36. ¡Me encantas! – Más que un amor de verano (final)

Esta es la parte 37 de 37 de la historia ¡Me encantas!

—¡Kevin, abre la puerta, tarado! —Pablo golpeaba con brusquedad.

—Pablo, deja a Kevin tranquilo; vámonos o llegaremos tarde. —Cristian le reclamó.

—Espera, tío, es importante. —Cristian meneó la cabeza, rendido—. Te espero abajo. No tardes —advirtió. Kevin abrió la puerta.

—¿Qué es ese escándalo? —preguntó soñoliento.

—¡Por fin te despiertas!

—¿Te has vuelto loco? ¡Son las seis de la mañana! —Pablo entró y agarró a Kevin por el cuello—. ¡¿Pero qué droga mala te metiste?! —Kevin profirió.

—Eres un imbécil. —Pablo lo soltó—. ¿La dejaste ir, Kevin? ¡¿En serio?! —Kevin bajó el rostro, con una expresión indescifrable.

—Tengo miedo —confesó—. No quiero vivir mi vida dando círculos en una relación inestable. Tal vez aún no estamos preparados.

—¿Estás seguro? —preguntó incrédulo—. Ella se va a quién sabe dónde y es muy posible que no la vuelvas a ver.

—Lo sé. Pero ¿qué puedo hacer? —Se rascó la cabeza. Había terror en sus facciones.

—Ve por ella, pendejo de mierda.

—Ella se fue, no sé dónde buscarla.

—Ella me dijo que haría una parada en un lugar llamado Amor de verano, me parece que tiene algún significado para ustedes. —Kevin asintió—. ¿Irás tras ella?

—No —respondió, mirándolo a los ojos con firmeza—. Ya tomé mi decisión y no voy a echarme para atrás.

—Eres un idiota, Kevin. Espero que no te arrepientas de esto. Después no me busques cuando te pongas a llorar como una niña —espetó Pablo y estrelló la puerta tras sí.

***

Laura estaba sentada a la orilla de aquel lago, el cual fue testigo de su amor de verano y una amistad pura que nunca debió terminar.

Ella miraba el brillo de aquellas aguas cristalinas con nostalgia. A pesar de la tristeza de saber que no volvería a ver aquel amor, estaba feliz por todo lo que vivió y aprendió con él.

Ese verano cambió su vida y le dio otra oportunidad. Le dio agallas para luchar y ser ella misma. ¡No se arrepentía de nada!

—¡Ojos melosos! —Creyó escuchar su voz y sonrió. 

—Hasta estoy escuchando voces —pensó en voz alta. Oyó una risita detrás de ella, luego percibió su presencia cuando él se sentó a su lado.

Entonces ella empezó a temblar. ¿Era real aquello? 

—¿Qué? —preguntó él con serenidad y luego miró hacia el lago. Ella sonrió. Se dio cuenta de que era real al oler su rico perfume.

—¿Me estás siguiendo, Kevin Mars?

—¿Estás escapando, Laura Gutiérrez?

—¿Acaso tengo que escaparme? —Sonrió de nuevo.

—No. —Él tragó pesado—. Laura… —Ella lo miró.

—Ya nos despedimos anoche, Kevin.

—No vine a despedirme, Ojos melosos. —Escucharlo llamarla así de nuevo rompía todas sus defensas.

—¿A qué viniste entonces? —La voz se le quebró.

—Vine por mi amiga.

—Ya veo… Solo hay un problema, Kevin Mars.

—¿Ah, sí?

—Yo quiero el paquete completo o nada. —Él abrió los ojos, confundido—. Lo que quiero decir es… que no solo quiero ser tu amiga.

Él sonrió.

—Yo también quiero lo mismo. —Clavó sus ojos sobre los de ella—. ¿Sabías que hoy empezó el verano?

—Con razón he sentido tanto calor esta mañana.

—No creo que tu calor tenga que ver con el verano, preciosa. —Ella se sonrojó.

—¿Me estás coqueteando? —preguntó con picardía.

—No he dicho nada que haya pasado por tu mente. —Volvió a sonreír.

—Kevin… —Ella le acarició el rostro—. Te amo.

—Laura, yo también te amo. ¿Me perdonas? He sido un tonto, me he comportado como un tarado contigo.

—No te preocupes, te ves lindo cuando haces de tarado.

Ambos rieron.

—¿Amor de verano? —preguntó él.

—No —negó ella—. Es más que un amor de verano. —Dicho esto, le agarró el rostro y lo besó en los labios.

***

Un año después…

—¡Estoy muerta! —soltó Laura, tirándose en la enorme cama del hotel—. Voy a bañarme para echarme a dormir. ¡Qué vuelo más largo!

—¿Qué dijiste? —interpeló él mientras acomodaba las maletas—. ¿Dormir? En mi luna de miel… —Ella se sonrojó. El pensar en lo que pasaría esa noche la ponía nerviosa—. ¿Qué te pasó por la cabeza para que te sonrojes así? —Le pellizcó las mejillas.

—Siempre haces lo mismo, Kevin Mars.

—¿Qué es lo que hago, Laura Mars?

—Sueltas tus comentarios para hacerme quedar como una pervertida. —Se cruzó de brazos. Él rio.

—Tú, mi querida esposa —decir esa palabra lo llenaba de felicidad—, tienes una mente perversa y yo soy inocente de tus pensamientos promiscuos —bromeó.

—Uju… —Volteó la mirada. Él le tomó el rostro, admirando esos ojos miel que lo desquiciaban.

—¿Entonces, vamos a dormir hoy? —La miró con picardía—. Ya te sonrojaste otra vez. —Rio y luego dejó un beso corto sobre sus labios.

***

La noche era hermosa y la luna estaba completamente llena, adornando la vista que se reflejaba en la ventana de cristal.

La torre Eiffel se podía apreciar desde allí con todo su esplendor. La habitación albergaba una luz tenue y emanaba olores dulces.

Laura se acercó a Kevin temblando.

Él le acarició la mejilla con manos temblorosas, entonces ella notó que no era la única nerviosa.

Se besaron en los labios con ternura hasta que el deseo los hizo intensificar la unión de labios. La vergüenza y el miedo se desvanecieron con cada caricia y beso. 

Entonces, una nueva canción rondaba la mente de Kevin, quizás esa sería su mejor y más preciada composición. Tal vez, se la cantaría a Laura al oído o una noche estrellada acompañaría su voz con la guitarra, por ahora, la formaba en su mente mientras experimentaba cada letra en carne propia:

Delicioso al paladar,

delicioso al tacto,

descubrir cada centímetro de tu cuerpo,

unirme a ti en deseo, ¿cómo se podría explicar?

Esta hermosa intimidad, donde nos conocemos por completo, donde uno se hacen nuestros cuerpos.

Donde la entrega es más que mero placer,

donde nos unimos

en cuerpo, alma y espíritu.

Y somos uno… amada…

amado…. (creo escuchar en cada palpitación de tu pecho… y deseo escucharlo)

Me llevó a la casa del banquete y su bandera sobre mí fue amor. Sustentadme con pasas, confortadme con manzanas; porque estoy enferma de amor. Su izquierda esté debajo de mi cabeza y su derecha me abrace. (Versos sacados de la Biblia).

Yo os conjuro, oh, doncella de Jerusalén, por los corzos y por las ciervas del campo, que no despertéis ni hagáis velar al amor hasta que quiera. (Versos de la Biblia).

Y la canción continuaba rondando en su mente y acompañada con cada latido impetuoso, los gemidos y las respiraciones aceleradas:

Larga espera para vivir nuestros deseos

para unir nuestro cuerpo…

La incómoda barrera abre paso, ardor, sangre y un poco de dolor, mezclándonos en un pacto de amor, corrientes y placer. Un suspiro…

—Ojos Melosos… ¡Me encantas!

Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo, porque fuerte es como la muerte el amor; duros como el sol los celos. Su brasa, brasa de fuego, fuerte llama. (Versos sacados de la Biblia).

Las muchas aguas no podrás apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos. Si diese el hombre todos los bienes de su casa por este amor, de cierto lo menospreciarían. (Versos sacados de la Biblia).

Fin

Gracias por leer. ❤️

¡Me encantas!

35. ¡Me encantas! – Esta vez eres tú quien me deja ir
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