Narrador omnisciente
Lejos de las regiones de los licántropos, se encuentra ubicada la comunidad de las brujas sangrientas y las hadas. Las primeras son criaturas malvadas, con sed de sangre, guerra y destrucción, asimismo, seductoras por naturaleza, muy lujuriosas y obsesivas.
Por otro lado, está la región de las hadas. Estas son hermosas, delicadas y con un tamaño menor que las brujas. Ellas tienen el poder de proteger la naturaleza y producirla, pero no son lo suficiente poderosas como para la guerra, mucho menos cuando de brujas se trata.
Por muchos años hubo guerra entre las tres especies, por lo que son muy pocas las brujas sangrientas que existen, en especial, porque los hombres murieron todos en la batalla y ellas no tienen con quien reproducirse.
La gran bruja, quien es una líder poderosa y de belleza hipnotizante, ha trabajado duro para romper la barrera entre los lobos y las comunidades de las demás criaturas con el objetivo de poder encantarles y aparearse, dado que con las hadas no pueden contar para esa tarea, debido a que estas solo pueden reproducirse entre su misma especie, aparte de que los varones no lucen tan salvajes y fieros como a ellas les gustan.
Las hadas son seres de tamaño medio, con cabellos azules, rosa y violeta. Sus narices son puntiagudas como el pico de un pájaro, labios pequeños y alas en forma de mariposa. Las casitas de las hadas son de diferentes colores y suelen estar decoradas con plantas y flores.
—¡Está hermoso este riachuelo! —celebra una aprendiz.
—¡Es su turno! —exclama la maestra con entusiasmo, contagiando a sus alumnos—. Ahora les daré un trozo de piedra. Deben convertirlo en tierra fértil y hacer que de allí nazcan plantas.
A la señal de la maestra, los aprendices empiezan a usar su poder para llevar a cabo el ejercicio. Diferentes resultados se van mostrando de acuerdo al ritmo y capacidad del estudiante. La maestra mira a sus aprendices con una sonrisa de satisfacción, al percatarse de que todos lograron el objetivo de la clase.
—Estoy orgullosa de todos ustedes.
—¿De mí también, maestra? —Un pequeño estudiante pregunta con timidez. Ella toma su pequeña porción de tierra con plantas torcidas y le sonríe con ternura.
—Has hecho un excelente trabajo. Por supuesto que estoy orgullosa de ti también.
El pequeño se sonroja y acaricia su trabajo. No es el mejor, pero se siente feliz de que su maestra lo elogiara.
Después de una clase productiva, nada sería mejor que un pastel dulce y colorido. La maestra se sienta en su mesa a degustar su almuerzo, cuando su hermana se coloca frente a ella con cara de preocupación. Esta, por su parte, toma un sorbo de su bebida refrescante, por medio de la pajilla colorida, y le sonríe con sorna.
—Deberías cambiar esa cara de limón que llevas. Más agria y no te soporto. —Como respuesta, su hermana hace una mueca ante su chiste sin gracia. Ella la mira con terror en sus ojos grandes y anaranjados.
—La gran bruja ha escapado —suelta sin más. Su hermana reacciona escupiendo la comida de la boca y pone la misma mirada aterrada—. Lo peor es que ha sabido guardar sus huellas. Nadie tiene idea de dónde pueda estar ni en qué momento volverá a atacar.
***
La chica pelirroja le mide la fiebre a la extraña bruja de ojos exóticos. Siente alivio cuando logra bajarle la calentura y su pulso recupera el ritmo regular. La mujer abre los ojos y mira a su alrededor desorbitada.
—¿Me dirás tu nombre alguna vez? —pregunta con los brazos cruzados.
—No, no tengo más que un título. ¿Quién eres tú? —responde ella con voz entrecortada. Todavía se encuentra muy débil y no se ha recuperado del todo.
—Entonces no eres una bruja simple como yo, después de todo. Interesante. ¿De dónde vienes?
—Yo pregunté primero —refuta con voz ronca e intimidante.
—Te equivocas. Yo fui la primera en preguntar y tú me respondiste con otra pregunta. Si quieres que te dé respuestas, debes ser recíproca y contestarme a mí también.
La mujer esboza un suspiro de resignación.
—Soy la gran bruja —confiesa.
—¿Qué? —expresa la pelirroja con sorpresa y desconcierto—. Para mí es un honor tenerla en mi humilde hogar. ¿Qué le sucedió?
—¿Tan lejos me encuentro que no sabes acerca de los últimos acontecimientos? Fui atrapada por las hadas con una piedra especial que ellas adquirieron de la naturaleza, pero como esta no fue lo suficientemente fuerte para retenerme por mucho tiempo, logré escapar; sin embargo, quedé mal herida.
—Qué bendición que lo haya logrado, gran bruja —celebra la chica con alivio—. Yo soy una bruja sencilla nacida en los lugares remotos. Soy mitad bruja y mitad loba. Cuando los licántropos pusieron la barrera, treinta años atrás, yo era una recién nacida. Mi madre fue asesinada por el lobo a quien ella embrujó para poderse aparear, al mes de yo haber nacido, que fue cuando los lobos usaron la protección.
—Entonces eres única. Los licántropos asesinaron a los hijos de los híbridos porque para ellos era una aberración. Chiquilla, me serás muy útil en mi misión. ¿Has podido convertirte en loba?
—Sí, pero en una loba débil. Al parecer, soy más bruja que licántropo.
—Eso no será problema. Solo debes beber sangre de un cachorro y podrás camuflarte entre los lobos. Antes de ser atrapada por las hadas, logré hacerle un orificio a la barrera y entrar, pero de inmediato las hadas me sacaron con una piedra extraña, que es la que te mencioné, y me encerraron.
—Entonces cuente conmigo para lo que necesite. Yo he tratado de romper la protección por mi cuenta, pero se me ha hecho imposible.
—Eso se debe a los líderes supremos. Cada milenio nace un par de licántropos especiales, quienes bendicen a su comunidad con su sola presencia y su energía fortalece sus territorios.
» Doce años atrás, descubrí que el hijo del alfa de la manada Luna Dorada es un licántropo supremo, en aquel entonces tenía la energía suficiente para traspasar la barrera, pero no me esperaba que la manada tuviera instrumentos hechos por las mismas hadas. Logré matar a todos; sin embargo, fui sacada de allí por la energía de un chico.
—¿Cuál chico? —pregunta la joven con intriga.
—El hijo del alfa, quien, a su vez, es el líder supremo. Al nacer, la naturaleza le regala dos pendientes, uno dorado y otro plateado. Quien obtenga el dorado, tendrá control sobre él. Ese pendiente pertenece a su compañera, que, si lo llega a usar, nadie podrá salir airoso en contra de ellos dos y todos los lobos tendrán que someterse a la pareja.



Bonita historia!
Gracias