La isla oculta: Capítulo final

Un mes después…

      —No, cuelga tú. Yo también te amo. Un beso a mi cosis. ¿Quién es la cosita más linda del universo? ¡Sí, tú! Ya, cuelga que debo seguir trabajando. No, cuelga tú. Cuelga, tú. ¿Aló? ¿Me colgó?

Esto es una vergüenza para los hombres machos masculinos con pelo en el pecho. Aura y yo observamos a Leoncio con cara de asco. No solo es tener que escuchar todas esas baboserías que espeta, también es verle la cara de pendejo y el tonto puchero que acaba de hacer. ¡Por Dios!

      —Leoncio, ¿cuándo vas a darnos los pases para las cabañas? —inquiere Aura haciendo una mueca. Ambas estamos sentadas frente a su escritorio esperando una respuesta que no llega, gracias a que este se ha quedado embelesado, chateando con su novia.

      —¡Por Dios! ¡Acabas de hablar con ella! —profiero perdiendo la paciencia.

      —¡Qué intensas! Ya les dije que todavía no han aprobado el beneficio. Estamos llenos de trabajo como para darles días de vacaciones en nuestras cabañas. Mejor regresen a sus tareas y dejen de interrumpir mi trabajo.

      —¡Trabajo! Más bien interrumpir tu cursilería.

      —Vamos, Aura, dejemos a este tonto comportarse como un adolescente y sigamos con nuestras tareas.

Es así como salimos de la oficina de Leoncio, para encaminarnos al área del famoso “Goneak”. Sí, ese robot se convirtió en la atracción más famosa y visitada, pese a que no nos dejan acercarnos.

 Sonrío al observar a mis clientes jugar con las criaturas, en especial cuando visualizo a un grifo que está siendo acariciado por algunos adolescentes, mientras que los adultos fotografían y graban al imponente gorila.

Mi humor cambia en el momento en que noto que un joven de, unos dieciséis años, se está adentrando a un conglomerado de árboles, que tiene una cerca de alambres de púas con el aviso de: “No traspasar”. Sin meditar en qué es lo correcto y lo que debería hacer en tal situación, sigo al chico mientras lo llamo, pese a que no recibo respuesta.

Después de correr por varios minutos detrás de él, me paro a recuperar el aliento.

«Creo que debo hacer más ejercicio», pienso, sofocada por la corrida.

Busco por los alrededores cuando me percato de que he perdido al chico de vista, pero el alivio vuelve a mí al divisarlo cerca de una pequeña construcción. Es por esto que respiro hondo para retomar mis fuerzas y corro en dirección de aquel chiquillo del demonio.

Él me enseña el dedo corazón, entonces entiendo que se divierte a mi costa.

¡Mal nacido!

Con la furia recorriendo todo mi interior, acelero mi corrida, y, cuando estoy a punto de alcanzarlo, este tropieza con no sé qué y cae de bruces al suelo. Sé que debería mantener la compostura y no reírme, no obstante, me carcajeo con todas mis ganas. Me acerco al travieso este y lo jaló por la camiseta.

      —I am so sorry! ** —El joven exclama angustiado.

      —¡Me vale si lo sientes, mocoso del demonio! ¡Hablaré con tus padres sobre esto y te enseñaré una lección! —Soy consciente de que el chico no entiende ni papa de lo que digo, pero estoy tan cabreada que no me importa.

      —I don’t speak Spanish, dumb! Anyway, my father can pay for this. I ain’t mean to break it. ***

«¿Romper qué? ¿A qué se refiere con que no fue su intención romperlo?».

Salgo de mis meditaciones al cerciorarme de lo que me está diciendo. Con lo que tropezó fue un cable gordo que, parece una raíz gigante, y que se ha desprendido de un tubo que simula ser un árbol. Lo jalo por el brazo para llevarlo de vuelta y, de paso, hacerle saber a mantenimiento acerca de lo sucedido. Cuando salimos de allí y regresamos junto a los demás, vemos a las personas correr por doquier con pánico. 

      —¿Qué sucede? —pregunto a los de seguridad, quienes se dan la tarea de sacar a las personas de allí son provocar desorden, mas esto último no les ha salido para nada bien.

      —Recibimos una alerta roja, por lo que debemos evacuar el área y bloquear la entrada.

Sin entender ni un comino, me apresuro a ayudar a mis compañeros de trabajo. Una vez el área está libre de personas, las enormes puertas se cierran. 

Una semana más tarde…

Después de que los de mantenimiento se aseguraron de que todo estaba en orden, abrieron el área de las nuevas criaturas otra vez. A esa atracción le llaman Zona VIP, dado que no todos los turistas se pueden dar el lujo de estar allí.

Vislumbro a Gerald y Aura comiéndose como si no hubiera un mañana, por lo que opto por darles privacidad. Me dirijo a hacerle compañía a Isaura, la nueva tecnóloga que fue transferida hace unos días.

   —¡Estas criaturas son hermosas! —exclama llena de fascinación—. Es un sueño hecho realidad. Lástima que los sistemas estén fallando, me temo que, si no lo resolvemos, tendremos que cerrar el complejo.

Agrando los ojos ante su confesión. ¿Cerrar el complejo? Eso significaría perder las comodidades de las que mi familia y yo gozamos. ¿Fallando el sistema? Eso me recuerda que… ¡Rayos! ¿Cómo pude olvidarlo?

Le cuento a Isaura sobre el acontecimiento del chico y la extraña cuerda. Aquel día, olvidé por completo lo que sucedió, gracias a la falla técnica que tuvieron con el Goneak. Al parecer, sus circuitos necesitaban reparación. Ella y yo nos dirigimos a donde aquel chiquillo se escabulló ese tedioso día; Isaura suspira aliviada al notar que aquello es solo parte de la decoración.

Decidimos regresar cuando escuchamos unos rugidos. Al voltearnos, unas criaturas mitad oso y mitad hiena nos acorralan.

      —Parece que estos robots están defectuosos —musito sin dejar de mirarlos. Si no supiera que son simples máquinas, estuviera muy asustada ahora.

      —¡Dios mío! Creo que ya está pasando —espeta llena de temor—. No se mueva ni haga ningún ruido. A la especie 3 le gusta cazar a sus víctimas, si se queda quieta no harán nada.

No sé si Isaura está bromeando o qué, pero su actuación es muy buena.

      —¡Buen intento! ¿Creíste que caería en tu juego? —digo entre risas.

Isaura está pálida y me mira con ganas de matarme. No le da tiempo a reprocharme porque las criaturas se lanzan contra nosotras. No sé si esto es real o si esas máquinas serán capaces de hacernos daño o no, pero tampoco estoy dispuesta a comprobarlo. Por tal razón, corro con todas mis fuerzas; no obstante, me detengo al percatarme de que Isaura saca un arma y dispara contra las máquinas, quienes caen de inmediato al suelo.

Ella corre en mi dirección mientras me grita que huya. Sin Replicar me doy a la huida. Cuando salimos del lugar, me encuentro con el mismo evento de una semana atrás, con la diferencia de que las criaturas robóticas atacan a todos los presentes sin piedad, muchos de ellos destrozando sus carnes, hambrientos.

Las lágrimas me cubren el rostro ante la horripilante escena, que pareciera la sacaron de una película de terror. Mientras trato de huir de aquí, me tropiezo con pedazos de piernas, cabezas, ojos fuera de los rostros, personas gritando al ser picados por las águilas gigantes, sangre y tripas por doquier, entre otras escenas perturbadoras.

Doy un respingo cuando uno de los peces voladores se traga a una mujer. Soy atacada por pequeñas haditas que me pican como si fueran avispas. Siento que mi cuerpo es anestesiado y que pronto perderé el control de este. 

En ese momento, Isaura me jala por el brazo, sacándome como puede de la zona VIP.

      —¡Cierren la puerta! —Su voz se escucha en toda el área. Es cuando me percato de que está utilizando un pequeño artefacto para hablar.

      —¡¿Qué estás diciendo?! ¡Hay personas allí! Si cierran las puertas las máquinas las matarán. —El llanto ahoga mi voz. Esto debe ser una pesadilla.

      —¡Si no cerramos la puerta todos moriremos! Incluyendo a las personas de la ciudad. ¡Todos!

