Érase una vez, una maravillosa región llamada Évrima. Allí habitaban las criaturas más hermosas y bondadosas de todo Hadima. Ellas vivían en armonía junto a sus amos: los omorfianos.
Los omorfianos eran seres hermosos, bondadosos y muy sensibles. Tenían el poder de controlar la naturaleza, de acuerdo al don que se les había concedido, asimismo, su belleza les era un arma de encantamiento para usarlas a su favor.
—Eso suena genial, mami. Yo quiero tener el poder de controlar el agua. ¿Puedo ser una omorfiana?
—Pequeña, mejor sé una pueblerina común y corriente. Haz de cuenta que esos seres solo son una leyenda, ¿sí?
—Sí… mami… Qué… hermosa… te ves…
***
—¡Llévame a mi casa, por favor! No me siento bien…
No entiendo a este chico. Me tiene retenida en este teatro y se rehúsa en llevarme a casa. Esto me pasa por coqueta; no debí aceptar salir con Arel, su comportamiento no es normal.
—Vamos. —Mira al cielo con nerviosismo. Me toma de las manos y me sube al auto—. ¿Recuerdas que te dije que no había peligro cerca del bosque? —Asiento. Me recuesto del asiento y respiro varias veces. Me siento muy mal—. Me retracto. No sabía que había vuelto, creí que estaba muerto; yo… fallé.
—¿De qué rayos me estás hablando?
Arel juega con su cabello y denota mucha angustia.
—El asesino con sed de sangre. Creí que había muerto años atrás, pero no fue así. Creí que las muertes en el bosque eran el resultado de que algunos intrusos habían cruzado la línea prohibida, pero al parecer me equivoqué.
Sigo sin entender lo que me dice. Me abrazo a mí misma y las lágrimas empañan mis ojos, debido a la situación en la que me encuentro. Tengo tanto miedo. ¿Quién diría que terminaría saliendo con un lunático? Mejor le sigo la corriente, no vaya a ser que me asesine por llevarle la contraria.
—No debes preocuparte por mí. Tengo un bate en mi habitación, por lo tanto, si el asesino intenta atacarme le irá muy mal; oh sí… —Creo que he exagerado mis gestos y mi tono.
—No me crees, ¿cierto? —La angustia con la que hace esa pregunta me da más miedo. No quiero que este loco me haga daño—. Nunca te haría tal cosa.
Ok, esto sigue siendo raro. Yo también me estoy volviendo loca, dado que ya no sé diferenciar cuándo hablo y cuándo pienso.
—No estás loca.
—¡Ya basta!
Sacudo la cabeza con alteración. Aparte de que no me siento bien, tengo esta extraña experiencia con este chico raro. Necesito llegar a casa y dormir.
El silencio inunda el vehículo y aprovecho para dormitar un poco. No sé si es mi imaginación, pero creo que escucho a Arel discutir con él mismo; sin embargo, estoy tan mareada que no le presto atención. De seguro está alucinando o algo así; es lo que hacen los locos, ¿no?
«Pero nos sentimos seguras con él».
¿Quién dijo eso?
—No está lista.
Escucho a Arel hacer en un gruñido.
» Sé que estás ansioso, yo también, pero no la voy a presionar. Necesita recordar quién es primero.
¿Arel está hablando solo?
Creo que estoy alucinando por el sueño. No sé cuánto tiempo transcurre o si todavía estamos en el vehículo o no. Estoy en un trance de paz… Trato de despertar, abro los ojos a medias, pero no estoy segura de lo que veo.
Mis párpados pesan…
—Aliana, duerme bien. No te preocupes, yo velaré tus sueños.
Es lo último que escucho. Mi cuerpo entra en calor al sentir la suavidad de algo peludo; se siente tan bien y cómodo.
—Buenas noches… —Es lo último que escucho.
***
¡Qué bien dormí anoche!
Salto del colchón. No sé cómo terminé en mi cama y… ¿con mi camisón? No recuerdo habérmelo puesto.
¿Bebí anoche?
Camino en dirección a la cocina porque el hambre que tengo es insoportable.
¡Qué rayos!
La canasta está en la mesa de mi cocina. Eso significa… Miro por todos lados, llena de terror. Busco el bate que compré en el mercado y camino con sigilo en medio de la casa. Todas las puertas están cerradas y no hay nadie aquí. ¿Cómo es que apareció esta canasta en mi cocina? ¿Y si soy sonámbula?
Miro el contenido y, de inmediato, el olor a chocolate con leche inunda mis fosas nasales. Saco la bebida caliente y la echo en una taza, luego tomo el recipiente que contiene un huevo duro, queso y puré de papas. Acto seguido, miro la hora en el enorme reloj que todavía me da escalofríos mientras como. Es casi medio día.
Bien, no me voy a asustar. Debe haber una explicación lógica para este asunto. Al parecer, soy sonámbula. Y, dado que siempre acostumbro a buscar la canasta que mi benefactor me deja temprano en la mañana, es probable que lo haya hecho dormida. Sí, eso fue lo que sucedió.
«Deja de engañarte a ti misma y trata de recordar. Estoy ansiosa por ser marcada».
¿Qué? ¿Quién dijo eso?
Miro por todos lados en busca de quién sea que me está hablando.
Puf… El hambre me tiene con episodios de delirio.
Después de limpiar la casa, coser por varias horas y organizar las ropas que llevaré a las tiendas mañana, me dejo caer en el sofá muerta del cansancio. Es cuando los recuerdos de ayer me visitan de repente, sacándome del letargo del que no había salido o quizás se trate de un estado de negación.
Mis manos se sienten acalambradas y el pecho me sube y baja con agitación. ¿Cómo es que estuve en este trance evasivo todo el día? Salgo de la casa con denotado nerviosismo para tomar aire, entonces me encuentro con un grupo de personas que murmuran entre ellas. Corro en dirección a John, quien acaba de llegar en su auto. Desde que sale, camina a toda prisa a mi encuentro.
—¿Estás bien? —pregunta, lleno de preocupación.
—Sí, ¿qué sucede? ¿Por qué hay personas por los alrededores? Este vecindario siempre está solitario, pero hoy…
—¿No te has enterado? —me interrumpe, y me mira como si yo fuera una cosa rara.
—¿Qué está sucediendo?
—Aparecieron restos humanos en la carretera. Hay sangre desde esta calle hasta la entrada del bosque.
—¿Qué? ¿Cuándo sucedió eso? —Estoy aterrada y en estado de estupor.
—Lo encontraron hacen unas horas, pero al parecer, ocurrió en la madrugada. Puesto que este lugar no es muy concurrido, nadie lo había notado. Estaba en el trabajo cuando me avisaron y no te imaginas lo preocupado que estuve por ti.
Un escalofrío me recorre la columna vertebral mientras varias imágenes confusas aturden mi mente. Mis manos temblorosas son la evidencia del miedo que me ha embargado.
—Eso significa que de verdad hay un asesino. O tal vez fue el lobo; anoche escuché aullidos.
John se queda pensativo por unos segundos.
—Ya sean «lobos», alguna extraña criatura o un asesino, debes tener cuidado. Es probable que mis colegas te hagan preguntas, ya que ahora mismo están buscando más restos del cuerpo, pero no tardarán en interrogar a los vecinos —dice, apuntando con su dedo a un grupo de policías que se encuentran en la escena del crimen.
Asiento.
Camino en dirección a mi casa y, una vez he cerrado la puerta detrás de mí, me dejo caer al piso. Las lágrimas me mojan el rostro y varios escalofríos provocan que me abrace a mí misma.
—Arel no está loco después de todo —susurro. El sabor amargo en mi boca se torna insoportable. No entiendo este miedo, esta sensación de peligro que me alerta con desesperación que debo descubrir una verdad que ignoro. De repente, estar en esta casa no me gusta. Hay algo aquí que me hace sentir incómoda, ahogada.
«Cuando lo olvides, busca la manera de volver a recordar».
«¿Hasta cuándo estaremos así?»
«Hasta que encuentre la forma de llevarte a casa».
«Confío en ti».
«No pierdas la confianza. Debes creer que habrá una solución. No dejes que mueran las esperanzas y espera por mí. Te encontraré».
Lágrimas de dolor ruedan por mis mejillas como torrentes. Esas voces no dejan de torturarme. Recuerdos perdidos tratan de ser encontrados, pero una parte de mí los suprime.
***
Arel
Ignoro los reclamos de Rose y me sumo en mis pensamientos; sin embargo, ella continua su parloteo e insiste en lo mismo. Me tiene harto…
—Arel, deberías rendirte y regresar a casa. Sabes que en la villa tienes un lugar para ti. Eres parte de nosotros. —Su cabello rosa se mueve mientras ella habla y le roza las generosas caderas, de alguna forma, eso me entretiene. Rose es una mujer hermosa, como cualquier omorfiano, pero a mí no me asombra su belleza, pese a que posee los ojos de color violeta más exóticos que he visto y usa vestidos que resaltan sus atributos y la hacen lucir muy deseable. Por supuesto, yo no soy hechizado por sus encantos de mujer.
—No la dejaré sola…
—Pero ella te dejó a ti. ¿Por qué insistes y te aferras a una mujer que decidió romper el vínculo entre ustedes?
—Porque su corazón me grita que la encuentre. Sé que sueno masoquista; sin embargo, algo me dice que ella tomó esa decisión porque me ama.
—Estás ciego. Ella te rechazó por amor a otro hombre.
—No lo hizo.
—Es como si lo hubiese hecho.
—Ella es mi pareja.
—No lo es, Arel. Ni siquiera la reclamaste. Puedes marcar a otra persona, a una que te valore de verdad.
—¿Una como tú? —Rose baja el rostro, sonrojada, y al instante me arrepiento de mi arrebato—. Lo siento…
—No pidas disculpas por no sentir lo mismo que yo. Eso es humillante.
—Debes regresar, es peligroso que estés en este pueblo —digo con tono frío e indiferente. Es que no me sale comportarme de otra forma con la mujer que me desea.
—¿Regresarás a nosotros? —cuestiona esperanzada.
—No… No pertenezco allá.
—Sigues con esa estupidez. —Noto la desilusión en sus facciones.
—Es la verdad. No pertenezco ni a la villa ni a la manada. No tengo una identidad clara porque no soy como ustedes. Se supone que un ser como yo no debe existir.
—No digas eso, Arel, tú eres de lo nuestro. —Ella trata de tocarme, mas yo me aparto rápido. No le respondo porque no estoy de ánimos para discutir. Rose sale de la cabaña y de un salto desaparece de mi campo de visión. Por mi parte, me pierdo en el jardín que se visualiza desde aquí, puesto que ella dejó la puerta abierta.
Suspiro de alivio porque su ausencia me trae paz. Es difícil que me digan esa realidad que tanto me hiere, pese a que me he empecinado en creer que hago lo correcto. Mis ojos se cristalizan ante el sufrimiento que la falta de mi amada me provoca. Si tan solo ella fuese libre…
«Debes marcarla y reclamarla o la perderemos otra vez», demanda mi lobo, desesperado. —Ojalá fuera tan fácil. ¿Cuántas veces me serás arrebatada de mi lado, Caperucita?
