¡La vida es un cliché! – Capítulo 19

Esta es la parte 21 de 26 de la historia La vida es un cliché

 —Toma, Logan. —Scott me pasa un café con leche. Aunque no es mi favorito, no sabe mal.
No sé cómo es que este niño especial lo logra. Es decir, no es un galán y es todo un payaso.
Tomo otro sorbo para calmar mis nervios. Nunca en mi vida había estado en una cárcel, pero otra vez debo agradecer a mi padre por arruinar mi vida.
—Ya tuve suficiente. Bebe o la policía me va a sacar los ojos. —Le paso el café a Scott y él se carcajea.
¿Cómo puede reír en un momento así? ¡Estamos presos con un carajo!
—Es mi café y puedo dártelo si quiero.
—¡Eres un descarado! Puteas con la policía y ella te regala café, ¿cómo crees que se siente al verme tragarme su regalo?
—Nadie la obligó. —Scott rueda los ojos—. No me dijo que no podía compartirlo.
—Como digas, puto.
—Te quejas demasiado, para que veas qué tan bajo puedo caer por ti.
Quiero borrarle esa sonrisita a golpes, pero sus palabras aceleran mi corazón y me quedo sin habla ni movimiento.
—¡Daniel Scott! —Un policía se para frente a nuestra reja—. Puede salir, sus padres vinieron por usted.
—¿Qué hay de los demás? —Scott señala a su alrededor.
Mi abuelo está durmiendo y roncando como si estuviera en su cama; mi abue está «rezando» y criticando lo sucia y descuidada que está la celda; la esposa de Al Bundy está llorando en un rincón. Después de su fallido intento de seducción al oficial para que la dejara libre, no ha parado de chillar. Mi papá está aparte, puesto que es el acusado. Nosotros estamos retenidos por alborotosos.
—Ellos saldrán cuando se clarifique el atentado contra la señora Culliven. Esas personas son gente importante, así que recen para que esa vieja esté bien o tendrán que conseguirse un buen abogado.
—¡¿Y nosotros qué tenemos que ver con lo que hizo mi papá?!
Bien, estoy alterada. No es solo el hecho de encontrarme encerrada aquí por defender a mi padre, también la injusticia y el clasismo. La señora esa empezó a golpear a papá y a ella no la encerraron.
¡Es tan injusto!
—¡Cálmese, señorita! No le convendría alterarse, dadas sus circunstancias. —El idiota cavernícola me mira con sorna y yo quiero matarlo.
¡Qué me importa si es un policía!
—¡Negligente infeliz! ¡Usted no está cumpliendo con su trabajo, solo es un lambiscón más!
—Logan, cálmate. —Scott frota mis hombros con preocupación.
—¡Es muy fácil para ti decirlo! ¡Tú ya te vas!
—Si quieres, me quedo contigo.
—Ya usted está libre, tiene que salir de la celda. —El estúpido mono con uniforme espeta airoso—. Esto no es un hotel ni un parque.
—Hazle caso a la «autoridad» —digo de forma sarcástica—. Ellos solo cumplen la ley cuando no hay un apellido de millonarios de por medio. Los lambiscones son así.
Scott tose para no reírse y el policía de pacotilla se pone rojo del coraje.
—Siga con su falta de respeto a la autoridad y se quedará encerrada de por vida, y no será en una celda de una estación, no…
—Pues cualquier lugar donde no tenga que verle la cara de idiota será mejor…
Tres días después…
Así fue como terminé detenida por más tiempo en una celda apartada…
Bien, hoy salgo de este infierno, después de que mis abuelos pagaron la multa por ofender a un oficial. En cuanto a la vieja rica, pues el pendejo de papá nunca la golpeó. Ella cayó desmayada por la ingesta de droga; eso fue lo que me dijo Scott.
 
***
 
Daniel
Estoy más cabreado que Hulk y cualquier cosa me puede hacer estallar. ¡¿Por qué Logan no se puede quedar callada?! ¡Esa niña me va a volver loco!
Por más que traté de intervenir por ella, no pude evitar que le pusieran los cargos. Me duele y fastidia dejarla sola en este lugar, pero no hay nada que pueda hacer.
—Debes calmarte, Daniel. —Mamá masajea mi hombro—. No la dejarán por mucho tiempo allí.
—Eso espero. —Suspiro.
Está anocheciendo y todavía no resuelven el asunto del señor Logan.
—Ya revisaron a la señora —anuncia mi papá.
En ese momento, la mujer que empezó el alboroto se sienta junto a nosotros y una señora mayor sale un poco desorientada. El escándalo que se arma anuncia que la familia de Logan también está entrando a la sala.
—Bien, según los resultados, la señora Culliven no tiene ninguna lesión o golpe. La señora solo estaba en un profundo sueño causado por el consumo de cocaína.
Bien, esto parece una película en cámara lenta. Todos nos hemos quedado perplejos, menos las señoras adineradas.
—¡¿Cocaína?! —Los Logan y la mujer rara que, al parecer, es la novia del papá de Madison, espetan entre sorprendidos y escandalizados.
—¡Mamá! ¡¿Otra vez te escapaste para consumir esas pendejadas?!
Por un momento siento lástima por la señora. Se ve hastiada y triste. La madre solo rueda los ojos y se pasa la mano por su cabello rubio teñido.
—Fue un accidente. Solo pasaba por allí y ellos me dijeron que era una inyección para las arrugas, ¿qué iba a saber yo que eso era…? ¿Cómo es que se llama?
—¡Cocaína, mamá! —La hija suelta con impotencia y angustia.
¿De verdad esa señora piensa que creeremos esa tonta historia?
—Eso mismo. —La señora se pone de pie y se dirige al oficial—. ¿Verdad, oficial? Solo fui una víctima de esos maleantes. Mira que engañar a una vieja e inocente mujer…
No sé si acabo de ver bien, pero la señora le puso algo en el bolsillo del pantalón.
—Por supuesto. —El oficial se aclara la garganta—. No se preocupe, vigilaremos esa zona para que estas cosas no vuelvan a suceder.
¡Esto no puede ser cierto!
—¡Qué buen oficial! Hombres de autoridad como usted son los que necesitamos en esta ciudad. Le hablaré de usted a mi amigo el general. Su eficacia y buen desempeño han de ser premiados. —La señora le guiña un ojo y él sonríe como idiota.
¡Maldito infeliz!
 
***
 
Madison
—Son unos corruptos hipócritas —reflexiono mientras Scott me cuenta cómo esas señoras salieron ilesas de un verdadero acto ilegal y yo tuve que quedarme encerrada por tres días, solo por decirles sus verdades a ese cerdo con uniforme.
—Me dieron ganas de partirle la cara de idiota al oficial, pero eso complicaría todo.
—Está bien, hiciste mucho por mí. Gracias por llevarme comida y hacerme compañía. Tus visitas me hicieron bien.
Nos quedamos mirando como tontos de novela romántica, pero Scott desvía la mirada al suelo.
—Nos vemos en la cafetería —dice, tratando de ocultar esa sonrisa que tanto me gusta.
Recuerdo que dejé mi «libro» de psicopatología, que más bien parece una enciclopedia. Entonces Scott me da las llaves de su auto para ir a buscarlo y se adelanta.
Cargo la cosa esa, que es tan pesada que debería traerla en grúa.
Me paro en seco al ver un tumulto en todo el campus. Estoy más helada que Elsa de Frozen y las lágrimas se aglomeran en mis ojos.
¡Esto no está pasando!
Scott corre en mi dirección y me envuelve entre sus brazos. Su calor no es suficiente para calmar los escalofríos que me recorren ahora mismo.
¿Cómo pudo ese patán hacerme esto?
—¡Vámonos de aquí, Madison! —Scott sostiene mi rostro, que ya está completamente mojado por mis lágrimas.
Las palabras no me salen y solo asiento, dejándome llevar por Scott de regreso a su vehículo.
Soy una tonta por estar con un chico que solo me quiere para coger y no luchar por el amor de Scott; he sido una chica fácil y me he dejado llevar por lo superficial y vano. Sin embargo, no creo merecer que todos en la universidad estén viendo fotos en la pared de mi intimidad con Johnny.

La vida es un cliché

¡La vida es un cliché! – Capítulo 18 ¡La vida es un cliché! – Capítulo 20
Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *