La incomodidad del pequeño sofá y la tensión de mis músculos me hacen dejar mi pereza y levantarme. Tomo mi ropa y me dirijo al baño. Me miro en el espejo, buscando algo raro o diferente en mi cuerpo. No sé, tal vez me salió otra cabeza u otra nariz.
¡Soy una payasa! Ni siquiera esto me lo tomo en serio. ¿Qué rayos hice? Se supone que iba a cortar la rara relación con el badboy y concentrarme en mi futuro, pero he hecho todo lo contrario.
Suspiro y abro la ducha. Por suerte, tiene agua; creí que solo había polvo en este lugar. Me baño con rudeza, como si quisiera borrar lo que sucedió hace un rato. ¿Qué voy a hacer ahora? Mi parte íntima arde un poco y mi piel está sensible. Por lo menos fue delicado y me trató bien. No voy a negar que disfruté la experiencia; sin embargo, me siento la persona más malvada y sucia del universo por acostarme con un chico a quien no quiero.
—¿Todo bien? —Johnny se me acerca cuando salgo del baño y besa mis labios—. Debemos irnos. —Acaricia mi cabello.
—¿No te vas a bañar?
—Nah… Mantendré tu olor conmigo hasta que llegue a casa.
No sé si eso es tierno o asqueroso, pero esta faceta linda de él me gusta. Johnny me deja manejar la moto y eso es glorioso. Llegamos a la casa y me abraza con fuerza.
—Madi, hermosa… —Inhala mi cabello—. Lo que sucedió entre nosotros es especial para mí. Cómo me gustaría que sintieras lo mismo que yo. Desde que te conocí, supe que serías mía. Hoy te hice mi mujer y te prometo que te voy a querer por siempre.
Auch…
Él rasca su cabeza, sonrojado, y saca un papel de su chaqueta.
—Lo hice anoche porque no podía dejar de pensar en ti. —Me extiende el papel.
Los ojos me brillan al revisarlo. ¡Es un dibujo mío! Vaya, esto es muy romántico. Lo beso con euforia y él me corresponde con la misma intensidad. Quizás no esté mal dejarme llevar. Creo que me daré una oportunidad con el badboy.
—Gracias, está muy bonito. —Lo abrazo.
—No tienes que agradecerme, te quiero mucho, pequeña. Gracias por aceptarme, eres la primera persona que me trata bien y no solo me busca por mi físico, te quiero tanto.
Sus palabras me torturan. Creo que debo aprender a quererlo más allá de su atractivo, él espera mucho de mí y yo no sé cómo corresponderle, pero lo intentaré. Seré la mejor novia que el badboy pueda tener. Nos besamos por última vez y yo entro a la casa flotando por los aires.
¡Tengo novio al fin!
—¡Hola, abuelos! —saludo con timidez. Por alguna extraña razón siento que algo en mí cambió de tal forma, que ellos podrían notar lo que hice. ¡Qué tonta! ¡Cómo si yo tuviera una etiqueta en la frente que dice: “ya no soy virgen”!
—¿Ya no eres virgen? —¿Ah? ¡Esto debe ser una broma!
—¿Qué? —Me hago la sorda para asegurarme de que escuché y entendí bien.
—Perdiste tu tapita. —Ahogo un grito al escuchar a mi abuelo—. ¿Con quién lo hiciste?
—No sé de qué hablas, abuelo. —Me giro con nerviosismo dispuesta a escapar, sin embargo, mi abue se pone frente a mí y me escudriña como si ella fuera ‘Sherlock Holmes’.
—Cabello mojado, nerviosismo, porte de mujer, chupón en el cuello —toco la parte mencionada por instinto. ¡Voy a matar a Johnny! —, piernas más abiertas…, se te fue la inocencia en la mirada y te creció el culo.
¡Ahhhh! Mis abuelos están locos. ¿Cómo me va a crecer el trasero en unas horas?
Topo mi frente ante la tontería que escucho y esbozo un suspiro, creyeron que estaba embarazada de Scott cuando aún era virgen y ahora se creen científicos del cuerpo humano después de que tuve sexo. ¡Me voy a volver loca!
—No creo que me haya crecido el trasero, pero sí, me entregué a mi novio. ¿Contentos?
Me quedo en silencio y con el mentón en alto para no mostrar lo asustada que me encuentro en este momento. Mis abuelos se miran desorbitados y yo trago pesado.
—¡Por fin mi niña sabe lo que es gozar! —celebra el abuelo, eufórico, y me envuelve con sus brazos. ¿Es en serio?
Mi abuela se limpia una lágrima y su sonrisa ufana me espanta. ¿Ellos son mis abuelos? A veces creo que son personajes sacados de un programa de televisión y que me recogieron en un basurero.
—No es para tanto. —Juego con mis dedos, avergonzada.
—Haces honra a la familia. Los Logan somos bien cachondos. —Mi abuelo menea sus cejas y besa y abraza a la abuela. Es tierno… ¿Ah…? De a poco un beso casto en los labios se va convirtiendo en algo más… ¿apasionado?
Siento que quiero vomitar cuando la lengua de mi abuelo recorre la boca de la abuela y sus dientes postizos chocan entre ellos. ¡Qué asco! Corro a mi habitación y me tiro en la cama.
—Piensa en algo lindo, piensa en algo lindo… —No tengo tiempo para reemplazar las imágenes en mi cabeza porque recibo un mensaje de un número desconocido.
“Hola, pequeña tonta. ¿Ya me extrañas? Porque yo no puedo dejar de pensar en la cogida que nos dimos. ¿Cuándo lo volvemos a repetir?».
Frunzo el ceño cuando leo «cogida«. ¿No pudo escribir algo menos vulgar y frívolo? Resoplo con indignación de que a mi primera vez le llamen cogida, pero algo capta mi atención.
¡¿Cómo rayo obtuvo mi número?! No recuerdo habérselo dado. Lo llamo para preguntar y él parece que estaba esperando mi llamada porque al primer toque responde.
—Hola, pequeña. ¿Me llamas por más? Esta vez lo haremos en un motel, ese sofá es muy incómodo y yo quiero hacer otras cositas contigo. ¿Por qué no nos vemos más tarde?
—No. —No me molesto en sonar amable—. En primer lugar, no me voy a estar revolcando contigo a cada rato; en segundo, acabo de llegar a casa. Cenaré con mi familia y estudiaré, tengo un examen mañana.
—¡No seas aburrida! Mira que me quedé con las ganas. Eres tan inexperta que tuve que controlarme contigo, pero ya quiero tener un polvo de verdad.
Trato de asimilar sus palabras, pues esto es de locos. Primero me hace el amor todo tierno y hasta me regala un dibujo y dice esas lindas palabras, mas ahora me ofende de una forma tan natural y típica de él. Por cierto…
—No recuerdo haberte dado mi número.
—Yo lo tomé mientras te bañabas. A propósito, tienes demasiadas conversaciones con ese tonto vecino tuyo, eso no me gusta, es obvio que él te quiere coger.
Ok… Estoy más congelada que la ardilla de la era de hielo.
—¿Qué dices? ¿Revisaste mis mensajes?
—Claro. Eres mi chica y debo saber en qué andas. Además, no le pusiste contraseña, lo cual es perfecto. Así debe quedarse. ¿Entendiste?
Es que todavía no creo lo que estoy escuchando. ¿Acaso me golpeé la cabeza y estoy alucinando? Este machista de mierda no me va a controlar de esa manera, mejor termino esta estúpida relación. ¿Quién se cree? ¿El hombre lobo, alfa posesivo contralor?
—Johny, ha sido muy placentero lo que hicimos hoy y fue… ¿bueno?, mientras duró, pero no creo que esto llegue para ningún lado…
No termino de hablar porque él empieza a decirme cosas raras y a contarme sobre su difícil niñez y lo estúpido que es para relacionarse. Me pide perdón y me promete que no volverá a ofenderme.
