29. Adiós – ¡Me encantas!

This entry is parte 30 de 31 in the series ¡Me encantas!

Laura salió disparada de aquel lugar con la revista en mano. A pesar de que era imposible que todas las personas leyeran aquel artículo perverso, sentía como si las demás personas la estuvieran mirando y juzgando.

Mortificada, Laura llamó a Kevin, pero contrario a ella, él sonaba muy sereno. Sin embargo, ella se preocupó, pues al parecer él solo no quería alterarla.

Por otro lado, parte de las tres familias se reunieron en la mansión de los Mars.

—¡No crean que nos van a perjudicar por cubrirse las espaldas! —profirió padre de Frank.

—Lo que usted llama “cubrirnos la espalda”, es la mera verdad. —Kevin se dirigió a él con rabia—. No me extrañaría que todo esto fuese obra de Frank. 

—¿Cómo crees que Frank va a hacer algo así?

—Señor, si él se atrevió a mancillar a Laura, de esa lacra se puede esperar cualquier cosa. —Los ojos de Kevin brillaban del enojo al recordar el incidente.

—Frank puede ser impulsivo, pero tonto no es. —El señor Castillo se dejó caer en el sofá. Aunque trataba de disimularlo, los incidentes con su hijo le estaban afectando mucho.

—¡Impulsivo! —Kevin se burló—. ¡Un criminal es lo que es! —La rabia se desbordaba de sus ojos.

—Kevin… —Su padre lo interrumpió, intentando no sonar como una reprimenda, pues sabía que sus palabras salían de ese dolor que aún no había sanado por más que tratara de disimularlo—. Sé lo difícil que es todo esto para ti, pero estamos aquí para buscar una solución. —Propinó palmadas suaves sobre su hombro.

Kevin respiró profundo y se sentó en silencio.

—Nuestras vidas estaban bien hasta que esa muchachita se cruzó en nuestro camino —se quejó Jillian, ganándose la mirada fulminante de Kevin. Ya estaba cansado del trato de su madre hacia Laura—. No me mires así, Kevin. Tú nunca habías estado envuelto en semejante escándalo y, mucho menos, te habías peleado con alguien.

—Jillian, por favor —intervino Cristian, cansado. 

—¿Sabes qué, mamá? ¡Ya me tienes harto! —estalló Kevin con hastío y tristeza—. Tienes razón. Nunca había tenido este tipo de problema. Mi vida siempre pareció perfecta ante los demás, pero nunca me había sentido tan vivo como me siento ahora. Mi vida es real, llena de diferentes situaciones y con retos.

Hizo una pausa

—Llena de verdadera risa, no esa que me enseñaste a fingir para tu círculo social. Sé lo que es el amor y lo que es sentir la responsabilidad de proteger a alguien. Ahora siento que estoy en casa, no solo, como un errante llevado por las olas sin destino ni propósito. Y eso, mamá, ni tu ni nadie me lo va a quitar.

Su mirada era firme y penetrante, Jillian entendía sus palabras más que nadie, pues fue ella mima quien siempre lo presionó y lo obligó a llevar una vida vacía y sin el calor de una familia.

Ella era consciente del dolor que le causó, pero esperaba que esa experiencia lo ayudara a ser fuerte y ambicioso. No quería que se dejara llevar por sus sentimientos, ya que para ella los sentimientos eran limitaciones a las metas.

—Si Frank se atrevió a difundir esa mentira, él debe hacerse responsable de sus actos. Nosotros no tenemos que cargar con esto —intervino el padre de Pablo—. Menos ahora que hemos logrado tanto éxito en la expansión.

Se peinó el cabello con la mano derecha y prosiguió:

—Tampoco Kevin y esa muchacha deben pagar por eso. Según tengo entendido, esa niña está empezando a ser distinguida en su trabajo y este tipo de rumores le pueden cerrar puertas o puede causarle problemas con las personas malintencionadas que se querrán aprovechar de esto. 

—¡Yo estoy totalmente de acuerdo! —exclamó Paulo.

