La vida es un cliché – Capítulo 4

Esta es la parte 6 de 26 de la historia La vida es un cliché

Madison
 —Ha sido un gusto… —El rubio arrastra la última palabra como esperando a que le diga mi nombre.
  —Madison. —Extiendo la mano y al instante él la aprieta. Oh… Su agarre es suave, pero con firmeza. Siento como mi palma se calienta… Oh… ¡Esto es increíble!—. Madison Logan —añado.
  —Un placer, Madison. —¡Qué linda sonrisa! Y en definitiva, el placer es mío—. Mi nombre es Larry Koch.
  —¡Oh! ¿De esos Koch? —Él asiente. Por mi parte, no puedo disimular mi impresión, ya que esa familia es dueña de medio pueblo y tiene más de cinco centros comerciales en esta pequeña ciudad y como diez fuera de ella. ¡Esto es increíble!
 —Entonces… —Esa mirada azul me tiene babeando—. ¿Nos veremos otro día? —Se rasca la cabeza con nerviosismo—. Ya sabes… Podríamos salir…
  —¡¿Quién es él?! —salta Scott de imprevisto. Ni siquiera me di cuenta de que había venido a joder. ¡Ay no! Pero el idiota este no me va a arruinar este momento.
  —¡Qué te importa! —Me cruzo de brazos con fastidio—. Desaparece, Scott.
  —¡Claro que no! —Me jala del brazo y me acerca a él. ¿Qué pretende?
  —Oye, amigo. —Mi hermoso rubio lo confronta—. Dijo que desaparezcas.
  —¿Perdón? —Scott me libera para mirarlo de frente como si fuera un gallito de pelea. Ay no, esto no me está pasando.
   —Ella no te quiere cerca, amigo. —Mi rubio lo pica en el pecho con su hermoso dedo—. ¡Largo! Interrumpes y estorbas.
Oh…
  —En primer lugar, yo no soy tu amigo; no me junto con afeminados que se parecen al hermano de Sharpey, así que deja de llamarme así. En segundo, este es mi vecindario y ella es mi vecina a quien le di su primer beso, por lo tanto, puedo interrumpir las veces que me dé la gana y no soy un estorbo, Logan me ama.
¡Oh Dios!
  —Scott… ¡Teníamos diez! ¡Deja de decir que nos besamos! —Creo que me he enrojecido del coraje. ¿Quién se cree este aborto de la naturaleza que es?
  —Pareciera que tienes amnesia. —Ahora Scott está en frente mío—. A los doce nos volvimos a besar.
  —Estábamos jugando a la mamá y el papá y las gemelas nos obligaron. Además, fue un pico, eso no cuenta. —Vuelvo a cruzarme de brazos.
  —¿Y a los catorce? ¿Quién nos obligó?
 Ok… en mi defensa…
  —No tengo por qué escuchar esto. —Mi rubio se prepara para irse. ¡No! todavía no hemos quedado con la salida. Maldito Scott, siempre arruinando mi existencia.
  —Espera… —Lo agarró por el brazo apenada por el comportamiento infantil y raro de Scott—. Lo siento mucho, tengo el infortunio de vivir al lado de este mequetrefe con problemas mentales.
Mi chico está riendo y, oh, es la risa más hermosa de todas.
  —Te entiendo. —El Adonis lo mira de forma despectiva—. Toma. —¿Me pasó una tarjeta?—. Llámame más tarde para guardar tu número y así quedamos en salir. Nos vemos pronto, preciosa.
Sus labios se tuercen formando… Oh… ¿Un beso? Sus hermosos labios van a tocar mi mejilla… Esto es un sueño… Espera… ¿Por qué tarda tanto?  
  —¡Oye! ¿Acaso eres marica? —¿Qué rayos sucedió? Scott se limpia la mejilla mientras el rubio se frota la boca con asco. ¡Ay no!
  —El que besa a Logan me besa a mí primero. —De verdad voy a matarlo.
  —¡Scott, déjame en paz! ¿Por qué haces estas cosas?
El idiota anormal me hace caso omiso y se dirige a mi futuro novio.
  —¿Cuáles son tus intensiones con Logan? —¿Es en serio?—. Ella no es una chica de una noche, así que no permitiré que tipitos como tú se aprovechen de ella.
Ok, es hora de intervenir; este niño ya me tiene harta. ¿Quién se cree, mi padre? No, padre solo hay uno y el mío es bien pendejo, por lo que no se mete en mi vida.
  —¡Rayos, Logan! —Scott grita del dolor cuando lo halo del cabello tan fuerte que lo arrastro lejos de mi ex futuro novio, porque es obvio que después de presenciar esto saldrá huyendo de mí. Y como si las cosas ya no estuvieran lo suficientemente mal, este encuentro tenía que terminar con broche de oro. No sé de dónde sale la bola de plástico que estalla en la cara del rubio y ensucia toda su camisa, su bello rostro y su sedoso cabello. Lo único que sé es que huele bastante mal y se ve repugnante.
  —¡¿Qué demonios?! —El chico grita al verse empapado con la cremosa cosa amarillenta. Con cara de asco trata de quitarse los restos de aquella pasta asquerosa mientras espeta todas las maldiciones habidas y por haber. Vaya, no sabía que un chico tan educado y elegante podría tener una boca tan sucia.
  —¡Vamos adentro para que te limpies! —le ofrezco, bastante apenada. ¿Quién rayos hizo esto y cuál fue su objetivo?
  —Esto huele a… —Mi chico lindo balbucea con asco.
  —¡Mierda! —espeta Scott—. ¡Qué horror, Ken! Te bañaron con mierda.
Ay no. Pobre de mi Adonis.
  —¡Aléjense de mí! —El rubio retrocede, emanando chispas—. ¡Este lugar es una selva! ¿Quién me manda a venir a un vecindario de mendigos pasa hambre? Son unos delincuentes todos. Deberían clausurar este lugar, son unos malditos dementes.
Ah… Pues, me he quedado pasmada.
Me toma unos segundos asimilar sus insultos; o sea, es normal que esté enfadado y profiera todo tipo de injurias, pero meterse con mi vecindario y culparnos a todos por lo que hizo quien sabe quién, tampoco es muy cortés de su parte. No es que estas cosas suelan suceder por aquí. Tampoco somos tan incivilizados, ¿o sí?
  —¡Pues lárgate de una buena vez y borra este lugar de tu mapa! ¡Estás bueno, pero eres un idiota! ¿Quién te crees que eres para que nos menosprecies de esta manera? ¡Largo, idiota! Ah, por cierto… —Le tiro la tarjeta encima—. ¡Métete tu número por el c…! —Bien, Scott me ha tapado la boca y se lo agradezco, puesto que ya he perdido parte de mi delicadeza de dama educada hoy. El chico se va en su auto refunfuñando e insultándonos. Y es así como mi oportunidad de ligar con un modelo rico se esfuma. Creo que soy la mala suerte andante.
  —¡Que se vaya! No lo necesitamos —dice Scott mientras rodea mi cuello con su brazo. Eso me hace recordar…
  —Scott…
Bien, creo que ha adivinado mis intenciones otra vez porque huye como la cucaracha cobarde que es. Te odio, Scott.
 