No sé en qué momento cedí, si cuando lloró o me dijo que me quiere de verdad y que por eso actúa de esa manera. Me siento mal por él y con la responsabilidad de ayudarlo y demostrarle que una relación es más que sexo.
Em fin, quedamos en vernos mañana y nos despedimos de forma cursi.
Me tiro sobre la cama y suspiro. ¿Cómo sería un noviazgo con Scott? ¿Haríamos el amor o esperaríamos a casarnos? ¡Ah! ¿Qué rayos estoy pensando?
Agito la cabeza como muñequito de cuerdas y salto de la cama. Debo dejar de pensar en ese niño especial, mis pensamientos pertenecen a Johnny ahora.
Me asomo a la ventana y lo veo. Su rostro luce triste y su mirada perdida. Con el corazón acelerado me doy cuenta de que estoy abriendo la puerta para correr hasta donde está. ¡Esto no puede ser real! Siempre he evitado a Scott como la peste después de su confesión cuando teníamos catorce.
Cierto… No les he contado la historia completa.
Después de que nos besamos y descubrimos que nuestros Crushes se gustaban entre ellos, yo me sentía la niña más desafortunada de la historia. Ese evento fue muy frustrante porque ese chico me gustaba, o eso pensaba.
Desde esa vez me distancié de Scott y una noche él vino a visitarme. Nos sentamos en el patio y él me besó. Me quedé pasmada ante su atrevimiento, pero me gustó de la misma forma que la primera vez que nos besamos o creo que más; así que le correspondí. Imagínense dos chicos de catorce con todas las hormonas revueltas solos y besándose.
Nos escondimos detrás de la casa y duramos varias horas chupeteándonos. Después de eso Scott me pidió que fuera su novia, pero yo lo rechacé. Es que él era el rarito del vecindario y era feíto, no es que hora sea un galán, pero se ve mejor que antes.
Fui ruda y lo ofendí. Fue humillante para él porque se le salieron las lágrimas cuando me reí en su cara. Todavía me siento mal cuando lo recuerdo y quisiera borrar el pasado; no obstante, las máquinas del tiempo no se han inventado aún, así que me toca cargar con la culpa.
El caso es que ese evento provocó que me alejase más y lo tratase peor, era una forma errónea de combatir mi culpa. Fue muy feo lo que hice, pues Scott me gustaba, pero me parecía muy débil, así como papá.
De repente siento que mis mejillas están húmedas…
Limpio esas lágrimas intrusas que no sé de dónde vienen.
Pensando bien el asunto, creo que me merezco ser humillada por Johnny, puesto que en el pasado fui egoísta y malvada; no tuve tacto para rechazar a Scott y la razón de mi rechazo fue estúpida. El karma es vengativo e irónico porque ahora soy yo la que se muere por él, no diría que es amor, pero es un sentimiento muy intenso y no sé en qué momento empecé a sentirlo.
Suspiro.
Tal vez sea mala idea bajar al patio, después de todo.
Pero como mis pensamientos no se coordinan bien con mis movimientos…
—Hola, Scott.
Me mira incrédulo y resopla; él salta la cerca y se sienta sobre un banco marrón y viejo que no sé por qué mi abuelo no lo ha botado, en cualquier momento se desploma esta cosa. Me siento a su lado y busco su mirada que está puesta en el cielo.
—Terminamos —soltó de repente.
—¿Perdón? —inquiero confundida y él me mira sonriente, aunque veo tristeza en sus ojos.
—Soy un desastre… Yo… —Peina su cabello y suspira—. Yo me propuse ser fuerte y no dejarme pisotear por nadie nunca más. Me puse a practicar boxeo viendo YouTube, entonces mamá me compró un saco de box porque notó que realmente me relajaba aquello. He practicado kickboxing por mi cuenta desde los quince y fue cuando empecé a defenderme de mis verdugos. Desde que les rompí la madre dejaron de molestarme, eso es irónico, puesto que se supone que la violencia trae más violencia.