—Pero Frank no lo hizo —refutó el señor Castillo—. Recuerden que él guarda prisión domiciliaria hasta el día del juicio. Además —agregó— él sabe los negocios que tenemos en conjunto, él no nos perjudicaría de esa forma.

—Frank ha perdido todo tipo de cordura. —Clara rompió su silencio, pues no había opinado desde que llegó—. Pero no sabemos si fue él. Conociéndolo, no haría nada que lo haga ver como una víctima o que lo exponga en una situación ridícula ante los demás.

—Pero si no fue él… ¿quién fue? —cuestionó Paulo—. Ese día no había nadie fuera de nuestras familias. Si no fue Frank, entonces, fue uno de nosotros.

Todos se miraron dudosos y con recelo.

—Quien haya sido, ya lo hizo —dijo Kevin mientras se rascaba la cabeza—. Yo mismo voy a desmentir esa estupidez. 

—Kevin, es obvio que vamos a desmentir ese rumor —dijo Cristian—, pero debemos ser cuidadosos con lo que digamos, recuerda que Laura y su privacidad se verán perjudicadas. Sé que el rumor de infidelidad no es bueno, pero no sabemos si ella quiere que gritemos a los cuatro vientos el ataque de Frank.

—¡Si es que de verdad pasó así! —espetó Jillian, venenosa.

El silencio que le siguió a sus palabras estaba cargado de incomodidad. Kevin la miró impresionado. ¿Cómo podía su madre ser tan fría?

—Claro que pasó así —reaccionó Clara, dejando a todos estupefactos—. Yo misma lo encontré forzándola mientras ella luchaba con todas sus fuerzas. —Dos lágrimas rodaron por sus mejillas—. No se imaginan lo horrible que fue verlo maltratarla de esa forma. ¡Hasta la golpeó!

Kevin apretó los puños. Escuchar aquello aumentaba la ira que lo estaba quemando. Cristian, al notar su reacción, le empezó a masajear los hombros para calmarlo.

En ese momento, Kevin recibió una llamada.

—Hola, Ojos melosos… —Su mirada brilló y su voz se tornó suave y dulce, ganándose la sonrisa de su padre y provocando una mueca de fastidio a su madre—. Está bien, te espero aquí. —Colgó la llamada—. Laura viene para acá. Mamá, espero que controles tu lengua. No quiero que se altere más de lo que está.

—Eres tan insoportable cuando te enamoras… —se quejó Jillian, y rodó los ojos.

Kevin sonrió.

A la media hora, Laura entró a la mansión. Se le hizo un nudo en la garganta al ver aquella reunión, pues parecía que alguien se había muerto. Ella se sentó al lado de Kevin y este le sostuvo las manos y le dio masajes suaves.

—Laura, ya debes saber los rumores. —Cristian rompió el silencio que su entrada había provocado—. No sabemos quién proporcionó esas fotografías a los paparazzis, tampoco quién se inventó esa historia de que le fuiste infiel a Kevin con Frank y que Kevin intentó asesinarlo. ¡Es una estupidez! —Se llevó la mano sobre la frente.

Laura asintió preocupada.

—Amor —Kevin entrelazó sus dedos con los de ella—. Tenemos que desmentir ese rumor antes de que nos afecte más de lo que ya lo ha hecho. Pero… 

—Yo contaré la verdad —lo interrumpió ella, su mirada estaba llena de decisión.

Kevin la miró dudoso.

—¿Sabes lo que eso implica? —le preguntó. Ella asintió.

—Tenemos pruebas y testigos —afirmó con seguridad—. Daré una entrevista explicando lo que sucedió en realidad. No quiero que sigas en boca de nadie, Kevin. Sé que esto te ha acarreado muchos problemas, más ahora que te estás dando a conocer en tu área.

—No quiero que lo hagas por mí. Todos te juzgan ahora y eso te puede cerrar puertas. 