      —No entiendo nada. ¿Por qué las máquinas se comportan como si fueran animales salvajes? —cuestiono entre llantos. Me quedo helada en mi lugar al notar la expresión de culpa que muestra Isaura—. A menos que… —digo hipando, mas no termino la frase.

      —No son máquinas —confiesa cabizbaja mientras las lágrimas recorren sus mejillas—. Tampoco soy tecnóloga; soy científica. Trabajo en el área de genética molecular. Hacemos cruces de genes y experimentos con criaturas reales con el objetivo de crear criaturas que no existen. Descubrimos un químico en este lugar que nos ayuda con eso.

      —Es decir que ustedes son un fraude. Nos engañaron a todos haciéndonos creer que esas cosas eran robots.

      —No tenemos tiempo para hablar de moral. Debo llegar al centro de operaciones para arreglar el asunto.

     —Cuando mencionaste los problemas técnicos…

     —Me referí a que ya no podíamos controlar a las criaturas. Desarrollamos artefactos para poder manejarlos. Nuestro más grande logro fue crear al Goneak. Sin embargo, se nos hace difícil controlarlo. Es por esto, que lo mantenemos lejos y la razón por la que debemos apurarnos antes de que él sea liberado o, de lo contrario, estaremos muertos todos.

Siento una sensación helada recorrer mi piel. Tantas veces que tuve pesadillas con aquel gorila y ahora esos sueños podrían materializarse. 

***

Al día siguiente…

No hay manera de detener el caos. Ya los científicos han hecho todo lo que pueden para evitar el desastre; sin embargo, solo nos queda buscar la manera de escapar de la isla. El problema: solo unos pocos podremos salvarnos.

Sí, miles de personas inocentes morirán de forma cruel gracias a estos desgraciados.

***

Dos días después…

Todos los trabajadores estamos encerrados en este lugar, dado que las autoridades de la isla bloquearon el camino para protegerse de las criaturas. Otros países a los que pedimos ayuda prometieron enviar naves militares para salvarnos.

Tres días después…

Solo quedamos unas cuantas personas en el complejo; he escuchado también que los animales han atacado la ciudad. Sostengo el radio en la mano mientras le hago una falsa promesa a mi hija de que pronto nos veremos. Las lágrimas bañan mi rostro cuando se despide con un beso. Por lo menos ellos están a salvo, fueron de los pocos afortunados que lograron escapar en un helicóptero militar. Ahora están en otro país, esperando por mí.

Dos días después…

El rugido tenebroso del Goneak retumba en el complejo. Aura y yo nos miramos aterradas. Tenemos dos opciones: esperar la muerte aquí o intentar escapar. Gerald y Leoncio nos dan dos armas de fuego a cada una. Tienen unas balas especiales que deja inmóviles a las criaturas, mas no las mata.

Los cuatro decidimos dar la última pelea, es así como corremos fuera de nuestro “refugio”. Al salir, emito un grito de la impotencia y el terror. Isaura yace sobre el suelo y está siendo destrozada por varias criaturas que parecen lagartijas gigantes. Ellas, al percatarse de nuestras presencias, saltan en nuestra contra. Todos disparamos al mismo tiempo, desperdiciando municiones al no saber manejar las armas, pero por fortuna, logramos impactarlas. En este momento, la voz de una chica se escucha en el Woki Toki de Leoncio. Ella se encuentra retenida en otro refugio del complejo, debido a que estaba visitando a su novio, el día en que nos quedamos atrapados en este lugar. 

Todos reclamamos cuando él se queda hablando con ella, como si no estuviéramos en esta maldita situación. Paramos el reproche cuando él escupe sangre, entonces gritamos eufóricos al ver como una bestia que, parece una mezcla entre León, tigre y pantera, despedaza a nuestro compañero frente a nosotros. 

Una mezcla de sensaciones me recorre, asimismo, arcadas me azotan y estallo en vómito. Los demás se apresuran a disparar en dirección a la bestia y, cuando recupero la compostura, tomo el Woki Toki de mi difunto y destrozado amigo con manos temblorosas y, entre lágrimas, hablo por medio del artefacto:

      —Lo siento, pero tu novio no podrá responderte más —digo como contestación a la insistente voz que lo llamaba con angustia. Tiro el aparato al suelo con rabia y limpio mis lágrimas. Un rugido imponente nos sacude de repente.

      —¡El Goneak viene hacia nosotros! —Gerald grita desesperado. Todos nos damos a la huida. Por suerte, se encuentra a muchos metros de nosotros y se entretiene destrozando las cabañas y refugios, tragándose a sus víctimas o, en su defecto, aplastando personas como si estas fueran masillas.

No sé cuánto hemos corridos, pero ver la ciudad me da un poco de alivio. No tengo idea de hacia dónde escapar, probablemente todo este esfuerzo sea en vano, mas imaginarme morir en manos de esa cosa es algo inconcebible para mí. Disparamos a varias criaturas que destruyen todo a su paso, según tengo entendido, una última nave aérea fue provista para salvar a unas veinte personas, antes de que bombardeen la isla.

Creo que los países a los que pedimos ayuda son los mismos responsables de esto. Según supimos en estos días, los creadores están muy tranquilos en sus mansiones y mantienen el asunto en secreto.

Hay militares en la calle enfrentando a las criaturas, todos armados, usando granadas y tanques de guerras para ejecutarlas.

Una explosión cerca de mi hace que pierda el equilibrio, por lo que caigo boca abajo sobre el polvoriento pavimento. Es cuando lo escucho. Aura me ayuda a levantarme y ambas corremos en la misma dirección. Una criatura salta contra ella, le disparo, pero se me acaban las municiones; lloro de la impotencia al no saber cómo defenderla. Es cuando Gerald se lanza contra la cosa esa y empieza a apuñalarla. La bestia libera a Aura y se le lanza encima a él, entonces corro para salvar a mi amiga, pero esta no responde.

Lloro con rabia, dolor y frustración sobre el cuerpo inerte de Aura. Todavía no lo acepto.

      —¡Dime qué está viva! —Gerald suelta en un alarido. Niego con angustia. Es abrumador ver a Gerald llorar como un niño, lo peor es verlo rendirse ante su pérdida. Trato de evitarlo, pero este ignora mis ruegos. Totalmente fuera de sí, se abalanza en contra de todas las criaturas a su paso. Entonces, me percato de que el Goneak está a solo pasos de nosotros.

Tiemblo…

No sé si corro o me he quedado estática en mi lugar. En realidad, no tengo noción de nada ahora mismo. No quiero morir en manos de esa horrenda criatura. En mi huida, vislumbro como el temible animal destroza con sus manos a Gerald. Vuelvo en sí y corro con más fuerza. La esperanza vuelve a mí al notar la nave militar flotar a solo unos metros de mi posición.

¡Puedo lograrlo!

Puedo llegar a ella y volver a ver a mi familia.

Algunos helicópteros disparan misiles a la criatura, esos ataques solo lo retienen por unos minutos. Sigo corriendo, mas una explosión cerca de mí me abalanza por los aires. Casi no me puedo mover, puesto que me duele todo el cuerpo, entonces me oculto debajo de un pedazo de concreto, que se había levantado gracias al impacto de los ataques militares. Desde allí puedo ver a la nave alejarse.

¿Es este el fin?

Ojos amarillos y enormes me escudriñan. La gran criatura ha quitado el concreto, por lo tanto, descubierto mi escondite. Cierro los ojos rememorando mis mejores días. Los besos y mimos de mi esposo, la sonrisa y abrazos de mi niña, cuando me gradué de la universidad, cuando di a luz…

Es increíble cómo el olor a café, la sensación de una ducha caliente sobre mi piel, reír por una película o llorar al leer un libro o, simplemente dormir o comer mi comida favorita, son momentos que se tornan atesorados ahora.

Dos lágrimas me recorren las mejillas, mientras que un resplandor cubre todo a mi alrededor y la oscuridad se adueña de mí.

«Así borraron las pruebas de sus experimentos. Así fue que miles de personas quedamos enterrados en la isla oculta». «¿Qué pasó con los sobrevivientes? Espero que ellos tampoco hayan sido eliminados para borrar evidencias».

FIN

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La isla oculta

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