7. ZHL: Mi lobo la reclama, pero yo la rechazo

Esta es la parte 8 de 42 de la historia El hijo del alfa y la híbrida

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Una sonriente Alexandra se le lanza encima a Dylan y le llena el rostro de besos, agarrándolo desprevenido. Por su parte, Alexa la reprende por su comportamiento poco prudente e inadecuado.

—¡Ay, mamá! —La niña entorna los ojos—. Dylan es mi novio, por ende, le puedo dar muchos besos.

La carcajada de Ryan resuena en la sala, mientras que Dylan solo le sonríe con ternura y nerviosismo.

—¡Esta niña sale con cada cosa! —exclama Alexa avergonzada—. Discúlpala, Dylan, es que ella sacó los genes de su padre.

Otra carcajada de parte del adolescente pone a la luna irritable.

—¿Te estás burlando de mí? —Ella lo confronta muy molesta.

—¿Cómo crees, mamá? Mejor vete a descansar; andas muy estresada y peleona, de seguro por eso papá se fue más temprano que de costumbre hoy.

Alexa agranda los ojos y se tapa la boca con las manos cuando repara en las palabras de su hijo.

—¿Tú crees? Riú nunca escaparía de mí... —Ella se abraza a sí misma porque se siente muy tensa—. ¿Sabes? Creo que le llevaré el almuerzo a tu padre, el pobre ha de tener mucho trabajo. —Con pasos apresurados, Alexa se pierde en el pasillo.

—¿Todo bien por acá? —inquiere Dylan—. La tía está rara.

—Siempre se pone así cuando va a lanzar una nueva línea. Solo papá la calma y creo que por eso irá a su oficina. —Él hace una mueca de asco.

—Interesante... —masculla Dylan sonrojado y pensativo. Entiende la reacción de Ryan, ya que a él también le ha tocado ser testigo de la cursilería de sus padres.

—¿Quieres algo de tomar, futuro mate? —le pregunta Alexandra mientras menea las pestañas de arriba abajo, como intento de coquetería.

—Sí, ¿me traes una soda, por favor?

Los ojos verdes de la niña brillan cuando él le sonríe de esa manera tan linda que le derrite el corazón. Un suspiro deja los labios de la pequeña, quien se apresura a buscarle la bebida al chico de sus sueños.

—Tu hermanita es rara —comenta Dylan, al tiempo en que observa el camino que ella ha tomado, que es el mismo pasillo que transitó Alexa minutos antes.

—Querrás decir loca. Entre esa y Legna no se sabe quién es peor. —Ryan entorna los ojos.

Por su parte, Dylan siente una emoción extraña en el pecho y busca por los alrededores de forma instintiva.

—Por cierto, todo se siente muy tranquilo por acá, creí que con la llegada de la insoportable de tu hermana esta casa estaría patas arriba —comenta Dylan, ya que no se atreve a preguntar por ella de forma directa.

Ryan lo mira intrigado.

—¿Cómo sabes que Legna regresó? Ella no ha salido de la cabaña de papá desde que llegó y no quiso que le dijéramos a nadie acerca de su regreso, por lo tanto, sólo nosotros estábamos enterados.

Dylan se queda inerte en su lugar y un escalofrío extraño le recorre el cuerpo.

—Este... —Él se relame los labios porque teme hablar de lo acontecido aquella trágica noche y que Ryan descubra su secreto—. Creo que fue la noche del festival, me la encontré en el bosque...

Ryan se queda pensativo por un rato y luego sonríe con malicia.

—¿Todo ese tiempo que estuviste desaparecido estabas con mi hermana? Ummm...

—Ningún 'Ummm…', solo me la encontré por casualidad y, como de costumbre, terminamos discutiendo. Al parecer nunca nos llevaremos bien.

—Como digas, tampoco es que me importe lo que tú y Legna hagan. Bueno, siempre y cuando no la toques. Porque debes saber que mi hermana es intocable.

Dylan traga pesado.

—¿Por qué me amenazas, mocoso? —gruñe molesto, al sentirse confrontado por un púber.

«Siempre y cuando no la toques», se repite en su mente de forma tortuosa.

No puede evitar que las imágenes de la piel cremosa de Legna le inunden los pensamientos, como tampoco el imaginarse los temblores en el cuerpo femenino ante la calidez de su tacto. Porque sí, se vislumbra acariciándola en su mente y dispuesta a aparearse con él.

«Sí, tócala y hazla tuya», comanda su lobo.

Dylan lo ignora y suspira.

«Odio con todas mis fuerzas tener este maldito lazo. No quiero pensar en Legna, como tampoco quiero volver a soñar con su cuerpo desnudo debajo del mío. Necesito rechazarla antes de que me vuelva loco», se martiriza.

Después de que Alexa se despide de los chicos y de solicitarle a la sirvienta que les sirva comida, Dylan almuerza junto a Ryan y Alexandra, también se pasa la tarde con ellos, ya que Alexa nunca regresa.

Cada cierto tiempo, sus ojos plateados observan la puerta de la lujosa casa, como si estuvieran a la espera de que alguien traspasara el umbral; sin embargo, aquello nunca sucede.

De mal humor y con el sabor amargo de la decepción en el paladar, él regresa a su manada. Ya el sol se ha puesto cuando él llega a su casa y las luces tenues del jardín empiezan a encenderse.

Sus fosas nasales aspiran un perfume que él no ha podido olvidar, entonces el corazón le late muy fuerte y rápido al caer en cuenta de quien se trata.

«¡Mate!», exclama su lobo emocionado.

Dylan corre en dirección a la puerta y la abre con premura, luego sigue el rastro del olor a frambuesa que lo está haciendo perder la cordura y el sano juicio.

—¡Dylan, si supieras quién regresó! —exclama su hermana muy emocionada.

Él mira a su alrededor de forma instintiva, mas no ve a nadie más que a la chica de estatura baja y cabello negro como el azabache, que parlotea algo que él no entiende.

«Tún tún... Tún tún...»

Las palpitaciones de su corazón se tornan muy intensas cada vez más, asimismo, sus manos empiezan a temblar por las ansias.

Dylan olfatea aquel delicioso perfume, pero le extraña que se sienta tan débil.

—¿Me estás escuchando? —Su hermana lo trae de vuelta a la realidad.

—Puedo oler otro aroma que no es el tuyo... —dice él agitado.

—Es lo que te estoy diciendo, tonto, que Legna está de regreso y vino a visitarme. Nos pasamos toda la tarde conversando.

—¿Legna está aquí? —Su tono de voz se percibe desesperado.

—Estuvo. Se fue hace una hora porque va a cenar en casa de sus padres. Ella se está quedando en la cabaña donde vivían antes; según me dijo, todavía debe seguir entrenando y allí tiene más tranquilidad para hacerlo.

—Entonces se fue... —susurra él bajito y desencantado. No entiende por qué siente tal vacío en el pecho.

—¿Qué dijiste? —le pregunta Miha porque no escuchó lo que él masculló entre dientes.

—Nada, necesito tomar aire fresco... —Dylan sale corriendo de la casa, dejando a su hermana muy confundida con su comportamiento extraño.

—Pero si acabas de llegar... —musita desorbitada.

Por su parte, Dylan se convierte en lobo con agresividad mientras corre. El cambio de forma ocurre tan rápido, que no le da tiempo al aparato de guardar su ropa, como resultado, esta cae al suelo hecha trizas junto al bulto que llevaba encima.

Como si su vida dependiera de ello, Dylan corre bosque adentro, ya que su casa queda en la zona rural de la manada.

El lobo negro salta los obstáculos que se encuentra en el camino con una habilidad propia de un alfa, que posee los músculos más fuertes y anchos que los demás lobos y que le permiten destruir lo que se le oponga en el sendero.

La brisa de la noche le acaricia el pelaje abundante y suave, que toma un brillo azulado bajo la luz de la luna.

Su respiración alterada se une a los gruñidos ansiosos que expresan "¡Mate!", al conjunto de sus movimientos hábiles, rápidos y poderosos.

Él es un alfa de nacimiento, un licántropo puro que no puede controlar los impulsos de su naturaleza salvaje. Necesita reclamar a su mate y aparearse con ella, luego le seguiría marcarla para que todos sepan que ella es suya.

«Mía, mi mate», expresa ansioso.

La parte humana lucha por regresar a su forma, puesto que quiere evitar que su lobo cometa una locura.

«Basta, dame el control», le exige.

«No, eres un idiota. Harás sufrir a mi mate por tu maldito orgullo viril. ¿Yo soy tu parte salvaje e incivilizada? No lo creo, porque tú eres quien te niegas a hacer lo correcto y actúas como un cobarde».

El temor embarga a Dylan al no ser capaz de detener a su lobo, quien en pocas horas se encuentra frente a la cabaña en donde se está quedando Legna, pero al no encontrarla allí, empieza a aullar hasta que pierde el conocimiento, debido a lo doloroso que le es la distancia con su compañera.

Mientras tanto en la casa de Riú y Alexa; Legna, quien se encuentra en un balcón conversando con su familia bajo la luz de la luna, siente una extraña angustia que la paraliza de repente.

Ella mira al cielo ida, pero opta en ignorar los temores de su loba.

Una hora más tarde, Legna decide regresar a la cabaña.

Aún siente esa sensación desagradable que la pone ansiosa, por lo que se pone a tararear una canción para calmarse; sin embargo, cuando llega a la entrada de la vivienda de madera, su tarareo se detiene ante el fuerte olor a bambú y eucalipto que le inunda las fosas nasales.

«¡Mate!», lo reconoce su loba.

Legna corre en dirección a la puerta y un extraño escalofrío la recorre por completo, al encontrar a Dylan allí tirado, inconsciente y desnudo.

—¡No puede ser! —Ella cae de rodillas a su lado y empieza a revisarlo.

«Sabía que algo malo le sucedía, pero preferiste ignorarme», le reclama su loba.

«Calla», le increpa Legna y de inmediato apaga su parte lobuna. Una de las habilidades que aprendió con Liah fue el poder dominar su naturaleza licántropa, pues en Legna predomina más su parte zolleb.

También esa fue la razón principal para él llevársela por cuatro años.

Sus ojos se tornan verdes y al instante varias plantas parásitas se arrastran en su dirección, una vez frente a ella y Dylan, Legna hace señas ágiles con sus dedos, como si estuviera tejiendo. Al compás de sus movimientos, las plantas se unen y forman una enredadera que se arrastra hasta donde está Dylan y se escurre debajo de él.

Segundos más tarde, la enredadera flota con el chico encima y sigue a Legna, quien entra a la cabaña y cierra la puerta tras sí. En su cama, Dylan duerme tranquilo y sin imaginarse dónde despertará la mañana siguiente.

El hijo del alfa y la híbrida

6. ZHL: Mi mate me odia… y yo planeo seducirlo 8. ZHL:Bajo el aroma de frambuesa
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