13. Lobo feroz: Disociación

This entry is parte 15 de 31 in the series Lobo feroz

«No quiero vivir un amor incierto, como tampoco quiero seguir arriesgando tu vida».

«¿Me estÔs rechazando?»

Ā«Lo siento…Ā»

«Me vas a hacer mÔs daño si me rechazas».

«Lo superarÔs».

***

—”No me jodas, Arel! —Me levanto de repente, fuera de mis cabales—. Ā”Oh, no! Ā”A mĆ­ no me vas a tratar como a una loca! Ā”Vi a esa bestia! Ā”TĆŗ estabas allĆ­ conmigo, con un demonio!

—Hubo un enfrentamiento, las personas se asustaron y tĆŗ te alteraste. Te subĆ­ a la camioneta porque entraste en estado de shock y, debido a lo nerviosa que te encontrabas, te desmayaste. Es por eso que te llevĆ© a tu casa y te dejĆ© allĆ­ dormida. Es lo que sucedió.

—”Maldición! HabĆ­a una mujer de cabellos rosados. Ella hirió a la bestia con una espada de plata, luego se me acercó y empecĆ© a sentirme dĆ©bil. Ella me hizo algo, estoy segura.

—¿Te estĆ”s escuchando? —Arel se me acerca, mas yo retrocedo.

—No me trates como a una loca, Arel. En este pueblo suceden cosas extraƱas. Despedazan personas cerca del bosque y dentro de este, hay un lobo enorme y ahora un hombre lobo. Vi a ambos y no estoy loca.

Arel se ha puesto pƔlido. Juega con sus cabellos mientras camina en cƭrculos por toda la sala.

—Creo que el asunto del asesino y las leyendas del pueblo te estĆ”n afectando. Tal vez sólo tuviste una pesadilla, Aliana.

—Arel, no me ocultes la verdad. TĆŗ mismo me dijiste que sĆ­ hay un asesino. CreĆ­ que estabas loco, pero al parecer estĆ”s en lo cierto. Hay una bestia asesina. ĀæSabes quĆ© es lo peor? Creo que soy su próxima vĆ­ctima. Desde que lleguĆ© a este pueblo me he sentido observada, y anoche esa bestia decĆ­a que yo le pertenecĆ­a.

—Deja de hablar como las personas de este pueblo.

—”No sĆ© por quĆ© pierdo mi tiempo, si siempre es asĆ­ contigo! Me dices las frases a medias, omites información y te contradices. Ā”No quiero volver a verte! ĀæSabes? Tal vez estĆ©s involucrado en todo este asunto; Ā”quizĆ”s tĆŗ tambiĆ©n eres una de esas bestias! Ā”Hasta te pareces al maldito lobo feroz!

—”Ya basta! Ā”Pregonas querer saber la verdad, pero tĆŗ misma te bloqueas!

—¿QuĆ©? ĀæDe quĆ© rayos me estĆ”s hablando?

Arel se tira en el sofĆ” y esboza un suspiro, acto seguido, oculta el rostro entre sus dos manos.

—Arel, dime lo que sea que tengas que decirme.

—¿Para quĆ©? De todas formas, te vas a bloquear. CorrerĆ”s tras la bruja del demonio y dejarĆ”s que te convenza. Esto se estĆ” convirtiendo en un maldito bucle. ĀæCuĆ”ntas veces me vas a rechazar? ĀæCuĆ”ntas veces romperĆ”s nuestro vĆ­nculo?

No sƩ quiƩn estƔ mƔs loco, si Arel o yo.

—No entiendo de quĆ© me hablas.

—”Vete de mi casa!

—¿Perdón? —Y este, ĀæquĆ©?

—No quiero verte. Me estresas.

—¿Disculpa?  Quien me tiene estresada eres tĆŗ. 

—”Me vas a volver loco! —Se levanta del sofĆ” con cara de desquiciado.

—”No hace falta! Ā”Ya lo estĆ”s…!

Arel me interrumpe con un beso. Uno cargado de rabia, de desesperación e impotencia. Debo tener algún trastorno psicológico porque esa manera de besarme me excita.

Me engancho de él y abrazo su cuello, jalando su cabello plateado en el acto. Mis piernas rodean su cintura y sus manos fuertes me sostienen. Aprieto sus labios con la misma furia que él a mí, mientras que nuestras respiraciones se salen de control. Nuestras lenguas se encuentran y empiezan una batalla excitante, que me hace desear mÔs. Los ojos plateados de Arel se tornan brillantes; su mirada fiera me da la impresión de que él quiere comerme.

