El chico raro de mi cuadra: Capítulo 3

This entry is parte 5 de 17 in the series El chico raro de mi cuadra

Seis años después…

¡Ah! ¡Es tarde! ¿Por qué me acosté en la madrugada si sabía que hoy tenía un examen? Arg… Pero es que esa serie me enganchó y simplemente no podía dejar de verla.

Corro en busca de alguien que me lleve porque obviamente el autobús me dejó. Voy a toda prisa y me falta el aire, a mitad de cuadra busco desesperada y allí está mi salvación. Me extraña que sea Ashton quien esté parqueado frente a los Morris y no Ron.

 —Sube… —Su voz ronca me impide hablar. Este chico es muy maleducado, por lo menos debe saludar. 

 —¡Buenos días, Ashton! Me parece extraño que estés aquí tan tarde si siempre llegas temprano.

 —Ron se fue antes de la hora acostumbrada a la universidad hoy, así que él no te podrá llevar. Deberías ser más puntual y responsable.

 —Oye… ¿Cómo supiste que se me haría tarde? —pregunto mientras pongo música en su radio. Él me mira resignado, creo que ya se cansó de pedirme que no toque sus cosas. 

 —Como sea… —gruñe como de costumbre.

Llegamos a la preparatoria y otra vez las miradas están sobre nosotros. Digamos que he sido la única que ha tenido el coraje de acercarse a Ashton, dado a que todos le temen. Y, aunque ya la locura de que él es un monstruo que come gatos y seres humanos ha sido descartada por la madurez de dejar de ser niños, aún le continúan diciendo el freak y lo repelen como la peste.

 —Aléjate de mí. —Ashton camina más rápido, mas yo le sigo el paso. Siempre es así, él trata de huir de mí y yo lo acoso. Es que sé que debajo de esa fachada de chico retraído, malhumorado y solitario, hay un joven muy tierno y con buen corazón. Claro, lo de tierno lo tiene bien escondido y todavía no lo he descubierto, pero sé que él me necesita a mí tanto como yo a él.

La primera clase no nos toca juntos y eso no me gusta, aunque a él le da alivio. A veces siento que no me soporta, pero creo que eso también es parte de su fachada.

 —Hola, Meli. —Jenny me saluda y yo le sonrío. Ella y yo hemos sido amigas y vecinas desde que tengo uso de razón. Me encanta su cabellera rizada, larga y rojiza. Mi amiga es hermosa.

 —Hola, pecosa. —Karen le aprieta la mejilla, mas Jenny ruge molesta; odia que la llamen pecosa, pero ese es su apodo desde que somos niños, a mí me dicen empalagosa y yo no me quejo—. Hola, empalagosa. —Karen me abraza y yo le sonrío. ¡Amo las muestras de cariño!

 —Hola, Karen.

 —Oigan, les tengo una bomba. —Karen tiene el cabello negro y corto, y ojos achinados, es muy linda y amable. ¿Su problema? ¡Es muy chismosa!

 —¿Cuál es la bomba, señorita detective? —Jenny la mira divertida y Karen junta las manos, creo que se ha saboreado la boca.

 —Es sobre tu freak, Melinda. Paola le está tirando el ojo y sabes que a ella ningún chico se le escapa.

 —¡¿Al chico raro?! —Jenny se tapa la boca con gran impresión. Por mi parte me limito a hacer una mueca. 

 —Suerte con eso —espeto con molestia y no sé por qué—. Ashton no tiene ese tipo de relación.

 —El freak no tiene ningún tipo de relación. —Karen corrige divertida.

 —Él y yo somos amigos —digo airosa, ellas, en cambio, se ríen en mi cara.

 —El acoso no cuenta como relación —Jenny espeta mientras me pica la mejilla con su dedito rosa. 

 —Pues él sí es mi amigo. Hasta me esperó para traerme hoy. —Vuelven a reírse de mí y yo resoplo ofendida.

 —No creo que Paola tenga suerte. El freak no tiene sentimientos y no le gustan las mujeres. —Sandra especula apareciendo de repente. Ella es mi mejor amiga en la escuela y, al igual que yo, siempre llega tarde. Sandra es una morena hermosa de cabello rizado por los hombros, ojos marrones como los míos y es un poco pícara. Lo extraño es que la profesora no haya llegado. Es muy tarde ya. 

 —Es un desperdicio —expresa Karen—. El freak está como quiere, y que tenga dieciocho lo hace más interesante. 