—¡Claro que tiene que hacerlo por ti! —intervino Jillian, y se le acercó—. No solo por ti, por todos. Mi hijo es visto como un salvaje celoso que intentó asesinar al amante de su novia.

—Entonces, nos van a traicionar — objetó el señor Castillo—. Si hacen eso, nuestra imagen quedará empañada.

—¿Y qué espera, señor? —Kevin le preguntó con ira—. ¿Que cubramos las atrocidades de su hijo y nos perjudiquemos nosotros?

—¡Tenemos una alianza! —les recordó el padre de Frank.

—Agradezca que aún hagamos negocios con usted, su hijo tiró a la basura nuestra alianza y ofendió a nuestras familias —Paulo lo afrontó—. No solo ofendió a los Gutiérrez, sino a los Mars, porque todos saben de la relación entre Laura y Kevin.

—Entonces, den por terminada nuestra alianza —amenazó con enojo—. Nos vemos en los tribunales. Y recuerden que Kevin atacó a Frank de forma brutal, eso es algo de lo cual no podrán limpiarse nunca. No importa lo que haya pasado, él actuó como un salvaje. Y si ustedes no le quitan la denuncia a Frank, yo voy a denunciar a Kevin.

Dicho esto, agarró a su esposa y salió de allí de inmediato.

Laura se encogió de hombros al escuchar aquello. No podía permitir que Kevin fuera a la cárcel por su culpa. Él acarició su mejilla con ternura para que se relajase, pues se imaginaba todo lo que pasaba por su mente.

—Voy a llamar al abogado Martínez —anunció el padre de Pablo—. Él está llevando el caso de Laura, hay que informarle de la amenaza de los Castillos.

—Cristian, tienes que hacer algo. —Jillian lo abordó nerviosa—. Nuestro hijo no puede ir a la cárcel.

—Cálmate, Jillian. —Se acercó para tranquilizarla—. Kevin no irá a la cárcel. Tal vez tengamos que pagar una fianza, ya que él lo hizo para defender a Laura. El abogado Martínez es muy bueno, ya verás que todo saldrá bien. —La abrazó.

Ella miró a Laura con rabia y desprecio.

—¡Todo esto es por tu culpa! —gritó Jillian, apuntándole con el dedo—. Si no te hubieras encaprichado de Kevin, él no estaría metido en este asunto. —Las lágrimas inundaron su rostro—. Si es verdad que lo amas, entonces, debes saber que él está mejor sin ti y tus problemas. ¡Aléjate de mi hijo! —Cristian se la llevó al dormitorio para calmarla.

—María, prepárale una infusión de manzanilla y llévaselo a la habitación —ordenó a una de las muchachas de servicio.

—Laura, mírame. —Kevin tomó su rostro mojado por las lágrimas—. Nada de lo que ella dijo es cierto. No es tu culpa y jamás podría estar mejor sin ti. ¿Me entiendes?

—Kevin —meneó la cabeza—, tu vida estaba bien hasta que te involucraste conmigo —dijo entre lágrimas.

Sabía que Kevin presintió su frialdad desde que entró, pero si tenía alguna duda, la descarga de Jillian las había esfumado todas. Como su madre, sabía lo que era mejor para él. Entendía su desprecio y temor, comprendía por qué nunca estuvo de acuerdo con la relación entre ella y Kevin.

—Ven conmigo. —Él la tomó de la mano.

—¿Adónde me llevas? —inquirió Laura, pero no obtuvo respuesta. Kevin la guio por las escaleras y, al llegar al segundo piso, él abrió una habitación. —¿Qué es este lugar? —preguntó, secándose las lágrimas.

—Es mi taller improvisado. —Sonrió—. Ven. —Tomó su mano de nuevo.

La habitación era amplia y desorganizada, pero irradiaba un ambiente agradable. Estaba llena de cuadros y algunas esculturas. La llevó a un cuarto oscuro y prendió algunas luces que medio alumbraban la pequeña habitación.

¡Estaba impresionada! Parecía una pequeña exhibición de fotografía.

