24. Lobo feroz: Libertad

This entry is parte 26 de 31 in the series Lobo feroz

Dejo que las lágrimas broten con libertad y que los recuerdos suprimidos salgan a flote. Necesito saber la verdad, debo recuperar mi vida.

Pienso en los eventos extraños que he experimentado en este pueblo y junto a Arel. Creo entender todo. Sí, por eso Arel me invitó a salir la primera vez; de alguna forma que desconozco, supo que la bestia aparecería por los alrededores. Por eso me retuvo en el teatro.

Arel, siempre estuviste cerca, velando por mí.

De momento siento que algo dentro de mí se rompe. Mi pecho arde y duele. Entonces los recuerdos empiezan a cobrar sentido. El día que fui a ver a mi madrina, él me asustó a propósito para que huyera y no fuera a su encuentro. Él solo quería evitar que ella me hiciera daño.

Miro la canasta por inercia y recuerdo la última conversación que tuve con ella y con John.

Es una trampa.

Ella volvió a jugar con mi mente para que hacerme traicionar a Arel. No dejaré que…

—Estás encajando las piezas, mi caperucita —Miro a Arel con terror. El pastel está en su mano—. Pero eso no será suficiente para liberarte. Necesito hacer algo extremo. Aun si ellos logran cazarme, me llevaré la satisfacción de haberte liberado —dicho esto, Arel empieza a comerse el pastel con lágrimas en los ojos.

—¡Nooo! —Le salto encima para que se detenga; no obstante, el no deja de tragarse esa cosa hasta que desaparece de sus manos.

No…

Arel…

Sus ojos se abren de más y su piel se torna pálida. De repente, empieza a sacudirse del dolor y a sangrar por la nariz.

—¡Arel! Recuesto su cabeza sobre mis piernas y mis lágrimas mojan su rostro al caer. Su piel empieza a calentarse, sus ojos se entrecierran. Se ve tan débil…

¿Qué debo hacer?

—Aliana —balbucea con dificultad—, ellos están cerca. Tu forma salvaje querrá salir ahora, así que no te resistas, deja salir tu naturaleza. Aquí no hay personas a quien dañar. Solo rompe ese maldito hechizo y sé libre.

—¡¿Por qué lo hiciste, imbécil?! —Lo sacudo con impotencia—. ¡Ellos vendrán a matarte!  ¿Cómo puedo evitar que lo hagan? ¡Idiota!

Mis gritos se mezclan con el llanto. El dolor en mi pecho es demasiado fuerte para ser soportado y la impotencia está acabando con mi cordura. Duele ser la causante de su desgracia, duele haberlo traicionado.

Los sonidos de unos pasos me ponen alerta y mi corazón empieza a palpitar tan fuerte, que siento se me saldrá del pecho. Debo evitar que le hagan daño.

Me levanto decidida a ocultar a Arel, por eso empiezo a arrastrarlo en dirección a los arbustos.

—¿En serio crees que eso funcionará?  —Todo mi cuerpo tiembla cuando reconozco esa voz—. No podrás evitar su muerte, Victoria. Una vez termine con el problema, tú y yo estaremos juntos para siempre. Gracias, cariño, me has ayudado a cazar al lobo que atenta en contra de nuestro amor.

¡Este tipo está loco! ¡¿Cómo es que no lo supe antes?!

—No dejaré que le hagan daño. —Me planto frente a Arel, quien yace convaleciente en el suelo.

—Como si estuvieras en condiciones para evitarlo. —Esta vez es mi madrina quien se burla de mí. De momento, empiezo a sentirme débil, me falta la respiración y varios punzones agudos en el estómago me martirizan. ¿Qué es lo que me está haciendo esa bruja?

—No la hagas sufrir mucho, solo apártala para que pueda destrozar al desgraciado —le pide John.

—¡No pensarás dejarme fuera de esto! —El oficial que no soporto hace presencia. La bruja maldita aprieta su mano, entonces siento como si me desgarraran las entrañas. Me encorvo del dolor.

El amigo de John salta en mi dirección como si fuese un depredador y me da una patada que me aleja de Arel. Grito porque no soporto el sufrimiento de mi cuerpo, pero más grito porque no quiero que le hagan daño al amor de mi vida. Tanto John como su amigo el oficial se convierten en esas bestias horripilantes y se dirigen a Arel con mirada asesina, dejando salir sus babas de la boca, como si tuvieran rabia o algo así.

Trato de levantarme, pero no puedo. La bruja maldita aprieta más fuerte y siento que dejaré de respirar en cualquier instante.

Arel se incorpora con lentitud, tratando de defenderse de quienes lo atacan.

Necesito ayudarlo, debo hacer algo.

Grito de la impotencia, de la rabia, del dolor…

Arel, sin embargo, me sonríe mientras ellos lo golpean. Es que no entiendo por qué lo hace, ¿por qué se sirve en bandeja de plata?

De momento hace calor. Ya el frío no me molesta, por el contrario, siento mi piel quemarse. Arel sonríe de la satisfacción antes de ser lanzado contra un árbol, cuyo impacto lo hace escupir un chorro de sangre. Lloro, grito, arranco hebras de mi cabello al apretarlo fuerte. Me duele que le duela. Me quema verlo sufrir. Odio que ellos le hagan daño.

Mi mente se pone en blanco, mi piel arde y mis huesos empiezan a doler como si se estuvieran quebrando.

El dolor es insoportable.

Un brillo dorado me cubre por completo y un poder extraño me recorre las venas. Es como si dos personas se estuvieran volviendo una, como si dos partes contrarias se mezclaran.

El sonido de un cristal rompiéndose estalla en mis oídos de forma insoportable, a tal punto, que he cubierto mis orejas debido al dolor. Entonces me siento libre. Recuerdos golpean mi mente de forma repentina, provocándome grandes aullidos.