Sí, mi amigo raro tiene dieciocho años, al igual que Ron. Este último empezó la universidad hace poco, mientras que Ashton no se ha graduado de la secundaria porque perdió dos años de la escuela. Es así que cursa el mismo año que yo y ambos nos graduaremos juntos cuando yo tenga dieciocho y él veinte.

  —Buenos días. —Entra la señorita McKenzie y todos nos paramos rectos,  devolviéndole  el saludo. Ella es la directora del colegio y amiga de mi madre; así que, a diferencia de los demás estudiantes, yo no le temo, pero sí le tengo mucho respeto y cariño.

***

Tarareo mientras regreso de mi clase de ballet y me percato de la presencia de Ashton. En estos días hemos tenido ensayos hasta muy tarde porque pronto haremos una presentación.

Mis hermanos están ambos en la universidad, donde viven; mi papá se encuentra en un viaje de negocios y mamá tuvo que ir a visitar a la abuela a otra ciudad porque está enfermita; como resultado de todos esos acontecimientos, yo me quedé sola en casa por la escuela. Es por esto que mi mamá me advirtió que le dijera a la señorita Lassarre que me despachara más temprano, pero como yo no me quiero perder los ensayos, pues me reservé ese pedido.

 —¿Qué haces por aquí? —le pregunto sorprendida, mas él me esquiva la mirada.

 —No te importa —masculla.

 —¿Me estabas esperando? —inquiero esperanzada, pero él me mira como si yo fuese un bicho raro.

 —¿Esperando para qué? Solo pasaba por casualidad.

 —Ummm… —Me pongo un dedo sobre los labios y me encojo de hombros.

Él camina en silencio, ignorando todo lo que le estoy contando sobre los ensayos y la presentación.

  —¿Vendrás a verme? —pregunto con ojitos brillosos, en cambio él me mira con cara de hastío. 

 —No —responde tajante y yo hago un mohín—. ¿Por qué iría a una presentación donde chicas flacuchentas vestidas de tutú y cositas de niñas se mueven como espaguetis electrocutados? 

¡Auch!

 —Eres tan malvado. Soy flaca, pero tampoco es para que te burles de mí. —Me siento muy triste, este chico es un caso perdido.

 —Como sea… —Resopla fastidiado. Yo trato de abrazarlo, no obstante, él me esquiva.

 —No me importa lo que digas. Irás o le digo a la señora Morris que me trataste mal.

Él se aleja más de lo que estaba con exaltación y rudeza. A veces se me olvida que a Ashton no le gustan las expresiones de cariño. No permite que nadie lo toque, lo abrace o bese.

 —No te estoy tratando mal, simplemente no me interesa ir a esas cosas fresitas. Y no me abraces, rosita empalagosa. Mejor, aléjate de mí y deja de actuar como si fuésemos amigos, no lo somos.

Después de caminar unos minutos llegamos a mi casa, pero Ashton sigue su camino sin despedirse.

—¡Adiós, Ashton! —Ondeo la mano con efusividad y una gran sonrisa—. Gracias por acompañarme a casa, eres muy encantador y noble.

Él gruñe, mas decide ignorarme.

Otra noche sin mis padres, podré ver series y comer helado de fresa con jarabe de chocolate hasta tarde.

***

Ya con mi pijama de princesas Barbie puesta y mi cubo de helado en mano, me tiro sobre la cama y enciendo el televisor. Estoy muy entretenida cuando escucho un sonido extraño. Me levanto llena de curiosidad y miro a través de la ventana. Me engancho de esta y me tiro, como no está muy alejada del suelo caigo sin problemas sentada sobre la grama.

Se escuchan maullidos y yo busco su procedencia. Sigo caminando y veo como un gatito grita desesperado. Eso fue amor a primera vista. Me acerco, pero él sisea y corre espantado. Yo lo sigo y no me percato de cuánto he corrido detrás del gato, hasta que me veo en el patio de los Morris tratando de agarrar al pequeño felino sin que este me ataque.

 —¿Qué rayos haces?

Salto del susto y me caigo de nalgas a causa del espanto que me provoca Ashton cuando sale de la nada; como consecuencia, el gatito se esconde detrás de unos arbustos.

 —¡Ashton! Ya lo tenía y por tu culpa se fue.

Él camina en dirección a las plantas, agarra el gato y lo acaricia para que este le tome confianza. Abro la boca sorprendida.

