Gia
Otra noche de aullidos. Soy yo la culpable, quien se encuentra erguida encima de este risco cual loba imponente e intimidante, observando la luna llena y dejando salir mi dolor.
Todas las noches de luna llena, en especial cuando estoy en mi ciclo de celo, siento un vacío que duele. Estas ansias de lanzarme encima de Gael y reclamarlo son más fuertes que mi raciocinio; mi instinto animal toma el control de mí y me grita que lo busque.
¿Todos mis ciclos de celo serán así? ¿Hasta cuándo sufriré por un imposible? ¿Por qué lo ansío tanto?
Gael…
Otro aullido sale de mí, ese que le dice al viento lo mucho que duele no tenerlo desnudo y abrazado a mi cuerpo. Lo necesito, y esta necesidad está acabando con mi cordura.
Otro aullido… Y otro…
***
Gael
Escucho los aullidos que llaman a la pasión, a la necesidad de la entrega en cuerpo y alma. Mi interior quema como el infierno y mi cuerpo está a punto de estallar si sigo pensando en ella. Corro con desesperación, hago uso de la poca cordura que me queda y huyo…
Necesito escapar de lo que siento, de lo que me tortura, de lo que cada día se hace más difícil de controlar… Necesito un placebo a mi desdicha, aunque el mismo me destruya.
Con rabia, un poco de asco y culpa, entro a la cueva que hacía mucho no visitaba, donde me espera el desahogo, el reemplazo.
—Ven aquí, cariño —me llama con voz seductora mientras extiende los brazos en mi dirección. Con gran titubeo, me acerco a ella y me dejo besar. Me odio porque su beso borra el arrebato de la tarde, ese que se me quedó impregnado en los labios y que me recuerda lo que me estoy perdiendo. Este, a diferencia del anterior, se siente insípido y vano. ¿Por qué su boca ya no es un refugio?
En realidad, creo que nunca lo fue.
Las manos atrevidas e invasoras me desnudan, entonces empiezo a imaginar que es otra quien está en su lugar y solo así puedo lograr entrar en ella. Pronto saco mi frustración en un vaivén que debería ser placentero, mas lo único que logra es aliviar parte de la lascivia que se adueña de mi ser y que busca mi destrucción.
Una vez mi cuerpo se descarga, la calma me recorre las venas y logro controlar mi apetito feroz; sin embargo, el estómago se me revuelve y mi lobo se pone violento, así que huyo de allí antes de que él asesine a la intrusa.
No puedo evitar las lágrimas que me mojan el rostro y que son causadas porque me duele el corazón, y mucho.
—Si tan solo pudiera estar contigo y tú conmigo. Si no hubiera una barrera, esta maldición que me hace escoger el estar lejos de ti. Mi amor, mi mate… —balbuceo, antes de caer en la inconsciencia.
***
Gia
Mi loba me deja y quedo desnuda cerca del estanque, que es alumbrado por la luna llena. A lo lejos, se escuchan aullidos escalofriantes, los cuales atribuyo a los lobos solitarios. Por suerte nuestra manada está lejos de ellos, puesto que, pese a que hicimos un acuerdo de paz, ellos no lo respetan; por lo tanto, no me fio mucho en estos días de luna llena cuando nuestro instinto animal domina al racional.
Sí, solemos ser muy peligrosos en estos días, en los que necesitamos más del apareamiento.
Me baño en el estanque para disipar la calentura que me provoca el celo. Ya se imaginarán quién protagonizará mis fantasías esta noche y mis sueños eróticos. Hago imagen mental donde veo a Gael aquí, pegado a mi cuerpo; su piel fuerte como el acero roza la mía y nuestras caderas se mueven al compás del placer…
Oh, Gael…
Dejo de tocarme cuando soy espantada por un extraño ruido, que me hace salir del estanque e ir por mi ropa.
—¿Quién anda ahí? —pregunto mientras me pongo el vestido corto que traje.
Sé que hay alguien aquí, puedo olerlo. Me dejo guiar por mi olfato que percibe un olor dulzón y cítrico, mas no encuentro a nadie. Es como si estuviera presente y al mismo tiempo no. En fin. Mejor regreso a la casa antes de que el alfa empiece a buscarme.
Me apresuro entre los árboles con pasos rápidos. Otra vez percibo que alguien me observa y ese olor dulzón inunda mis fosas nasales.
—¡Ya deja de seguirme! —Me detengo y giro de repente para sorprender al bromista. No obstante, la sorprendida soy yo. Casi grito al ver a un ser extraño frente a mí y que brilla en la oscuridad.
Voy a preguntar quién es o qué quiere, mas antes de proferir palabras, la cosa rara esa desaparece de mi vista. Así no más, solo se desvanece.
Vaya, no sé si el celo me está provocando alucinaciones, ¿qué rayo fue eso? No había visto tal criatura en nuestro territorio nunca antes.
Pensando en ese extraño evento, entro a la casa y me dirijo a la cocina para beber agua bien fría.
Sí, estoy que ardo.
Gael…
Él está aquí…
Pero no está solo. Allí está la señorita víctima sonriéndole como tonta mientras este le sirve comida. ¿Por qué le está sirviendo a ella?
Esos celos…
—¿Comiendo tan tarde? —Levanto una ceja y miro en dirección al plato de la tal Natura.
—Gracias a mi metabolismo rápido, puedo comer a esta hora y no engordo. Es un lujo que no todas nos podemos dar —dice con cara de inocente, como si su comentario no fuera una indirecta maliciosa.
No. La. Soporto.
—Entiendo. Ojalá pudieras hacerlo, aunque sea un poquito, me preocupa lo enfermiza que te ves.
—¿A qué te refieres? ¿Por qué me dices eso tan feo?
Entorno los ojos. Abro la nevera y tomo agua con varios cubitos de hielo mientras esa tonta parlotea lo triste que mi comentario la ha puesto, según ella, porque siempre ha sentido complejo por su delgadez. Yo, por mi parte, la ignoro. Es Gael quien le presta atención y le da palabras de ánimo, asimismo, miente diciendo lo hermosa que ella es. ¡Hermosa mi rodilla!
Pese a que no miro a ninguno de esos dos, siento como soy atravesada por los ojos de alguien. Es como si uno de ellos no me quitara la vista de encima.
Antes de salir, busco a Gael con la mirada y es cuando descubro que es él quien me está observando, como si yo fuera un pedazo de carne apetitoso; no sé si es mi imaginación, pero de que me mira raro, me mira. ¿Será que ha olfateado mi celo? ¿Le afecta eso a él sin ser mi mate?
Deja de fantasear…
—Gia —dice él de repente, provocando que mi corazón salte en mi pecho y sin saber la razón.
—¿Sí? —Trato de sonar indiferente, de disimular que su llamado no me afecta.
Él no responde al instante, mas bien se queda sumido en sus pensamientos como si se debatiera entre dejar salir esas palabras que está reteniendo o mantenerlas dentro de sí.
Yo ya me estoy desesperando.
—Nada. Qué descanses… —responde con resignación. Asiento, decepcionada, y otra vez tengo ganas de llorar. ¿Qué era lo que quería decirme? ¿Por qué esperaba algo de él con esa tontería?
«Quería pedirte que durmieras conmigo porque necesito la compañía de mi hermanita, pero no creo que al alfa le guste eso. Además, tu celo es muy atrayente, no sé si me comportaría como un hermano contigo tan apetitosa en mi cama».
Gael cierra el vínculo sin dejarme replicar, de todas formas, no es que tenga la facultad de hacerlo en este momento. Si ya estaba roja con el calentón de mi celo, no me quiero ver en un espejo ahora.
¿Me bebí un vaso de agua fría con hielo adentro? Puf… Necesitaré más que eso para bajar este volcán que ha estallado dentro de mí. Gracias, maldito Gael, por tu culpa no podré dormir en toda la noche.