***
 
Bien, no he conseguido empleo; mi padre, tampoco. Desde que mi progenitor decidió independizarse por completo nuestra vida ha sido un desastre, por más que me duela debo admitir que papá no es muy capaz.
Nunca conocí a mi madre, según me han contado mis abuelos era una secretaria que papá conoció en una empresa de alimentos donde él era el asistente del contable. Papá estudió esa carrera con la esperanza de conseguir un buen trabajo y tener una buena vida; sin embargo, no pasó a ser un contable con su propia oficina y el buen sueldo que esperaba; más bien, se quedó siendo asistente por quince años. Tampoco se buscó otro empleo o se preparó mejor para competir en el área ni hizo trabajos por su cuenta, no; él se conformó con el sueldo de asistente que no le daba para nada.
Volviendo al tema de mi madre, pues ella se lio con mi padre y él gastaba su sueldo en ella hasta que un día lo hicieron sin condón y la pastilla del día después no surtió efecto. Y fue así como fui procreada. A los cinco meses de nacida mi señora progenitora me dejó en las puertas de un orfanato y se marchó. Papá y mis abuelos sufrieron por toda una semana hasta que me encontraron porque una amiga de esa mujer les informó, según ella le daba lástima mi padre. Claro, después de eso la supuesta amiga se enredó con papá y tenían sexo todos los fines de semana hasta que ella se cansó. Nunca supe de mi madre y ni siquiera hay una foto me enseñaron. Me imagino que papá las destruyó todas.
Miro por la ventana y la rabia hace que me hierva la sangre debido a la escena con la que me encuentro. Puto Scott. No entiendo qué le ve la rubia oxigenada esa al idiota, pero algo debe hacer bien para que lo busque casi todas las noches.
Ahora mismo, ellos están en el patio solos, comiéndose como si fueran dos animales hambrientos. Vaya, creo que él se atrevería a hacerle un bebé ahí mismo.
 ¿Por qué no puedo dejar de mirar? ¡Ni que fuera voyerista!
No entiendo mi decepción con Scott, si no lo soporto desde que teníamos catorce; por lo tanto, no debería importarme si se reproduce en el patio de su casa con la imitación de la princesa Barbie. Más bien debería estar vomitando.
Todo era más sencillo antes cuando él se comía los moscos. Ni siquiera me viene a la memoria cuándo fue que empezó nuestra guerra infantil sin sentido. Según recuerdo, cuando mi padre se fue por primera vez a probar suerte a la gran ciudad me dejó con mis abuelos hasta que cumplí los quince.
 Bueno, creo que mi problema con Scott empezó ese día en el que ambos teníamos una cita y estábamos muy nerviosos. Era grupal, pues como teníamos catorce solo nos dejaban salir con los grupos de amigos del colegio en la tarde. El plan era buscar la manera de estar solos con nuestros Crush y besarnos con ellos. Una noche antes, Scott y yo ideábamos nuestro perfecto plan liga Crush frente a la piscina de su casa y decidimos practicar el beso, ya saben, para no quedar mal con nuestras parejas, pues no éramos expertos en el asunto.
El caso es que … ¿Cómo lo diría que no suene romántico? Bueno, el beso fue ¿rico? Demasiado… intenso, diría yo. Tan así, que nos pasamos el resto de mi visita «practicando». En la esperada salida, Scott no se me despegaba del lado y eso me tenía irritada, pues se suponía que él estaría con su Crush y yo con el mío. Entonces, cuando me quejé decidimos retomar el plan, pero… ellos no estaban en el grupo porque se habían perdido, o eso creímos.
Fue doloroso descubrirlos besándose entre ellos con lengua y todo, o al menos lo fue para mí porque a Scott pareció no afectarle. Desde ese día lo quiero lejos de mi presencia debido a que siempre lo culpé por lo ocurrido aquel día trágico. Scott se volvió un insoportable que no perdía la oportunidad de molestarme y yo le devolvía su fastidio con maltratos, dado que en ese tiempo yo era más alta que él.
Me estrujo los ojos que arden y cierro la ventana con decepción. No quiero ser malinterpretada, no me molesta que Scott se besuquee con una chica, lo que me decepciona es en lo que se ha convertido. Él es el típico chico romántico que escribe poemas y cartas de amor, así que no asimilo que se haya convertido en un fuckboy que se liga a serpientes venenosas como la tal Camile; eso me pone triste porque el chico dulce que una vez fue mi amigo desapareció, convirtiéndose en esa cosa mujeriega que lo mete donde sea que tiene oportunidad.

La vida es un cliché

La vida es un cliché – Capítulo 3 La vida es un cliché – Capítulo 5
Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *