No sé cuánto tiempo transcurre desde que exploté y le tiré la verdad en la cara a mis amigas, pero el mutismo de ellas empieza a preocuparme.
—Oigan, ¿no me dirán nada? —Rompo el silencio, mas ellas no hablan. Su respuesta se limita al parpadeo, luego se miran y regresan su atención a mí.
Después de un largo rato en silencio, Taís me observa con el ceño fruncido y me apunta con su dedo acusador.
—¡Nos engañaste, mala amiga! Pero ¡qué alivio! —respira hondo y se pone la mano en el pecho—. No te diré que no hagas ese negocio porque, si no tengo cómo ayudarte, tampoco me meteré en la manera en la que resolverás el problema de tu familia…
—¿Pero…? —la interrumpo, puesto que sé que hay un “pero” en su diatriba.
—¿Estás segura de que no tienes sentimientos por él? Si es así, mi consejo es que no te cases. Creo que tu bienestar emocional es más importante que la empresa y estoy segura de que tus padres piensan como yo.
Me muerdo el labio inferior y la encaro con firmeza.
—Ellos no deben saber la verdad porque sé que no aceptarían “mi sacrificio”.
—Es que ni yo estoy de acuerdo, aunque respeto tu decisión —replica afligida.
—No te preocupes por mí, estoy consciente de lo que estoy haciendo. Ustedes saben que no creo en eso de enamorarse ni que espero casarme por amor, así que para mí esta boda será un negocio más. —Trato de convencer a Taís, pero ella está escéptica, mientras que Lilia solo escucha en silencio y su expresión luce neutra.
—No lo sé, Serena. Según mi punto de vista, tú te rendiste al amor porque te obsesionaste con la ilusión de enamorarte de tu mejor amigo y, como este nunca te ha correspondido, te cerraste a la posibilidad de amar a otro hombre. Es más, yo creo que aún tienes sentimientos por él y que, en el fondo, esta boda te ilusiona. Si no fuera así no te hubieras comportado como lo hiciste ayer al encontrarlo con su amante. ¿Qué pensaste? ¿Que ese puto pararía sus andanzas? Él no dejará de coger solo porque ustedes tienen un negocio raro y turbio, chica ingenua.
—Concuerdo con Taís en la parte de que lo amas. —Lilia se une a la conversación—. Y estoy segura de que Bratt también a ti, pero ambos se han cerrado a sus sentimientos y por eso han sufrido tanto. Yo sí estoy de acuerdo con que se casen, porque sé que la convivencia les tumbará esas barreras que les impide ser sinceros con sus sentimientos. Ay, me da tristeza de que se vayan a casar por negocios, pero si es así que van a estar juntos al fin, pues los apoyo.
Tanto Taís y yo la miramos como si ella tuviera dos cabezas. La razón de mi morena hermosa hacerlo es porque está en contra de que me meta en estos líos con Bratt; y yo porque, pese a que ya he reconocido en mi interior que me gusta ese tonto, no espero que nuestras vidas se unan de forma romántica, tampoco llamaría amor a lo que siento por él.
—A veces me pregunto si amas u odias a Serena, debido a que, ni a un enemigo se le puede desear tanto mal —le increpa Taís—. En cuanto a ti —me vuelve a apuntar con el dedo—, insisto en que tienes sentimientos por Bratt. Solo espero que ese perro no te haga sufrir, aunque me temo que así será —sentencia—. Ahora, explícanos la parte de que dormiste con un desconocido; dime, ¿estaba bueno? —Menea las cejas de arriba para abajo y pone cara de pervertida.
—¡Para nada! Ese tipo era demasiado feo —exclamo con dramatismo y me río en mi interior por lo que estoy diciendo. Si ese pedante, arrogante y asesino con complejo de narcisismo me escucha, me mata. Me dan unas ganas enormes de llamarlo solo para molestarlo, mas no tengo su número. Siento un pequeño amargor que no entiendo, al recordar que él me pidió el mío y yo se lo negué.
—¡Vaya! Tu primer polvo alocado con un extraño y resulta que el tipo es feo. A menos que estés exagerando y no lo sea; como siempre comparas a todos con Bratt… —me recrimina Taís.
—¿Le estás celebrando que se haya acostado con un desconocido? —le reclama Lilia.
—Bueno, alguien tiene que quitarle las telarañas que tiene en la cueva casi virginal. ¿No ves que la falta de sexo la tiene más loca de lo que es?
—¡Oye! —Ahora soy yo quien le apunta con el dedo—. No dormí con ese fenómeno; ni borracha tengo tan mal gusto. —Hago una mueca de asco, cierro los ojos con fuerza y muevo la cabeza con violencia de un lado a otro.
—¿Tan feo era? —pregunta Lilia con intriga.
—Feo le queda corto —respondo maliciosa—. Si lo vieras. No tenía dientes, tampoco cabello en el medio; sus ojos eran pequeñitos, tanto, que creí que siempre los mantenía cerrados. Si vieras la canilla peluda, la gran panza y la nalguita jalada que tenía. Aparte de que la verga era tan pequeñita como la de un niño.
—¡Oh! —exclama Lilia y se tapa la boca de la impresión.
—Una pregunta, Serena —interviene Taís.
—¿Sí…? —respondo mientras me miro las uñas, airosa por mi excelente descripción del motociclista asesino.
—Si no te acostaste con él, ¿cómo sabes que la tenía pequeña? —lanza de lo más natural, agarrándome desprevenida.
¡Rayos!
—Pues… —Me muerdo la uña del dedo meñique y le esquivo la mirada de manera instintiva—. Porque lo vi desnudo en la ducha por accidente… ¡Ay, ya! Esto parece un interrogatorio y a mí todavía me duele la cabeza. —Me pongo las manos en las sienes y finjo que no aguanto el dolor—. Mejor ayúdenme a inventarme una buena excusa para decirle a papá y a mamá —les comando, para que terminen el temita de una vez y por todas.
***
Taís y Lilia son unas malas amigas. Me abandonaron a mi suerte en cuanto bajamos a la terraza, donde se encuentran mis amados progenitores.
—Estaba tan preocupada con el asunto de la empresa y el no poder encontrar una solución que me dio un bajón de ánimo, así que me fui a beber a un bar para desestresarme.
Me siento horrible con esto, de verdad. No me gusta mentirles a mis padres, ellos no se merecen este comportamiento de mi parte. A veces me dan ganas de dejar que la empresa se hunda y buscar un empleo. Estoy segura que puedo surgir desde abajo como lo hizo papá, no obstante, perderlo todo sería un golpe duro para ellos.
—Serena, te dije que no hay solución y, fue justo para evitarte ese estrés, que no quería decirte lo que le sucede a Um-diosa. No quiero que cargues con una responsabilidad que no te corresponde, Turrón.
—Lo sé, papá. —Le agarro la mano y le sonrío—. Pero tú y mamá le han entregado su vida a esa empresa y me dieron todo lo que necesitaba y más gracias a esta, es mi turno ahora de retribuirles todo lo que hicieron por mí.
—Mi amor, tú no nos debes nada —replica mamá—. Es nuestro deber como padres suplir todas tus necesidades y velar por tu bienestar. Nosotros levantamos una empresa y disfrutamos de sus beneficios, pero tampoco vamos a parar locos si no se puede salvar; querida, no te preocupes, nosotros no te vamos a dejar sin un patrimonio.
—No, yo les prometo que no perderemos nuestra empresa, ya verán. —Les aseguro.
Ellos me miran con pesar, mas yo los beso a cada uno y entro a la casa. Corro por el pasillo y me detengo a mitad de camino, entonces suelto el aire retenido y suspiro de alivio al verme librada de una explicación que no tenía. El timbre suena, pero no le presto atención, así que supongo que una de las empleadas de servicio abre la puerta. Me dirijo a mi habitación porque estoy en fachas, sin embargo, cuando voy a abrir la puerta Bratt me atrae a su cuerpo y me abraza.
—Pecosa, hablemos, ¿sí? —ruega. Me quedo helada entre su cuerpo porque no me esperaba su visita, mucho menos que me abrazara de esta manera tan diferente, pasional y necesitada.



