Final de esta loca historia… ¿Cliché?

Esta es la parte 26 de 26 de la historia La vida es un cliché

Bien, ha pasado una semana desde el incidente con la nerd loca y ya tengo el chisme armado.
El badboy apostó con sus amigos que se tiraba a la nerd fea y tímida. Se la disfrutó y llevó la sábana con la mancha de sangre a una fiesta como trofeo. La nerd le reclamó cuando lo vio conmigo y él se burló en su cara. Ella me vio como a la intrusa y decidió stalkearme para vengarse de mí. Fue entonces cuando descubrió que mi verdadero amor era Scott y por eso se metió con él.
Pero sus deseos de venganza fueron más lejos y, como ella sabía que el badboy grababa sus cochinadas en el cuarto sucio donde me desvirgó, se escabulló y tomó la grabación. Primero sacó las fotos y luego hizo viral el video.
Se preguntarán la razón de Johnny para hacer esos videos. Pues eran para chantajear a sus chicas en caso de que lo necesitase, es decir, que en parte es culpable de mi desgracia.
El caso es que ella se «enamoró» de Scott y, como su amor era enfermizo, pues lo tenía acorralado y asfixiado. Como él la dejó, ella decidió salir de mí de una vez y por todas. El problema es que ella es media tonta. Es decir, solo tenía que seguir disparando y no herirme el brazo y llevarme a un almacén.
¡Qué imbécil!
—Hola, Logan. —Scott besa mis labios—. ¿Cómo está tu brazo?
Este chico me tiene tan enamorada. No se ha apartado de mí ni un momento, cumple todos mis caprichos y me ayuda con las tareas. Mi brazo en realidad solo fue rozado por la bala, así que es una herida superficial.
—Está bien, cariño.
—Si quieres aplazo mi viaje… —Juega con sus dedos mientras mira al suelo.
—No, Scott. —Levanto su mentón para apreciar sus ojos—. Debes ir, es tu sueño, amor.
—Pero… —Sus ojos se cristalizan—. No estoy listo para dejarte. Madison, por fin me aceptaste…
Lo beso para que no insista.
No me merezco que deje o aplace todo por mí. No es justo para él, es su turno de dejarme y volar.
Daniel Scott, te amo.
 
***
 
Un año después…
—¡Vacaciones! —Sí, me tomaré unas vacaciones y le daré una sorpresa a Scott.
¡Viajaré a Italia!
Cierro la casa —la de los Scott— y arrastro mi maleta. Me pasaré dos semanas con mi novio en Roma, ¿no es genial?
En este año mi vida ha cambiado mucho. Mi papá se casó con esa mujer rica y vive en una mansión. Mi abuelo está siendo tratado por un psiquiatra que lo mantiene estable; claro, sigue siendo un pervertido. La señora rica ha gastado una fortuna para poder quedar embarazada, puesto que la dejó el autobús por estar cuidando la empresa que su papá le heredó al morir y no haberse buscado un marido. El tratamiento ha hecho milagros y ella tiene cuatro semanas de embarazo. Sí, tendré un hermanito.
Patty y Larry se casaron. Ella estudia en línea porque no quiere dejar a su bebé con las niñeras, locuras de mi amiga. El badboy se fue a París a continuar con sus estudios; eso fue después de durar varios meses preso y pagar una multa jugosa por esos videos que poseía. No se imaginan a cuántas chicas llevó al cuarto polvoriento ese.
Yo vivo en la casa de los Scott, es que la cuido. Al parecer, esa casa será de Daniel, dado que sus padres y el demonio de su hermano se quedarán a vivir en Italia.
Bien, tengo el mapa de la universidad donde estudia Scott. Quiero ver su carita de idiota cuando me vea.
¡Estoy tan feliz!
Al otro día…
Salgo del hotel con mi sonrisa contagiosa, pues la felicidad se me sale por los poros. No les dije nada a los señores Scott de mi visita porque sé que no me guardarán el secreto, por eso estoy en un hotel; además, quiero privacidad con Daniel.
Miro el mapa de Google en el celular, debo parecer un zombi ahora mismo. Después de perderme varias veces, visualizo la universidad. Es imponente y hermosa.
Sé que Scott almuerza a esta hora y dónde lo hace, es que nos la pasamos hablando todo el tiempo. Tuve que decirle que iba a arreglar el celular; ya saben, en el avión no iba a poder hablar con él.
Camino buscando el parque donde él come su almuerzo y suele inspirarse. Scott está escribiendo una novela romántica y aprovecha sus momentos libres para escribir.
Mi corazón late con intensidad y la respiración se me hace pesada.
Veo a Scott, el amor de mi vida, pero no está solo.
Lo peor es que sus labios están unidos a los de otra chica.
Al parecer, la que se llevó la sorpresa fui yo.
 
***
 
Nunca había llorado como en estos días. Mi corazón duele tanto que me dan ganas de arrancarlo de mi pecho. Mi Scott. Ese desgraciado me pone los cachos y yo de idiota esperándolo.
Seco mis lágrimas y respiro profundo. Creo que es tiempo de superar a ese idiota y seguir con mi vida. Sé que he sido una cobarde, pero no quiero escuchar de sus labios que ya me olvidó. Es por esto que cambié mi número y lo bloqueé en todas mis redes. Solo Patty sabe lo que sucedió; para todos sigo siendo la novia de Scott, hasta él lo cree.
Estoy consciente de que debo buscarme un apartamento, no es sano que duerma abrazada a la almohada de Scott.
Bien, es tiempo de que cada uno tome su camino, es así como termina esta loca historia de amor…
Fin.
—¿Cómo que “fin”? Este no es el final, Mad.
—Daniel, no te entrometas en mi monólogo.
—Pero es que estás terminando la historia sin mí.
Ay, qué fastidioso…
—Somos los protagonistas, debemos quedar juntos.
—Esta no es una historia cliché.
—¿Quién dijo eso? No hay una historia más cliché que esta.
—Sigue tú, entonces. Yo quiero terminar todo ahí.
—Lo dices porque estás enojada, ya te dije que fue Carl. Sabes que soy incapaz de comerme tu postre.
—Eres tan irresponsable que culpas a tu hijo de un año por tus actos.
—¡Fue él! Ese niño no es tan inocente como crees, es un demonito.
—¡Ya cállate y termina la historia! Los lectores no tienen todo el día para estar escuchando tus estupideces.
—Bien…
Cuatro años atrás…
Daniel
Estoy preocupado. No tengo comunicación con Madison, al parecer, me bloqueó en todas sus redes y cambió su número. Esto me tiene ansioso porque no sé qué rayos sucedió. Debo verla.
Llamo a Patty, pero en vez de saludarme y preguntarme cómo estoy, espeta todo tipo de maldiciones. Es así como me entero de que Madison fue a Italia para sorprenderme, pero justo tuvo que llegar cuando Antonella me besó. Y, como toda historia cliché, Madison no vio cuando la alejé y le dije que tengo novia. Por lo menos, debió reclamarme o preguntarme.
No sé de qué me quejo, es Madison. Esa loca inmadura actúa sin pensar. Hay cosas que nunca cambian…
Ya no me queda mucho tiempo en Italia, puesto que la beca era de un año y medio. Es como una clase especial que me abre puertas, pero no una carrera en sí. Lo que pasa es que mi mamá no leyó bien.
Pienso regresar en seis meses. De todas formas, soy escritor de la editorial gracias a que mi novela ha gustado mucho. Como escritor puedo vivir donde se me pegue la gana, siempre y cuando les envíe los manuscritos a tiempo y esté disponible para viajar a firmar libros y dar ruedas de prensa.
Seis meses después…
Madison
Ya encontré un apartamento y les avisé a los Scott que no seguiré viviendo aquí. Ellos me pidieron que les diera unos meses hasta encontrar a alguien que la cuide o venderla.
En realidad, la están vendiendo y el nuevo comprador viene hoy a ver la casa en persona. Lo sé, ¿quién compra una casa sin antes verla físicamente? Pero no me importa si la vio por fotos o videos, no es mi asunto. Solo quiero irme de aquí cuanto antes.
Suena el timbre. Estoy nerviosa, puesto que una vez él vea todo y dé su última palabra, yo tendré que mudarme y hacer mi vida de verdad.
¡Pero qué bipolar eres, Madison!
Abro la puerta con nerviosismo, entonces me quedo helada. Lágrimas corren por mis mejillas y estoy segura de que todo el vecindario puede escuchar mi corazón latir acelerado.
Él está frente a mí.
Daniel Scott, con su chaqueta crema y una bufanda negra, está frente a mi patético ser que se vuelve gelatina ante él.
—¿No me vas a saludar? —Su sonrisa socarrona me provoca besarlo… No, besarlo no; lo odio. Él me adornó la frente con una chica italiana, o eso creo.
Lo miro de arriba abajo, cierro la boca para que las babas no mojen el piso y empiezo a golpearlo en el pecho.
Sí, lo estoy golpeando.
¡Es tan frustrante! Él viene como si nada, todo hecho un hombre, tan bueno que se ha puesto. No es justo, tengo tantas ganas de saltarle encima y comérmelo, pero el recuerdo de él con esa chica me saca de mis casillas.
—Bien, creo que es normal tu manera de decir “te extraño, amor”. Eres una persona muy peculiar.
¿Se está burlando de mí?
Espera… ¿Por qué estás contando la historia?
Porque ya me dio la gana, ¿algún problema?
Para nada, continúa.
Bien…
Scott me levanta por la cintura y se apropia de mi boca. Sí, el cínico este me está besando. Me remuevo como gata salvaje, pero él no cede, entonces disfruto el momento.
Sus labios suaves aprietan los míos, a la vez que nuestras lenguas juguetean…
¡Cuánto extrañé esto!
Scott me baja y me explica lo que sucedió ese día. No sé si creerle, aunque deseo hacerlo…
Tendrá que reconquistarme y convencerme, no voy a ceder tan fácil…
—Dos meses después nos casamos…  
—¿Por qué interrumpes mi monólogo, Daniel?
 
***
 
 —Te lo dije.
—¿Me dijiste qué, anormal?
Scott y yo estamos sentados frente a la piscina, admirando las estrellas y bebiendo chocolate caliente.
—Te dije que serías mi esposa, la madre de mis hijos.
—No dijiste eso… —Me hago la tonta mientras doy un sorbo a mi chocolate.
—Claro que sí, pero nunca lo admitirás. Desde que nos besamos a los catorce, supe que serías la mujer de mi vida.
—¿Por qué?
—No lo sé, solo lo supe.
—Gracias por darme una oportunidad, Scott.
—Gracias por escogerme, aunque no soy ni bonito ni rudo, señora Scott.
—Eres todo lo que necesito. Te amo, Daniel.
—Yo también te amo, Madison.
Autora
Bien, ya la historia cliché está contada…
Esperen…
¿Qué es ese ruido?
—¡Ay sí, Daniel!
😮😐
—¿Quieres más…?
—Sí…
Ok… ¡Fin!
🏃🏃🏃

La vida es un cliché

¡La vida es un cliché! – Capítulo 23
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