¡Mate! – Capítulo 10: Locura

Esta es la parte 12 de 62 de la historia ¡Mate!

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Gia

Tras la amenaza no verbal de parte del señor alfa, mi padre, Loni estuvo tenso y distante; sin embargo, a medida en que caminamos por la plaza de la manada y conversamos, la tensión se va desapareciendo y él se percibe más suelto y desinhibido.
Llegamos a una cafetería popular en Luna Creciente y que es muy concurrida en la mañana y en la tarde, ya que aquí venden los mejores desayunos y las meriendas más exquisitas, asimismo, no existe un café más delicioso que el que preparan aquí. Por cierto, pertenece al padre de May. Al parecer ella no está acá hoy, lo que me librará de tener que darle explicaciones acerca de mi acompañante, por ahora…
—Entonces, vas a trabajar en el centro curativo —comenta él mientras endulza su bebida de cafeína.
—Sí —respondo, antes de comer estos deliciosos panqueques, que se derriten en mi boca de los suaves que son.
—Eso está bien. Creí que te gustaría ser guerrera, pero decantaste por la tranquilidad.
—Sí. Aunque si toca ir a la batalla, le entro. —Sorbo mi café.
—Tal vez no pase mucho tiempo para que tengas que hacerlo. Hay rumores de que la manada Luna de fuego está merodeando en nuestros territorios, ya sabes que a ellos les gusta provocar problemas y que no respetan mucho el asunto de la alianza.
Miro a Loni con preocupación. Esa manada es rica en recursos y sus guerreros son muy fuertes, tener contienda con ellos es un asunto preocupante. ¿Qué podrían estar buscando en nuestras tierras?
—Espero que solo sean rumores, ya que no nos conviene tener una enemistad con ellos.
—No te preocupes, rumor o no, estaremos bien. Contamos con buenos guerreros y el alfa posee buenas relaciones.
—Tienes razón. —Sonrío.
—Oye, me gusta conversar contigo, Gia. Estuve pensando que tú y yo podríamos salir más seguido, ya sabes... —salta de repente, pero no se atreve a terminar la frase, aunque es obvio lo que pretende.
 Me remuevo incómoda por la propuesta de Loni. De todos los hombres de la manada, este sería el último en el que me fijaría, puesto que él es del tipo mujeriego y rebelde, un dolor de cabeza para todos y que solo papá puede mantener a raya.
—Gracias por el desayuno, pero debo irme. Tengo muchos asuntos por resolver hoy. —Me levanto de la mesa y tomo mi bolso.
—No me has respondido. Salgamos el sábado, por favor —insiste mientras me sostiene de la muñeca.
—No lo sé... No quiero darte la idea equivocada, yo...
—Como amigos —me interrumpe—. Empecemos una amistad cercana y conozcámonos mejor. Sin ningún compromiso. ¿Qué dices?
Me lo pienso. Loni no es el mejor ejemplo de amistad, mas no estaría mal darle el beneficio de la duda. Sería bueno distraerme de vez en cuando.
—Está bien... —cedo con resignación.
—Entonces paso el sábado por ti a las ocho.
—Como digas.
Él me suelta satisfecho de haber logrado su cometido, mas yo me apresuro a la tienda para comprar algunas cosas que requiero.
 