Había diferentes cuadros colgados estratégicamente de diferentes formas y tamaños. Las pequeñas luces tenues les daban protagonismo a las fotografías, proporcionando un espectáculo a la vista.

Las lágrimas se deslizaron sobre sus mejillas al ver las fotografías que tomaron en el verano. Había algunas de aquel hermoso lugar, de cuando fueron al pueblo, del oso que ganó en la feria, de ellos dos y muchas fotos de ella que ignoraba que existieran.

Un proyector indicaba en el centro: «El mejor verano de mi vida».

—Kevin… —No podía dejar de llorar—. Esto es hermoso… no sé qué decir. —Él la abrazó.

—Di que me amas y que vamos a luchar juntos. —Tomó su rostro para poder apreciar sus ojos miel—. Dime que vamos a salir de esto, los dos, unidos. —Hizo énfasis en esa palabra final, como si presintiera lo contrario—. Yo te amo, Laura. Tú eres fuente de mi inspiración y no quiero estar lejos de ti. Laura, no me dejes.

Lágrimas salieron de sus ojos, acarició su nariz con la de él y las gotas lacrimales se mezclaron. Besó sus labios con ternura, era un beso suave y lleno de amor.

Ella lo abrazó y rompió en llantos. No entendía por qué, una vez más, la vida se oponía a su amor.

Lo amaba como jamás imaginó amar a alguien y era por eso por lo que sentía que debía liberarlo. No era justo que su hermosa vida se viera manchada con la de ella. No podía ser tan egoísta y dañar su mundo.

Todo lo que descubría sobre él era hermoso y admirable, pero ella solo le había causado dolor y había sacado lo peor de él.

Laura se distanció despacio y su mirada estaba vacía, su rostro emanaba una tristeza profunda. Lo miró a los ojos y él empezó a negar sabiendo lo que seguía.

—Kevin…

—No, Laura, no lo voy a aceptar. —Negaba con la cabeza mientras las lágrimas salían como torrentes—. No me dejes, Laura, no, no me dejes… —

Cayó de rodillas y se cubrió el rostro. Ella se arrodilló y le acarició el cabello.

—Te amo, Kevin —dijo con voz tensa— y es por eso, porque te amo… —Más lágrimas cubrieron su rostro—. Que debo alejarme antes de que las cosas vayan a peor. —Él la sostuvo por la cintura con fuerza, aferrándose a ella—. Voy a arreglarlo todo, Kevin. Tú me dijiste que tomara una decisión y que ibas a respetarla, sin importar cuál fuera mi respuesta. Esta es mi decisión, Kevin. Déjame ir.

Las últimas palabras salieron débiles y con un suspiro de dolor. Ella se levantó despacio, soltando su mano con suavidad. Él se sostuvo tambaleando, sus ojos verdes la confrontaron.

—¿Estás segura de tu decisión? —preguntó más calmado. Ella asintió con tristeza—. Debes saber que es la decisión definitiva, Laura. Si me dejas… —Se le hizo un nudo en la garganta—. Si… —Las lágrimas salieron otra vez—. Si me dejas no pienses en buscarme más. Podemos ser amigos y puedes seguir trabajando en el estudio… pero… no voy a estar dando vueltas en círculos cada vez que surja un problema.

Él apretó los labios y prosiguió:

—Al parecer, cualquier viento es capaz de derrumbar nuestra relación. Mi amor por ti es tan fuerte que estoy dispuesto a luchar contra todo, pero tú, Laura, te rindes ante el primer obstáculo. —A ella le dolía ver aquella mirada de decepción y dolor. No obstante, ya era tarde para retractarse, además, no quería seguir perjudicándolo.

Con el corazón quebrado y la voz trémula, soltó las palabras que rompió todo entre ellos. —Kevin… adiós. —Se dio la vuelta y se marchó sin mirar atrás, dejando a Kevin destrozado.

¡Me encantas!

28. La revista – ¡Me encantas! 30. El eco del abandono – ¡Me encantas!
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