Scott sonríe de una manera que provoca que mi corazón palpite. Quiero cachetearme por haber sido tan tonta y superficial; sé que Scott sufrió mucho y yo fui una de las culpables.
—Me alegra saber que les hayas dado su merecido. Scott yo…
—¡Se supone que debo superarte! —me interrumpe de repente—. No debería tener sentimientos por ti, yo… soy un masoquista de lo peor. Sé que éramos más inmaduros que ahora y que tú tenías miedo de estar conmigo y ser acosada. Entiendo que, si sabían que tú y yo éramos novios, serías el blanco de las burlas y maltratos, por eso no te guardo rencor y es un alivio que me hayas rechazado.
Agrando los ojos y las lágrimas mojan mis mejillas. Ahora me siento peor y más culpable.
¿Qué estoy haciendo? Su olor, su calor, todo lo que proviene de él es agradable y no me hace sentir sucia. Lo abrazo con fuerza y lloro sobre su hombro; Scott acaricia mi cabello con tanta delicadeza que me siento un demonio delante de él.
Me aparto para encontrar su mirada y descubro sus lágrimas; las limpio y él me besa. Es tan dulce… Siento que me transporto a otro lugar y un sentimiento de bienestar se apodera de mi pecho, es como si llegara a un lugar de descanso y confianza. Siempre me he sentido perdida y sin origen, como si no perteneciera a ningún sitio, pero con Scott me siento en casa.
Saboreo sus labios con lentitud, disfrutando su sabor y grosor sin prisa. Él rompe el contacto y me mira asustado, esperando mi reacción.
—L-lo siento… Yo… —Peina su cabello otra vez—. Estuve pensando… No sé, tal vez yo no te sea indiferente, puesto que me has correspondido los besos que te he dado… —Su nerviosismo es muy notorio—. Terminé con Jessica porque no me pude acostar con ella. No me mires así, no es por el sexo, es algo más. No he dejado de pensar en ti y, cuando la besaba, cerraba los ojos para imaginarte. Es enfermizo y está mal. No debo estar con una chica cuando pienso en otra.
Mi corazón palpita con agitación, esto parece un sueño. Scott toma mis manos y yo parezco vibrador modo gelatina; nos miramos a los ojos y él va a decir eso que tanto he soñado escuchar…
—¡Mi amor! —Salto en mi lugar al escuchar a Johnny detrás de mí. Por su parte, Scott solo hace una mueca. Me pongo de pies y parezco a ‘Mr. Bean’ cuando intento hablar. Ya se me olvidó cómo articular las palabras.
—¿Qué haces aquí? —Scott lo confronta como gallito y Johnny entrelaza su mano con la mía y las levanta con una sonrisa ladina.
—Vine a visitar a mi novia.
Scott pasa su mirada de él a mí.
—Deja de decir que eres su novio, maldito loco enfermo. —Scott lo insulta con sorna, pues el badboy siempre ha dicho que soy su novia y ya nadie toma en serio sus palabras.
—¿Por qué no le aclaras a esta nenita que eres mi mujer y que ya te hice mía? —me pide Johnny con arrogancia y tono victorioso.
Empiezo a hiperventilar del coraje mientras Scott me mira esperando una explicación.
—¿Era necesario mencionar que hicimos eso? —reclamo, ofendida.
Scott niega con una sonrisa sarcástica y triste.
—¡Soy un maldito idiota! —espeta mientras niega y veo sus ojos húmedos. Me acerco a él, pero retrocede lleno de coraje, salta la cerca y entra a su casa. Me quedo helada en mi lugar sin saber qué hacer. Cuando por fin Scott está soltero y dispuesto a darse una oportunidad conmigo, yo ya estoy en una relación con otro chico.
Tal vez es lo mejor, pues no soy buena para Scott.

