sobre el colchón con inquietud, frustrada porque el malestar me gana.
«Aliana, no podré mostrarme a ti porque usaré todo mi poder para transportar el objeto. Puesto que mi poder activa el de la piedra, podrás ver una pequeña luz en alguna parte de tu cuerpo si buscas bien; será tan sutil que tendrás que estar atenta, entonces tomarás la daga y la sacarás, después agarrarás la piedra en tus manos y la vas a apretar usando tu poder omorfiano. Sé que está bloqueado por el veneno, pero la piedra despertará un poco de este. Así dejarás de estar atrapada en dos dimensiones y regresarás».
Asiento, confiada en su instrucción. Estoy tan débil que no me creo capaz; no obstante, me esforzaré.
Unos minutos más tarde, escucho el sonido brusco del metal al caer en el piso. Ruedo en el colchón hasta caer yo también. Ha dolido, pero eso es lo de menos ahora. Tomo la daga en con mi mano derecha y empiezo a revisar mi cuerpo.
No veo nada.
Con gran dificultad me desnudo, escudriño mi piel, pero no hay nada.
Solo espero que no esté en mi espalda porque eso sería fatal. Aquí no hay espejos, así que no puedo revisar si de verdad está allí.
«Aliana, estoy usando mi poder para que la piedra se active. Fíjate bien o trata de recordar. Es probable que Victoria haya dormido ese recuerdo en ti».
Recordar…
Siento una pequeña energía recorrerme, de seguro es el poder de Arel. Cierro los ojos y me dejo hacer. Entonces me veo en el pasado…
—Mamá, ¿y esa piedra tan hermosa?
—Es nuestra libertad. —Ella toma mi pierna derecha y me acaricia el muslo—. Sé libre, pequeña, pero no te dejes atrapar de la abuelita porque ella te puede volver a hechizar, debido a que la piedra pierde energía cuando la utilizas. Ahora, olvida que la roca está contigo, solo recuerda una cosa: mamá te ama.
Lágrimas pesadas recorren mis mejillas por culpa de ese recuerdo.
Mamá me engañó.
¿Qué fue lo que vi que ella destruyó? ¿Cómo logró estar en el bosque?
«Todo fue una ilusión, ella utilizó su último poder para manipular la piedra y transportarte lejos de la bruja. Eso la mató, porque ya no quedaba sangre en su cuerpo. La bruja la había bebido toda».
No entiendo por qué no pasó lo mismo conmigo, si ella venía a esta dimensión cada cierto tiempo.
«Al ser híbrida, tu poder y anatomía son más resistentes. El efecto de juventud tenía una mayor duración, por lo tanto, no requería beber tu sangre todos los días; ella podía durar meses y hasta varios años bajo dicho efecto, dependiendo los cambios de la luna».
Observo mi pierna derecha, esperando ver el brillo de la dichosa piedra. Cada segundo que pasa me siento más débil y enferma, incluso me está dando tanto frío que estoy titiritando.
Puedo hacerlo, tengo que lograrlo.
«Tú puedes, mi amor. Te espero aquí».
Escucho pasos por el pasillo.
¡Demonios!
Me apresuro.
¡Ahí está!
Tomo la daga y la entierro en mi muslo…
—¡¿Qué haces?! —Doy un respingo cuando la puerta es abierta por la enfermera, quien corre en mi dirección mientras llama a los trabajadores sociales.
«Date prisa».
Ella intenta quitarme la daga, mas yo saco fuerza no sé de dónde y continúo clavando el arma en mi carne, hasta que la piedra cae al piso. Cuando se libera de mí, su tamaño aumenta unas pulgadas y su brillo llena la habitación.
«¡Tómala!», comanda Arel. Puedo percibir la angustia y las ansias en el tono de su voz.
Me arrastro en dirección a la piedra mientras aprovecho que la enfermera se encuentra sumida en la estupefacción, gracias a la luz que nos cubre. Estoy a punto de sostenerla cuando dos hombres vestidos de blanco irrumpen en la habitación.
No pude ser… Me siento tan débil…
Todo pasa en cuestión de segundos. Los hombres se me lanzan encima, la enfermera empieza a gritar como desquiciada y yo pierdo el conocimiento.
Arel…
***
Arel
Estoy tan débil que siento que me desmayaré en cualquier momento; sin embargo, debo seguir luchando para que el veneno no avance y la piedra pueda absorberlo. ¡Si tan sólo hubiera otro omorfiano ayudándome!
—Arel, déjala ir. Puedes morir tú también —insiste Dave con nerviosismo—. Por favor, Arel. ¡Para qué rayos te dije sobre esto! Ahora morirás tú también; detente por favor. Hiciste todo lo que pudiste. Lo intentaste, ella lo sabe.
—Me falta hacer lo imposible —digo con la voz en un hilo. Ya no tengo fuerzas ni para hablar. Dave camina en círculos con desesperación, pero ignoro eso y continúo. Te traeré a casa, mi amor, te lo prometo.
—Arel, no me dejarás más opción que…
¡Lo que me faltaba! ¿De verdad piensa atacarme con su forma de lobo?
—¡Espera! —Un grito femenino se impone.
¿Qué? ¿La reina de Évrima está aquí?
