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Ian
¡Qué gran mierda!
Después de que tengo los días más difíciles con las estúpidas sesiones que me han dejado agotado como nunca, por fin me dan un día de descanso y ¿qué sucede? Se rompe la tubería de mi apartamento y, no solo este se llena de agua, también afecta a la propiedad de algunos vecinos. Así que he tenido que tomar el primer vuelo de la mañana para venir a encarar este problema.
¡Esto es lo que me faltaba!
Estoy muy estresado y mal humorado, si hubiera sabido que me tocaría tener que lidiar con otro fotógrafo además de Paulo y, que este tuviera una actitud de mierda, no hubiera firmado ese contrato. Porque, no es solo tener que aguantar a ese pedante, también las sesiones se hacen eternas, los vestuarios y maquillajes son excesivos e incómodos y odio el maldito concepto que están utilizando.
¿Qué clase de gente pendeja es que tienen por publicistas?
En fin, estoy fastidiado, pero no puedo hacer nada más que soportar porque he firmado un contrato, por lo tanto, estoy a merced de ellos por unos meses.
Después de ver la condición del problema, hablar con la gente de mantenimiento y lidiar con la queja de los vecinos, me dirijo al estacionamiento a ver a mi bebé.
—¡Cuánto te extrañé, preciosa! —Abrazo a mi moto y suspiro. Esto es lo que necesito, un viaje en mi moto para relajarme y poder lidiar con todo esto, de todas formas, los de mantenimiento se tomarán todo el día y ya he subido todo lo que se mojó a la terraza del complejo para que se seque con el sol.
Montarme en ella se siente bien, pero encenderla y arrancar es fascinante. El sonido que espeta al ser manipulada se escucha a gloria y pronto me dejo llevar por la adrenalina, así que aumento la velocidad cuando salgo del estacionamiento.
No tengo un rumbo fijo, solo quiero drenar de mí la mala vibra de todos estos días y sentirme libre por tan solo un momento.
La brisa choca contra mi cuerpo y la velocidad me hace sentir poderoso. Es genial entrar a una calle y salir en otra, vislumbrar diferentes lugares y que todo a mi alrededor se vea como sombras que pasan de mí con rapidez.
Cuánto necesitaba esto, aunque no es suficiente para recargar energías, así que es probable que requiera sexo para rematar; el problema es que no estoy saliendo con nadie y soy muy reservado en cuanto a acostarme con desconocidas. He tenido mis noches alocadas con algunas, pero se pueden contar con los dedos de una mano.
Demonios, a veces me gustaría ser menos selectivo y no tan quisquilloso; qué sé yo, solo dejarme llevar por el momento y disfrutar de las oportunidades que se me ofrecen, que son muchas, mas suelo involucrar lo externo con lo interno, o en su defecto, temer a una enfermedad a pesar de que ni loco lo hago sin condón; así que no, no puedo ser normal y eso se lo debo a mi madre, mi estricta y exagerada Laly.
De momento pienso en la pelirroja loca y mi cuerpo reacciona al instante. Vaya, de verdad necesito descargarme. ¿Si voy al bar donde la conocí la encontraría allí?
¿Qué estoy pensando? ¡Rayos! ¿Por qué me he puesto nervioso?
«No, Ian, no necesitas un entretenimiento que te desenfoque, debes hacer dinero para cubrir los gastos médicos de Laly y una mujer te puede distraer», me recrimino.
Es que soy muy pasional y cuando me emperro con una mujer, suelo ser intenso y hasta haragán me pongo, por tal razón, he tratado de mantenerme al margen de estas, a menos que sea para divertirme por una noche; sin embargo, encontrar un buen polvo se torna difícil, debido a mi personalidad de mierda.
Tomo una carretera que ni idea hacia dónde me dirige, pero saber que descubriré un nuevo lugar me entusiasma, debido a que siempre me ha gustado aventurar.
