blank

Capítulo 32

This entry is parte 34 de 40 in the series Mi esposo no me ama

Era sábado y Pablo se había llevado a Adrián a casa de sus padres por todo el fin de semana, así que Jimena aprovechó para asistir a una pijamada en el apartamento de sus hermanas. Invitaron a Laura y a Lisa.
Ok, Jim, cuéntamelo todo —la abordó Cecilia con curiosidad y una sonrisa pícara que puso a Jimena nerviosa, pues ya se imaginaba a qué se refería.
—¿Que cuente qué? —fingió inocencia y entrecerró los ojos.
—No te hagas, yo te vi —añadió Claudia mientras la señalaba con su dedo índice—. ¿Cómo besa el ardiente bailarín?
Jimena casi dio un respingo frente a la pregunta tan directa. Sabía que no se libraría de ellas, así que decidió contarles. Soltó un largo suspiro y sonrió maliciosa.
Ok, les diré. —Suspiró, rendida—. Es todo un experto. Sentí que me derretía cuando me besaba. Pero…
—¿Pero? —preguntó Claudia con reproche, pues se imaginaba que el “pero” era Pablo.
Jimena entendió su queja. Claudia era la única que no estaba de acuerdo con que ellos regresaran. Después de ver el sufrimiento de su hermana, temía que Pablo la volviera a dañar.
—Nada —respondió cabizbaja—. Son tonterías mías. Es que no estoy acostumbrada a este tipo de relación sin compromiso.
—Disfrútalo, querida. Ese Bruno es muy sensual —le dijo Claudia con picardía.
—Me imagino lo experto que debe ser en la cama —comentó Cecilia, juguetona.
—No pienso llegar tan lejos con Bruno —refutó Jimena, muy segura de su decisión, lo que provocó un jadeo de reclamo en el grupo, pero ella lo ignoró y añadió—: El sexo vacío y sin compromiso no es lo mío. Entiendo que a muchas personas les funciona, pero dado mi historial, prefiero inhibirme.
—Ah, ¿no? Tú no tuviste ningún compromiso con Jack —recalcó Claudia.
—Yo quería algo serio con él, aunque mi relación con Jack fue algo que no debió pasar. Acepté salir con él porque estaba harta de tener sentimientos por Pablo mientras él estaba con otra. Eso fue injusto y egoísta de mi parte —reconoció. La culpa y el arrepentimiento se reflejaban en el brillo triste de sus ojos celestes.
—Entonces… ¿ya no amas a Pablo? —le preguntó Laura, media incómoda. Era la única del grupo, exceptuando a Lisa, que tenía una opinión neutra, que pensaba que ellos debían regresar—. Creí que ustedes se estaban entendiendo bien.
Jimena se quedó pensativa y luego sonrió.
—Somos buenos amigos —contestó con serenidad—. Creo que ya superamos nuestra relación fallida.
—¿Estás segura? —la confrontó Laura, no muy convencida, y Jimena respiró profundo—. Al parecer, Pablo no te ha superado.
—Pues debería hacerlo. Ya nuestro tiempo pasó, es momento de continuar cada uno por su lado. Yo ya estoy cansada del drama en mi vida, quiero experimentar otras cosas —respondió, y tras un silencio tenso, Claudia cambió el tema.