***
 
Después de comprar lo que tenía previsto —y lo que no—, me dirijo a la casa. Allí me encuentro a mamá desempacando los jarrones nuevos que de seguro se compró. Ella se la pasa cambiando la decoración de la casa; a veces pienso que es una adicta al lujo.
—Mamá, es de noche. ¿No podías esperar hasta mañana? —le reclamo.
—Jovencita, tú y yo tenemos que hablar —me contesta, ignorando mi pregunta. Dado que sigo mi camino, ella me sigue mientras me pelea.
 Entro a la habitación y tiro las bolsas encima de la cómoda, en la mesita de noche y en mi pequeño escritorio. Luego lanzo mi bulto donde sea que caiga y me tiro en la cama.
—Si has dejado tus jarrones para venir a conversar, lo que tienes que decirme debe ser muy importante. Hasta me siento intrigada —ironizo con diversión.
—¡Claro que es importante! Yo no entiendo qué pasa por la cabeza de tu padre, como tampoco la razón por la que tú y Gael se traten con tanta indiferencia; pero ya me está cansando ese comportamiento inmaduro y sin sentido, de parte de todos ustedes. Explícame, ¿por qué saliste con Loni?
Vaya, vaya...
—Mamá, creí que me dirías algo importante. ¿Desde cuándo está mal salir a desayunar con un amigo? ¿Y por qué mencionas a Gael y a papá? No le encuentro lógica a tu conversación.
—Cuida tu tono conmigo, jovencita. No me gusta el tal Loni. Ese chico es problemático y me da mala espina. Además, ¿que no te morías de amor por Gael?
Esto es increíble.
—Mamá, es tan injusto tu reclamo. ¿Por qué tengo que estar detrás de ese imbécil toda mi vida? Gael no me quiere, además tiene su tema raro con Lía. Si tantas ganas tienes de reclamar, ¿por qué no vas y lo haces con él?
—Gael solo huye de sus sentimientos, cariño. Debes dar la lucha, ustedes son el uno para el otro.
—¡Ya basta, mamá! Esta conversación no es sana. ¡Se supone que eres mi madre! Eres tú quien debería aconsejarme que me olvide de Gael y que continúe con mi vida. Yo no puedo obligarlo a estar conmigo.
Mamá se abraza a sí misma con amargura en la mirada.
—Lo siento tanto, cariño. Lo siento por los dos, tal vez debí ser más fuerte y defenderlos. Solo eran unos niños pequeños e inocentes. Esto es horrible...
Mamá sale de mi habitación hablando sola mientras se lamenta de no sé qué. ¿Qué rayos le pasa?
Necesito bañarme, pero no en la ducha, así que salgo de la habitación dispuesta a refrescarme.
Estoy muy caliente.
Corro en dirección al río en mi forma de loba para acabar con este calor que me ha atacado de repente; sin embargo, no estoy segura si un chapuzón será suficiente para aminorar este caliente que me quema por dentro y que me sofoca.
Mientras me dirijo a las frescas aguas, las palabras de mi madre resuenan en mi mente de manera tortuosa.
¿Cómo se atreve ella a decirme eso? ¿Qué la motiva a insistir con algo tan ilógico?
Salgo de mis pensamientos cuando llego al río y mi cuerpo se detiene por inercia ante el dolor que me atraviesa el pecho, de igual manera, siento como mi corazón es destrozado en mil pedazos, una vez más.
Por su parte, el puto de Gael agranda los ojos cuando se percata de mi presencia. Lía se da cuenta de su impresión y mira en mi dirección, entonces puedo ver una sonrisa de satisfacción y victoria dibujársele en los labios.
Sé que ellos dos se acuestan desde hace mucho tiempo, pero presenciarlo con mis propios ojos me causa un dolor demasiado grande.
Mi cuerpo, mi mente y mi corazón no soportan la angustia de la traición, así que corro lejos de ellos.
No sé qué dirección he tomado, como tampoco me importa. Lo único que deseo en este momento es escapar y deshacerme de este dolor que desgarra todo mi interior.
«Mi lobo», se lamenta mi parte lobuna dentro de mí.
Llego a un risco y aúllo a todo pulmón, sacando todo el dolor que me consume, que me destruye de forma lenta y cruel.
¿Por qué mi mate no me quiere? ¿Por qué él me hace tanto daño? ¿Acaso no sabe que su comportamiento puede matarme? ¿Hasta cuándo fingiré que no pasa nada, que todo está bien?
¿Por qué, Gael?
Me siento débil.
—Gia, hablemos. —Me giro cuando su voz resuena detrás de mí. ¿Qué hace aquí? ¿Dónde está su amante?
«No quiero hablar contigo».
—Debes calmarte, estás muy alterada.
«No finjas que te importo. ¡No te acerques! ¡Me das asco!»
Retrocedo cuando él trata de acortar la distancia conmigo.
—Por favor, pequeña, debes calmarte. Tu corazón está latiendo muy rápido, es peligroso —sus ruegos son entorpecidos por el sollozo que le impide seguir hablando.
¿Cómo sabe eso?
«Si me muero, tendrías un problema menos».
—¡Deja de decir estupideces! Vuelve a tu forma humana y ven conmigo. Te prepararé tu postre favorito —intenta convencerme con voz trémula.
Por mi parte, trato de tranquilizarme porque temo a las consecuencias de mi estado, pero mi loba no cede. Lucho por recuperar el control y volver a mi forma humana; sin embargo, no puedo controlar los latidos frenéticos de mi corazón, que cada vez se tornan más asfixiantes, como tampoco logro someter la ira de mi loba.
Insisto en volver a mi forma racional, tal vez así pueda dominar mi estado, pero mi loba está muy herida y no quiere ceder. Ella está sufriendo la traición de su lobo.
Miro al risco y de momento luce tentador, por lo que peleo conmigo misma para no cometer una locura. ¿Por qué mi parte lobuna es una loca obsesiva que se ha confundido con Gael? Ella insiste en que él es mi mate, en que debemos estar juntos.
Cuando ella termina de tomar todo el control, no me queda más remedio que apretar los ojos con fuerza y rendirme a su locura. Ella se lanza por el risco, mas cuando logra su cometido, me deja tomar las riendas, por lo tanto, mientras caigo mi forma humana regresa.
Gael salta en mi dirección y logra atraparme. Con una destreza que no sé de dónde ha sacado, él da saltitos en la pared rocosa del risco y logra subir a la superficie conmigo en brazos.
 No entiendo bien qué ha sucedido, pero me obligo a salir de este extraño trance en el que el susto me ha dejado; me levanto con dificultad y encaro a Gael.
—¡Vete! ¡Regresa con tu amante y sigue revolcándote con ella! Olvida que estoy aquí sufriendo por un imposible. Lo sé, no eres mi mate, pero me dueles como si lo fueras. No sé por qué me sucede esto, no entiendo este dolor que está acabando conmigo y no puedo hacer nada para detenerlo.
—Vamos a hablar, por favor... —ruega con tono mortificado.

—¡No te acerques! —Retrocedo, pero me siento tan cansada, que ya no tengo fuerzas para luchar.
El calor se torna más insoportable y la mirada de Gael brilla, como si hubiera algo en mí que lo afectara. Trato de convertirme en loba para escapar de él; no obstante, mi cuerpo débil sufre las consecuencias del esfuerzo, así que pronto pierdo la consciencia.

¡Mate!

¡Mate! – Capítulo 9: La cita ¡Mate! – Capítulo 11: ¡No me toques!
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