Voy muy entretenido viendo el panorama y en el carril correcto, cuando de repente un conductor loco, ebrio o drogado, se sale de su lado y se me tira encima, pero al parecer reacciona a tiempo porque logra rebasarme; sin embargo, pierde el control del vehículo y se sale de la calle. Para su mala suerte termina en el lago que empieza al final de esta carretera deshabitada, y que decora el centro de la ciudad y la parte donde viven las personas más apoderadas.
No sabía que se podía tomar este camino para llegar allí, aunque eso no es lo importante en este momento. Como instinto natural, me tiro de la moto, la que parqueo a un lado de la calle, y corro en dirección a donde ha ocurrido el accidente y varias personas se han detenido ya. Solo espero que ese conductor no haya perdido la vida.
***
Serena
¡Las nubes son de algodón!
Cuando era pequeña aseguraba que así era, pero Bratt me discutía que no. Ahora que estoy en el cielo puedo comprobar que yo siempre tuve razón, aunque los libros de ciencias me lavaron la cabeza y me convencieron de que estas son hidrometeoros.
Son tan hermosas y esponjosas que podría dormir aquí por toda la eternidad... Siento tanta paz...
—¡Está viva!
¿Quién está haciendo ese escándalo? Estoy muy cansada, necesito dormir...
—¡Llamen a una ambulancia! —grita el imprudente otra vez.
—¡No la muevas del vehículo, amigo! ¡Espera a que llegue la ambulancia! —se le une otra persona.
—¡Si la dejo aquí se ahoga! ¡Cayó en el maldito lago!
¿Lago?
¿De qué hablan estas personas? y ¿por qué la voz de ese hombre me es tan familiar?
—Está atascada con el cinturón de seguridad. ¡¿Alguien tiene una navaja?! —vocifera de nuevo—. ¡Ya dejen de grabar y tomar fotos! ¡Deberían ayudarme, con un demonio!
No entiendo nada de lo que ese hombre dice, pero estoy cansada de que esté gritando en mis oídos y no me deje dormir. Busco con la mirada, pero no logro ver nada, solo las nubes y la gran luz.
—No quería encontrarte de esta manera, pelirroja loca.
Esa voz...
De momento siento mucho frío y la luz desaparece, dejando todo muy oscuro.
Tengo tanto miedo.
Las nubes se transforman en agua y siento que me ahogo y que me congelo, pero de repente unos brazos fuertes me sostienen y percibo que me sube. El calor de su cuerpo combate el frío que me hace temblar, así que me abrazo a su torso para recibir más calidez y sentirme segura.
La claridad me hace fruncir el ceño, así que abro los ojos poco a poco. Las celebraciones de un gentío me despabilan, por lo que reacciono. Agrando los ojos cuando la boca de un extraño le sopla aire a la mía mientras me empuja el pecho con tanta fuerza, que siento me lo hundirá.
Tengo ganas de vomitar...
Con un ataque de tos, vomito un chorro de agua, entonces los aplausos y celebraciones aumentan y se tornan más desconcertantes.
¿Qué demonios está pasando?
Miro a mi alrededor desorbitada, en el instante en que me medio incorporo con la ayuda de la persona que me estaba soplando.
—Gracias a Dios estás bien, pelirroja loca.
¿Qué?
Termino de volver en sí al reconocer esa voz y al caer en cuenta de lo que está sucediendo.
—Tú... —balbuceo mientras lo miro a los ojos atolondrada.
—¿Estás bien? —pregunta preocupado y percibo angustia en su expresión.
—Mi carro... —susurro, al notar que este se está hundiendo. ¡Carajo! Papá me lo regaló ayer y ya hoy lo dejé caer en el lago.
Soy un desastre.
Pero... ¿Como fui a parar hasta allí? Trato de recordar, mas el dolor de cabeza me hace gritar, entonces el hombre que me sostiene me revisa y me pregunta si estoy bien de nuevo y con un tono alarmado, mas yo no soy capaz de responder.
—¡Demonios, estás sangrando...! —Su voz se escucha lejos y poco a poco pierdo las fuerzas, hasta que me sumo en la oscuridad.