—No lo detengas, yo lo ayudaré. Como reina, tengo mucha energía y poderes curativos. Eso ayudará con el veneno —le explica a Dave, para luego dirigirse a mí—: Arel, sigue estimulando la piedra para que absorba el veneno, yo le daré energía para que lo destruya.
Asiento porque ya no tengo fuerzas ni para hablar.
El alivio recorre mi cuerpo cuando la energía de la reina alimenta la mía y la carga de la piedra se hace menos pesada, puesto que también nutre a la roca.
Un resplandor cubre la habitación y, de repente, la reina y yo somos expulsados en el aire, chocando nuestras espaldas contra la pared. Estoy tan débil que todo se torna borroso; es así como mi cerebro decide descansar y mi cuerpo le obedece.
***
Aliana
—Ah… —gimo con gran éxtasis.
—Me estás provocando —se queja Arel mientras frunce el ceño. Yo lo ignoro y sigo saboreando el pedazo de pastel, lamiendo mis dedos de forma sugerente—. Ummm… —gruñe Arel sin quitarme los ojos de encima. ¡Es tan divertido molestarlo!
—¡Ay! ¡Qué delicioso! —jadeo mientras me retuerzo sobre la alfombra.
—¡Tú te lo buscaste! —En cuestión de segundos, Arel me carga como si fuese un saco de papas y camina conmigo encima y, con gran urgencia, en dirección a la habitación. A mí, en cambio, me ha dado un ataque de risa.
Me tira sobre la cama y rompe su camiseta, hace lo mismo con su pantalón y su ropa interior. Creo que se aprovecha porque tiene una modista personal. Va a hacer lo mismo con mi vestido favorito de estar en casa, pero se detiene cuando lo miro amenazante.
—¿Te lo quitas tú o te lo quito yo? —pregunta, al tiempo en que levanta una ceja.
Pues si no me deja opción…
Bueno, lo que sucede a continuación es contenido adulto y se supone que este es el cuento de caperucita roja y su lobo feroz. Nah…, no sucede nada pícaro, bueno sí…
Arel se me lanza encima como lobo hambriento y besa mis labios con urgencia. Lame mi piel desnuda con ganas y fascinación, haciendo sonidos que parecen gruñidos y que provocan que me ponga más caliente de lo que ya estoy. Su sonrisa maliciosa me hace entender que disfrutará de su vicio, entonces me abre las piernas dispuesto a saciar su sed; no obstante, lo detengo antes de que empiece a con su jueguito de siempre.
—Me toca a mí, lobito.
Él gruñe, dispuesto a no ceder. Creo que hay algo en mi sabor que lo desquicia, por lo que siempre busca una excusa para hundir su cabeza entre mis piernas. Le gruño de vuelta y le muestro mis colmillos, ya que, aunque no me transforme en lobo, puedo sacarlos. Él entiende mi amenaza y se aparta, entonces me le tiro encima y lo saboreo yo a él.
Varios años después…
Tres cachorros, uno de pelaje plateado y dos de pelaje dorado, corren por todo el patio. Los del pelaje dorado son los gemelos y la del plateado es nuestra primogénita de tres años. Los gemelos tienen dos. Puesto que ellos son hijos de híbridos, pueden convertirse en lobos desde el segundo año. Todavía no sabemos a qué edad podrán utilizar sus poderes omorfianos, dado que ningunos los han manifestado aún. Así son estos asuntos con los híbridos, inciertos e inesperados.
Agradezco a Arel por no rendirse y traerme de vuelta. Él logró sacarme el veneno con éxito, gracias a la ayuda de la reina, quien es mi tía, y a Dave. A este último le fue asignada la tarea de esconder y cuidar la piedra. De su existencia solo sabemos nosotros tres, el alfa y la reina de Évrima. Mi tía descubrió el plan de Arel debido al derroche de energía y, en vez de detenerlo, decidió ayudarlo. Siempre estaré en deuda con ella y con Dave.
Fui aceptada por la manada y la villa. Soy mitad licántropo y mitad omorfiana, así como Arel. Yo me convierto en una loba dorada, mientras que Arel se convierte en uno plateado.
Ahora vivimos tranquilos un el campo Paraíso, en una enorme cabaña que construimos cuando tuvimos a nuestra primera cachorra. Es satisfactorio ver a nuestros retoños corretear por el campo felices y libres, sin temor de ocultar quienes son.
Por mi parte, disfruto cada momento con mi familia mientras hago lo que me gusta: diseñar y coser ropas. Tanto los licántropos como los omorfianos aman mis diseños, por ende, tengo una buena clientela.
Arel también trabaja lo que le gusta, así que hace pasteles por encargo y cuida a los cachorros cuando tengo mucha demanda. He pensado contratar a un ayudante porque a veces no doy abasto con los pedidos. Por suerte mi cuñada me da una mano cuando no tiene muchas tareas; ella está estudiando administración con maestros de prestigio y escogidos por el alfa. Su conocimiento nos ha servido de mucho a Arel y a mí con nuestros negocios.
Bueno, este ha sido el cuento de Caperucita roja y el lobo feroz, quien en realidad es un algodón de azúcar y el mejor esposo y padre del mundo. Cabe decir, que fuimos felices para siempre con nuestras altas y bajas……Y colorín, colorado; este cuento se ha terminado.