 —Cierra la boca. —Me extiende una mano y me apoyo en esta para levantarme. 

 —Gracias, como siempre salvando el día. —Le regalo una bella sonrisa y él bufa.

 —¿Te das cuenta de que estás invadiendo un patio ajeno a altas horas de la noche?

 —Es que el gatito se me escapó.

—No lo culpo, lo entiendo más que nadie. —Ashton me mira con una ceja levantada. 

 —¡Oye!

 —Vámonos, no está bien que estés fuera de tu casa a esta hora.

Él se apresura con el gatito entre sus brazos mientras yo lo sigo saltando de alegría por mi nueva mascota.

 —Buenas noches y gracias. —Voy a abrazarlo, pero recuerdo a tiempo que a él no le gusta.

—Cuida mejor de tu gato y dale de comer.

  —Lo haré, pero apenas lo acabo de encontrar.

  —¿Qué dices? ¿Perseguiste un gato media cuadra a altas horas de la noche y ni siquiera es tuyo? 

Los ojos le brillan y creo que está a punto de sonreír. Vaya, es una expresión nueva. Conozco todos sus gestos desinteresados y este no lo había visto antes. Por cierto, sería lindo verlo sonreír alguna vez.

Voy a tomar el gatito, pero este me ataca y no se quiere despegar de Ashton.

  —Ummm… Este gatito es como yo. No le agradas, así que mejor me lo quedo; de todas formas, si se queda contigo morirá de diabetes. 

Río como una loca ante su chiste y él me mira como si yo fuera un mutante de diez cabezas.

 —No estoy bromeando, me quedo con el gato —insiste.

  —No me río de eso. Es lo que dijiste de la diabetes.

 —Ah… Como sea.

  —Cuídalo mucho, él será como nuestro pequeño bebé. Mañana, cuando salga del colegio, iré a la tienda de mascotas a comprarle algunas cosillas.

 —No le pondrás un tutú.

 —¿Y un lazo?

 —No. Creo que es macho.

 —Un corbatín, entonces.

 —No. Lo llevaré a vacunar mañana.

 —Bien, nos vamos en tu auto, entonces.

 —No te invité.

 —Y le compraremos un platito o dos. Uno azul y otro rosa, por supuesto. Medicinas, comida, juguetes…

 —No estás invitada.

 —Y después podemos ir por un helado y pasearlo por el parque.

 —Arg…

 —Le tenemos que comprar un arenero y una camita bonita…

 —Adiós.

 —Déjame darle un beso.

  —¿Vas a besar a un gato sucio y sin vacunar? —Ashton aleja al minino y yo me cruzo de brazos.

 —Es que lo amo mucho, fue amor a primera vista.

 —No existe tal cosa.

 —Hablando de amor, ¿nunca te has enamorado?

 —No.

 —¿Por qué?

 —¿Lo has hecho tú?

 —Sí, muchas veces. Pero nunca he tenido un novio porque me pongo muy nerviosa cuando me enamoro y me dan ganas de vomitar.

 —Como sea.

 —Pero es muy lindo estar enamorado.

 —No lo creo. ¿Cómo lo sabes? No le veo nada de especial al amor.

Vaya, es la primera vez que Ashton da su opinión y se expresa. Es mi oportunidad para instruirlo un poco y quizás deje de ser tan raro y frío.

 —El amor se expresa con el interés y el cuidado. No tienes que hacer regalos caros, son las cositas simples que lo alimentan.

 —Ummm… Las personas buscan su propio interés.

 —No los que aman de verdad.

 —Ummm…

 —Es especial, el simple hecho de ver a esa persona, su sonrisa… Su carita.

 —Te encantan los diminutivos.

Ignoro su negatividad y prosigo:

 —Te enamoras de su forma de ser, para ti eso no tiene precio. Eso es amor.

 —¿Quién lo dice? ¿Cómo lo sabes?

 —Simplemente lo sé.

 —Eres muy ingenua… 

 —Nada vale más que un beso fiel… —concluyo, mirándole a los ojos, y me pierdo en su mirada azul oscura. Él me observa con nerviosismo mientras yo me acerco. Entonces, me atrevo. Beso su mejilla y su piel en mis labios se siente muy bien.

 —Te he dicho que no me toques…

 —Solo te daba un ejemplo de un beso fiel.

 —Ummm… Como sea.

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