Todo empezó con aquella oferta de trabajo en la que tenía que guiar a los turistas de habla inglesa. Tuve que viajar con mi familia a una extraña isla que ni siquiera aparecía en el mapa. La paga, la vivienda y los beneficios eran demasiado buenos para cuestionar a aquel complejo turístico; fue así como mi esposo, mi hija de tres años y yo emprendimos el viaje.
Estábamos emocionados y felices. Tendríamos una mejor vida y le diríamos adiós a las carencias, por tal razón, no analizamos el asunto con cautela ni investigamos sobre aquella misteriosa isla.
Los primeros meses pasaron rápido y sin ninguna irregularidad. Aquel lugar era nombrado “La Maravilla”, nombre que le sentaba muy bien, puesto que era un paraíso y las personas allí lucían alegres, amigables y confiables. Nos mudamos a la ciudad R, donde mi niña iba al colegio hasta la tarde y mi esposo trabajaba como diseñador. Por mi parte, debía dirigirme al complejo turístico en la mañana para regresar a casa antes del anochecer.
Estar en el trabajo era uno de mis momentos favoritos; es que aquel lugar era increíble. Montañas de diferentes colores lo rodeaban, además contaba con una gran diversidad de árboles, plantas y ríos. Animales y flores nunca antes vistas adornaban aquel exótico complejo, añadiéndole las divertidas actividades. No obstante, ignoraba lo que se ocultaba allí, así como la pesadilla que en estas últimas semanas se ha desatado, razón por la que ahora mismo veo pasar mi vida frente a mí como imágenes de una película.
Casi un año atrás…
—Oye, Aura —llamo a la chica de cabellera rizada, quien posa su mirada en mí al instante. Entrecierra los ojos al ver mi titubeo, al mismo tiempo que cruza los brazos.
—¿Sí…? —pregunta perdiendo la paciencia, debido a que me he quedado en silencio después de nombrarla.
—He visto algunos lugares bloqueados, donde ni siquiera los que trabajamos aquí podemos acceder. ¿Sabes qué es lo que hay allí?
La pelirroja me mira con indiferencia para luego advertirme:
—Mantente lejos de esas zonas, es lo único que diré —demanda con firmeza. Por alguna razón que ignoro, no insisto ni pido explicación sobre su advertencia. Mi nueva vida es estable, feliz y sin preocupaciones económicas. ¿Para qué buscarme problemas? Lo admito, algo aquí no me cuadra y a veces se me erizan los vellos al transitar ciertas zonas del complejo; no obstante, prefiero ignorar ese tonto presentimiento y enfocarme en mi trabajo.
***
—¡Mami! —Mi pequeña me despierta con sus brincos en la cama. Hoy no me toca trabajar, por lo que nos pasaremos el día en familia. Después de desayunar, nos dirigimos al parque; allí, la niña juega emocionada mientras mi esposo y yo conversamos sobre banalidades.
—He escuchado que el complejo turístico B abrirá nuevas atracciones —comenta mi esposo con curiosidad. Sé que quiere que le dé detalles; sin embargo, tengo la misma información que él. Solo son rumores que no se han concretado, ni siquiera nos han entrenado ni provisto de alguna noticia.
—Te prometo que, cuando sea un hecho, no solo te diré todo, sino que buscaré la manera de llevarlos —respondo mientras enfoco mi atención en nuestra pequeña.
—¿Cómo lo conseguirás? Ni con nuestros sueldos juntos podríamos pagar las entradas —dice divertido. No exagera; aquel lugar es exclusivo y solo extranjeros de diferentes partes del mundo —muy ricos, por cierto— son los que visitan el complejo. Sin embargo, es probable que pueda conseguir las entradas. Según Leoncio, el encargado de recursos humanos, están pensando agregarlo dentro de los beneficios para empleados.
—Lo sabrás en su momento —digo mientras le acaricio una mejilla. Conectamos nuestras miradas por unos segundos; sus ojos cafés me escudriñan con tanta intensidad que mi corazón late frenético. Continúo mi cálida caricia sobre su piel chocolate mientras él toma mi mentón. —¡Quiero helado! —Reímos ante el inoportuno antojo de nuestra pequeña y nos dirigimos a la heladería.