***
 
Pablo estaba concentrado, leyendo y firmando unos documentos, cuando su secretaria entró a la oficina.
—Aquí tiene los boletos que encargó, señor. —La empleada le pasó un sobre a Pablo y él le agradeció. Una vez ella salió de la oficina, él abrió el papel, emocionado.
—¡Hasta que por fin los conseguí! Jimena se pondrá muy feliz. Mi amor, te daré una sorpresa. —Sonrió como tonto.
Esa tarde, Pablo se dirigió a la institución con ansias, únicamente para invitar a Jimena, dado que ese día no le tocaba clases.
Tenía entradas para un evento de artes marciales que se estaba dando en la ciudad y que sabía que Jimena estaría encantada de ver, mas no le diría hasta que estuvieran allá, porque quería sorprenderla. La actividad era exclusiva y con entradas limitadas, por lo que conseguirlos le fue difícil y costoso, pero valía la pena. Añoraba ver su gran sonrisa cuando se viera allí.
—Hola, Jim —la saludó con nerviosismo.
—Hola, Pablo. —Ella le devolvió el saludo con una sonrisa.
—He estado un poco estresado en estos días y tengo ganas de hacer algo fuera de la rutina hoy. Así que estuve pensando: Pablo, ¿por qué no invitas a tu amiga Jimena a dar una vuelta? No sé, ¿me acompañarías a votar el estrés? No es una salida formal, solo iremos por ahí para conversar. ¿Aceptas? —preguntó expectante.
—¡Claro que sí! —Ella contestó sonriente.
Pablo salió emocionado de la institución. Volvió a la oficina y miraba el reloj a cada minuto. No podía esperar para ver la cara de Jimena por su sorpresa.
Mientras tanto, Jimena fue a ver a Bruno tras terminar una de sus clases, pero antes de llegar al salón se lo encontró en el pasillo.
—Hola, Jim —la saludó él desde que notó su presencia y la abordó con un abrazo—. Hice una reservación en un restaurante para una cena especial entre tú y yo.
—Eso suena bien. ¿Cuándo es la cena?
—Esta noche.
—¿Esta noche? Pero… —Se quedó pensativa un rato, pues ya le había dicho a Pablo que iría con él a dar una vuelta. Sin embargo, la propuesta de Bruno le pareció más atractiva y tentadora, una oportunidad de avanzar en lo que fuera que estaban empezando. O quizás solo era una excusa para no estar a solas con Pablo—. ¿Puedo darte mi respuesta en un rato? —le pidió, a lo que él asintió con movimientos de cabeza.
—Pero, Jim —dijo Bruno de repente, mientras conectaba sus miradas—, no acepto un no por respuesta —advirtió. Le guiñó un ojo con toda su picardía y se fue a su próxima clase.
Jimena, quien se encontraba frente a un nuevo dilema, fue a donde estaba Claudia y se sentó frente a ella, buscando un consejo.
—Clau, necesito una sugerencia —pidió como si estuviera en una gran encrucijada—. Pablo me invitó a dar una vuelta esta noche para conversar. Pero, entonces, Bruno me invitó a salir. Incluso hizo la reservación en un restaurante y todo. No sé qué hacer… si tan solo Bruno me hubiera dicho antes.
Su voz temblaba ligeramente. Estaba jugando con sus manos y se sentía como una adolescente enamorada de su amor platónico. Quizás, en el fondo, buscaba la aprobación de su hermana o saber a plenitud si debía salir con Pablo, aunque fuera algo tan simple como solo caminar por ahí y conversar.
Pero “conversar” era lo que la tenía inquieta y temerosa, pues había notado algunas señales de Pablo, como si su cercanía estuviera escalando a algo más que la amistad que habían construido por el hijo que tenían en común.
—Jim, no te atrevas a rechazar esa cita con Bruno —le respondió Claudia con firmeza—. Lo de Pablo no es nada serio, ustedes pueden conversar en cualquier momento. Sin embargo, lo de Bruno es una cita de verdad con tu posible novio. ¡Hasta hizo una reservación!
—Lo sé, pero me da pesar con Pablo —contestó indecisa y un poco decepcionada.
—Jim, Pablo entenderá. Solo dile que saldrán otro día y ya. Total, ustedes qué tanto hablan. ¿Vas a rechazar una cita con semejante hombre por una tonta caminata? ¡Por favor, Jimena!
La aludida suspiró profundo y asintió con la cabeza, como si tratara de convencerse a sí misma.
—Tienes razón. Voy a llamar a Pablo para cancelarle —musitó, un poco desganada.
Salió de allí decidida a cancelarle a Pablo, y se rio de sí misma porque estaba dispuesta a rechazar una cita por una simple caminata con él.
¿Tan poco lo había superado, que corría tras él así de simple?
Se tardó más de lo necesario en buscar su celular y, con manos trémulas, tecleó los números que se sabía de memoria.
Pablo tomó el teléfono lleno de alegría al ver la llamada entrante de Jimena.
—Hola, rubia candente —contestó, mientras miraba los boletos.
—Pablo… —Su voz se escuchó temblorosa y débil—. Lo siento, pero no podré acompañarte hoy… Te prometo que lo compensaré, y yo te invitaré la pizza y el helado. Es que se me presentó una cita que no puedo rechazar… ¿Me perdonas?
—Oh… —Su voz se apagó, al igual que la sonrisa que tenía en el rostro—. ¿Sería mucho atrevimiento preguntar por tu cita? —trató de no arrastrar las palabras.
—Es con Bruno; iremos a cenar a un restaurante. Como solo saldríamos sin un rumbo fijo, entonces voy a aceptar su cita. Luego tú y yo tenemos esa conversación, ¿sí?
Pablo sintió cómo su corazón se destrozaba en pedazos. Tuvo que respirar varias veces para articular las palabras.
—No te preocupes —dijo con tristeza, luchando por disimular lo roto que estaba—. Lo mío no era nada especial —respondió mientras apretaba los boletos que había ordenado dos semanas atrás—. Que te diviertas, Jim. Si me disculpas, debo cerrar, todavía estoy atascado con unos documentos.
Sin esperar una respuesta, Pablo colgó. Se relamió los labios porque se los sintió resecos. Luego miró las entradas que le habían traído tanta ilusión.
—No era solo una caminata… —susurró, sintiéndose desdichado y patético.

Mi esposo no me ama

Capítulo 31 Capítulo 33
Compartir

2 comentarios en “Capítulo 32”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *