«No quiero vivir un amor incierto, como tampoco quiero seguir arriesgando tu vida».
«¿Me estÔs rechazando?»
Ā«Lo siento…Ā»
«Me vas a hacer mÔs daño si me rechazas».
«Lo superarÔs».
***
āĀ”No me jodas, Arel! āMe levanto de repente, fuera de mis cabalesā. Ā”Oh, no! Ā”A mĆ no me vas a tratar como a una loca! Ā”Vi a esa bestia! Ā”TĆŗ estabas allĆ conmigo, con un demonio!
āHubo un enfrentamiento, las personas se asustaron y tĆŗ te alteraste. Te subĆ a la camioneta porque entraste en estado de shock y, debido a lo nerviosa que te encontrabas, te desmayaste. Es por eso que te llevĆ© a tu casa y te dejĆ© allĆ dormida. Es lo que sucedió.
āĀ”Maldición! HabĆa una mujer de cabellos rosados. Ella hirió a la bestia con una espada de plata, luego se me acercó y empecĆ© a sentirme dĆ©bil. Ella me hizo algo, estoy segura.
āĀæTe estĆ”s escuchando? āArel se me acerca, mas yo retrocedo.
āNo me trates como a una loca, Arel. En este pueblo suceden cosas extraƱas. Despedazan personas cerca del bosque y dentro de este, hay un lobo enorme y ahora un hombre lobo. Vi a ambos y no estoy loca.
Arel se ha puesto pĆ”lido. Juega con sus cabellos mientras camina en cĆrculos por toda la sala.
āCreo que el asunto del asesino y las leyendas del pueblo te estĆ”n afectando. Tal vez sólo tuviste una pesadilla, Aliana.
āArel, no me ocultes la verdad. TĆŗ mismo me dijiste que sĆ hay un asesino. CreĆ que estabas loco, pero al parecer estĆ”s en lo cierto. Hay una bestia asesina. ĀæSabes quĆ© es lo peor? Creo que soy su próxima vĆctima. Desde que lleguĆ© a este pueblo me he sentido observada, y anoche esa bestia decĆa que yo le pertenecĆa.
āDeja de hablar como las personas de este pueblo.
āĀ”No sĆ© por quĆ© pierdo mi tiempo, si siempre es asĆ contigo! Me dices las frases a medias, omites información y te contradices. Ā”No quiero volver a verte! ĀæSabes? Tal vez estĆ©s involucrado en todo este asunto; Ā”quizĆ”s tĆŗ tambiĆ©n eres una de esas bestias! Ā”Hasta te pareces al maldito lobo feroz!
āĀ”Ya basta! Ā”Pregonas querer saber la verdad, pero tĆŗ misma te bloqueas!
āĀæQuĆ©? ĀæDe quĆ© rayos me estĆ”s hablando?
Arel se tira en el sofĆ” y esboza un suspiro, acto seguido, oculta el rostro entre sus dos manos.
āArel, dime lo que sea que tengas que decirme.
āĀæPara quĆ©? De todas formas, te vas a bloquear. CorrerĆ”s tras la bruja del demonio y dejarĆ”s que te convenza. Esto se estĆ” convirtiendo en un maldito bucle. ĀæCuĆ”ntas veces me vas a rechazar? ĀæCuĆ”ntas veces romperĆ”s nuestro vĆnculo?
No sƩ quiƩn estƔ mƔs loco, si Arel o yo.
āNo entiendo de quĆ© me hablas.
āĀ”Vete de mi casa!
āĀæPerdón? āY este, ĀæquĆ©?
āNo quiero verte. Me estresas.
āĀæDisculpa? Quien me tiene estresada eres tĆŗ.
āĀ”Me vas a volver loco! āSe levanta del sofĆ” con cara de desquiciado.
āĀ”No hace falta! Ā”Ya lo estĆ”s…!
Arel me interrumpe con un beso. Uno cargado de rabia, de desesperación e impotencia. Debo tener algún trastorno psicológico porque esa manera de besarme me excita.
Me engancho de Ć©l y abrazo su cuello, jalando su cabello plateado en el acto. Mis piernas rodean su cintura y sus manos fuertes me sostienen. Aprieto sus labios con la misma furia que Ć©l a mĆ, mientras que nuestras respiraciones se salen de control. Nuestras lenguas se encuentran y empiezan una batalla excitante, que me hace desear mĆ”s. Los ojos plateados de Arel se tornan brillantes; su mirada fiera me da la impresión de que Ć©l quiere comerme.
Arel camina conmigo encima y se tambalea, no porque yo le sea pesada, mĆ”s bien es por la excitación del momento. Me pega contra la pared y rompe mi blusa, dejando al descubierto mi sostĆ©n rojo. GruƱe de una manera que me causa escalofrĆos. Arel parece otra persona, como si fuese un animal salvaje a punto de comer su cena.
āĀ”Rompiste mi blusa nueva, animal! āGolpeo su firme pecho, hecha furia.
āEres modista, puedes arreglarlo.
Quiero matar a este tonto.
āĀ”La has roto en dos! ”¿Cómo se supone que voy a arreglar eso?!
āPuedo comprarte diez blusas si quieres ādice con diversión en su tonoā. Por cierto, lindo sostĆ©n.
De verdad quiero matarlo; no obstante, me he perdido en sus labios hinchados, que se han tornado rojizos y se ven humectados por nuestra saliva. Su pecho sube y baja de la excitación, al tiempo en que sus ojos me observan con una fascinación que me provoca escalofrĆos.
āImbĆ©cil, Āæpor quĆ© tienes que estar tan bueno?
āĀæAh?
Me carcajeo como lunÔtica, al ver la cara de pendejo que tiene mi chico plateado en este momento. Recuesto mi cabeza sobre su pecho, dejÔndome relajar por los acelerados latidos de su corazón. Su olor es adictivo, su calor la mÔs deliciosa sensación. ¿Por qué me gustas tanto, Arel? ¿Cómo es que siento que te conozco de toda la vida? ¿Por qué me siento tan cómoda y desnuda ante ti?
āTĆŗ y yo somos uno, mi hermosa caperucita. Tu lucha es inĆŗtil.
Me abraza. Me fundo en su gesto y dejo que las lƔgrimas mojen su camiseta.
***
Arel y yo comemos ente risas, ambos estamos sentados en el piso cubierto por la alfombra negra, hablando tonterĆas y riendo de nada en especĆfico.
Cuando terminamos de comer, nos ponemos a bailar una mĆŗsica rara, pero alegre; segĆŗn Arel, es parte del folklor de Hadima.
āEres pĆ©sima bailarina ādice Ć©l entre risas, despuĆ©s de que lo haya pisado unas diez veces. Me le lanzo encima y le hago cosquillas, cayendo ambos sobre el sofĆ”ā. Basta… ābalbucea sin parar de reĆr.
Me siento tan poderosa en este momento, que me pongo sobre Ć©l en cuclillas, hasta caer sobre su cintura. Ćl me agarra por las muƱecas para evitar que siga torturĆ”ndolo, entonces lucho para liberarme. Nuestro juego inocente va subiendo de tono cuando nuestras partes Ćntimas se rozan, lo que provoca que cambiemos nuestros movimientos a unos atrevidos y busquemos ese placer que nos brinda la fricción. Me muevo con mĆ”s intensidad sobre Ć©l cuando gruƱe; sin embargo, casi grito por lo rĆ”pido que se pone de pies conmigo encima y camina directo a su habitación.
Oh… Oh…
Varios temblores de anticipación me recorren el cuerpo al ser consciente de lo que Arel pretende. Desde que lo conocà he deseado este momento; no obstante, ahora no estoy tan segura de querer dar ese paso.
¿Por qué tengo miedo?
Arel me pone sobre la cama con delicadeza, para luego sacarse la camiseta con lentitud, como si me estuviera dando tiempo para que recapacite, me arrepienta y detenga lo que tanto deseamos los dos.
Lo he añorado a tal magnitud que ha dolido, mas bloqueo esa necesidad porque es una locura. Hay tantas omisiones entre nosotros, secretos que no sé si existen o son parte de mi imaginación. Es como una sensación agridulce, como si nuestra historia hubiese empezado mucho antes y nuestra situación fuera demasiado complicada para ser afrontada, aunque nuestros corazones no se rinden.
Me he quedado helada. No sƩ si detener esto o seguir. Tengo sentimientos encontrados.
āSi damos este paso, ya no habrĆ” marcha atrĆ”s āsentencia con voz temblorosa.
Mi cuerpo es sacudido por varios escalofrĆos al ser consciente del peso de sus palabras. ĀæDe verdad harĆ© el amor con Arel?
