Matrimonio por negocio: Capítulo 21

Esta es la parte 23 de 43 de la historia Matrimonio por negocio

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Ian
No me gusta dejar a mi bebé por tanto tiempo, pero es mejor que se quede en casa y evitarme los gastos y el afán de llevarla conmigo. Además, estaré muy ocupado trabajando, así que ni tiempo de salir tendré.
—Adiós, mi niña bella. —Acaricio el manillar y le doy una última mirada.
Salgo del estacionamiento del complejo y llamo el taxi que me llevará a la agencia, ya que partiremos desde allí. No sé por qué demonios asocio a un simple taxi con la pelirroja loca que se atrevió a rechazarme esta mañana, pero me cabrea que ella se me cuele en los pensamientos tan seguido y que hasta lo más mínimo me la recuerde.
Esa loca se atrevió a rechazarme, a mí, que soy quien suele decir que no.
«¿Quién eres y por qué me atraes tanto?»
Ni siquiera me dijo su nombre. ¿Cuál sería la probabilidad de volver a verla?
—¿Para qué quiero ver a esa sádica? —mascullo. En ese momento llega mi taxi y me subo, unos diez minutos después, este me deja en la agencia.
—Yo también viajaré, pero será a otro país. Tengo un contrato con una línea de belleza nueva, que hasta un comercial de televisión harán —parlotea Georgina como si a mí me importa; ni siquiera sé por qué está aquí.
—Creí que habías terminado los trabajos con esta agencia —digo irónico.
—Yo solo vine a despedirme de ti, tontín. —Me besa en la comisura de la boca.
—Pues, gracias —respondo cortante y enfoco mi atención en el teléfono, pero siento su mirada sobre mí.
—¿Cuál es tu precio, Ian? —La miro por instinto, no solo por las palabras que salen de su boca, también por el tono agudo, serio y desesperado con que habla.
—¿Perdón? —Me hago el que no entendí solo para confirmar que no estoy malinterpretando lo que dijo.
—¿Por cuánto te vendes? Puedo darte todo el dinero que desees, conseguirte contactos y hasta contratos; un yate, una casa, un auto, lo que sea que me pidas.
¿Esta mujer se volvió loca? ¿Hasta qué punto puede llegar su obsesión?
—Soy modelo, no gigoló. ¿Acaso me ves cara de puto o qué? No entiendo a las mujeres, si un hombre les ofrece eso que tú a mí, lo llaman perro y hasta lo denuncian por acosador; pero tú me besaste cerca de la boca sin mi consentimiento, te la pasas acosándome y ahora me ofreces que sea tu chulo, dime, ¿debería denunciarte por acosadora?
Ella me mira con ira, no por la basura que dije acerca de denunciarla, porque es obvio que saldría impune, sino porque entendió que mi respuesta es un rotundo no. Si ya usó sus encantos, poder y dinero, y ni así me convenció, ¿qué le queda? Solo resignarse y aceptar que no todos los hombres caemos rendidos a sus deseos.
—¡Eres un imbécil! ¿Crees que una mujer como yo debería pagarte para tener sexo? Lo que te acaba de suceder es como si te ganaras la lotería y tienes la desfachatez de negarte. ¿Sabes qué? Creo que es mejor no botar mi dinero en ti, de seguro tienes el pene pequeño y por eso rechazas a todas. ¡Poco hombre!
Se levanta del sillón emanando chispas y se marcha.
Río en mi interior por su estupidez, ¿lo tengo pequeño porque la rechacé?
—Esa mujer está tan loca que da miedo —musita Paulo detrás de mí.
—No me digas que escuchaste todo, ¿ahora eres chismoso? —digo divertido.
—No, qué va, no me gusta el chisme..., ¡pero me entretiene! —celebra con risas sonoras—. Este es muy bueno. La gran modelo Georgina Grimaldi le rogó a Ian Gustav por sexo. Oye, pero si está buenísimo para el título de una revista.
Me carcajeo junto a él.
—Ya quieres que te demanden por cualquier estupidez que se le ocurra a esa familia. Ellos tienen lo que tú y yo no tenemos, poder.
—¡Ni el dinero! Es que están podridos en plata. —Se queda pensativo por unos segundos—. Pero hablando en serio, ¿por qué la rechazaste?
—Porque no me gusta, es más, me cae mal. —Hago una mueca de disgusto. La verdad es que no soporto a las personas que se creen dueñas del mundo y que tienen el derecho de disponer de los demás a su antojo.
—Dime, alma pecadora, ¿a quién no le puede gustar tremendo bombón?
—A mí —respondo obvio.
—Eres muy raro. Yo a esa mujer le hago un hijo y hasta le lamo el piso por donde camina. Es una diosa divina, un manjar fino, un pastelito delicioso...
Qué desgracia con este tipo.
—Ella es alguien que ni para coger sirve. Imagínate tener que soportarla en la cama. No, para yo tener sexo con una mujer debe gustarme mucho, porque soy un sucio en el acto. Por lo menos atraerme y que no me fastidie su actitud, es como una combinación entre lo físico y no sé, ¿algún tipo de compañerismo?
Paulo me mira raro, como si yo fuera un mutante o algo por el estilo.
—¿Quién piensa en compañerismo cuando está en acción? —Estalla en carcajadas. Vaya, ahora me siento un idiota—. Tener sexo no es lo mismo a casarse o entrar en una relación. Cuando echas un polvo no te importa cómo es la mujer por dentro, lo único importante es cómo es por fuera y que coja rico.
El maldito vuelve a reírse.
Sus palabras me ponen a pensar. Después de que terminé con Mónica, hacen dos años, se pueden contar las mujeres que han pasado por mi cama. Quizás sí soy raro o tal vez soy un tipo a quien no le gusta estar jodiendo con cualquiera. ¿Qué tiene eso de malo, acaso me hace menos hombre? No, no lo creo; tampoco me importa.
—En fin, fuiste un pendejo al rechazar la oferta de Georgina —concluye. Él se dirige al set, me imagino que, para buscar sus cosas, y yo me quedo sumido en mis pensamientos. No me imagino en la cama con Georgina, pero sí con una pelirroja loca que me besó anoche borracha.
Sonrío ante la manera tan linda de intentar seducirme y, si no fuera porque ella no estaba consciente de lo que hacía, le hubiera hecho el amor de todas las maneras pensadas, así con todo y sabor a vómitos. Sí, soy un perro sucio cuando me atrae una mujer.

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