Han transcurrido cinco meses desde que nos mudamos a esta isla. Es increíble lo rápido que nos hemos adaptado y lo felices que estamos en nuestro nuevo hogar. Aunque casi no paso tiempo con mi familia como solía hacerlo antes de mudarnos aquí, no me quejo. Gracias a mi arduo trabajo, llevamos una vida cómoda.
—Chicas, les tengo buenas noticias. —Leoncio se nos acerca con una sonrisita cargada de emoción—. Fueron escogidas para trabajar en una de las nuevas atracciones. Lo que significa que tendrán un mejor sueldo, más beneficios y pases exclusivos. Además de que podrán apreciar las increíbles criaturas nuevas.
Aura y yo nos miramos a los ojos, entre estupefactas y emocionadas. Es increíble que seamos de las elegidas.
—¿Qué criaturas crees que tengan? —pregunta Aura con entusiasmo.
—Ni idea —responde mientras se encoge de hombros—. Pero deben ser unos robots interesantes, puesto que hay mucha conmoción por eso.
Sí, en las noticias, los carteles y demás medios publicitarios se habla de las nuevas adquisiciones del complejo turístico B. Todos ellos transmiten mucha curiosidad sobre qué tipo de animales robóticos presentarían. Porque sí, todas esas criaturas extrañas que muestran en el complejo son máquinas. Sin embargo, poder admirar ese mundo fantasioso que solo puede existir en los sueños, libros y películas, es una experiencia singular.
Ya en mi turno, camino en medio de los árboles de un colorido bosque, que muestra criaturas mágicas a nuestro alrededor. Nunca dejaré de sentirme encantada con este lugar. Voy describiendo a los seres de ficción que nos saludan, rugen o simplemente se pasean en el hermoso paisaje hasta que llegamos a otra área. Entonces, anuncio nuestra entrada a la parte más exclusiva del complejo. Después de dos meses de entrenamiento, podré acceder a esta zona donde se muestran las criaturas nuevas.
Trato de que mis nervios no delaten que es mi primer día en esta área y hago mi mayor esfuerzo para no olvidar ningún detalle de lo ya aprendido. Mi expresión luce igual que la de los turistas, al abrirse el gigantesco portón de hierro decorado con plantas parásitas. Es como si un nuevo mundo se abriera ante nuestros ojos, donde lagartos gigantes, leones con dos cabezas, aves mitad águila y mitad tigre, y peces gigantes que vuelan se muestran ante nosotros.
Es increíble cuán reales se ven. Me tiene sin aliento lo majestuosos y hermosos que lucen.
Voy guiando a los visitantes mientras les doy detalles de las características y habilidades de cada criatura de ficción que aparece a nuestra vista, con total deslumbramiento. Parezco uno de esos turistas ahora mismo, en vez de una guía acostumbrada a este tipo de eventos.
Todos nos detenemos estupefactos ante la intimidante imagen de un gorila gigantesco, con piel parecida a la de un cocodrilo, dos cuernos largos y filosos, y ojos rojos sobre sus brazos. Siento escalofríos por todo mi cuerpo ante la imagen. Aunque se encuentra a varios kilómetros de donde estamos, se puede detallar con facilidad, gracias a lo enorme que es. Me parece que es el doble de tamaño que un edificio de veinte pisos.
Todos sabemos que solo es una máquina, que por más temerosa que su apariencia sea, no nos podría hacer daño; sin embargo, es imposible no temerle, especialmente cuando ruge con tanta intensidad.
Por alguna extraña razón, no nos dejan ir hacia allá. Es raro, dado que con las demás criaturas podemos interactuar —las que están a nuestro alcance—, pero a este extraño robot solo se nos permite apreciarlo de lejos.
—Breathtaking! * —Los turistas de habla inglesa se expresan maravillados.
Vislumbro el grupo de Aura entrar a esta área; ellos son los de habla francesa. Cuando nos encontramos, reímos emocionadas ante las maravillas que nuestros ojos ven.
—¡Esta área es increíble! —expresa emocionada.
—¡Sí! Me encantaría traer a mi esposo —corroboro con la misma emoción.
—Creo que podremos traer a nuestras parejas. —Sus ojos brillosos denotan lo enamorada que está. Aura y Gerald están saliendo desde hace unos meses. El dicho de que “del odio al amor solo hay un paso” les queda perfecto a ellos, puesto que siempre se la pasaban peleando. Gerald es el guía de los turistas de habla italiana y alemana, y algunas veces cubre a los de habla japonesa. Es el guía mejor pagado aquí.
Seguimos nuestro recorrido mientras explicamos las razas ficticias de las imponentes criaturas; asimismo, aprovechamos los recesos para conversar tonterías. Cuando es hora de regresar a las cabañas donde se hospedan los clientes, le doy una última mirada al gorila gigante, que recibe el nombre de “Goneak”. Su apariencia es tan tenebrosa que es la criatura que más me ha cautivado y… asustado. Por unos lacónicos segundos, percibo su mirada penetrante sobre mí; varios escalofríos recorren mi cuerpo al encontrarme con esos ojos amarillos intensos, que me escudriñan como si aquella criatura estuviese viva de verdad.
Esta noche, me voy a la cama con esa intimidante mirada intensa en la mente. En seguida, me rindo al sueño, debido a que estoy muy cansada.