Arel camina conmigo encima y se tambalea, no porque yo le sea pesada, mÔs bien es por la excitación del momento. Me pega contra la pared y rompe mi blusa, dejando al descubierto mi sostén rojo. Gruñe de una manera que me causa escalofríos. Arel parece otra persona, como si fuese un animal salvaje a punto de comer su cena.

—”Rompiste mi blusa nueva, animal! —Golpeo su firme pecho, hecha furia.

—Eres modista, puedes arreglarlo.

Quiero matar a este tonto.

—”La has roto en dos! ”¿Cómo se supone que voy a arreglar eso?!

—Puedo comprarte diez blusas si quieres —dice con diversión en su tono—. Por cierto, lindo sostĆ©n.

De verdad quiero matarlo; no obstante, me he perdido en sus labios hinchados, que se han tornado rojizos y se ven humectados por nuestra saliva. Su pecho sube y baja de la excitación, al tiempo en que sus ojos me observan con una fascinación que me provoca escalofríos.

—ImbĆ©cil, Āæpor quĆ© tienes que estar tan bueno?

—¿Ah?

Me carcajeo como lunÔtica, al ver la cara de pendejo que tiene mi chico plateado en este momento. Recuesto mi cabeza sobre su pecho, dejÔndome relajar por los acelerados latidos de su corazón. Su olor es adictivo, su calor la mÔs deliciosa sensación. ¿Por qué me gustas tanto, Arel? ¿Cómo es que siento que te conozco de toda la vida? ¿Por qué me siento tan cómoda y desnuda ante ti?

—TĆŗ y yo somos uno, mi hermosa caperucita. Tu lucha es inĆŗtil.

Me abraza. Me fundo en su gesto y dejo que las lƔgrimas mojen su camiseta.

***

Arel y yo comemos ente risas, ambos estamos sentados en el piso cubierto por la alfombra negra, hablando tonterĆ­as y riendo de nada en especĆ­fico.

Cuando terminamos de comer, nos ponemos a bailar una mĆŗsica rara, pero alegre; segĆŗn Arel, es parte del folklor de Hadima.

—Eres pĆ©sima bailarina —dice Ć©l entre risas, despuĆ©s de que lo haya pisado unas diez veces. Me le lanzo encima y le hago cosquillas, cayendo ambos sobre el sofÔ—. Basta… —balbucea sin parar de reĆ­r.

Me siento tan poderosa en este momento, que me pongo sobre Ć©l en cuclillas, hasta caer sobre su cintura. Ɖl me agarra por las muƱecas para evitar que siga torturĆ”ndolo, entonces lucho para liberarme. Nuestro juego inocente va subiendo de tono cuando nuestras partes Ć­ntimas se rozan, lo que provoca que cambiemos nuestros movimientos a unos atrevidos y busquemos ese placer que nos brinda la fricción. Me muevo con mĆ”s intensidad sobre Ć©l cuando gruƱe; sin embargo, casi grito por lo rĆ”pido que se pone de pies conmigo encima y camina directo a su habitación.

Oh… Oh…

Varios temblores de anticipación me recorren el cuerpo al ser consciente de lo que Arel pretende. Desde que lo conocí he deseado este momento; no obstante, ahora no estoy tan segura de querer dar ese paso.

¿Por qué tengo miedo?

Arel me pone sobre la cama con delicadeza, para luego sacarse la camiseta con lentitud, como si me estuviera dando tiempo para que recapacite, me arrepienta y detenga lo que tanto deseamos los dos.

Lo he añorado a tal magnitud que ha dolido, mas bloqueo esa necesidad porque es una locura. Hay tantas omisiones entre nosotros, secretos que no sé si existen o son parte de mi imaginación. Es como una sensación agridulce, como si nuestra historia hubiese empezado mucho antes y nuestra situación fuera demasiado complicada para ser afrontada, aunque nuestros corazones no se rinden.

Me he quedado helada. No sƩ si detener esto o seguir. Tengo sentimientos encontrados.

—Si damos este paso, ya no habrĆ” marcha atrĆ”s —sentencia con voz temblorosa.

Mi cuerpo es sacudido por varios escalofríos al ser consciente del peso de sus palabras. ¿De verdad haré el amor con Arel?

Lobo feroz

12. Lobo feroz: Puzzle 14. Lobo feroz: Te rechazo
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