Veo a una mujer rubia de ojos verdes sonreírme. Ella me enseña cómo ocultar mi habilidad con el agua, las flores rojas y el oro. La veo encantarme con su mirada y hacerme creer que soy una humana común y corriente.

Soy feliz con ella, pese a que me ha quitado mi identidad.

El horror me visita cuando somos atrapadas en nuestra propia casa. El reloj de pared me queda de frente, dado que estoy amarrada en la sala. La abuela succiona la sangre de mamá y se vuelve más joven. Eso la hace feliz porque le dará más años de vida. No sé cuándo es de día o de noche, puesto que soy pequeña para descifrar el reloj frente a mí.

La bruja dice algo sobre mi poder, al parecer ella cree que mi sangre le dará más tiempo de juventud.

De la nada, noto que mamá usa una piedra, me da una canasta y me dice que huya al bosque. Ella no puede salir porque el hechizo no la deja. Corro en dirección al bosque para ser guiada por el chico de los ojos grises. Él me encuentra y nos ocultamos en una cueva. Me ha dicho que se ha escapado de la manada y que probablemente su papá crea que está en la villa. Recuerdo ese lugar, a mí y a mamá nos echaron de allí.

Arel me dice que escuchó a su papá decir que yo era su mate, por eso hizo vínculo con mamá para ayudarme. Hemos durado varias semanas ocultos hasta que la bruja nos encuentra, pero justo en ese instante llega el alfa, el padre de Arel; mas la bruja logra huir antes de que él la atrape.

Sin otra opción y a regañadientes, el alfa se ofrece a darme refugio en su manada; sin embargo, antes de que yo pudiera irme con él y con Arel, un encanto me empieza a controlar y cambia el destino de mis pasos. Creo que es la voz de mamá…

Ve, caperucita; llévale esta torta de miel a la abuelita que está enfermita.

Ve, caperucita; toma el camino seguro y no te entretengas en el bosque.

Ve, caperucita; recuerda que debes ir con prisa, así que no juegues ni te distraigas porque en la oscuridad de los árboles, un par de ojos grises brilla y un cuerpo de pelaje plateado acecha.

Ve, caperucita; date prisa, camina sin mirar atrás y no te dejes hipnotizar. Corre, caperucita, que el lobo detrás tuyo está; corre, que el lobo te comerá.

Obedezco la voz y corro. Me pierdo en el bosque cuando todos están atentos a mi amigo, porque a él si lo quieren, pero yo no soy importante. Corro porque siento que mamá me ha mandado. Ella me dice que vaya en dirección a la abuelita, allí ella irá por mí. Debo encontrarla, debo huir del chico de los ojos grises, debo huir del lobo feroz.

—¿Mamá?

—Hola, Caperucita.

No es mamá, ¡es la bruja!

—¡Deja a mi hija en paz! —Mi madre, quien ha aparecido de imprevisto, se arrastra en mi dirección y aprieta una piedra de donde emana una luz que empieza a rodearme, como respuesta, la bruja grita de la frustración.

Me hundo en un agujero; lo último que veo es a mamá destruir la piedra antes de morir.

Vuelvo al presente, pero todo se siente caótico, por lo que grito, aúllo, gruño…

Mi cabeza va a estallar, en realidad, siento como si todo mi cuerpo lo hará. Más recuerdos se aglomeran en mi mente. Entre ellos están las visitas fugaces de mi madrina y las lagunas que mi subconsciente reprimía: ella bebiendo mi sangre y tornándose más joven y llena de vida, para despedirse de mí satisfecha.

También visualizo los sueños con Arel, donde él y yo manteníamos contacto hasta que decidí liberarlo de esa locura. Era mejor romper nuestro vínculo y rechazarlo, a aprisionarlo junto conmigo. Yo estaba en otra dimensión, en otra realidad. En aquel lugar los hombres lobos, las brujas y las criaturas especiales de Hadima eran mitos y leyendas, como tampoco existían los mates ni Turugs. Solo humanos puros, esos que no se contaminaron con la sangre de las criaturas de Hadima.

Esa fue la razón de engañarme a mí misma, de usar mi poder para bloquear mis recuerdos. Todo lo hice por amor a Arel y para evitar el sufrimiento que debía ocultar de las monjas y de los demás huérfanos. En el orfanato, tenía leves memorias de mi pasado y cada encuentro en sueños con Arel los reforzaba más, hasta que recordé quien era, fue cuando mi supuesta madrina dejó de visitarme. Poco tiempo después conocí a León. Me pareció buen tipo, por tal razón, decidí darle una oportunidad y resignarme a mi vida como una humana común y corriente.

Rechacé a Arel y rompí nuestro vínculo, sellé mis recuerdos y olvidé mi pasado.

Ahora lloro con desesperación cuando siento mis huesos romperse. Miro que están golpeando a Arel y el deseo de asesinar se torna irresistible.

Quiero destrozarlos a todos y saborear su sangre. Pagarán por lo que le están haciendo a mi mate.

Un aullido estremecedor capta la atención de los presentes. Sigo haciendo lo mismo para distraerlos y que Arel deje de sufrir; sin embargo, algo en mí cambia.

Me he convertido en…

—¿Una loba? —El desconcierto en el rostro de John me confunde—. Se supone que eres de los nuestros. ¿Por qué te convertiste en una loba? ¡Se supone que eres mi hija! A menos que…

No entiendo de qué habla. ¿Yo, hija de ese monstruo?

—Creo que el lobito preñó a Victoria antes de que te la cogieras —se burla la otra bestia. No entiendo. ¿De qué hablan esos dos?

Lobo feroz

23. Lobo feroz: Arel 25. Lobo feroz: Érase una vez
Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *